lunes, 17 de agosto de 2015

DON PABLO "PABÍN" EPIFANIO SÁNCHEZ (Historia de vida de un emprendedor ítalo-santeño)




INTRODUCCIÓN

La presencia de los italianos en Panamá se remonta a centurias tan tempranas como el Siglo XVI y se extiende, con menor y mayor intensidad, a lo largo de las épocas siguientes. Esta estadía en tierras del Istmo ha sido fructífera para el desarrollo nacional y, al igual que ha acontecido con otras minorías étnicas, ha respondido a determinadas coyunturas del acontecer nacional. La historia confirma  que las Ferias de Portobelo, el Ferrocarril Transístmico, el Canal Francés y el Canal Norteamericano fueron un imán para extranjeros deseosos de probar suerte. También conocemos que esa corriente de inmigrantes se asentaron, mayoritariamente, en la Zona de Tránsito.
Sin embargo, no siempre fue así, ya que algunos extranjeros probaron suerte en las áreas interioranas; zona en donde han dejado un legado que se proyecta a la época contemporánea. Por ello, al revisar el directorio telefónico provincial, muchas veces salen a relucir apellidos italianos como los Vicencini, Martinelli, Ardito, De Bello, Tempone, Chiari, Stanziola, Virzi, Melillo, Spadafora, Pedreschi, Audía, Campodómico, Graselli, Yaniselli, Salerno, etc.
En nuestro país aún no se ha escrito suficientemente sobre lo acaecido con las familias italianas que se internaron en las provincias del interior republicano e incluso sobre los proyectos que acometieron los que se radicaron en la  Ciudad de Panamá. Ya se trate de hebreos, indostanes, españoles, griegos, chinos y demás grupos humanos, gran parte de la historia nacional espera el rescate de ese aporte.[1]
Con la finalidad de aportar luce sobre el tópico, en las siguientes reflexiones se plasman los desafíos que los descendientes de tales familias italianas han experimentado en el interior panameño. Con esa finalidad se reconstruye la biografía de un personaje de esos núcleos familiares. Me refiero al caso de  Don Pablo “Pabín” Epifanio Sánchez, un tableño que pertenece a la primera rama genealógica de italianos que contraen nupcias con panameñas a principios del Siglo XX. Su vida personal refleja fielmente el quehacer de la familia de donde procede, la que al mezclarse con el grupo orejano, da pie a la conformación cultural y al quehacer económico de un segmento significativo de la sociedad que mora en la Provincia de Los Santos. Veamos los rasgos biográficos, contexto histórico y legado de este personaje ítalo-santeño.

1.     EL CONTEXTO HISTÓRICO Y LOS ITALIANOS EN LOS SANTOS

Según parece la presencia más significativa de los italianos en la Provincia de Los Santos se produce a partir del Siglo XIX y, particularmente, en la segunda mitad de esa centuria, aunque no dudamos que en el período colonial hayan morado algunos hijos de la tierra de la Roma inmortal.
Los italianos arriban a una región santeña que, no obstante haber vivido ya varias centurias desde el período colonial, aún conserva la impronta y el peso de una sociedad con profundos rasgos tradicionales y con niveles de desarrollo que no se corresponden con el avance de los tiempos modernos. En efecto, la región del Canajagua vive para aquellas calendas el abandono de la Nueva Granada y, al despuntar el Siglo XX, la situación no parece cambiar, aunque se estrene la nueva república y asuman el poder nuevos gobernantes.
Los italianos se  establecen en diferentes lugares. Poblados como La Enea de Guararé, Las Tablas, Santo Domingo, Sesteadero, Macaracas, La Laja, Chitré y otros poblados fueron testigos del arribo de inmigrantes de la Bota Italiana. Algunos de ellos se radican en la costa, como los Epifanio y Barleta, pero otros incursionan en zonas montañosas como Tonosí.
Al poco tiempo esos inmigrantes contraen nupcias con santeñas y herreranas, entre otros motivos, porque la mayoría de ellos eran varones que llegaban a estas zonas sin ningún tipo de compañía femenina. Se repite de esta manera lo que aconteció durante el período colonial y  el arribo de los españoles, al menos en la primera fase de colonización.
En este contexto histórico, brevemente expuesto, es que debemos comprender la historia de vida de Don Pablo “Pabín” Epifanio Sánchez, la que se detalla a continuación.

2.     LA FAMILIA

Cuando entrevisté a Don Francisco Pablo Epifanio Sánchez (tal es su verdadero nombre), ya éste era un hombre octogenario, pero aún con lucidez para recoger y narrar su biografía de hombre probo.[2] Afirma que nació  el 25 de enero de 1925, siendo hijo del italiano Nicolás Epifanio Basilli y la santeña María de la Cruz Sánchez; mujer nativa de Santo Domingo de Las Tablas y quien se desempañaba en el oficio de  la panadería.[3]
Su padre, Don Nicolás, nació en Matera, población de la provincia del mismo nombre, que se ubica al sur de Italia, próxima al Golfo di Taranto. Llegó a Panamá, probablemente, a finales del Siglo XIX e inicios del la vigésima centuria.[4] Como todos los inmigrantes “hizo la América” en busca de la fortuna y la mejor vida que su familia quería ofrecerle desde su corta edad.
La situación extremadamente difícil en que vivía Nicolás le obligó a laborar en trabajos humildes, como el de limpiador de coches e incluso de limpiabotas. De aquella época data su amistad con otro italiano que arribó con él, Leonardo Yaniselli, que también dejaría su huella en tierras tableñas.
Con el correr de los años Don Nicolás mejoró su situación social, al punto que logró tener su propio coche. Sin embargo, el destino le deparaba otro futuro, porque su padrastro (Juan Contini), que también era inmigrante italiano, estableció un negocio en El Sesteadero de Las Tablas. Éste, casado con una mujer de Santo Domingo, le invitó a establecerse en tierras santeñas. Así, esta trilogía de italianos abren sendos negocios: Don Nicolás en Santo Domingo, Juan Contini en El Sesteadero y Leonardo Yaniselli en La Laja.
Producto de la unión de Don Nicolás con María de la Cruz Sánchez nacieron tres hijos: Saverio, Pablo y Víctor; pero al poco tiempo el padre se vio precisado a viajar a su tierra natal para atenderse de una malaria que padecía. A su regreso se separó de su esposa y, con el consentimiento de ella, los niños pasaron a ser atendidos por la abuela (Vita Basilli), que había venido de Italia e ingresado a tierra santeña por el Puerto de Mensabé. Cabe señalar que en un segundo matrimonio (con Doña Etelvina Vergara)  procrea dos hijos, Víctor Manuel y Silverio Epifanio Vergara.
Cuando todo esto acontece Don Pablo Epifanio tiene cuatro años y en el contexto internacional se inicia la más grade crisis económica del Siglo XX, la de 1929.

3.     EL NIÑO QUE SE HACE HOMBRE

El niño Pablo trabajó con su familia desde los cinco (5) años. Lo suyo siempre fue el comercio, porque su padre, junto con su hermano Manuel, tenían una tienda en Santo Domingo de Las Tablas. Allí se compraba y vendía de todo: tabaco, cerdos, gallinas, oro viejo, telas y sedería; pero no cabe duda que su fuerte era la joyería, con prendas que importaba de la Industria Dupond; fábrica de  Nápoles, localidad que sigue siendo una importante ciudad del sur de Italia.
Desde el inicio nuestro biografiado recibe el apoyo de uno de sus tíos, Manuel Contini, figura que ya veremos desempeñó un papel central en su vida. En efecto, gran parte de la disciplina de trabajo la aprendió de este familiar que le enseñó a ser cajero e inculcó una envidiable ética del trabajo.
A la edad correspondiente inició los estudios primarios en la Escuela de Santo Domingo, institución en donde concluyó su instrucción básica. En esta etapa de su vida siempre combinó el trabajo con los estudios y, a juzgar por las reacciones de los educadores, era un muchacho que podría llegar a ser un excelente profesional. Entre los maestros que le impartieron clases recuerda a Carmen de Barrios (I y II grado), María Teresa de Vásquez (III), Rosa Rodríguez (IV), Eneida Quesada (V) y Agustín Jaén Roca (VI).
Como dato curioso relata que a los 8 años tuvo que administrar la piladora que su padre había puesto a funcionar. Este hecho lo retrata de cuerpo entero, porque su vida estuvo centrada en el trabajo, aunque siempre abrigó la esperanza de estudiar medicina y abogacía, profesiones que al final se vio imposibilitado de emprender, situación que darían un giro inesperado a su vida personal y familiar.

4.      LA RUPTURA CON EL PADRE Y LA BÚSQUEDA DE NUEVOS HORIZONTES

Cuando Don Pablo Epifanio aún era un adolescente (posiblemente de 15 años de edad) tomó una decisión que marcaría su  vida.  Ese día decidió dejar su núcleo familiar para hacerse independiente y establecer su propio proyecto comercial, porque hasta entonces había dependido de las empresas del padre y del tío. El detonante lo constituyó la negativa de su progenitor para que estudiara la carrera de su predilección; ya que según Don Nicolás él debería administrar los negocios familiares, mientras los hermanos Víctor y Saverio estudiaban. El adolescente acomete esta empresa mientras en Santo Domingo las personas se preparaban para la realización de un perote. Tomó dos pantalones y dos camisas, cogió un caballo del potrero y se encaminó hacia Bajo Corral de Las Tablas, población en donde su padre tenía terrenos y una tienda.
Cuenta que a la altura de la Quebrada La Yegua, se apeó de la bestia, oró, lloró y en ese paradisiaco lugar encomendó su vida a Santa Librada. Una vez en la población, tocó la puerta de Manuel de Jesús Medina, reconocido personaje de la región, a quien solicitó que le diera hospedaje en un humilde aposento; un abandonado jorón de la casa, porque él deseaba comenzar de cero y no bajo la influencia de la tutela paterna. Allí estuvo por algún tiempo mientras organizaba su vida y lograba mantenerse. Pasó muchas penalidades durante seis meses, ya que para sostenerse organizaba los llamados “peones hembra”[5], actividad con la que se ganaba el sustento. De este período importante de su vida, recuerda la amistad sincera y el apoyo desinteresado del maestro Agustín Vergara Cedeño y la Sra. Digna Medina Domínguez (“Dindi”).
Sin embargo, un día aconteció algo que no esperaba. Se percató que al pueblo llegaba un señor que compraba gallinas y huevos. Entonces supo que él podría hacer algo similar. Así nació un negocio que le permitió realizar algunos ahorros que serían vitales para su futuro. Las múltiples monedas que ahorró en un frasco fueron el capital que le permitió, con posterioridad, comprar la tienda que su padre Nicolás tenía en el poblado. Esa compra la realizó a su hermano Saverio, quien llegó a la comunidad pensando que la transacción era con el Sr. Medina, personaje que continuó apoyándole en su proyecto. La compra se cerró con B/ 380.00
En Bajo Corral Don Pabín diversificó su negocio, y en los primeros momentos, hasta tuvo que llevar la mercancía a lomo de caballo, ya que los caminos eran lodosos e intransitables. En otra ocasión, llevó en carreta una refrigeradora que utilizó en su negocio. También conviene anotar que en esta primera empresa, ocasionalmente, recibió el apoyo de su amigo Pablo Coluche y de Manuelita, su abuela materna. Además, compraba y revendía cerdos, vacas y hasta instaló una carnicería que complementó la que ya tenía otro personaje de la región, Don “Tita Plata”. La experiencia que adquirió en el negocio que su familia tenía en Santo Domingo le fue de gran utilidad, ya que en los campos próximos a Bajo Corral (Colán, Oria, Vallerrico, Vallerriquito, etc.) se dedicó a la venta de prendas que le dejaban una buena rentabilidad.
Hay que añadir que en la aludida población santeña don Pabín sentó las base de su primer negoció, pero también el amor tocó a su puerta, ya que en ese lugar conoció a la maestra Elena Aquino. Fruto de esa relación tuvo un hijo, Nicolás Epifanio Aquino. Sin embargo, con anterioridad ya había tenido un primer vástago (Gonzalo), a los 15 o 17 años, con Lucía Córdoba, una mujer de mayor edad que él, la que era oriunda de Santo Domingo de Las Tablas.
Pasado el tiempo, un hecho fortuito vino a favorecer la decisión que Don Epifanio venía madurando. Comprendió que debía buscar nuevos horizontes, porque ya había transcurrido casi una década de su arribo a Bajo Corral. En efecto, luego de un accidente en donde se fracturó el brazo, viéndose precisado a acudir a la Ciudad de Las Tablas para ser atendido y enyesado, decidió vender sus propiedades y abrirse paso en una localidad con mayor clientela.

5.     PROBANDO NUEVOS MERCADOS

Ya en la costa santeña el emprendedor ítalo-santeño se establece en Guararé y crea la Joyería El Grano de Oro, empresa que marcaría la pauta en este tipo de negocios. Debemos añadir que la estadía en tierras guarareñas se debe a que no deseaba competir con su padre, que ya tenía un negocio similar en la capital santeña. El nombre se lo debe a su tío, que le sugirió que se llamara El Granito de Oro, pero que él modificó porque no le agradaba el nombre en diminutivo. Cuenta que ocupó un pequeño lugar al frente de la Plaza Bibiana Pérez, pero al poco tiempo descubrió que necesitaba un mercado más amplio y se trasladó a Las Tablas, cabecera provincial. De aquella época recuerda a amigos guarareños como Manuel Falcón e Ibsa Borrero.
Una vez en Las Tablas los negocios comenzaron a prosperar, porque fue desarrollando la técnica comercial de diversificar sus inversiones. Al respecto, la joyería fue una de las actividades más exitosas que él promovió en los diversos distritos de la provincia santeña. Don Pabín popularizó el llamado “club”, un sistema que le permitía vender en cómodos plazos y que logró diseminar por los diversos rincones de la provincia. Siempre ayudado por su tío Manuel, que incluso le facilitó vehículos para su movilización, Pabín Epifanio abrió una línea de ventas de telas que compraba en la Ciudad de Panamá, específicamente en la Compañía Betesh. El negocio en este rubro fue tan próspero que logró abastecer, como revendedor al por mayor, a un gran número de tiendas de los campos.
En este nuevo contexto, ya con mayoría de edad, fue cuando tuvo su primer matrimonio formal; ya que su negativa a contraer nupcias se explica por su empeño de forjarse, primeramente, un apellido y un prestigio social. En Las Tablas conoció a Sara Muñoz, una típica tableña, con quien contrajo matrimonio, no obstante la inicial oposición de los padres de ella. De ese matrimonio nacieron Iris Marquela y Pablo Alexander Epifanio Muñoz. Lamentablemente el matrimonio duró poco, porque Sara falleció de tétano, un 25 de junio de 1960, luego de ocho años de vínculos nupciales.
Importa señalar que a los seis meses de estar casado con Sara, su visión empresarial le impulsó a realizar una gira de tres meses a lo largo y ancho de la provincia, particularmente en las zonas de montaña, como en el caso de Tonosí. Estos viajes le permitieron darse a conocer como joyero y comerciante y le granjeó una clientela que consumía joyas, vendía cerdos, vacas y diversos artículos del área. Tiempos difíciles los de aquellas giras, porque a veces don Pabín sólo tenía una galleta dura y una sardina para alimentarse. Sin embargo, no dejó de perseverar, porque sus viajes exploratorios se extendieron hasta las tierras chiricanas.
Recordemos que aquella fue la época cuando, ante la ausencia de carreteras, surcaban los cielos las avionetas de Alonso Valderrama y Jorge Carica.[6] De ese período histórico también data su aspiración de ser piloto de aviación, proyecto del que desistió por el consejo del tío y preocupación de su esposa; aunque logró tomar algunas clases en un pequeño avión con alas de tela, propio de aprendices. Lo cierto es que al final de la indicada gira don Pabín obtuvo una ganancia que superaba los B/ 5,000.00, una suma que fue importante para su despegue empresarial. Hacia el final de los años cincuenta empieza intercalar la venta de joyas y muebles.
Dos años después, el 22 de abril de 1962, se casó con Carmen Alicia Herrera Cárdenas, natural de Santo Domingo de Las Tablas, enfermera de profesión y con quien procreó dos hijos: Jorge Luis y Marisín Epifanio Herrera. Doña Carmen Alicia (“Licha”) es hija de Efigenio Herrera e Ismenia Cárdenas[7] y sobrina del recordado galeno Dr. Miguel Cárdenas. Con esta emprendedora tableña don Pabín confiesa que perfeccionó gran parte de su pasión empresarial, ya que ella supo acompañarle en los momentos más difíciles e incluso asesorarle cuando dudaba de la realización de un proyecto. Asumiendo los nuevos retos doña Licha abandonó su profesión de enfermera y se dedicó de lleno a las actividades comerciales. “Trabajamos como burros”, afirma don Pabín, rememorando las épocas pasadas y reconociendo el aporte de la esposa.
Producto de esos afanes se inaugura, el 3 de octubre de 1968, la más grande sala comercial que tuvo la Provincia de Los Santos. En la empresa laboraron 50 vendedores y se mantuvo hasta el año 2000.

6.     DON PABÍN, EL GANADERO

El tableño objeto de esta sucinta biografía llega a la ganadería producto de un lento aprendizaje a lo largo de la geografía santeña. Desde cuando vivía en Bajo Corral le atrajo este tipo de negocio, porque compraba y vendía ganado, aparte de que adquiría potreros que luego revendía. En realidad las propiedades, luego de ser mejoradas, al poco tiempo eran vendidas.
Puede decirse que la primera finca -de manera más formal- se la compró al Sr. Mónico Ureña que era nativo de La Laja. La propiedad estaba ubicada en Bajo Corral, en un lugar denominado Quebrada Vieja. La transacción se cerró a un costo de B/ 1,500.00, tenía 45 hectáreas y en ella colocó entre 30 y 40 reses. Le abonó al propietario la suma de B/ 500.00 y el resto lo financió con Manuel Contini, el tío. La suma adeudada tuvo que ser cancelada en un año. En este tipo de negocio don Pabín recuerda los oportunos consejos que en su momento le dispensó el guarareño Manuel Falcón, el primero de sus asesores en estos menesteres pecuarios.
Durante el año 1963, y siempre con su mente fija en la ganadería, él decide vender los terrenos y el hato ganadero que poseía en Bajo Corral. Luego compra diversas propiedades: una ubicada al este de la Provincia de Panamá (a la orilla del Río Pacora), Polín (en Cañita de Chepo), El Algarrobo  (próxima a La Palma de Las Tablas y también conocida como La “Yunai”), de modo que al cabo de dos años posee amplias extensiones de tierra. La mayoría eran montes.[8] Incluso tuvo tratado un terreno de la Familia Arias, pero el acuerdo no se logró materializar.[9]
En la actualidad los esfuerzos ganaderos del tableño han dado sus frutos y se concretizan en una empresa que es para él timbre de orgullo: GANADERA PABIJOS S.A; nombre que debe al ingenio de Víctor, su hermano, quien le sugirió que se llamase Pabín e Hijos y quien ha sido su contable y asesor financiero durante toda la vida.
En este punto conviene añadir que el empresario tableño ha asistido y participado en múltiples ferias ganaderas, en las que ha sido objeto de reconocimiento por su constancia y visión. El santeño nunca ha descuidado la calidad de su hato ganadero, al punto que personalmente ha estado al tanto de la preparación de los ejemplares que presentaba en las ferias. La postura innovadora que le distingue le ha permitido mejorar los pastizales, establecer represas que suministran el agua a los animales, así como fortalecer los conocimientos de sus trabajadores mediante seminarios y cursos especializados en nutrición, reproducción e inseminación artificial. Todo esto sin descuidar el contacto con otras experiencias internacionales, como ha acontecido al emprender viajes  a Estados Unidos de Norteamérica, México y Venezuela.
La GANADERA PABIJOS S.A., conocida actualmente como HACIENDA PABLO EPIFANIO, posee ejemplares de la raza cebú (brahaman) y cruzado (senepol y angus).

7.     VIDA SOCIAL Y PROYECCIÓN COMUNITARIA

Don Pabín ha sabido combinar las actividades agropecuarias y comerciales con sus responsabilidades comunitarias.  Ha sido miembro fundador del Club de Leones de la Ciudad de Las Tablas, forma parte del capítulo santeño de la Asociación Nacional de Ganaderos (Anagan) y es integrante de la Cámara de Comercio. Tanto en Anagan como en dicha Cámara ha ocupado importantes posiciones  y dejado huella a su paso por tales organizaciones. Por ejemplo, bajo su administración se construyó el edificio del gremio comercial de la Ciudad de Las Tablas, local que aún se erige al final de la emblemática Calle Bolívar de la capital provincial. También fue presidente del Comité Santeño Pro Construcción de la Carretera Divisa - Las Tablas, Presidente del Club de Leones en dos períodos y, en su momento, formó parte del grupo que logró la puesta en valor del balneario de la Playa El Uverito.
A Don Pabín siempre le gustaron la fiestas, desde aquellos tiempos cuando vivió en Bajo Corral y asistía a bailes con violines amenizados por Abraham Vergara. Luego del ascenso del acordeón, prefirió las interpretaciones de don Dorindo Cárdenas.
Siempre atento a las cosas de su tierra, tuvo el buen tino de establecer, en el marco del Festival de Nacional de La Pollera, la Medalla Pablo Epifanio, galardón que se ha venido otorgando desde el año 1998.[10] Igualmente, donó el lote en el que se construyó el Centro de Salud de Santo Domingo de Las Tablas, así como las imágenes del Cristo de las iglesias de Santo Domingo y Bajo Corral.

8.     UNA FAMILIA QUE CRECE

Don Pabín se siente muy orgulloso de la familia que ha contribuido a cimentar. Ya son muchos los nietos y bisnietos que posee. Así podemos enumerar los siguientes nietos: de su hijo Gonzalo: Joaquín Antonio y Gonzalo Antonio (q.e.p.d.); de Nicolás: los mellizos Rodolfo y Olga Elena; de Pablo Alexander: Carmen Marisa y Pablo Manuel; de Marquela:  Juan Pablo, Carlos José y Sophia Angelique; de Jorge Luis: Mary Carmen y Pablo César; de Marisín: Pablo Armando y Juan David; de Sarita: los mellizos Luis Carlos y Juan Carlos, además de Juan Luis.
Entre los bisnietos: Ilka Alexandra, Gabriela y Teresa (hijas de Joaquín Antonio), además de Cristina Elena y Laura Lucía (hijas de Olga Elena).
Un caso especial es el de Sarita Muñoz, una niña que a los doce años se integró a la familia y que es considerada por Don Pabín y su esposa  como otra hija, ya que sin ser sus padres biológicos así lo consideran. Hoy día Sarita es el brazo derecho en la Joyería El Grano de Oro.
Nuestro biografiado siempre ha considerado como de su núcleo familiar a muchos de los empleados que fueron la base de sus empresas. Tales los casos de Efraín Carrasco, un fiel trabajador que empezó a laborar con él en la Joyería El Grano de Oro, cuando apenas contaba con 16 años, y que se jubiló luego de una jornada de cuatro décadas.
Otro ejemplo es el de Joaquín Oro, que laboró desde los 19 años y quien ha sido su joyero fiel; a pesar de que ya no labora en la empresa, pero continúa apoyándole de manera independiente. En este mismo sentido podemos mencionar a Abercio Medina (q.e.p.d), su primer y único mayoral en Bajo Corral.
Don Pabín tiene particular aprecio por Arquímedes “Quime” Gómez, quien inició labores en Ganadera  Pabijos S.A., convirtiéndose con los años en el capataz de las fincas a nivel nacional. El Sr. Gómez vivió con su familia (su esposa Nimia y sus hijos Elvis Martín y Janet) en la finca principal que es conocida como El Algarrobo. La relación entre ambos se ha fortalecido al extremo que ya no pueden ser catalogadas como del tipo empleado-empleador, sino de verdaderos amigos. Luego de la jubilación de Don Quime ese vínculo no ha desaparecido, incluso acompaña a don Pabín en algunos eventos festivos.[11]

9.     “EN ESE TIEMPO YO NO TENÍA MIEDO”

Con la frase que encabeza este apartado podríamos resumir el espíritu emprendedor de un tableño con visión empresarial y una extraordinaria capacidad de trabajo. Don Pabín se forjó poco a poco y en ese trajín del diario vivir aprendió los oficios comerciales desde la temprana infancia. Como hemos visto, inició su proyecto comercial desde las tierras de Bajo Corral y desde allí fue ampliando su área de influencia hasta establecer la empresa que le ha dado renombre, “Joyería El Grano de Oro”, y  que tiene como sede la Ciudad de Las Tablas
Lo suyo ha sido siempre atreverse a hacer cosas, tener el coraje para avizorar y acometer proyectos que para otros podrían ser quimeras, utopías y que él ha emprendido con la fe puesta en sus capacidades. En este sentido ha sido muy santeño, muy dado a creer y empujar la ética del trabajo, al estimar que la laboriosidad es el camino de la superación y del engrandecimiento familiar. Este estilo de vida explica las diversas facetas de su vida: comerciante, joyero, ganadero, empresario de fiestas y colonizador de tierras al este de la Ciudad de Panamá.
En estos tiempos, cuando la  región y el país necesitan la existencia de panameños que fortalezcan y crean en un verdadero proyecto de nación, la figura del tableño adquiere hondo significado. Don Pabín es un ejemplo de esos istmeños que les correspondió vivir una época difícil, cuando apenas los beneficios de la civilización se hacían presentes en las tierras del Canajagua y el Tijeras. También hay que añadir, para ser justos, que el apoyo de su señora esposa, Carmen Alicia Herrera de Epifanio, se constituyó en importante puntal para el logro de sus objetivos y el éxito empresarial.
La biografía de vida del santeño también viene a ser un vivo ejemplo de la contribución que las minorías étnicas han aportado a la zona. En este caso, su propia vida es un testimonio de la incidencia de los italianos por tierras de Belisario Porras Barahona y Ofelia Hooper Polo.[12] Demuestra que la sana convivencia con extranjeros, y sus nexos matrimoniales con ciudadanos del área, también es una vía que permite fortalecer la visión de nuestros coterráneos en términos de alimentar nuevos proyectos de desarrollo.
Por las razones anteriormente expuestas, nos congratulamos en dejar plasmada en estas páginas la historia de vida de un emprendedor ítalo-santeño, ejemplo fehaciente de que el santeñismo es algo más que la sede ístmica de lo vernáculo, también implica el reconocimiento de una ética del trabajo como vía para la superación ciudadana y el engrandecimiento nacional.





[1] El papel de las minorías étnicas en el Istmo puede leerse en: Gólcher, Ileana. ESTE PAÍS, UN CANAL ENCUENTRO DE CULTURAS. Panamá: CEASPA/NACIONES UNIDAS,  1999, 209 págs. En especial consultar el artículo de Cuestas, Carlos. “Presencia y contribuciones de los italianos en el Istmo de Panamá”. Págs. 179 – 189.
[2] Con Don Pablo Epifanio se realizaron dos entrevistas. La primera el 27 de agosto de 2009 y, la segunda, el 5 de enero de 2010. En ambas también contribuyó su esposa, Doña Carmen Alicia Herrera. El autor también agradece a la educadora Alicia Vergara Medina su desinteresado apoyo en la realización de la investigación.
[3] Importa dejar consignado que la Sra. Sánchez tuvo una hija previa al matrimonio con Don Nicolás, se trata de Hildelicia, mejor conocida como Hilda Alicia Sánchez.
[4] Una primera aproximación sobre la historia de la familia Contini – Epifanio puede leerse en: Herrera, Eros A. ORIGEN DE LA FAMILIA CONTINI – EPIFANIO EN EL CORREGIMIENTO DE SANTO DOMINGO DE LAS TABLAS. Mimeo, s/f, 3 páginas. Según el autor el arribo de la indicada familia se produce  aproximadamente en el año 1912.
[5] En la peonada campesina santeña, en lo atinente al suministro de alimentos, se distinguían  dos tipos de peones. Aquellos que acudían al trabajo llevando ellos mismos su bastimento  y, los otros, que lo recibían de sus patrones. Estos últimos eran los llamados “peones hembra”.
[6] Mayores detalles sobre el rol de las avionetas en: Sarasqueta Oller. DE LA CARRRETA A LA AVIONETA (Historia de la aviación interiorana. Una épica panameña). Panamá: Copicentro S.A., 2014, 246 págs.
[7] Sobre Doña Ismenia Cárdenas, la suegra de Don Pabín, el tableño comenta el profundo agradecimiento que tiene para con ella por haber asumido la crianza de los hijos que tuvo en otro matrimonio y que habían quedado huérfanos luego del fallecimiento de la madre. Afirma que la atención fue como si ellos hubieran sido sus verdaderos nietos.
[8] El trabajo en estas propiedades no fue fácil ya que algunas, como la que adquirió a orillas del Río Mamoní, estaban localizadas entre seis y ocho horas viajando en bote por el curso fluvial.
[9] La presencia de Don Pabín en el área este de la Provincia de Panamá, concretamente en Pacora, con el tiempo también le permitió diversificar sus inversiones. Me refiero a su papel como empresario de fiestas al construir la famosa sala de baile “Flor del Canajagua”, que aún cumple su rol por aquellas latitudes.
[10] Son muchos los aportes y distinciones de este ítalo-santeño, un listado de ellas puede ser apreciado en el  Anexo # 2 de este trabajo.
[11] La lista de amigos de nuestro biografiado es extensa. Pero sólo para citar algunos señalaremos a Cornelia De León, su esposo Jorge Ríos y su hijo Bienvenido Ríos De León; Adelina Vergara (oriunda de Santo Domingo); Carmen Medina y Marciana Domínguez; el Dr. Abelardo De Gracia y Doña Mariquiña de De Gracia; Beatriz y Pedro González (De la Concepción de Pocrí) y Meña y Quime Soriano (De Paritilla).
[12] Sobre la vida del santeño y la herrerana pueden leerse: Pinzón Rodríguez, Milcíades. “Ofelia Hooper Polo”; en ÁGORA Y TOTUMA . Año 2, # 48, 21/XII/1993. Además,  “Belisario Porras Barahona”; en ÁGORA Y TOTUMA, Año 9, # 149, 15/IX/2000.

2 comentarios:

  1. boligonzalez@gmail.com28 de agosto de 2015, 11:02

    Mi muy apreciado profesor Pinzón:

    He leído con detenimiento, la biografía de Don PABIN Epifanio, llena de ese fervor que nos caracteriza a los santeños como el, como Ud. y como quien le escribe. Sentí alegría, satisfacción emoción y mucho orgullo al leer su escrito (biografía) de este GRAN santeño(con mayúscula).

    Solo me atrevo agregar a tan excelente escrito,
    resaltar su DON de Gente y esa parte humana que caracteriza a este ser tan servicial y buen amigo. Recuerdo la forma en que trataba con mi padre un campesino ticeño, con quien se trataba de igual a igual, porque para PABIN todos los campesinos eramos sus amigos, sus hermanos y los ayudaba desde diferentes ángulos.

    Ojalá nuestro Señor, lo premie en su vejez con abundante calidad de vida que tanto merece.

    Cordial saludo;

    Bolívar González

    ResponderEliminar
  2. boligonzalez@gmail.com28 de agosto de 2015, 11:04

    Mi muy apreciado profesor Pinzón:

    He leído con detenimiento, la biografía de Don PABIN Epifanio, llena de ese fervor que nos caracteriza a los santeños como el, como Ud. y como quien le escribe. Sentí alegría, satisfacción emoción y mucho orgullo al leer su escrito (biografía) de este GRAN santeño(con mayúscula).

    Solo me atrevo agregar a tan excelente escrito,
    resaltar su DON de Gente y esa parte humana que caracteriza a este ser tan servicial y buen amigo. Recuerdo la forma en que trataba con mi padre un campesino ticeño, con quien se trataba de igual a igual, porque para PABIN todos los campesinos eramos sus amigos, sus hermanos y los ayudaba desde diferentes ángulos.

    Ojalá nuestro Señor, lo premie en su vejez con abundante calidad de vida que tanto merece.

    Cordial saludo;

    Bolívar González

    ResponderEliminar