jueves, 2 de mayo de 2013

SOBRE LA LUCIDEZ Y EL APORTE DE DOS AZUERENSES: DON JUAN ANTONIO TEJADA MORA Y DON JOSÉ TRINIDAD CASTILLERO VILLALAZ


Doctores Juan Antonio Tejada Mora y José Trinidad Castillero Villalaz
 

1. Introducción.

Nuestros abuelos -aquellos antepasados que construyeron la región- experimentaban un conjunto de sentimientos encontrados cuando llegaban los meses de abril y mayo. Entonces, durante el cuarto mes del año,  se hablaba del calor que se sentía con la llamada “calma de abril”. Aquél era el instante cuando en la Península Amada el viento parecía detenerse y los parroquianos advertían un bochorno que sólo lo apaciguaba la hamaca que pendía de la rama del árbol de mango o el chapuzón en la apacible agua del río. Abril era congoja, cabanga, pero también la alegría por los primeros aguaceros que aparecían próximo al día en que se celebraría la Cruz de Mayo.

En cambio, desde la década del cuarenta del Siglo XX, el santeño y herrerano también conversaban de lo próxima que estaba la Feria de Azuero (FIA). Y es que desde un punto de vista antropológico y sociológico, el evento ha creado un rito social y cultural. Encarna  un encuentro en el que la gente se mira a sí misma, con todas sus fortalezas y debilidades. Nuestra feria es el espejo de la sociedad, la cultura y la economía de la península. Pareciera como si el acontecimiento ferial llorara y cantara junto a los orejanos, en esta tierra que hace sesenta millones de años fuera una isla en el piélago de un océano gigantesco.

Y si nuestra exposición anual fuera únicamente un encuentro de índole económico, los azuerenses tendríamos que repensarla para que no se alejara de sus propósitos originales. Afortunadamente no es así, y aunque nos agradara que el sector agropecuario la liderara, la misma sirve de herramienta para fomentar valores, para presentar nuestra música, danza y manifestaciones de la cultura popular, sin desconocer los aportes de todos aquellos que provienen de otras áreas nacionales e incluso más allá de las fronteras patrias.

En el caso de la Fundación Juan Antonio Rodríguez, se constituye en el escenario para premiar y valorar la inteligencia de nuestra gente. En efecto, la agrupación entiende que la cultura peninsular es una sola desde Divisa a Punta Mala, porque desde Mariato a Morro de Puerco existe una comunidad de lengua, geografía, propósitos, cultura e historia, que hemos dado en llamar la nación orejana. Me refiero al grupo humano al que le han denominado santeño, herrerano o azuerense. Divisiones político-administrativas solamente, porque la convivencia histórica ha pintado con vívidos colores la cultura de los orejanos de la Península de Cubitá.

De modo que no ha de extrañar que cada año nos reunamos es este escenario para reconocer en un santeño y en un herrerano los frutos de su vida proba y virtuosa. En este ocasión se trata del Dr. José Trinidad Castillero, por parte de la Provincia de Herrera y el Dr.. Juan Antonio Tejada Mora, como dignos exponentes de la tierra que tiene al Dr. Belisario Porras Barahona y a Ofelia Hooper Polo, como íconos de su peninsularidad..

Pasemos pues, a dar una escrutadora mirada sobre los hitos más significativos de sus respectivas biografías, con la secreta esperanza de que este recuento sirva de inspiración a una sociedad ayuna de buenos ejemplos y para que al hacerlo también logremos fortalecer los valores de una patria digna de mejor suerte.

2. Dr. José Trinidad Castillero Villalaz

Referirse a la vida del Dr. José Trinidad Castillero Villalaz es extremadamente interesante, en especial porque al hacerlo nos hacemos eco de una síntesis histórica-antropológica de la zona en que ha nacido. Su apellido, Castillero, trae reminiscencias de la tierra  de los manitos, recoge vivencias de la chitreanidad y se casa con ese pueblo varias veces centenario de la Villa de Los Santos, por aquello de su apellido materno, Villalaz. Pertenece a esa generación que ha vivido las transformaciones más significativas; en ese período que se inicia a mediados del Siglo XX y se prolonga a lo largo de esa centuria para arribar con plena madurez a las primeras dos décadas del Siglo XXI.

El Dr. Castillero Villalaz hace honor al apellido de ese gran galeno que fue el Dr. Cecilio A. Castillero, su padre, y que hoy ostenta un reconocido hospital de la capital provincial de Herrera. Su vida profesional propiamente dicha se inicia a finales de los años sesenta, 1967, cuando egresa de la Facultad de Médicos de la Universidad Centro de Madrid, en España. Realiza su internado rotatorio en el Hospital General de la CSS (1967-68). En este último año – 1968- el joven médico es delegado y dirigente de la huelga contra el golpe de estado que lideraran los militares panameños.

Este dato es muy importante para valorar su vida futura, porque definirá uno de los rasgos que le acompañarán a lo largo de su accionar como hombre político y marcará su vocación democrática. En su perfeccionamiento profesional se destaca su labor como médico residente de Cirugía General de la Caja de Seguro Social (1969-1972) hasta fungir como Jefe de Residentes de ese mismo centro médico (1970-1972), siendo fundador y residente por dos períodos consecutivos de la Asociación de Médicos Residentes e Internos, la llamada AMERI.

En el periodo 1973-1976 funge como Secretario General del Capítulo de Azuero de la AMOACSS. Ya residente en nuestra peninsular zona tendrá una exitosa carrera como Director Médico del Hospital Cecilio A. Castillero (1974-75). Ha sido director médico de este mismo nosocomio (1974-75), así como Jefe del Servicio General de Cirugía General y Jefe de los Servicios Médicos del Hospital El Vigía (1975-82).

Qué duda cabe que uno de los aspectos cumbres de su hoja de vida lo constituye su desempeño como Ministro de Salud en el período 1989-1991. Actualmente es el Jefe del Servicio de Cirugía General en el Hospital El Vigía y en el Hospital Gustavo Nelson Collado.

La labor de este preclaro herrerano también incluye su desempeño docente. En el período 1972-1993 fungió como Profesor Adjunto en la cátedra de cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, además de jefe de docencia regional del Hospital El Vigía, así como del seminario de cirugía. Son múltiples los seminarios y congresos en los que ha perfeccionado su desempeño profesional, tanto en los lares patrios como fuera de las fronteras nacionales. En el último de los casos señalamos su comparecencia a la cuadragésima tercera reunión de la OMS, en Ginebra, Suiza (1990), sin olvidar su labor como Asesor temporero de la Oficina Sanitaria Panamericana (OPS), hacia el año 1991.

La vida social del Dr. Castillero Villalaz es prolífica. Ha sido miembro de la Asociación de Médicos, Odontólogos y Afines de la Caja de Seguro Social (AMOACSS, Asociación Médica Nacional, Sociedad Panameña de Cirugía, Miembro de la Sociedad Interamericana de Estudios de Seguridad Social, así como de agrupaciones de amplio reconocimiento nacional como es el caso de del Club Activo 20-30 y el Club Rotario.

3. Dr. Juan Antonio Tejada Mora 

El Dr. Juan Antonio Tejada Mora es un vivo ejemplo de la tableñidad cuando ésta es algo más que mera tradición. Sabemos que este santeño nació en la Ciudad de Las Tablas a mediados de la década del treinta del siglo pasado. En su tierra natal cursó estudios en la Escuela Modelo Presidente Porras y el Primer Ciclo Secundario de Las Tablas. Ya en la Ciudad de Panamá, el futuro hombre de leyes ingresa a la Universidad de Panamá para obtener el título de Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Deseoso de experimentar nuevos horizontes culturales, viaja a los Estados Unidos de Norteamérica para integrarse a la University of Tennessee. Esta prestigiosa universidad le confiere el Master of Arts con especialización en ciencias políticas.

Al regresar a su suelo patrio, en el caso de Don Juan Antonio distinguimos dos vertientes de su desempeño profesional. Una que se refiere a su vida pública y otra que da cuenta de su labor privada. Sobre la primera podemos apuntar que ha sido funcionario de la Contraloría General de la República, lugar en donde se desempeña como Jefe del Departamento de Estadísticas y Censo (1954-58). También ha sido Sub-Director General de Cedulación de 1958 a 1960. Al respecto, junto al Licenciado Daniel Pinilla fue responsable de gestionar el establecimiento de un nuevo Sistema de Cedulación y Registro Civil (1959-60). También fue Jefe del Departamento Jurídico del Banco Nacional de Panamá de 1964 a 1967, así como Gerente General (Encargado) de esta misma casa bancaria (1966)

Al iniciar la década del sesenta del Siglo XX un nuevo giro se produce en la vida profesional del distinguido hijo de la Ciudad de Las Tablas. En efecto, desde el año 1960 comienza su labor como abogado en ejercicio, al integrarse en esa fecha a la Firma de Abogados Icaza, González Ruiz & Alemán, bufete en el que se ha distinguido desde entonces. Sin embargo, su labor privada no le ha impedido hacerse partícipe de eventos de proyección social.

Como miembro, desde el año 1960 del Colegio Nacional de Abogados, ha sido Vice- Presidente del mismo en dos períodos (1979-80 y 1980-81). Además, presidió la Comisión de Derechos Humanos y del Imperio de La Ley de dicho colegio en donde  participó en la preparación de informes sobre derechos humanos. Tales los casos de la cancelación de las licencias a tres radiodifusores (1980), la inconstitucionalidad de la Ley 20 de 1983 (Orgánica de Las Fuerzas de Defensa), entre otras. Su compromiso con la nación le ha llevado a formar parte de diversas comisiones para elaborar y discutir diversos proyectos de ley. Como ejemplo citamos la Ley de Fideicomiso, Ley de Leasing, Ley de Fundaciones de Interés Privado, el Anteproyecto de Ley de Prensa y la Ley del ejercicio de la abogacía.

Su activismo en el gremio de hombres de leyes hizo posible el establecimiento del servicio de Orientación Legal (SOL), una instancia que se destinó a orientar jurídicamente a aquellos que carecían de recursos económicos para procurárselos por sí mismos.

Con una hoja de vida como la que reseñamos no ha de extrañar que el Dr. Tejada Mora haya sido Magistrado Suplente de la Corte Suprema de Justicia durante el período 1990 a 1999. Además de Profesor Temporal de Administración Pública Comparada y de Ciencias Políticas en la Universidad de Panamá (1964-1968) y representante alterno de la Panamá a la reunión del Fondo Monetario Internacional (1966). Más recientemente integra el Consejo Editorial de la Revista Cultural Lotería, organismo del que es miembro desde el año 2011.

Debemos indicar que nuestro homenajeado se ha distinguido por la promoción de actividades religiosas, cívicas y culturales en la región santeña. Es Secretario Nacional de la Asociación Educativa Francisco Céspedes, la que patrocina conferencias en materia educativa. También por ese mismo conducto apoya a la Escuela Benilda Céspedes de El Manantial de Las Tablas, así como la realización del Perote de Las Musas, evento cultural que anualmente se desarrolla en Santo Domingo de Las Tablas.

El Dr. Tejada Mora es un incondicional colaborar de grupos nacionales que actúan en defensa  de los derechos humanos y del ambiente.

4. Sobre la lucidez de un médico y un abogado

Si el norte del hombre que mora en las alturas y planicies de nuestra región ha sido la ética del trabajo, aunada a una envidiable responsabilidad social, entonces el médico José Trinidad Castillero Villalaz y el abogado Juan Antonio Tejada Mora han sido fieles a esa añeja tradición peninsular. Ellos son un vivo ejemplo de esa otra generación que se vino forjando luego del ejemplo de personajes azuerenses de la talla de Pedro Goytía Meléndez, Belisario Porras Barahona, Sergio y Bernardino González Ruiz, Manuel Fernando Zárate, Ofelia Hooper Polo, José María Nuñez Quintero, José del Carmen y Leonidas Saavedra Espino, entre otros insignes habitantes de la tierra en donde se yergue el Canajagua y el Tijeras.
Hablo de seres cuyas hojas de vida demuestran que es posible y viable beber de la cultura universal sin por ello renunciar a nuestra idiosincrasia regional. Sus vidas recogen esa transición que se produce hacia mediados del Siglo XX, cuando nuestro pueblo se abre al mundo y termina, hacia mediados del tercer tercio de la centuria, por morar y vivir la congoja de un mundo tradicional que se diluye ante el avance de la modernización. No es casual que uno de ellos viaje a la vieja Europa y el otro escoja la tierra del Potomac para perfeccionar sus estudios.

Castillero Villalaz y Tejada Mora hacen del bisturí y la teoría jurídica un instrumento de desarrollo social. Ellos realizan lo correcto en una coyuntura histórica de angustia existencial y de demoledores ventarrones de cambio social y cultural. Porque no se puede asumir una posición neutral ente estas cosas del desarrollo y de la visión de lo que debemos ser como región, a menos que terminemos por ser veleta que mueve el viento o nos decidamos, de verdad,  a ser ciudadanos con pleno derecho, paisano que sueña y empujan un mundo mejor.

Mirando los datos que recogen sus respectivas biografías, me encuentro con seres terrenales y soñadores, con orejanos que hicieron la lectura correcta de su época. Hay en ellos esa mezcolanza, el balance profesional y existencial que tanta falta está haciendo a las nuevas generaciones peninsulares. Esto de ser universal en un mundo regional, el comprender que los valores no son una etiqueta que se adhiere a la sociedad, sino un sentimiento que mueve al mundo. Ambos son políticos en el sentido al que se refería Aristóteles, no sólo en el plano político-partidista, sino en el sentido de ser gregarios, de gente con responsabilidad colectiva.

En verdad de poco sirve a la región y al país el formar parte de una academia que  se precia de tal, pero que olvida el barro alfarero del que proviene. Porque el hacer patria no es un asunto de formar parte de una dirigencia que se vanagloria de serlo, o ser integrante  de un determinado partico político o asociación gremial. El asunto es tener la entereza moral de trascender la coyuntura y ser lo suficientemente osado como para reclamar un mundo mejor.

En la Fundación Juan Antonio Rodríguez creemos que tal es el aporte de los herreranos y santeños que todos los años reconocemos mientras los ecos de la Feria Internacional de Azuero se cuelan por las puertas y ventanas del auditórium en que nos encontramos. Lo nuestro es un canto a la inteligencia, un reconocernos como  pueblo, una voz que le pregona a nuestros mejores hijos que el silencio cómplice no puede ser el premio a quienes han demostrado ser fieles a la región y el país.

Demás está decir que esta noche yo no soy quien habla y aparenta ser, ni tan siquiera soy el locuaz eco de la Fundación. Comprendan, Don José Trinidad Castillero Villalaz y Don Juan Antonio Tejada Mora, que en este día la agrupación los convoca para darles las gracias en nombre de la región que los vio nacer.

......mpr... 
* Disertación el 1 de mayo de 2013, auditórium de la Feria Internacional de Azuero.

lunes, 8 de abril de 2013

EL ARTESONADO SANTEÑO


 
Para mi hijo Antonio Miguel, a quien debo el interés por el tema
 
Importa en este momento hacer referencia a un aspecto de la cultura orejana, en su modalidad de expresión material, sobre la que casi nada se ha escrito. El caso al que haré alusión tiene por objeto el artesonado existente en la Iglesia de San Atanasio de la Villa de Los Santos; el que es, sino el único, al menos uno de los pocos que existen en nuestra ístmica nación.
Si alguna vez visitas el templo de la colonial población santeña, aparte de apreciar los retablos barrocos que le adornan, te sugiero mirar hacia el techo y apreciar lo que es el motivo de esta publicación. Allá en las alturas, en el área de la división de las dos aguas, apreciarás un entramado artístico al que se denomina artesonado, en nuestro caso de madera; arreglo que antaño se elaboraba para adornar y disimular ese sector de las techumbres.
El artesonado  y su existencia en otras latitudes
El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) define al artesonado como: “Techo, armadura o bóveda formado con artesones de madera, piedra u otros materiales”. Y sobre el vocablo artesón indica: “Elemento constructivo poligonal, cóncavo, moldurado y con adornos, que dispuesto en serie constituye el artesonado”. Así las cosas, ya estamos próximos a comprender la maravilla artística y arquitectónica que poseemos y que, repito, no ha sido valorada y apenas si recibe la atención de quienes visitan el templo santeño.
Una investigación, aunque fuese somera sobre el tópico, nos demostrará que tales motivos artísticos caracterizan el arte mudéjar y musulmán. Recordemos que el arte mudéjar florece en España entre los siglo XII y XVI y expresa la convivencia entre el Cristianismo y la cultura musulmana. Por eso aparecen extraordinarios artesonados en España, como en los casos de Toledo y Sevilla; que son precisamente dos ciudades en las que se produce esa amalgama cultural a la que hago referencia.
En cambio, si hurgamos más en el pasado nos encontraremos que este arte debe mucho a la cultura persa, que como recordaremos fue el soporte intelectual que estuvo detrás del florecimiento de Toledo, población en la que se produjo un encuentro entre lo español, musulmán y persa. Al respecto, recomendamos leer De Persia a la España Musulmana: Historia recuperada de la autoría de Shojaeddin Shafa.
El artesonado santeño
El detalle al que nos referimos es importante para comprender el influjo indirecto de culturas europeas y asiáticas en la arquitectura religiosa de la zona. Porque sin duda este artesonado no está allí porque alguien se lo inventó de buenas a primeras. Al contrario, el mismo sugiere  que los alarifes o maestros de obras estuvieron bajo el influjo o prevenían de ciudades como Toledo y/o Sevilla. Al respecto, el aporte sobre la historia veragüense del historiador chiricano Mario José Molina viene a confirmar la apreciación que hacemos (VERAGUAS: LA TIERRA DE COLÓN Y DE URRACÁ. Estudio geo-histórico, urbanístico, económico, social y político y cultural de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro, 1502-1821. Tomo I, Capítulo 6). En efecto, el autor confirma la presencia de maestros de obras traídos desde España, justamente en el período en el que se construye el templo de San Atanasio; suceso que acaece, hasta donde sabemos, en la primera mitad del Siglo XVIII o quizás desde finales del siglo previo, el XVII.
Los templos de la zona,  edificados en esa dieciochesca centuria, y  que  podrían ser coetáneos con el de La Villa (me refiero a los de Las Tablas y Parita), no lucen este arte arquitectónico. Lo cual es comprensible dado que la localidad que se asentó en las riberas del antiguo Río Cubitá fue, por antonomasia, la sede del poder colonial y como tal aspiraba a lucir un templo digno de ese abolengo religioso. Asumimos que el poder económico, matrimoniado con el religioso, quiso hacer de la obra arquitectónica una expresión de su poder terrenal. De allí que este artesonado, junto a la profusión de retablos barrocos, logró en su momento, sobre la conciencia de los fieles, el impacto psicológico al que aspiraba.
El diseño artístico
El artesonado tiene una forma rectangular y se extiende desde la puerta de entrada de la iglesia hasta más allá del altar mayor. Tiene una extensión que podría rondar los 60 metros de largo por unos 3 metros, aproximadamente. Los motivos que le adornan cubren, incluso más abajo del artesonado propiamente dicho y con similares diseños, las vigas que dan soporte y amarran los pilares que sostienen la techumbre.
Los motivos están geométricamente dispuestos y son una muestra de buen gusto y refinamiento, desde el juego de colores hasta la variedad de formas geométricas entre las que sobresalen cuadrados, ojivas, triángulos, asteriscos, entre otros.
La puesta en valor del templo
En verdad este artesonado es una joya artística digna de mejor suerte y forma parte de un conjunto monumental -el del mismo templo-, que debiera restaurarse para evitar su creciente deterioro. Urge pues, no sólo una política de rescate y mantenimiento de ese artesonado, sino del propio templo santeño que necesita una millonaria inyección económica que permita conservar los retablos y devolver al altar mayor su antiguo y primigenio esplendor. Está demás decir que esta labor ha de ser emprendida por verdaderos especialistas en la materia; los que tendrían, además, la labor de devolvernos el piso colonial que se cubrió de mosaicos.
Así debería ser, para que en el futuro la techumbre del templo santeño también sea un timbre de orgullo para todos los fieles; y, además de bajar la cabeza en forma respetuosa al arribar a la casa de Dios, también miremos hacia el cielo y veamos en ese artesonado otra muestra de la grandeza del hombre y de su más excelso Redentor.
 

…..mpr…

jueves, 28 de marzo de 2013

SEMANA SANTA OREJANA


Altar de la Iglesia de Santa Librada, Las Tablas

La Semana Santa azuerense es un evento que combina añejas tradiciones religiosas, sociales y culturales. En efecto, durante más de quinientos años la religión Católica ha sido el nervio motor de la región que comprende las provincias de Los Santos y Herrera. Los hábitos religiosos que diseminaron los españoles fructifican en un grupo humano que le ha impuesto su propia impronta cultural. Sin embargo, sigue siendo mayoritario el legado religioso de los hispanos que aquí adquiere un nuevo rostro en procesiones como la que se realiza en La Villa de Los Santos; siendo ésta de indudable influencia andaluza. Hay que añadir que antaño algunas localidades también contaron con cofradías, las que ya han desparecido, pero que fueron características de poblados como Parita, en la Provincia de Herrera y Villa de Los Santos y Las Tablas, en la Provincia de Los Santos.
Recordemos que en torno a la Semana Santa surgió una mitología campesina que se expresa en leyendas como la de “Señiles”, “El padre sin cabeza”, “El buey que habló”, “El penitente de la otra vida” y toda una serie de relatos que expresan el temor de Dios y la necesidad de hacer correctivos en la vida terrena para poder ganar “el cielo” y gozar de los placeres de una vida celestial.
En este período de recogimiento espiritual, las misas y procesiones, a las que se le suman representaciones populares sobre la crucifixión del Redentor, son la tónica de la llamada Semana Mayor. Casi en todos los poblados se realizan actos litúrgicos, desde Santa María hasta Pedasí y desde Guararé hasta Tonosí, son olvidar a Las Minas y Ocú. En la zona oriental de la Península (la costa azuerense) las actividades religiosas lucen su mayor esplendor, ya que se encuentran los mejores templos y la feligresía es más numerosa. Por ello recomendamos no perderse la procesión del Viernes Santo en localidades como la Villa de Los Santos y Parita. Además, sin demeritar otros valiosos esfuerzos, tengamos presente que el teatro popular de Pesé, lleva a escena la mejor representación de la crucifixión del Nazareno. En cambio, en Las Minas de Herrera se pueden apreciar los adornos, elaborados con flores de caracucha, que adornan el templo y las andas utilizadas en las procesiones.
La Semana Santa azuerense es otro valiosa oportunidad para acercarse a este grupo humano que ha sabido conservar expresiones de la cultura sacra, no pocas veces matizada con eventos de índole profano.

lunes, 18 de marzo de 2013

LAS GUIRNALDAS EN LA POLLERA PANAMEÑA


Los vínculos entre cultura, sociedad y entorno ambiental son antiguos, tanto como la existencia del propio bípedo pensante. Por eso no ha de extrañarnos que la istmeña cultura orejana haya caminado por iguales senderos de realizaciones. Abundan los casos para ilustrarlo: la décima, la mejorana y la bocona, la música de acordeones, la danza y otras expresiones artísticas del panameño.
En cambio, una de las representaciones más hermosa la encontramos en el traje por antonomasia de la mujer panameña: la pollera. Interesa, por tanto, dentro de ese mundo multicolor del pollerón istmeño, destacar lo que acaece con las guirnaldas de la pollera, entre otros motivos porque el énfasis investigativo ha recaído más sobre sus orígenes étnicos. Muy poco se ha escrito sobre las guirnaldas, ese conjunto y entramado de flores, que resulta tan llamativo a los ojos del visitante.
Las guirnaldas de la pollera, sin demeritar otros componentes, representan la magia y el encanto del vestido de la panameña. Pareciera como si las lujuriosas selvas, con sus plantas y flores multicolores, se encadenaran para demostrarnos el verdor de los campos y la alegría vital que caracteriza al habitante que mora las provincias interioranas e incluso las zonas urbanas del Istmo. Da la impresión que la pollera con sus arreglos florales fueran un grito de advertencia sobre la destrucción ambiental del Siglo XX y de la presente centuria. En efecto, no es hasta el pasado siglo que la pollera luce las nuevas guirnaldas que le caracterizan. Llamativo porque en la medida que el hombre socava el ambiente, la pollera se hace más vistosa e invade con su guirnalda –resplandor de Natura- los pueblos y la campiña.

Mire Usted que ahora uno encuentra guirnaldas entre las que se asoman palomas, mariposas, colibríes y otros ejemplares de la fauna del Istmo. Nótese que si bien, al inicio de la vigésima centuria, la abuelas zurcían diminutas aves, ahora éstas son de mayores dimensiones en unas guirnaldas que se vuelven decorativas, ya no de la flora, sino de la fauna nacional.
 
 
Hay todo un mundo en este toque tan especial que representa la guirnalda en la pollera. Y es que las mismas florecen, como las naturales, luego de meses de paciente labor de la artesana. Zurcido, calado, sombreado, marcado, agujas, dedos, hilos y una paciencia infinita. Va Usted a las fiestas interioranas y las ve moverse adheridas a la tela de la pollera, como si quisieran desprenderse de ellas para acudir presurosas a los bosques y pender de la enredadera a la que pertenecen.

Estas flores sobre el traje típico nacional son más que un elemento ornamental, expresan el arte de que somos capaces, resumen una visión de mundo y pregonan nuestro orgullo de patria. Las guirnaldas en la pollera panameña son tan hermosas que terminan por fundirse con el soporte del que penden; y ahora, pollera y guirnaldas, son una unidad indisoluble. Y allí estriba el secreto de la pollera panameña; las guirnaldas, casi sin darse cuenta, forman el marco propicio para dar lucidez y donaire a la belleza de la mujer panameña.
......mpr..

jueves, 21 de febrero de 2013

LATIFUNDIO EN CERRO QUEMA

 

Durante gran parte del período colonial, la unión a Colombia y la vida republicana, la zona que se conoce como Azuero experimentó pocos acaparamientos de tierra. Incluso las propiedades de la Iglesia Católica, hasta mediados del Siglo XIX, nunca lograron compararse con las haciendas que se observaron en otras latitudes nacionales. En general el latifundio –la gran propiedad- no fue un rasgo distintivo de la estructura agraria regional. Al contrario, lo propio de esta sección ístmica fue el minifundio o parvifundio, es decir, la pequeña propiedad. Lo cual no niega que se pudieran encontrar algunos territorios cuyas dimensiones fueran más allá de lo común.
Siempre he pensado que esta modalidad de la tenencia de la tierra ha tenido una profunda repercusión sobre la conciencia del santeñismo. Me refiero a esa forma de vida que ha encarnado en un parroquiano orgulloso de su estirpe e identificado con la cultura nativa. En efecto, hasta bien entrado el Siglo XX el minifundio es un factor determinante en esa conciencia de la orejanidad. Por ello, sostengo, la ruptura contemporánea de esa estructura agraria corroe las bases sobre la que se sustenta la identidad cultural a la que hago alusión.
De lo dicho se colige que el latifundio, además de ser un factor disociador, constituye una estructura perversa y deshumanizante. En Los Santos y Herrera este tipo de propiedad socaba los cimientos del proyecto de vida que ha sido la norma en los últimos cinco siglos. Sin entrar a discutir lo traumatizante de la gran propiedad, a la altura de este momento histórico lo que interesa es dejar constancia sobre lo que está aconteciendo en la península de Belisario Porras Barahona y Ofelia Hooper Polo.
Si el investigador revisa con ojos escrutadores la tenencia de la tierra regional, encontrará que el mayor latifundio de la zona es propiedad de la empresa minera que asienta sus reales en Cerro Quema. Excepción hecha de las antiguas propiedades de la Tonosí Fruit Company (empresa que hasta mediados del Siglo XX se apropió de casi todas las tierras del Valle de Tonosí, fecha cuando fueron devueltas al Estado) nadie ha tenido más tierras por estos lares; nada menos que 14,893 hectáreas de explotación minera. Ni al más desquiciado de nuestros geófagos peninsulares soñó jamás con un potrerito de ese tamaño. En efecto, desde el Macizo del Canajagua, la empresa muestra su músculo agresor al resto de los agricultores y ganaderos a quienes esas mismas tierras les costaron sudor y lágrimas, luego de centenarios esfuerzos para poder poseer los pequeños fundos en los que habitan.
Para quien mira desde la costa el centro y occidente peninsular, toda esta propiedad aparece oculta detrás de la mole del Canajagua, el cerro más emblemático de la cultura santeña. Y, ¡ay del promontorio!, si llegara a tener algún gramo de oro, porque lo harían papilla bajo el argumento de la generación de empleo, el respeto a la propiedad privada, la conservación ambiental y las raciones alimenticias servidas a párvulos inocentes que no comprenden cómo detrás de cada obsequio empresarial se oculta el valor de una onza de oro, es decir, la aurífera y abyecta codicia minera.
Si los istmeños permitimos que se desarrolle el proyecto minero, aparte de las secuelas ambientales (ruido, polvo, contaminación de ríos y quebradas, etc.) y el saqueo del oro por una suma bruta que supera los mil millones de balboas, hay otra dimensión de la problemática que no ha sido sopesada y que conviene subrayar. Me refiero a la incidencia del latifundio sobre la estructura agraria, social y política. Una empresa de esta magnitud, como ya se está viendo en la práctica, no se contentará con el  despojo del oro, sino que tratará que su poder económico extienda su brazo al control político, para continuar gozando de los privilegios que le otorga la ley minera. Así lo hará porque Cerro Quema no es la única mina que aspiran a explotar. Por allí está La Pitaloza, en la Provincia de Herrera y otras que aparecerán del filón aurífero que baja de Veraguas.
En el plano social veremos la transformación de la peonada campesina en peonada minera. Los santeños, de dueños y señores de su tierra (aunque fueran minifundios poco productivos), quedarán dependiendo de los jerarcas mineros, temerosos de que les despidan y, en consecuencia, dóciles al mandato de los nuevos amos que ya no viajan en carabelas, sino que vigilan el cerro desde helicópteros angurrientos.
Yo no sé qué harán mis paisanos de la costa y la montaña, así como los profesionales que crecieron conmigo comiendo ciruelas corraleras y tuvieron la suerte de ollar Europa y otras latitudes. En lo que a mi concierne continuaré en contra del saqueo de nuestros recursos, así como de las pretensiones mercantilistas de los nuevos filibusteros de la era moderna.
......mpr...

lunes, 11 de febrero de 2013

DE CUANDO LA PARCA SE LLEVA LAS TRADICIONES

Don Edgardo De León Madariaga (1933-2013)
La  cultura orejana se ha cimentado en medio milenio de historia. Y como ha acontecido a través de los tiempos, se ha forjado un grupo humano que es producto del mestizaje de diversas mixturas étnicas. Sin embargo, para lograr que este colectivo prolongue su presencia social, la identidad que le es propia ha de perdurar; siendo pregoneros de esa sociedad los poetas, músicos, escritores, educadores y toda una gama de individuos que se identifican con las tradiciones y valores colectivos.
Se comprende que para el logro de ese propósito se vayan forjando grupos  generacionales que son los responsables de permitir la socialización de los nuevos hombres y mujeres que integran el entramado social. Por eso, cuando una de estas generaciones comienza a desaparecer, y no logra ser suplantada por otra, se corre el riesgo de encontrar en otros lares los modelos a imitar.
Algo de esto acontece en la región de Azuero, porque en lo que va del año 2012 al 2013 fallecieron algunos azuerenses sobre los cuales descansó parte de la identidad cultural de la zona. Pienso en la desaparición física de  personajes como Lucy Jaén (extraordinaria exponente del canto de tuna), Gabriel Villarreal (mejoranero por excelencia), Catalina Carrasco (cantante de conjuntos de la música de acordeones) y Edgardo De León Madariaga (investigador de la pollera panameña).
Esta pléyade de cultores son el relevo generacional de hombres como Rogelio Córdoba, Abraham Vergara, José de La Rosa Cedeño, Escolástico “Colaco” Cortez,  Artemio De Jesús Córdoba López, entre otros. El último de los grupos constituye lo que he denominado La Generación de Oro de la Música Orejana. En cambio, los primeros (Jaén, Villarreal, Carrasco, De León Madariaga) comparten con los segundos la existencia de una sociedad rural en transición a otra más urbana y penetrada por valores exógenos. Ellos son los cantores, estudiosos e intérpretes que vieron nacer, por ejemplo, el Festival Nacional de La Mejorana, El Festival de La Pollera y El Festival del Manito.
Habida cuenta de ello, importa en este momento tomar en consideración que el tercer relevo generacional conoce apenas de oídas el mundo musical, folclórico y de investigación de personajes como los esposos Zárate y De León Madariaga. La primera y segunda generación son los referentes, la tercera intenta vivir una sociedad que está penetrada culturalmente y es el blanco de la Internet, la radio, la prensa y las redes sociales.
La desaparición de cultores e investigadores a los que nos referimos representa un duro golpe a la preservación de la cultura tradicional de la región de Cubitá. De allí que la adulteración y comercialización de estas tradiciones ha de marcar la evolución cultural en las próximas décadas. Así sucederá, a menos que las instituciones llamadas a preservarlos (centros educativos, patronatos y la política estatal) aúnen esfuerzos para rescatar los rasgos estructurales que han forjado la personalidad colectiva de los hombres y mujeres que moran a la orilla de Canajagua, Cerro Quema y Tijeras.
Este es el gran desafío del Siglo XXI, que la Parca no deje un reguero de gente alienada, simulando cantar en idiomas que no entienden, avergonzada de sus raíces y creyendo que los valores económicos algún día vencerán al humanismo “encutarrao” de Porras, Zárate, Dora, De León Madariaga y otros.
.......mpr...
 

martes, 5 de febrero de 2013

 
Hoy (05/II/2013) se dieron en La Prieta, jurisdicción de Bajo de Güera, nuevas protestas por el proyecto de regadío e hidroeléctrica. El problema de fondo es la propiedad de la tierra que les está siendo arrebatada a los sectores campesinos, por compra o mediante otros mecanismos "legales". El mismo fenómeno de la mina de Cerro Quema o de los proyectos inmobiliarios de la costa.
La rapiña por la tierra dará qué hablar en 2013... Y mientras esto acontece en el área de "montaña", en la costa la gente se esfuerza por aprender las tonadas del carnaval. Cuando despertemos del eterno carnaval en que vivimos, no tendremos oro, ríos, potreros, cultura, cerros ni costas.

jueves, 31 de enero de 2013

FEBRERO, CALENDARIO FESTIVO


 
Perote de Las Musas. Parque de Santo Domingo de Las Tablas

Un evento regional diferente. En plena temporada veraniega la población se congrega para reconocer el aporte a la cultura nacional y regional de consagradas figuras de la zona y del país. Todo al aire libre y con una noche llena de estrellas. Escritores, cantantes, poetas, folcloristas y músicos muestran su arte ante un auditorio que valora su esfuerzo y que acude a la plaza para demostrar con su presencia que el amor a las bellas artes aún tiene un espacio en sus vidas. El evento toma su nombre (perote) de la romería a las playas de El Uverito, actividad festiva que en otro momento se realiza en la Tierra del Perote, Santo Domingo.

 Carnavales.

Comienza la fiesta de Momo. Reinas, tronos, culecos, murgas y la región se convierte en la capital del carnaval panameño. Sin duda el evento más esperado y la actividad más festiva de la temporada. Ya sea en Ocú, Parita, Chitré, Villa de Los Santos, Las Tablas, Santo Domingo, San José, Pedasí o Tonosí las comunidades abren sus puertas al visitante con la calidez que distingue a la gente de las provincias de Herrera y Los Santos. Mañana y tarde de “culecos” (mojaderas), noches llenas de carrozas de ensueño. Usted podrá apreciar la clásica rivalidad entre las tunas de Calle Arriba y Calle Abajo con tonadas especialmente creadas para la ocasión y con reinas que compiten entre sí, ¡cuál más hermosa y portadora de donaire!. Especialmente gratificante resulta el Marte de Carnaval, día dedicado a exaltar la cultura y el folclor nacional. Además, la proximidad de las ciudades, todas a menos de una hora entre sí, facilita la comunicación y permite trasladarse con suma facilidad. Nada como el carnaval para conocer la faceta festiva del panameño que habita la Península de Azuero

Tuna de Los Callejones, El Carate de Las Tablas.

Muy próximo a la Ciudad de Las Tablas se encuentra la comunidad de El Carate, la misma población a la que una vieja y tradicional pieza de acordeones invita a disfrutar de la vida (“Nos vamos para El Carate a bailar cumbia no más, tableñita acomódate que ya Ramiro se va”). Sin embargo, para el carnaval tableño y en pleno martes de carnaval, en El Carate las tardes se convierten en sabrosa tuna popular. En efecto, por las principales calles y callejones comunitarios la tuna va regando sus tonadas. Ataviados con vestidos típicos o sencillamente con un ajuar informal.  Alegría, esplendor y mucho amor a las tradiciones, eso es la Tuna de Los Callejones, una vuelta o retorno a lo espontáneo del carnaval de antaño. Te esperamos en El Carate.

Martes de Carnaval en Santo Domingo de Las Tablas

El martes de carnaval es por antonomasia el día más importante del carnaval interiorano y Santo Domingo de Las Tablas el epicentro del amor a las cosas del terruño. Por eso hay que llegar temprano, porque la actividad se extiende de 5 de la tarde a 8 de la noche y una vez concluya arrancan las festividades carnestolendas en la cercana Ciudad de Las Tablas. De hecho los tunantes continúan en la capital santeña el gozo de sentirse portadores de la panameñidad. Mientras tanto, en Santo Domingo de Las Tablas se dan cita las mejores empolleradas de la zona que bailan al son del tambor, el acordeón y la caja.
Lo trascendente del martes de carnaval en Santo Domingo es percatarse cómo en torno al parque comunitario el panameño vuelve a disfrutar del carnaval como se celebraba antaño, sin murgas y a punta de tambor y cantalantes que compiten por entonar las mejores tonadas santeñas; mientras mayores, jóvenes y niños disfrutan las expresiones más vernáculas del carnaval panameño.
 
 
Romería al Jesús Nazareno de La Atalaya

Varios días antes de que termine el carnaval y se entierre la sardina, ya algunos devotos del Jesús Nazareno de La Atalaya caminan hacia la famosa localidad veragüense. Una numerosa cantidad de peregrinos acuden desde los puntos más distantes y por los medios de transporte que tienen a su disposición (autos particulares y de transporte colectivos, bicicletas y motocicletas, caballos, etc.). Y es que la actividad religiosa representa la transición entre la profana fiesta de la calle (el carnaval) y el arribo de la actividad sacra (inicio de la cuaresma). Una vez allí, el romero asiste a la eucaristía y recibe en su frente la famosa “cruz de ceniza”. Verá a parroquianos que acuden a pagar su “manda”, tal y como denomina el hombre interiorano al acto de penitencia con el que agradece al famoso Cristo de La Atalaya los favores que ha recibido. Las mandas pueden consistir en extenuantes caminatas y exvotos (ofrendas), así como cualesquiera otra modalidad para saldar su compromiso con la imagen religiosa.
Al mismo tiempo y como acontece en los lugares en los que se congrega la población, un improvisado mercado compite por brindar a los asistentes las mejores viandas, recuerdos piadosos de la visita al Cristo, estampas religiosas y otros artículos de uso familiar. Por eso la visita a La Atalaya, además de la religiosidad que implica, es un escaparate de la cultura del panameño y del sincretismo sacro-profano que la distingue

martes, 15 de enero de 2013

ENERO, CALENDARIO FESTIVO




Bienvenida al Año Nuevo

El arribo del nuevo año encuentra a las diversas comunidades de Los Santos y Herrera llenas de gozo. En la noche previa, el 31 de diciembre, santeños y herreranos esperan las 12 de la noche para recibir al nuevo año con petardos, voladores y todo tipo de fuegos de artificio. Nunca faltan las diversas viandas, bebidas, profusión de música y las familias reunidas en el hogar para desear parabienes a los familiares y amigos. Una vez cumplido este ritual de Año Nuevo, no pocos viajan a la Ciudad de Las Tablas para apreciar, como un anticipo del carnaval, el encuentro de tunas que se escenifican en el Parque Porras.

Encuentro del Canajagua y fiesta de Reyes en Macaracas.

El Encuentro del Canajagua, exceptuando la Fiesta de Reyes, data de la segunda mitad del Siglo XX. Desde entonces ha sido una festividad que aglutina a la población que habita las tierras altas santeñas y que se convierte en reservorio de eventos folclóricos. Allí podrá el visitante disfrutar de los juglares de la décima cantada, así como de bailes populares y danzas folclóricas. El epicentro de la actividad se ubica en la Plaza Rogelio “Gelo” Córdoba,  nombre que recibe por ser la región del Canajagua el hogar nativo del principal zapador de la música de acordeones del Istmo. El evento cumbre de la actividad se produce el 6 de enero, Fiesta de Reyes en Macaracas.

Día de los Reyes en Macaracas

Macaracas es el corazón de la Península de Azuero y la sede de la más importante actividad religiosa con la que finaliza el ciclo navideño regional: la epifanía. Desde la segunda mitad del Siglo XIX la comunidad santeña celebra la fiesta de Los Reyes. El visitante podrá apreciar una extraordinaria muestra de teatro popular, cuando los actores de la población llevan a escena la representación de los Reyes Magos.”Voy pa´Reyes”, dice el parroquiano y no se equivoca, porque de alguna manera él también es actor de un evento que hace de las calles y la plaza el lugar por antonomasia para vivir los cuadros escénicos de la llegada de los Reyes Magos.

Desfiel de Las Mil Polleras
 
La pollera -emblemático símbolo de la identidad nacional-, recibió en la Ciudad de Las Tablas el más significativo y multitudinario homenaje que una nación puede tributar a un ícono patrio. En efecto, la capital provincial santeña se ha convertido en el sitio en el que convergen delegaciones de diversos rincones de la geografía nacional que están empeñadas en mostrar, a propios y extraños, las diversas modalidades que asume esta vestimenta de la mujer istmeña. Ya se trate de la pollera montuna, de la aristocrática pollera de gala o de aquella que luce con orgullo la mujer de la etnia negra, durante el  DESFILE DE LAS MIL POLLERAS la población tableña no escatima esfuerzos para presentar un evento en el que se puede apreciar la capacidad y creatividad de las artesanas que dedican horas, días y meses a la confección de la pollera panameña.
El traje típico nacional tiene su origen en los Siglos XVI y XVII, seguramente como evolución de aquellos coloniales vestuarios que lució la mujer hispano-negro-indígena y que luego asumieron como propios los grupos humanos que poblaron el Istmo. El mismo fenómeno que encontramos repetido en la danza, música y otras expresiones de la cultura nacional.
A no dudarlo, el pasado desfile fue una muestra del orgullo que experimenta el panameño por sus expresiones más vernáculas. Nada faltó en la cita, porque aparte de la pollera propiamente dicha, pudo apreciarse a conjuntos típicos y de índole folclórica, las gustadas murgas, vestimentas masculinas, tamboritos y todo aquello que ha hecho de la cultura nacional un fenómeno de proyección nacional e internacional.
El próximo año, por nada del mundo te pierdas el DEFILE DE LAS MIL POLLERAS.

Feria de San Sebastián en Ocú.

Con este vocablo indígena -Ocú- se da nombre a un distrito de la Provincia de Herrera cuya capital distrital se nomina de la misma manera. El más vernacular de los distritos herreranos, celoso guardián de las tradiciones de los manitos, es la sede de la Feria de San Sebastián, denominación que se explica por ser el santo varón el patrón religioso de la comunidad.
La feria es una oportunidad valiosa para apreciar la productividad de la región ocueña. Aspectos agrícolas, pecuarios, comerciales y folclóricos son la tónica dominante. Durante el evento ferial el visitante podrá escoger entre una amplia gama de ofertas: artesanías regionales, vestuarios (entre los que destacan el pantalón, camisa y sombrero ocueño), así como platos de la gastronomía de la zona (arroz con pollo, carne frita, lechona asada, empanadas, buñuelos, etc.). Además, en los terrenos feriales un hermoso lago artificial da una  tónica lacustre al evento. Y, durante la noche, se desarrollan espectáculos feriales en los que no pueden faltar los típicos bailes con acordeones.

Fundación del Distrito de Guararé

El distrito santeño de Guararé, en donde durante el mes de septiembre se celebra el más famoso de los festivales folclóricos de Panamá (Festival Nacional de La Mejorana), celebra en esta ocasión la fundación del municipio. En efecto, el 21 de enero de 1880 fue creado el Distrito de Guararé, gracias a las gestiones de la matrona Bibiana Pérez Gutiérrez. La ocasión la recuerdan los lugareños con la coronación de la Señorita 21 de Enero y la realización de otros eventos festivos: actividades religiosas y conferencias mediante las cuales los guarareños demuestran su amor al terruño y la puesta en valor de la historia comarcal.  

Celebración de Don Bosco

No obstante ser Don Bosco (16 de agosto de 1815 – 31 de enero de 1888) un santo cuyo reconocimiento como tal ha sido relativamente reciente (canonizado el 1 de abril de 1934), tiene en la región una numerosa cantidad de devotos. Por eso, y en el marco de la festividad religiosa, diversas comunidades azuerenses realizan la noche del 30 de enero muy concurridas procesiones que expresan el fervor comunitario. Entre tales poblaciones se encuentran el Limón de Chupampa, Llano de la Cruz de Parita, Llano Abajo de Guararé y La Enea de Guararé. En esta última, por ejemplo, luego de la procesión puede ser apreciada una extraordinaria muestra de fuegos de artificio; sobresaliendo el uso de “montantes”, una modalidad que ya casi ha desaparecido de nuestras fiestas patronales.

martes, 8 de enero de 2013

FOLKLORE Y ALIENACIÓN

 
Los que habitamos esta península con apellido de colombiano santanderista, que ha dado en llamarse Azuero, nos enorgullecemos de nuestras tradiciones. En efecto, nos agrada afirmar que moramos en la "cuna del folclor" e insuflamos  nuestros pechos con evidente orgullo.
Así las cosas, lo que importa ahora dilucidar es si, efectivamente, eso que denominamos como folklore corresponde en propiedad a lo que éste debe ser. En lo que a nosotros concierne, hemos insistido con vehemencia en que, en las últimas décadas, ese vocablo ha servido de excusa para ocultar un conjunto de eventos que se etiquetan como tales cuando en realidad son una burda caricatura del hecho folklórico. En el presente la alteración de dicho fenómeno ha adquirido tal proporción que, una cantidad no despreciable de la población, se involucra y defiende la comercialización de actividades que, vistiendo ropaje folklórico, a lo sumo podrían denominarse como de proyección folklórica. Tal es el caso de las llamadas cantaderas y los denominados bailes típicos.
En el año 1983, en una investigación que ha propósito se realizó, se demostró que sólo en la Provincia de Los Santos ese folklorismo alienante condujo a la realización de 726 bailes al año; todo ello sazonado con 118 cantinas, 43 bodegas, 6 distribuidoras de licores y 92 salas de bailes permanentes. Por otro lado, para esa misma fecha, la provincia no podía mostrar una media docena de bibliotecas públicas y el censo de población indicaba que hasta el año 1980 habían tenido que abandonar la tierra de Belisario no menos de 45,000 santeños. En lo que concierne a la Provincia de Herrera, no deja de ser sintomático que los guarismos estadísticos nos confirmen que el herrerano consume más seco que leche.
Se trata, pues, del hecho indudable de que en el caso azuerense el folklore ha sido adulterado y convertido en mercancía. A todo ello, las principales autoridades guardan un silencio sepulcral, temerosas de hacer frente a los grandes intereses económicos que siguen empeñados en mantener a nuestra población en una permanente borrachera de "folklore" y de tradiciones mal entendidas.
Sin duda los tiempos cambian, y con ellos la cultura de los pueblos. El folklore ha de ser anónimo, tradicional, plástico, prelógico, no institucionalizado; tales son algunas de las características que lo definen. Precisamente la plasticidad que posee es la que le permite adaptarse a la nueva época, pero, dejémoslo bien claro, sin menoscabo de sus esencias. Su natural plasticidad es algo muy diferente a la aberrante adulteración que en nuestro medio se ha ensañado sobre la sabiduría popular que, en síntesis, es el folklor.
                                                                                                   .....mpr...
(1998)