jueves, 10 de octubre de 2019

LA PENÍNSULA EN 1904




En la Gaceta Oficial # 26 del 6 de junio de 1904 se publicó una relevante disposición jurídica encaminada a promover el desarrollo nacional y con evidente repercusión para la región peninsular azuerense. Me refiero a la Ley # 52 de 20 de mayo de 1904 que establece lo que denomina “mejoras materiales”.
Afirma el decreto que de la suma que ha recibido la nación, producto de la Convención Ístmica del Canal de Panamá, se destinarán 3 millones 250 mil pesos ($3,250,000.00) para inversiones públicas del bienio que concluye en el año1906.
En lo que atañe a la provincia de Los Santos, que para aquellas calendas incluía la actual jurisdicción herrerana, se asignan 350 mil pesos, lo que representa el 10.7% de la totalidad del fondo nacional arriba indicado. Y allí aparecen listadas las obras que han de ser atendidas en la jurisdicción santeña. A continuación, los proyectos que se estiman prioritarios.
Detalle de obras a construir en la provincia de Los Santos
“. Puente del río Santamaría . Puente del río Escotá  . Puente del río “La Villa” . Puente en el río de Parita, camino de Chitré . Puente en el río Guararé . Puente del río Parita en el paso de “Las Marciagas” . Puente colgante en el río Esquiguita, camino de Pesé a Los Pozos . Puente colgante en este mismo río y en el de “La Villa”, camino de Pesé a Macaracas . Construcción de un edificio para la Escuela Superior en Chitré . Reparación de las casas para oficinas públicas que posee el Gobierno en la Provincia . Construcción de un edificio para Cuartel de Policía y Cárcel en la ciudad de Los Santos. Reparación de la casa de dos pisos de propiedad del Gobierno, que existe en Pesé . Auxilio de cinco mil pesos ($5,000.00) para la construcción de Cementerio en Pesé . Limpieza y canalización del puerto de Chitré en el río de “La Villa” . Limpieza del puerto de Parita. Limpieza del puerto de Guararé . Limpieza del puerto de Mensabé . Limpieza del puerto de Tonosí . Reparación de la carretera de la ciudad de Los Santos al puerto, y construcción de sus correspondientes puentes y calzadas . Reparación de la carretera de Chitré al puerto y construcción de sus correspondientes puentes y calzadas . Reparación de la carretera de Parita al puerto, con sus correspondientes puentes y calzadas . Reparación de la carretera de Mensabé á Las Tablas, y construcción de sus correspondientes puentes y calzadas . Reparación de la carretera de Tonosí al puerto, con sus correspondientes puentes y calzadas . Reparación de la carretera Chitré á Pesé y á Ocú, y construcción de calzadas y puentes necesarios . Reparación de la carretera de Los Santos a Macaracas . Reparación de la carretera de Los Santos á Las Tablas y Pedasí . Construcción de puentes y calzadas necesarios de Chitré á Santamaría y de Parita a Pesé . Reparación del camino de herradura de Tonosí á Las Tablas y del Tonosí á Macaracas . Reparación del camino de herradura de Pesé á Los Pozos . Reparación del camino de herradura de Pesé á Las Minas . Compra de ciento cincuenta (150) faroles para el alumbrado público de la capital de la Provincia y para distribuir entre los Municipios de la Provincia que costeen el de sus cabeceras . Auxilio de cinco mil pesos ($5,000.00) al Distrito de Las Tablas para la construcción del Cementerio . Construcción de un edificio para la Casa Municipal de Las Tablas . Construcción de un edificio en Guararé para Casa Municipal . Carretera de Guararé al río del mismo nombre . La relección del Hospital San Juan de Dios de la Ciudad de Los Santos, para lo cual se destina la suma de diez mil pesos ($10,000.00)”
Relevancia de la ley
El listado de proyectos es relevante por muchos motivos. Nos brinda indirectamente un panorama del estado de la región al inicio de la vigésima centuria, 1904, a poco de habernos separado de Colombia y a no mucho de las penurias que generó la Guerra de Los Mil Días.
Los proyectos se centran, mayoritariamente, en la reconstrucción de las vías de comunicación terrestre, en conexión con los puertos regionales. Carreteras,  calzadas y puentes son la tónica. Además, es evidente que el ejecutivo quiere dignificar las oficinas en donde se realizan trámites administrativos, lo que explica el énfasis en las edificaciones municipales.
Algunos servicios en abandono, aunque en menor grado, son atendidos. Tales los casos de hospitales, cementerios y cárcel pública, como aconteció con la ergástula de la Villa de Los Santos. Interesante resulta constatar el deseo de dotar de faroles a los pueblos.
Tal y como sucedió en siglos anteriores, observamos que aún persiste una diferencia notable, en términos del desarrollo regional,  entre la sección oriental (Divisa a Pedasí) y el área occidental de la zona. Nótese que la referencia a caminos de herradura (estrechos y para el tránsito de animales) son los que se listan en el área occidental, que comprende a Los Pozos, Las Minas, Macaracas y Tonosí
En 1904 todavía no existe la carretera que el doctor Belisario Porras Barahona construye en la década del veinte del siglo XX. Los proyectos listados dejan traslucir una región incomunicada, tanto entre los pueblos, como entre éstos y la capital de la república, porque el nexo con la última se establece mediante los puertos, de allí la atención que reciben. Hay solo una referencia a centros educativos primarios, la Escuela Superior de Chitré.
Al parecer el mejoramiento de las condiciones de vida no fue fácil en las primeras décadas del siglo, porque se arrastran problemas sociales que provienen del siglo XIX y aún del período colonial. El 24 de diciembre de 1929, por ejemplo, el gobernador de la provincia de Herrera, don Luis Ríos R., al referirse al estado de la higiene y salubridad pública escribe:
“El Hospital de Chitré se encuentra en pésimas condiciones, el Gobierno ha prometido construir uno nuevo, bien acondicionado y con la capacidad suficiente como auxiliador que es de esta cabecera de infinidad de pacientes de la Provincia de Los Santos. Los pueblos de la Provincia de Herrera, están contentos con esta promesa que esperan que su excelencia, la condense en una bella realidad.”
Lo relevante en todo caso, estriba en constatar que existe la voluntad política de impactar las zonas interioranas y promover en ellas algún grado de desarrollo, se busca integrarla al desarrollo y despertarlas de la somnolencia en que estaban sumidas. Los años veinte serán testigos de ese empeño del liberalismo istmeño, que si bien cometió errores, no se le pueda escatimar el positivo esfuerzo realizado. Lo que aconteció después – con sus altas y bajas- ya es conocido y escapa al objetivo del presente escrito. Por lo pronto, el decreto en comento logra aproximarnos al mundo social en que moraron las familias santeñas al inicio del siglo XX.
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En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 8 de octubre de 2019.


martes, 1 de octubre de 2019

EL RESCATE CULTURAL GUARAREÑO




Han transcurrido setenta años desde que el doctor Manuel Fernando de Las Mercedes Zárate convocara, en la Plaza Bibiana Pérez de Guararé, aquel cabildo santeño para explicar a la comunidad su visionario proyecto cultural. Allí, en la tierra del cacique Guararí, en septiembre de 1949, se realizó el primer festival folklórico de la república de Panamá, constituyéndose el suceso cultural en pionero latinoamericano en tales lides.
Desde entonces la filosofía del evento -con olor a albahaca y tañer de mejorana- ha sido la cumbre de los festivales nacionales, el molde a emular y el eco sonoro de la identidad nacional. Tal y como las campanas del templo a la Virgen de Las Mercedes, que a golpe de badajo también pregonan el rostro sacro de la festividad. Es más, gran parte de su éxito se debe al carácter sacro-profano que le imprimieron Dora y Manuel.
Claro que setenta años pesan en la conciencia y percepción del cónclave de la tradición nacional. A casi tres cuartos de siglo es comprensible que la gente, cultura y sociedad ya no sean iguales. Precisamente por ello se impone repensar el festival, mirar el folklore con ojos del siglo XXI, lo que no implica renunciar a la visión zaratista, ni negar la idiosincrasia santeña e istmeña.
El gran desafío del Festival de La Mejorana siempre ha sido lograr armonizar tradición y modernidad, elementos que ya aparecían larvariamente en la primigenia organización de la primera mitad del siglo XX. De hecho, el rescate cultural guarareño es producto de esos mismos temores al cambio social y cultural que siempre ha estado allí, soterrado, y al que se deben no pocos incidentes ligados a la organización y a la naturaleza de la famosa festividad e incluso a la profanación de bailes y vestimentas de quienes acuden a la fiesta.
Mantener y preservar los elementos estructurales del festival es tarea titánica, porque la adulteración y comercialización del folklore está en manos de organizaciones con poder económico para doblegarlo y convertirlo en mercancía. Desde la década del cuarenta los directivos han tenido que hacer frente a esa dicotomía del folklor puro y adulterado con fines comerciales. Que el festival haya resistido siete décadas, es un logro extraordinario y digno de encomio, proeza que hay que reconocerle al viejo comité y al actual patronato, así como al tesón de los actores sociales.
Lo que en el futuro ha de ser el festival depende de la lucidez de los organizadores, del cambio de actitud de la empresa privada, de las políticas culturales del Estado y de la base social de apoyo, tanto en Guararé como en el resto de la nación. A partir de allí se impone un salto cualitativo en la organización, ya que en el futuro inmediato también habrá que implementar un Congreso Internacional del Folklore (realizado bianualmente), sistematizar el archivo de la festividad y resolver el problema de su financiamiento.
El futuro del Festival Nacional de La Mejorana está en manos de las nuevas generaciones, las que, sin despreciar la asesoría del relevo generacional de los últimos cuarenta años, está en la obligación de renovarlo dentro de la visión zaratista, empeñada en rescatar y preservar el ser nacional, los rasgos fundamentales de la panameñidad.

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Ágora 64b DORINDO CÁRDENAS

Ágora 64a Dorindo Cárdenas

sábado, 21 de septiembre de 2019

LECCIONES DEL RÍO LA VILLA



Río La Villa

El más importante río peninsular nace en las proximidades del cerro Cacarañado, en Las Minas, provincia de Herrera. Desde allí se extiende a lo largo de 117 kilómetros hasta desembocar en el golfo de Parita. A su paso atraviesa los distritos de Las Minas, Los Pozos, Macaracas, Pesé, Los Santos y Chitré. Nace como débil quebrada y su cuenca termina generando un caudal no menor a 900 millones de galones anuales de agua. El hombre peninsular apenas utiliza 90 millones, el 10%. El resto pasa a formar parte del océano Pacífico. El llamado río Cubitá, De los Maizales o La Villa baja desde las alturas de los 953 metros hasta la Villa de Los Santos con 30 metros sobre el nivel del mar.


Nació cuando las divisiones político-administrativas no existían. Nunca fue santeño o herrerano, ya que tales denominaciones son inventos de la era moderna, gentilicios que se fueron forjando desde el siglo XVI y terminaron por cuadricular nuestro cerebro. Hace miles de años el río comprendió cuál es su tierra, la zona en la que discurre; un brazo edafológico desde el que se interna en el mar y cuya datación se estima en millones de años.

Le miro, le estudio y trato de leer el mensaje oculto de su acuosa vida. El río tiene para el hombre peninsular lecciones que éste debe asumir como propias. 
La primera de ellas confirma que la península es una sola y que los regionalismos exacerbados promueven visiones microscópicas de la región. Pregona que lo nuestro es un sistema integrado de tierra, agua, gente, flora, fauna, cultura y sociedad. Aleccionador recorre ambas provincias azuereñas, de la “montaña” a la costa, desde las mitologías de la silampa hasta los intentos costaneros por atrapar el mundo en las redes de la ciencia y la modernidad.

El río sabe que no hay grandeza sin pequeñez, porque el todo es más que la suma de las partes; comprende que desde su origen en la pequeña quebrada de El Montuoso, termina siendo el río más importante de la región de Azuero. Debemos aprender con él que no hay río sin agua y sin entorno que le delimite y condicione. Flora y fauna forman parte de su haber, así como la sociedad y cultura con la que interactúa y condiciona. El desarrollo peninsular debiera emularle, porque no hay que deslumbrarse con propuestas alejadas de nuestra evolución o que no hayan pasado por el tamiz de viabilidad socioambiental.

Las gotitas del río La Villa y sus afluentes terminan forjando la grandeza de la corriente acuosa. Agua limpia de los manantiales que canta entre los guijarros la alegría de vivir y sonríe a las nubes que desde las alturas le bañan e incrementan el caudal que se desliza por el cauce. Y no es que desconozca la tala ribereña, la pestilencia de las aguas negras, el veneno de agroquímicos, las excretas de las piaras o la irracionalidad del mosto. La grandeza del torrente es tal que aún perdona la angurria, codicia y torpeza de quienes le miran como estercolero o tinaja de su avidez financiera.

En la ruptura de su equilibrio, de la homeostasis milenaria, estriba su crisis y reuma contemporáneo. Y en ese estado escucha el parlar de aquellos que confunden consecuencias con causas, de los que proyectan en el río sus miserias sociales y miran reflejada, como en un espejo, la imagen de sus propios desaciertos. El Cubitá no es el problema, sino el modelo depredador que le acosa, destruye y se contenta con sembrarle arbolitos que el estío convertirá en leña e improductivo rastrojo. En cambio, el río de Los Maizales no se inmuta, permanece imperturbable con la certeza de que los bípedos y cuadrúpedos pasarán a la historia mientras su corriente aspira aromas de eternidad. Y en ello estriba su mayor lección, en el silencio de la inteligencia, en ser útil, aunque no le comprendan, en la santidad del sacrificio, como el otro Cordero pegado al madero, inmolado por el amor a su propia gente.
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