jueves, 22 de junio de 2017

CERRO QUEMA: IMPLICACIONES SOCIALES Y CULTURALES






La minería es más que una actividad económica cuyo objetivo se centra en la extracción de minerales. Las implicaciones de su puesta en valor abarcan una variedad de consecuencias socioculturales que no deben pasar desapercibidas, porque repercuten en la zona geográfica en la que se desarrolla el proyecto e incluso se extiende más allá de las regiones bajo su influjo.

El caso de Cerro Quema en la provincia de Los Santos es un vivo ejemplo de la relación minería, cultura y sociedad. La región viene aquejada, desde mediados del Siglo XX, de un grave problema poblacional que se manifiesta en un flujo migratorio que no cesa de sangrar su crecimiento poblacional, al mismo tiempo que incrementa los índices de senilidad. A ello hay que sumarle una deforestación que comprende el 94% del territorio, dejando un escuálido 6% de bosques.

En el fondo la región padece problemas estructurales acrecentados por la ausencia de planificación, mientras se fomentan los vínculos con la zona de tránsito y se estimula el crecimiento desordenado de pueblos y ciudades. Históricamente la zona ha dependido de las actividades agropecuarias, pero en la vigésima centuria esa relación ha crecido en desmedro de las actividades agrícolas, debido a una ganadería de tipo extensiva que ha estimulado la potrerización regional. Así se ha constituido una estructura agraria de expulsión y migración cuyo destino es la provincia de Panamá y zonas selváticas del Darién.

Desde el período precolombino la población se ha concentrado en el área costera de la sección oriental de la península, lo que deja a la zona occidental de “montaña” con guarismos poblacionales que son menores. Sin embargo, actualmente existe una relación estrecha entre ambos segmentos poblacionales que interactúan en el plano económico, social, político y cultural, aunque con una evidente hegemonía de intereses residentes en la costa peninsular.

En el plano cultural la zona ha sido el reservorio de la identidad nacional, ya que ha servido de modelo a imitar y emblema de la panameñidad. Este rol se vio favorecido por las emigraciones que llevaron algo más que personas a otras provincias, siendo el soporte cultural de una incipiente nación que echó mano de las manifestaciones folclóricas para anteponerlas a la apabullante penetración cultural del Siglo XIX y XX. No obstante, ese papel social no siempre ha sido provechoso para la región azuerense, ya que en los últimos tiempos la comercialización del folclor ha conducido a un fenómeno social de adulteración de del mismo y de creciente alienación cultural.

En un contexto como el arriba descrito arriba a la Península de Azuero el proyecto de minería de Cerro Quema, que a la fecha comprende una porción de terreno que se aproxima a las 15 mil hectáreas, constituyéndose en el mayor latifundio de los últimos 500 años. Esta situación es tanto más llamativa si pensamos que la estructura agraria regional se caracteriza por el desarrollo del minifundio, parvifundio o pequeña propiedad.

Podría decirse que la actividad minera viene a constituirse en una especie del enclave en la zona del Macizo del Canajagua. De salida su presencia ha promovido el desplazamiento de campesinos del área de Tonosí y Macaracas, los que se vieron precisados a vender las tierras y emigrar a la costa peninsular o a otros lugares nacionales. En efecto, el modelo empresarial minero rompe con las actividades tradicionales; lo cual no fuera perjudicial, si no tuviera implicaciones en el plano ambiental, así como en la apropiación de un recurso que pertenece al hombre azuerense, quien no resulta beneficiado del empeño destructivo del promontorio santeño.

La actividad laboral minera es extraña al hombre de la región y éste no cuenta con la experiencia para laborar en este tipo de empresa. En consecuencia, el empleo que se ofrece no puede ser asumido por la mano de obra calificada, lo que le obliga a desempeñar funciones mineras menos remuneradas y de mayor riesgo laboral.

Ya ha sido plenamente demostrado que este tipo de actividad genera un desbalance social en la zona bajo su influjo. Así, por ejemplo, en 1997, cuando se produce el primer intento de explotación minera, la zona registró un incremento de microempresas ligadas a la fiesta y el consumo de bebidas embriagantes. Hecho que resultaba más notorio los fines de semana, cuando se producía la paga de los trabajadores. Fenómenos como el alcoholismo, prostitución, violencia familiar, son indicadores del deterioro de la cuestión social, es decir, de las relaciones humanas.

En efecto, la cuestión social y cultural siempre ha sido un tópico subvalorado a la hora de medir el impacto de la minería. Generalmente se analizan los aspectos económicos, en cuanto generación de empleo y aporte al Estado, pero muy poco las secuelas socioculturales, las que al final se reflejan en el deterioro de la calidad de vida del hombre que mora en la península azuereña.

Las aristas de la actividad también se expresan en aspectos políticos y de lucha por el poder. Al ser la empresa poseedora de una mayor cuota de poder económico y de vínculos con las estructuras de poder nacionales, es notorio el influjo sobre la burocracia regional y nacional, la que en no pocos casos termina asumiendo una actitud complaciente a los requerimientos de la empresa minera, entre otros motivos porque concibe como posible fuente de financiamiento político-partidista.

En este sentido las llamadas “regalías” mineras se constituyen en un factor de acallamiento de la estructura política provincial, en la medida que le permite a diputados, alcaldes y representantes, ofrecer a su clientela política una solución a corto plazo. Tales son los casos de “ayudas” a centros escolares, “apoyo” a organizaciones de representantes, financiamiento a campañas políticas, “estímulo” al deporte, etc. Estas “regalías” tienen, como vemos, un efecto negativo en la autodeterminación de los pueblos y en la capacidad de organización de las propias comunidades.

En este punto conviene destacar el incremento de los conflictos sociales, ya que la empresa estimula las divisiones comunitarias, las que conducen a la creación de grupos a favor y en contra de la minería. Se produce así un conflicto, incluso intrafamiliar, entre quienes son partidarios (porque laboran en la empresa o se benefician de ella) y aquellos que adversan tales proyectos.

Nos encontramos con comunidades fraccionadas que son presa fácil de intereses externos a ellas. La situación se vuelve más conflictiva cuando la represión policial intenta acallar las voces de disenso popular, las que actúan en defensa del ambiente y los intereses del grupo humano.

Si bien la minería no es la única responsable de los problemas arriba indicados, sí es un factor que contribuye a eclosionar los niveles de patología social a los que hacemos alusión. Las comunidades rurales, con un estilo de vida tradicional, terminan erosionadas como grupo, existe incluso la pérdida de identidad que puede conducirlas hacia fenómenos de anomia y alienación sociocultural.

La pérdida de la tierra, ahora bajo la égida de la empresa minera, es un elemento que ha de tenerse en cuenta, porque la posesión de la misma forma parte de la cosmovisión campesina. Representa no sólo la pérdida de un bien material, sino el soporte de su identidad personal y comunitaria. Dicho de otra manera, hay un trauma social que está ligado a su mundo de actividad agrícola y ganadera. Es decir, de la noche a la mañana un campesino se convierte en obrero asalariado.

Los aspectos atinentes a la salud comunitaria también deben ser ponderados, ya que al tratarse de minas a cielo abierto se producen problemas de polución ambiental, exposición prolongada a químicos y elementos tóxicos. A propósito, la región no cuenta con suficientes especialistas laborales, así como médicos con experiencia para el tratamiento de obreros mineros.

Vista la situación desde un punto de vista sociológico, el desarrollo del proyecto minero no retribuye a la zona los beneficios que pregona. Desde un enfoque de costo beneficio son mayores las amenazas que las oportunidades de desarrollo sociocultural. En especial porque en la coyuntura que vive la península hay dos variables que deben ser fortalecidas, la de tipo ambiental y la de índole cultural. En Azuero la minería es una actividad que antes que contribuir al desarrollo regional, acrecienta los males que ya padece.

....mapr......













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