viernes, 13 de marzo de 2020

EL TEMPLO RELIGIOSO Y EL SIMBOLISMO DE LA PALMA




Entre los muchos aspectos que la modernidad ha convertido en mero recuerdo se encuentran las palmas que antaño distinguían a los templos de la peninsular región azuerense. En efecto, ya son pocos los poblados que presentan, próximo a las portadas de los edificios religiosos, la figura enhiesta de las palmeras.
Los testimonios fotográficos demuestran que los templos más coloniales, como el de San Atanasio, en la Villa de Los Santos y el de la ciudad de Las Tablas, lucían alguna variedad de arecáceas. Incluso poblados más recientes como Guararé, al  inicio del siglo XX, mostraban las cimbreantes y elegantes palmeras del templo a la virgen de Las Mercedes, aunque ya para el año 1948 habían desaparecido.
En los tiempos actuales el ejemplo más notorio continúa siendo el de la Villa de Los Santos, donde aún podemos observarlas a la entrada del templo. Y esa tradición ha de ser valorada, porque está enraizada en la historia de la Civilización Occidental, incluso desde la época de la Mesopotamia y del milenario Egipto, de donde procede.
Desde aquellas calendas las palmeras fueron emblema de fertilidad, eternidad y de la presencia de la divinidad. Quizás esa valoración también esté asociada a la existencia del oasis, con el agua, fuente de la vida, en lugares en donde se apreciaba en la distancia la figura del tronco leñoso con grandes hojas, como faro botánico para el sediento caminante.
El agua y la palmera, la mancuerna de la inmortalidad, que por la vía de los españoles y la religión católica llegó a nuestras tierras y formó parte de nuestra identidad. Influencia cultural y religiosa que aún subsiste en la Semana Santa cuando se distribuyen las pencas benditas, remanente histórico de la relevancia que experimentó desde hace milenios. Por eso su fruto continúa siendo una hermosa metáfora de la sed de espiritualidad y humanismo del hombre contemporáneo y bien haríamos, cuando el caso lo permita, en volver a plantar las palmeras en las proximidades del templo y los poblados, porque ellas no son simplemente un asunto de ornato, sino de profunda religiosidad.
……mpr…


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