viernes, 17 de septiembre de 2010

EL MAESTRO CHONG MARÍN

En los años cincuenta del pasado siglo, para ser precisos en 1957, arribó a tierra herrerana un educador cuya misión consistía en laborar en el Primer Ciclo Secundario de Chitré. Apenas un año después se creó la Extensión Universitaria, la que inició su brega en el año 1959. Esta trilogía de hechos resultan vitales para comprender la labor de un educador de la talla del Profesor Moisés Chong Marín.
Medio siglo después, cincuenta y tres años (53) transcurridos, asisto al sepelio del historiador, filósofo y amigo. Inhumado en tierra, en un cajón sencillo, precedido de una misa extraordinariamente sobria, le dejamos en el cementerio chitreano. Allí quedó para la posteridad el cuerpo de uno de los intelectuales más honesto que he conocido, figura cumbre del pensamiento orejano de esta parte del país. Yo le considero azuerense, aunque había nacido en El Coco de La Chorrera.
El Dr. Chong Marín, porque así lo fue desde la cumbre de la licenciatura y profesorado en educación media, ha sido un caso extraordinario de constancia y estudio tenaz. Alejado de las luces de la capital, que algunas veces deslumbran a los ingenuos, toda su producción intelectual la escribió desde esta parte del país; desde la Península que amó y a la que invariablemente regresaba luego de sus viajes a Europa, Asia y Suramérica. El filósofo orejano fue un digno discípulo de Sócrates, Platón, Aristóteles y de lo más granado del pensamiento occidental. Lector ávido, en su biblioteca personal se podía encontrar a representantes de las escuelas filosóficas más dispares y a pensadores cuyo color político iban desde la izquierda hasta la derecha y desde el centro hasta los extremos.
Importa tener presente que su producción intelectual, con siete libros, variados ensayos y una famosa Hoja del Lunes, (que superó las dos mil ediciones), se incuba desde la ruralidad y en la soledad de su cuarto de estudio. Pienso que Chong Marín es un caso excepcional de un hombre que, no obstante disfrutar las mieles del campo, utilizó a éste como soporte ambiental de sus creaciones. Acompañado del rumor del palo de mango, supo vivir en la campiña, pero sin ser subyugado por esa ruralidad que a veces produce un bucolismo que maniata la universalidad del pensamiento.
En estos días se habla (no tanto como debiéramos), sobre la contribución de Chong Marín, así como de los textos de historia y filosofía que fueron la base para la formación de varias generaciones nacionales. Sin embargo, no tomamos conciencia de que el Maestro partió de sus aulas de colegio secundario para arribar a los claustros universitarios. En la Casa de Méndez Pereira fue un catedrático lúcido y comprometido con las causas populares. No por casualidad fue institutor y miembro del Frente Patriótico de La Juventud, aguilucho de esa gallada de panameños que volaron con alas propias para mirar, desde las alturas de las nubes, las heridas infringidas a la novel patria de la vigésima centuria.
Pienso que tal vez la Universidad Popular de Azuero sea la creación que Chong Marín más amó; institución que él creó y concebía como herramienta de liberación popular y a la que dedicó no pocos días de su vida terrena; venciendo incomprensiones, visiones aldeanas y hasta amenazas de cicutas socráticas. Comprendía el chorrerano-azuerense que la Universidad tenía que ser la sede de la inteligencia, sin odiosas exclusiones y centrada en el proyecto de Méndez Pereira, Justo Arosemena, Belisario Porras Barahona y Victoriano Lorenzo. Sabía que sin renunciar a ser universal, la academia panameña tenía que saber a changa y proyectar un aroma de carate recién cortado.
Luego de su fallecimiento, como acontece en estos casos, seguramente alguien ha de sugerir que alguna institución educativa lleve su nombre, acaso un campus universitario o un auditórium. En verdad, y en lo que a mí respecta, la iniciativa no me quita el sueño; porque sé que lo verdaderamente relevante consiste en hacer del ideario de Chong Marín un camino por recorrer y lograr institucionalizar sus afanes pedagógicos y científicos. Pienso que el mayor tributo consiste en construir la Universidad que la región y el país necesitan. “La inteligencia al poder”, clamaría desde su cátedra.
En esta parte del país, como en el resto de la nación, lo que en verdad necesitamos es hacer de la terquedad de este orejano ilustrado la mística y argamasa que sea la inspiración de los jóvenes del Ñuco y el Canajagua. Y me quedó aquí, no añado más, porque recordando a Chong Marín y su aporte comprendo el duro bregar de un profesor de la filosofía e historia que el amanecer de 1957 se bajó de un transporte de la ruta Panamá-Chitré. Y aquí se quedó para siempre, para gloria de nosotros e ilusión de la inteligencia…¡Dios le guarde, Maestro!
....mpr...

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