martes, 10 de junio de 2008

LA SALOMA LIBERTARIA DE ENEIDA CEDEÑO

Ha muerto Eneida Cedeño, la Morenita de Purio. Fallece al final del mes de marzo, cuando la “platanera” o “cascá” entona su melódico trinar. Ahora, mientras escribo, la “primavera” canta en la rama del árbol de marañón. Y el ave, sin querer, me recuerda a Eneida, esa otra alondra de nuestros campos interioranos. Ella salomó por más de cuatro décadas, de manera incansable, desde los toldos improvisados de la campiña, hasta los jardines del arrabal capitalino. Siempre, como la cascá, en la dialéctica que funde lo rural con lo urbano, y lo urbano con lo rural.

Había nacido en Purio, se piensa que hacia el año 1923, un 13 de diciembre. Su pueblo natal se ubica en el austral y santeño Pedasí; siendo la suya una comunidad en la que se evidencia la impronta del negro afrocolonial. Allí nació y vivió, hasta que a edad temprana sintió el llamado del terruño en las entrañas de su garganta. Desde entonces hizo lo propio de la mujer de aquellas calendas, alegró su vida con la saloma campesina, porque la pobreza era dolorosa cicatriz que los orejanos arrastraban desde la Colonia.

Uno se la imagina infante, en la casa de quincha, aprendiendo los quehaceres domésticos que le permitieron ganarse los primeros reales en las casas de la “gente del pueblo”. En los años veinte se arriba a Purio por caminos lodosos e intransitables. Había que caminar más allá de Pedasí, junto a las sabanas y los cerros que rinden pleitesía al Valle del Oria y a ese viejo y titilante Lucero del Sur que ilumina las noches con cantos de mochuelo y creencias en fantasmagóricos aparecidos.

La niña nunca pensó que en los años siguientes la vida le pondría junto al acordeón y los aplausos; en jardines repletos de paisanos que susurran palabras de amor, mientras la moza danza con el mozalbete emulando el cantar de “La Negra”. Creció en su península amada, en una región con profunda identidad cultural. En su época hizo lo que sabía hacer con gracia y elegancia: salomar. Por eso, tempranamente formó parte del conjunto de su paisano Francisco “Chico Purio” Ramírez, en la mancuerna musical que casó el canto campesino con el aristocrático violín. De allí daría el salto al acordeón, de la mano de Rogelio “Gelo” Córdoba y, con posterioridad, junto a Dorindo Cárdenas, el músico con quien se casaría y viviría la mayor parte de su vida. Antes, mucho antes, su voz de cantalante se escuchó acompañando a la Estudiantina Sáez, el grupo que dirigió en los años cuarenta José Antonio “Toñito” Sáez, el inolvidable compositor de La Villa de Los Santos.

Lo más trascendente de Eneida Cedeño radica en que supo ser emblema y diadema de la época de oro de los violines y acordeones en el Istmo. En su profesión siempre sacó tiempo para acompañar con su fina voz las melodías al estilo de La Linda Ballesteros, Barranco del Río Muñoz, Pueblo Nuevo y tantas piezas con sabor a guarapo y aroma de trapiche interiorano. Precisamente por ello, consciente del valor de la Morenita de Purio, Alberto Rodríguez la homenajeó componiéndole la pieza que titulo “Eneida”.

La emblemática mujer de Purio fue algo más que una exitosa cantalante. La suya fue una saloma libertaria que gritó desde el campo el orgullo de una cultura y de un pueblo que se resiste a dejar de ser panameño. En los bailes su figura fue muro de contención para los modismos que intentaban desfigurar nuestra nacionalidad. Además, al cantar en los toldos capitalinos hizo posible que una cultura de “manutos” se impusiera entre los fuelles del acordeón y las cuerdas vocales de su garganta prodigiosa.

Hay en la vida de la cantalante no pocos mensajes ocultos. Debemos ponderar ese coraje de campesina que no se dejó subyugar por su entorno y que se empeñó en hacer posible su ideal artístico sin importar que morara dentro de una sociedad machista y excluyente. En este sentido, podríamos afirmar que fue, a su manera, una mujer que superó los convencionalismos sociales que en plano Siglo XX fustigaban a las féminas que cantaban en los jardines populares. Aún más mortificante, si la cantante tenia la osadía de hacerlo dentro de un conjunto que interpretaba música de acordeones. Esa ruptura es trascendental para el proyecto existencial de Eneida y de hecho constituye otro de sus aportes a la mujer y al hombre istmeño.

Un personaje de esta envergadura es el que fallece en Las Tablas. Muere Eneida, pero renace el mito, cual saloma de libertad en los campos de mi provincia. Al hacerlo nos lega otra bandera para izar en el santoral de la cultura orejana. Estará allí, como estaca de guayacán, señalando el sendero. La veo orgullosa de su estirpe campesina, infatigable, como esa “capisucia” que con su trino todavía llama al escurridizo invierno, posada sobre la rama del viejo árbol de marañón.

Villa de Los Santos, a 29 de marzo de 2006
Créditos: Foto cortesía de Alcibíades Cortés

2 comentarios:

  1. Los datos biograficos son parte integra de grandes figuras, ejemplo de ello son el esfurerzo de la recopilaciòn anteriormente escrita por el Prof. Milciades Pinzòn, las figuras anteriormente expuestas en el blog, son dignas de merecer distinciòn ante un Panamà, con constantes cambios, que sin estas figuras, no hubieramos pensado en cultivar, lo que cultivamos hoy en dìa en Panamà.

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  2. Que manera más sublime de describir a la inolvidable Eneida Cedeño:su canto libertario con olor a guarapo,aroma de heliotropos y el sonido de la titibúa;es un ejemplo de la mujer santeña que rompió barreras y se ubicó en la cima del arte del canto y la saloma. Gracias Prof Milciades por mantener viva nuestra identidad orejana

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