miércoles, 25 de noviembre de 2009

BOCANADAS CELESTIALES















Siempre me he preguntado sobre el misterio que esconden estos vientos alisios que en noviembre renuevan viejas aspiraciones y acongojan al alma. Y pienso que el asunto no es tan sólo de cambio de estación, ni de la llegada de la Navidad o del inicio del año. En verdad hay algo más profundo que late en toda esta compleja conducta cultural del hombre que mora, pongamos por caso, en las provincias interioranas, cuando se ve sometido al encanto de estas bocanadas de la naturaleza.
Pienso que estos céfiros tienen algo de soplo divino que se atreve a tentar lo más recóndito de nuestra vida espiritual. Porque, en efecto, el asunto no involucra las facetas materialistas de la vida, sino que incursiona en los insondables arcanos de un ser que, como el hombre, es capaz por su fina sensibilidad de trascender su propia miseria física y lograr una especia de comunión espiritual con la deidad, cualesquiera sea la forma que esta pueda asumir.
Me parece que hay como una parada en el camino, como si ese hálito nos obligara a repensar la ruta de la vida y la brisa fuera un tónico para reconfortar el alma. Entonces, irremediablemente, lo espiritual se apodera y posesiona de nuestro cuerpo para pensar en los nuestros, con aquellos que hemos amado y compartido nuestro andar por el mundo.
¡Ah!, qué período tan hermoso este de finales de noviembre y transcurso de diciembre; con lluvias dispersas y esos madroños que en la soledad de los campos se visten de novias blancas de la naturaleza. Pienso que nuestra gente lo disfruta a plenitud, aunque a veces asome una que otra congoja cuando esa brisa se pasea entre la copa de los árboles y los cerros pelones dejan volar sus pocas crenchas que los ocasos conviertan en un espectáculo luminoso de la tarde.
Los alisios despiertan nuestra humanidad dormida. Ya se trate del portal de la casa de quincha, la casa moderna o el modesto apartamento, el Céfiro se cuela con esa alegría juguetona del niño que recorre las habitaciones en busca de un invisible amigo.
En este tiempo, cuando el adviento se otea en el horizonte, te invito a detenerte uno de estos días, a olvidarte de las pantomimas sociales y dejarte llevar por el hechizo mágico que pregonan los alisios. No opongas resistencia al espíritu soñador que siempre ha morado en ti, deja que se despierte el niño que todos llevamos dentro y que revestimos con el caparazón de la deshumanización y la adultez. Piensa que todos los años las bocanadas celestiales tocan nuestra puerta y nosotros corremos a cerrarlas, cual si se tratara de una visita indeseable.
Si Panamá entendiera la música que pregonan los alisios, si estuviéramos atentos al arrullo de su corazón, naceríamos a un nuevo proyecto de humanidad y, también, el próximo año comprenderíamos el lenguaje oculto de esas brisas novembrinas y decembrinas que hablan de renovación y esperanza.

...mpr...
Nov./2009

1 comentario:

Anónimo dijo...

Renace el espiritu al leer estas lineas que nos remontan a nuestra niñez cuando sentíamos en el rostro, el frescor de los vientos alisios anticipando las fiestas de diciembre con la llegada del niño Dios y la alegria de compartir con la familia viandas, cánticos y regalos.
Recuerdos bellos que nos trae tu pluma Milcíades...