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03 noviembre 2026

EL 3 DE NOVIEMBRE Y EL DESARROLLO NACIONAL

 

Todos los años y de manera reiterativa, en el mes de noviembre volvemos a repasar los hitos más significativos del calendario de la nacionalidad. Algunos, como en el caso del 10 y 28 de noviembre, ubicados en el siglo XIX. Otros, los más, correspondientes al siglo XX. Me refiero al 3, 4 y 5, sin olvidar las múltiples adhesiones al movimiento que permitió nuestra separación de Colombia.

Sin embargo, hay que advertir que muchos de tales eventos festivos no siempre superan el desfile de tambores y cornetas, careciendo de una verdadera reflexión que nos conduzca a repensar la patria de don Justo y Belisario. Por ello, una de nuestras grandes carencias tal vez sea la inexistencia de un proyecto de nación. Ya lo decía el doctor Octavio Méndez Pereira, ante los integrantes de la Federación de Sociedades Santeñas, congregados en el añejo edificio de la antigua gobernación de Los Santos, cita en la Villa de Los Santos. Afirmaba el aguadulceño que Panamá es un país de tránsito y que tal situación le ha impedido concretizar una sociedad con profundas y sólidas raíces nacionales, porque la mentalidad de puerto se mueve al vaivén de las olas y las modas ideológicas. También los filósofos de mediados del siglo XX se interrogaban sobre la esencia del ser panameño y Hernán Porras, en los años setenta, escribía sobre los traumas nacionales.

Y es que, durante muchas décadas, los panameños venimos arrastrando una especie de fatalismo sobre la existencia del Estado Nación. En efecto, en la historia patria aparecen leyendas negras y rosas que ponen en entredicho la razón de ser de nuestra república, olvidando que ya desde el siglo XVIII podemos hablar de un sentimiento que llamamos panameñidad. Es decir, existe una personalidad colectiva con rasgos culturales que le distinguen, porque no es casual que sea en las áreas interioranas en donde surge un movimiento para separarnos del dominio español. Por esta razón es tan valioso el 10 de noviembre de 1821, porque el famoso grito representa la primera clarinada libertaria de un país llamado Panamá y el deseo de autogobernarse.

También en la centuria decimonónica aparecen conatos que ratifican tal aspiración republicana. Otra cosa muy distinta, es que esas posturas liberales y democráticas hayan logrado echar raíces y fructificado en calidad de vida para los panameños por igual: porque si el 10 de noviembre es el grito libertario primigenio, el 3 de noviembre es el hito histórico que marca el momento cuando la nación comienza a usar pantalones largos. Y en este sentido tampoco nos descalifica que la oligarquía transitista haya liderado el proceso independentista, porque la verdad es que ya existía una conciencia de patria.

A partir del 3 de noviembre hay una marcha inconclusa que en el país busca hacer viable la república democrática. Ese caminar no ha sido fácil, porque, así como hemos tenido a Porras y Juan Demóstenes, nunca han faltado los que fincan sus esperanzas en la apropiación personal del erario o viven indiferentes ante los problemas axiales de la nación.

Luego de más de un siglo de independencia, Panamá sigue siendo una nación rica con gente pobre. Por aquí transita la riqueza del mundo y continúa la zona de tránsito monopolizando y centralizando la toma de decisiones, tal y como la concibió el licenciado Gaspar de Espinosa en el siglo XVI. En el tiempo sólo ha cambiado la forma, más no el contenido.

El siglo XX representa el triunfo definitivo de la división social del trabajo nacional. Por un lado, la urbe capitalina en la ruta canalera y, por el otro, el resto de la nación que asume con entusiasmo su papel de reducto folklórico y nada más. Allí está el canal y la inversión millonaria en puentes y autopistas, mientras los orejanos tienen que conformarse con el vado sobre el río y el hospital inconcluso o el centro escolar desprovisto de lo básico para el proceso de enseñanza aprendizaje.

Creo sinceramente que el panameño tiene que revisar sus perspectivas nacionales, colocar en el sartén de la crítica proactiva su accionar como pueblo. Las fechas de noviembre no pueden quedar únicamente en los desfiles, en la fiesta por la fiesta misma, en la aldea que también quiere tener su propio grito, aunque no haya pasado gran cosa en la pretendida conmemoración.

El 3, 10 y 28 de noviembre son más que eso, son la expresión de ideologías, luchas sociales y aspiraciones colectivas. Por eso es tan imprescindible recordarlos, celebrarlos y meditarlos, ya que la nación es más que una entelequia y un sueño libertario. La libertad y el desarrollo tienen que ser medibles, concretizarse no sólo en el cuenco del corazón, sino en la calidad de la vida que transcurre. Dicho de manera más clara, nuestra mirada hacia el pasado no puede quedar enclaustrada en el ayer, ha de proyectarse hacia el presente y el futuro.

Tak vez deberíamos decir, exagerando, que nuestra república necesita otro terremoto, pero no como el del pasado 9 de octubre de 2026, me refiero a uno que produzca el remezón en las añejas instituciones, uno que nos despierte del letargo en que vivimos. Porque luego de más de una centuria, aún contamos con estructuras económicas, políticas y sociales que obstaculizan nuestro desarrollo, que crean disparidades entre la zona de tránsito y las áreas interioranas.

Y no podemos negar que hemos avanzado, con limitaciones, ya que hemos concretizado no poco logros. Lo que necesitamos es que el istmeño comprenda su país, que deje de ser sólo quejumbroso y que se organice para superar los múltiples escollos que tenemos en el camino.

El panameño dormita a la vera del canal interoceánico y se olvida que en ese mismo sitio tiene el ejemplo institucional que debiera emular. Me refiero a la Autoridad del Canal de Panamá, una empresa del primer mundo que ya supera los tres mil millones de balboas como aporte al erario. Dinero sobra, lo que falta es la decisión política de edificar otro país.

En el siglo XXI en ninguna circunstancia debiéramos continuar viviendo en las mismas condiciones que las existentes en las centurias precedentes. Mucho de nuestro futuro depende de implementar los cambios sociales y culturales que la época requiere. Al respecto, necesitamos una verdadera transformación del sistema educativo que le permita al panameño tener educación democrática y liberadora. Sin la forja de una filosofía educativa que guíe nuestros pasos, continuaremos siendo un país sin proyecto de nación, una república que no sabe qué quiere ni a dónde va; la que, teniendo multiplicidad de recursos, ocupa los peores posiciones en la distribución de la riqueza.

Como podemos apreciar, el 3 de noviembre no sólo nos habla de la separación de Panamá de Colombia, debe ser una cita con la conciencia de la patria, el momento para ser críticos con nosotros mismos. Para reconocer nuestros aciertos y calibrar la magnitud de aquello que dejamos de hacer e incluso determinar nuestras fortalezas y reconocer amenazas.

Cuando a un país la naturaleza le coloca en la encrucijada histórica en que se encuentra Panamá, debiéramos aprovechar el momento para extraer lecciones positivas. En verdad, seríamos sumamente irresponsables si después de la actual sacudida, que no sólo fue tectónica, sino social, continuáramos arrastrando todo aquello que nos ha impedido el avance como sociedad

Panamá tiene una historia hermosa; poetas e intelectuales, así vernáculos cantores, nunca han faltado, desde bardos como Ricardo Miró hasta el ser que recoge en la décima el sentimiento patrio. Ya es hora de mirar hacia lo positivo y dejar de descalificarnos como nación y hacer posible la república soñada.

En la nueva nación a la Universidad de Panamá, junto a otros centros de enseñanza, le corresponde un rol decisivo, el de construir al hombre nuevo en una universidad renovada, inteligente, científica, democrática y capaz de elevar su voz para alabar y ser crítica. Ella debe cantar nuestros logros, pero también señalar nuestras lacras sociales y deficiencias institucionales.

De ello depende que no hagamos de cada 3 de noviembre un relato del ayer, sino un punto de inflexión en la marcha de la nación. Que así sea, amigos.

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Disertación el 3 de noviembre de 2026, campus de la Universidad de Panamá en la provincia de Herrera.

 


23 octubre 2026

LO QUE EL TERREMOTO DERRUMBÓ

En el año 1907, aproximadamaente, se construyó el edifició de la antigua gobernación de la Provincia de Los Santos. Para aquellas calendan aún la provincia de Herrera no existía y la capital provincial era la Villa de Los Santos.
En la ápoca el edifició sobresalía a un costado del parque Simón Bolívar, teniendo como compañero, al otro lado de la plaza -porque el parque todavía no existía- al colonial templo de san Atanasio, así como muy próximo a éste la construcción del siglo XVIII que luego se convertiría en el Museo de la Nacionalidad.
La antigua gobernación fue sede, además, de colegios primarios y secundarios y de la extensión de la Universidad Católica Santa María La Antigua. Y más recientemente, alojó a la Escuela de Foklore Dora Pérez de Zárate.
Con el terremoto la Villa de Los Santos no sólo recibe un duro golpe a tales estructuras, sino a lo que ellas representan histórica y culturalmente para la región y el país. Piense usted, también, en la suerte de la caserona en donde vivió la Sierva de Dios, Ana María Moreno Del Castillo, que ha quedado casi destruida.
Tomará tiempo asimilar este porrazo a la cultura e historia de la Villa de Los Santos y un poco más restaurar tales bienes inmuebles. Ojalá tengamos la fortaleza para escuchar nuevamente el tañer de las campanas del templo, el bullicio en el parque Simón Bolívar y los comentarios matutinos de la gente de la capital histórica de Azuero: la colonial Villa de Los Santos.
22/X/2026

15 octubre 2026

EL OTRO TERREMOTO

 

El terremoto del pasado viernes 9 de octubre de 2026 ha sido más que un movimiento tectónico que ha producido serias consecuencias para la gente que mora en la península de Azuero y otras zonas interioranas. Porque además de la destrucción que ha provocado, ha sacado a relucir situaciones estructurales de larga data.

La parsimoniosa respuesta del gobierno no es nueva y forma parte de una conducta en donde las áreas rurales llevan toda las de perder. Las provincias interioranas siempre han sido la periferia de la zona de tránsito, áreas a las que le han endilgado el papel de reducto del folklore y endeble economía agropecuaria.

Que en torno a la provincia de Panamá se concentre el 50% de la población nacional habla elocuentemente de lo que afirmamos. Tal papel se remonta al siglo XVI cuando Gaspar de Espinosa determina la fundación de Natá, el 20 de mayo de 1522, como sitio de avituallamiento de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá.

Luego de medio milenio el rol -con pequeña variaciones- sigue siendo el mismo, porque ocasionalmente las provincias son noticia, como en este caso del terremoto u otras desgracia, así como en la conmemoración del algún acontecimiento histórico relevante, tal como acontece con el 10 de noviembre de 1821.

Quiera Dios y los hombres que las consecuencias del evento reciente sean atendidas como corresponde; aunque me permito dudar de las soluciones más allá de la coyuntura, porque estoy seguro que el otro terremoto, el de la exclusión social, seguirá gravitando sobre la población y haciendo que la península continúe temblando a cada rato.

…….mpr…

15/X/2026

 

 


16 agosto 2026

EL TABLEÑÍSIMO ALMACEN DUCASA


La empresa comercial tiene una larga trayectoria en la región de Azuero. A lo largo de algo más de cuatro siglos se fue recomponiendo desde las funcionales y antiguas tiendas, negocios que en sus inicios apenas si podían recibir tal apelativo; instituciones que más que buscar la rentabilidad prestaban un servicio social. Sin embargo, en los últimos tiempos la añeja innovación ha sido retada por el capital internacional que se ha ido apoderando de los espacios que quedan disponibles; algunos dejados por los pioneros o, como ya es costumbre ahora, por la fuerza del capital que no conoce de historia ni de sentimentalismos comarcales.

Sin duda la actual innovación empresarial, es, en su mayoría, una hechura del siglo XX,  período cuando la vieja tienda, donde se vendía casi de todo, pasa a especializarse en otros rubros comerciales.

En esto pienso cada vez que acudo a la ciudad de Las Tablas y arribo al Almacén Ducasa, ejemplo de resistencia del comercio nativo, que se niega a dejar de ser, porque goza de cimientos que hablan de resiliencia y orgullo regional.

Ubicado en la avenida Belisario Porras, se accede al negocio luego de atravesar algunos escalones, que parecen indicar que el almacén está situado sobre una suave pendiente que corre paralela a la calle central del poblado. Y parece mirar desde su portada al viejo edificio de la Escuela Modelo Presidente Porras, sito en la antigua colina de El Perú.

Hay mucha dignidad en esta empresa comercial que dirige Félix “Felito” Ducasa y que es herencia de sus antepasados. Toda ella está plantada como gritando a los visitantes lo hermoso de su santeñismo; porque no se trata de un regionalismo estrecho en tiempo de globalización, sino de la certeza de que lo que construimos con sudor y lágrimas no puede deshacerse en el mercado, como si estuviéramos vendiendo algún despojo de la res comercial.

Me parece que el Almacén Ducasa simboliza lo que acontece con la región y el país. Es la imagen de nuestra cultura, otra faceta que reclama con urgencia un cambio social, evolución que no tiene que ser traumática y que ha de tener como norte la cultura de nuestros antepasados, desde la que han de edificarse las transformaciones regionales.

Mientras tanto, El Almacén Ducasa está allí a la vera de la avenida que lleva el nombre del más distinguido de los santeños. Miro el negocio y sonrío, porque no se necesitan grandes teorías para comprender la magia y el mensaje de lo que irradia. Porque sin ser dueño, lo siento mío, tanto como al mismo Porras o la sagrada imagen de Santa Librada. Sí, el almacén es un ícono de lo que somos y es emblema de la orejanidad, del tableñismo que no debemos dejarlo fenecer.

.......mpr...

Desde mi Bella Vista natal, Guararé a 15 de agosto de 2026.

 

 

 

19 julio 2026

EL OCULTO MENSAJE DEL FUTBOL DE MESSI

 

El fútbol, futbol o balompié, tres de las formas de escribir la disciplina deportiva, es un juego de lo más aceptado en América Latina. En Panamá, por ejemplo, no es hasta las últimas décadas que se ha convertido en un deporte de masas, cuya popularidad reta al béisbol, que no hace mucho tenía el beneplácito de las mayorías.

Ese cambio debe mucho al papel de los medios de comunicación de masas, los que, con el apoyo de la empresa privada y las organizaciones que le son propias, han promovido entre los panameños la afición al balompié. En este sentido difiere del béisbol, el que supo abrirse paso lentamente hasta alcanzar la cima de la que gozó entre los istmeños.

Lo del fútbol ha sido una carrera meteórica de popularidad que se da en un contexto sociológico caracterizado por las transmisiones internacionales, propias de la modernidad que ha hecho del deporte una actividad sumamente rentable para las instituciones que lo lideran, así como para las empresas privadas que ven en el juego un filón de beneficios económicos.

Sin embargo, el balompié es más que mercadeo, encarna un fenómeno social que tiene la capacidad de integrar a la población, esté o no en el estadio, porque los que miran el juego en el hogar sienten que ocupan una butacas privilegiada y las reacciones son las mismas. El televidente experimenta iguales angustias, sufre y estalla en emociones, se identifica con los equipos y muestra predilección por determinados jugadores, como en el caso del argentino que luce la camiseta con el 10.

Creo que el fenómeno social que representa Messi va más allá del juego. El argentino despierta pasiones y hasta animadversión, pero sobre todo admiración. Pienso que la magnitud de su figura no está en duda. Lo relevante en este caso es lo que él representa: liderazgo y humildad. Messi es como el mesías del pueblo, alguien que es el ideal de lo que debe ser. Por eso su figura no deja de tener una carga de oculta religiosidad.

La misma situación de exclusión social en América Latina, explica gran parte de este benéfico fanatismo popular. En el argentino se sublima el cansancio de las masas, esa que quiere tener líderes ilustrados y lo que encuentra, la mayoría de las veces, son políticos venales.

El fútbol con Messi permite recobrar la esperanza, la creencia de que es posible estar cobijado bajo el mando de un jugador y un equipo que proyecta humildad, que hace posible la magia del éxito y la felicidad, aunque se esfume una vez que la contienda futbolística llegue a su fin. Porque si Messi es un genio del balompié, su éxito es, también, una ganancia compartida en sociedades latinoamericanas deseosas de ascender socialmente y reencontrarse con los suyos.

.......mpr...

18/VII/2026


 

 

16 julio 2026

LA HACIENDA EN AMÉRICA LATINA (Significado, económico, social y político)

 


Milcíades Pinzón Rodríguez

El proceso independentista latinoamericano no es el producto de actos coyunturales. Tal dinámica se vino incubando por largo tiempo conforme los grupos criollos fueron adquiriendo conciencia de su importancia social y económica. Por ello, resulta de lo más pertinente el conocer el papel que desempeñaron algunas instituciones en ese proceso independentista.

Basado en esa premisa, nuestro interés en este escrito consiste en valorar el papel de la hacienda, siendo ésta una de las instituciones que más influyó en el desarrollo social y económico en América; factor clave en su diferenciación política. El análisis que emprendemos amerita una ubicación en el contexto histórico de la época; labor que se hace muy someramente en la primera parte. Posteriormente se pasa revista a los aspectos relevantes de su dimensión económica, política, social y económica.

Es necesario aclarar que aun cuando este trabajo está centrado en el análisis de la hacienda, por la propia relación dialéctica en que se dan los hechos históricos latinoamericanos, en ocasiones es difícil distinguir hasta dónde en un suceso prevalece la influencia de la encomienda, la hacienda o la plantación; ya que las tres instituciones son fundamentales para comprender la conformación de las sociedades latinoamericanas. Esto explica que más adelante se haga referencia a monocultivos que parecen estar más vinculados a las plantaciones. Ambas, haciendas y plantaciones, son variantes de un mismo fenómeno: la expansión de la economía de mercado.

I.  La situación europea para la época.

Cuando los españoles descubren América, en Europa se encontraba en desintegración el localismo feudal. De hecho, el viaje del descubrimiento es producto de la expansión del comercio en el ámbito local, nacional y extracontinental. Los siglos siguientes, el XVI y XVII, representan el triunfo del capitalismo comercial en Europa. Es la época cuando la división internacional del trabajo comienza a perfeccionarse. El análisis del momento le hará decir a un reconocido escritor: “ Los fundamentos de una doctrina  liberal, por decirlo así, se establecen en el siglo XVI”. “Inglaterra, en el siglo XVII, es el triunfo de la virtud burguesa”.[1]

En general podemos afirmar que la situación más específica de esta época del capitalismo comercial corresponde a la vinculación de éste con el Estado. Existe una tendencia hacia el monopolio, hacia el dominio de grandes empresas del comercio exterior; una identificación de intereses entre el comerciante y el Estado. Una razón poderosa para todo ello es que los metales preciosos de América (el oro y la plata), comenzaban a incidir en la economía europea. Pero para el país que recibía ese flujo de metales (España), las consecuencias fueron adversas: “...la agricultura que nunca había sido eficiente, decayó a medida que se iban incubando cada vez más las granjas yermas, La industria, sobrepujada ya por la de Inglaterra y los Países Bajos, se deterioraba constantemente...España recibía el oro y la plata (la que no se desviaba por canales ilegales),  pero no podía producir los bienes manufacturados que prometía. A principios del siglo XVII la industria europea septentrional suministraba cinco sextos de los bienes consumidos en España y nueve décimos de los bienes que España embarcaba para América”.[2]

Tales hechos marcaron la historia en Europa y ese fue el marco en el cual comenzó a consolidarse en América la hacienda.

II. La hacienda: su consolidación

Conocida como fundo, rancho, ingenio, etc.; la hacienda es algo más que una unidad de producción. Logró su consolidación en el siglo XVII, a finales, pero, ¿cuál es su antecesora?

En 1503 la reina Isabel ordena la introducción de la encomienda como solución para la regulación de la tierra y el trabajo en América. “La encomienda era el expediente legal por el que la Corona ‘encomendaba’ determinadas cantidades de indígenas a españoles meritorios, los ‘encomenderos’, que de ese modo obtenían derechos definidos sobre los indios e incurrían en obligaciones igualmente específicas hacia ellos.

La intención real al establecer la encomienda era compasiva y los propósitos reales siguieron siendo buenos bajo los reyes del siglo XVI. Desgraciadamente para los indios ‘encomendados’ las encomiendas no eran administradas por los reyes, sino por los hacendados y explotadores de minas que apreciaban mucho el trigo, poco la salud y felicidad de los indios que acopiaban esas riquezas, y menos aún la salvación de las hipotéticas almas de los pupilos’.[3] Como consecuencia de ello se calcula que Cortez recibió unos 100,000 indios en un territorio de 65 kilómetros cuadrados.

La encomienda fue pues la institución económica previa a la hacienda. Aquella aglutinó a los indios y negros en torno a la actividad minera, la hacienda en el cultivo de la tierra. Se puede sostener que cuando las relaciones de tipo capitalista se van acentuando cada vez más, a partir del siglo XVII, la hacienda va adquiriendo prominencia en el contexto latinoamericano. Ésta desarrolla un régimen de dominación laboral indígena y de negros que perdura hasta la independencia y que se proyecta incluso después de tal momento histórico con característica peculiares. La importancia sociológica de tal empresa radica en lo siguiente: “ 1. El haber sido un célula de poder político-militar al lado del económico. 2. El haber constituido el núcleo de una dilatada estructura familística. 3. El haber constituido el modelo circunstancial de la propiedad. 4. El haber sido la creadora de un tipo, de un carácter singular”.[4]

Ahora bien, una vez consolidada la hacienda: ¿Cómo podría ser definida? De acuerdo con Erick R. Wolf y Sidney W. Wintz, la “hacienda será una propiedad agrícola operada por un terrateniente  que dirige una fuerza de trabajo que le está supeditada, organizada para aprovisionar un mercado de pequeña escala, por medio de un capital pequeño, y donde los factores de la producción se emplean no sólo para la acumulación de capital sino también para sustentar las aspiraciones del status del propietario”. Concepto que hay que diferenciarlo del de plantación que es “una propiedad agrícola operada por un terrateniente (por lo general organizado en una propiedad mercantil) y una fuerza de trabajo que le está supeditada, organizada para aprovisionar un mercado de gran escala por medio de un capital abundante y donde los factores de la producción se emplean principalmente para fomentar la acumulación de capital sin ninguna relación con las necesidades de status de los dueños”. [5]

Hay que tener presente, pues, esta diferenciación básica. Pero, ¿cuál es la importancia de la hacienda en América Latina?

a. Aspecto económico.

Es necesario aquí establecer dos períodos bien demarcados en el desarrollo de la hacienda. Uno de ellos es el metálico, el otro es el relacionado con la evolución de las estructuras agrarias.

1. Período metálico. Es el vinculado con la extracción de metales, es decir, el de la actividad minera. Se caracteriza por traer consecuencias desastrosas para el indígena y el negro;. corresponde a la fiebre del oro y la plata, despertada en la vieja Europa por las hazañas de Hernán Cortez, Francisco Pizarro y otros.  Son los tiempos del esplendor de Potosí  y el auge de la plata. Estamos refiriéndonos a la famosa mina de plata boliviana que fuera descubierta en 1548. Hecho que propició que aproximadamente para 1573 Potosí contara con 120,000 habitantes y que en 1650 un nuevo censo indicaba que contaba con 160,000 habitantes. Según un conocido estudioso latinoamericano, Potosí era una de las ciudades más ricas del mundo, diez veces más habitada que Boston, en tiempos cuando Nueva York ni siquiera se denominaba de esa manera.[6] En igual forma pueden mencionarse las minas de Zacatecas y Guanajuato en México. Por su parte se calcula que “en tres centurias el cerro rico de Potosí quemó, según Josiah Conder. Ocho millones de vida.” [7]

La minería fue desarrolla por los peninsulares, cuando aún el grupo criollo  no había logrado echar raíces en América Latina. Es justamente este grupo de actividad económica el que propicia que el español se afinque en determinadas áreas floreciendo en esta forma pueblos como el ya señalado  y  toda una serie de actividades agrícolas para el sostenimiento de esas poblaciones.

El sometimiento indígena a una labor tan inhumana como la minera se hizo a través de la violencia de las espadas y del silencio cómplice de la cruz: “Había otros recursos para esclavizar a los aborígenes. El repartimiento (llamado mita en Perú) se restableció después de 1550; los indios eran apresados y llevados a regiones alejadas para trabajar en plantaciones y minas o en la construcción de iglesias y caminos. Esto significaba división familiar, trabajo sin límites, trato cruel, raciones escasas y mal alojamiento”.[8] Este período de apropiación de metales arrebatados a las colonias fue muy importante para Europa pues estimuló su desarrollo económico. Sabido es que España sólo fue una escala en el destino final del oro y la plata; Inglaterra, Francia y Holanda las beneficiadas.

III. El período del desarrollo de la estructura agraria.

Si el período anterior se caracteriza por la búsqueda del oro y la plata por parte de los peninsulares; éste segundo período de la hacienda colonial se destaca por pasar del intercambio casi insignificante en el principio hacia formas de capitalismo más desarrollado. Esta es una época claves para la formación de la actual estructura agraria. Porque el latifundio de nuestros días proviene de la hacienda colonial y su integración parcial a la economía de mercado. En igual forma que la actividad minera está ligada al grupo peninsular, así lo está la hacienda al criollo.  Esto quizás explique la identificación temprana de este grupo con América y su papel en el proceso independentista.

“ El argumento más sólido, apoyado en la verificación histórica, es que el mercado dio vida a la hacienda, lo que en otras palabras significa que tal posibilidad se replantea en el momento de la expansión mundial del capitalismo.

El latifundio improductivo surge como empresa capitalista –la hacienda- en  la medida que en ella se invierte capital y se dinamiza el mercado; el comercio exterior valoriza la tierra y apresura otras formas de organización productiva” [9] No obstante, en la hacienda “no es el destino final de la producción en términos de mercado interno o externo ni el tamaño territorial de la población lo que la define plenamente, sino el tipo de estructura social interna para utilizar aquella extensión de tierra en función de sus necesidades”.[10]

Lo que importa destacar en este instante es que la hacienda estuvo desde sus inicios vinculada a actividades del monocultivo desde la época colonial hasta bien entrada la época republicana. Esto explica un rasgo distintivo de las economías de muchos de nuestros países latinoamericanas; me refiero a que las actividades agroexportadoras se centrarán en un solo tipo de cultivo de exportación. En el principio fue a través de la hacienda tradicional o después (e incluso paralelamente) en las llamadas plantaciones.  El jiquilite o añil, así como la caña de azúcar fueron dos de esos productos.

a. El jiquilete o añil

El caso del pueblo de Huizúcar, en aquel entonces reino de Guatemala, nos ilustra al respecto. "El jiquilete será la causa de la expropiación ‘de hecho’ de las tierras de los naturales del pueblo de Huizúcar, es decir, la demanda europea de tintas estructura la propiedad, el trabajo y las relaciones sociales en este lugar de Centro América, tan alejado geográficamente, pero también tan ajeno a las necesidades de una cultura diferente. El jiquilete será el cultivo cuya explotación va a imponer a lo largo de dos siglos una determinada estructura social y económica e esta provincia del reino de Guatemala". [11]

Los hechos que hemos referido acaecieron en 1696. Casi dos siglos después, en 1810, el Sr. Dr. Don Antonio Larrazabal, Diputado en las Cortes Extraordinaria de la Nación, por la misma ciudad de Guatemala, decía sustentando una petición al Real Consulado en Junta de Gobierno del 20 de octubre:

"En cuanto a los hacendados, unos poseen tierras en considerable número de leguas sin trabajar, á reserva de algunas muy corta parte, resultado por consiguiente inútiles á aquellos y al común que carecen absolutamente de terreno propio para sembrar su maíz u otro fruto. El ganado mayor es por lo regular el nervio y sustancia de éstas grandes haciendas, y traído para repostarlo en las de la capital, para abastecernos de carne, que no corresponde propiamente á la agricultura, ni al comercio.

Los agricultores que se deben considerar como tales son los que poseen las haciendas productoras de añil. Este fruto por su preciosidad é importancia merece la mayor atención, porque es toda el alma que vivifica el reino: es su comercio activo de extracción, de tal modo, que sin él no habría objeto de relaciones entre la metrópoli y nosotros". [12]

b. El azúcar:

Este es uno de los artículos más codiciados por los europeos. Baste señalar que las primeras raíces de caña fueron traídas por Colón desde las islas Canarias en su segundo viaje y sembradas en lo que hoy es la República Dominicana.

"Durante poco más de tres siglos a partir del descubrimiento de América, no hubo para el comercio de Europa, producto agrícola más importante que el azúcar cultivado en estas tierras. Se alzaron los cañaverales en el litoral húmedo y caliente del nordeste del Brasil y posteriormente, también las islas del Caribe -Barbados, Jamaica, Haití, Guadalupe, Cuba, la Dominicana, Puerto Rico- y Veracruz y la costa peruana resultaron sucesivos escenarios propicios para la explotación, en gran escala, del "oro blanco".[13] Detrás del azúcar también vino la fuerza laboral necesaria para las plantaciones, el negro africano.

La influencia que ha tenido la plantación del "oro blanco", repercute tanto en la estructura agraria latinoamericana que todavía muchos países nuestros se mueven al vaivén de la cuota de la exportación del azúcar para el mercado estadounidense. Sobre este tema podríamos ir señalando, uno a uno, todos los productos vinculados a la hacienda o la plantación, porque no sólo se trata del añil o el azúcar, "es también la historia del cacao que alumbró la fortuna de la oligarquía de Caracas; del algodón de Meranhao, de súbito esplendor  y súbita caída; de las plantaciones de caucho en el Amazonas, convertidas en cementerios para los obreros nordestinos reclutados a cambio de moneditas; de los arrasados bosques de quebrachos del norte argentino y del Paraguay; de las fincas de henequén en Yucatán, donde los indios yaquis fueron enviados al exterminio. Es también la historia del café, que avanza abandonando desiertos a sus espaldas, y de las plantaciones de frutas de Brasil, en Colombia, en Ecuador y en los desdichados países centroamericanos".[14] Esto demuestra la trascendencia de la hacienda y la plantación en América. 

IV. Importancia social y política

La sociedad latinoamericana es predominantemente agraria. La organización de tan dilatado espacio geográfico fue la labor de la hacienda. Como bien señalara José Medina Echavarría: "con ella comienza a articularse desde dentro el inmenso cuerpo geográfico de América Latina...en torno a las haciendas comienza a adquirir cuerpo y vigor la vida rural, todavía tan poco conocida".[15]

Podemos decir que la hacienda representa la instalación de un poder político y militar;  de modo que la misma  es algo más que una unidad de producción económica. El hacendado es el soporte de una familia y de un apellido; el cual establece relaciones y vinculaciones con otros hacendados residentes tanto en el área rural como en la urbana. En este marco sociológico las relaciones sociales que se establecen no son feudales, sino señoriales.

La escritora Casín Isabel, en la obra que ya hemos citado, define al hacendado como "generalmente inculto y no perteneciente a la nobleza, pero con el afán de conseguir en breve tiempo más la nobleza comparable que la riqueza misma, el hacendado ha heredado el patrón del sistema de adquisición de nobleza tradicional en España desde la Reconquista, que fue trasladado a América por los conquistadores y luego pasó a los encomenderos y de ellos a los hacendados en el siglo XVII".[16] Se establecen así desde aquella época relaciones de subordinación, protección y obediencia entre el hacendado y sus trabajadores.  Este es un patrón de autoridad que se fue extendiendo por todo el cuerpo social. Otro autor destacado en Latinoamérica, como lo es Medina Echavarría, caracteriza la estructura paternalista del hacendado así:

   "1. La creencia en valor cordial de las relaciones personales.

    2. La creencia del amparo que no podía faltar en un momento de crisis.

    3. La creencia en el poder desconocido y por eso ilimitado del jefe". [17]

Por su parte, Antonio García, nos señala que "la ideología señorial se compone de una serie de actitudes y creencias sobre la naturaleza de la tierra como elemento de rango, atesoramiento, poder y dominación social y sobre el carácter paternalista de las relaciones entre haciendas y campesino dependientes".[18] Las relaciones entre el hacendado y sus trabajadores se caracterizarán, obviamente, por ser vínculos establecidos entre individuos social y económicamente desiguales. Dichas relaciones pueden darse en un plano amistoso (por llamarlo de alguna forma) donde el hacendado es una especie de "padre" simbólico y los trabajadores hacen de "hijos" adoptivos. Aquél otorga favores especiales, éstos los reciben.

Contrario a lo anterior, las relaciones pueden tornarse hostiles y entonces el hacendado puede demostrar su dominio o poder. Tales relaciones sociales se explican por las diferencias que subsisten en cuanto a las posiciones que ocupan en la división del trabajo y consecuentemente en la apropiación de los excedentes.

Como la hacienda se caracteriza por un uso intensivo de mano de obra, dicha condición propicia el dominio del hacendado sobre sus trabajadores. Condición que a su vez se constituye en una manifestación de la hegemonía del hacendado, quedando constituida la clásica estructura familiar que dominará en América Latina.

V. Período de transición

¿A qué se debe la desaparición paulatina de la hacienda tradicional en América Latina? Para dar respuesta al interrogante debemos recordar que anteriormente se señaló que la hacienda surge en América Latina como consecuencia de la expansión del capitalismo comercial. Pues bien, fue la expansión de este mismo sistema el que da el golpe definitivo a la economía sustentada en la hacienda. “La afirmación general es que la hacienda se disuelve en el grado y medida que se intensifica el proceso de ‘comercialización’, o dicho de otra forma, en la medida en que la hacienda se convierte en empresa”.[19] Para una economía de mercado como la capitalista resultaba muy ineficiente e inadecuados los rendimientos propios de la hacienda tradicional. Así, de una tecnología intensiva en mano de obra, se irá gradualmente pasando a otra intensiva en capital. La primera consecuencia será el desplazamiento de esa mano de obra de las haciendas hacia las ciudades o hacia otras áreas del propio campo. Esto nos ubica cronológicamente en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando la gran mayoría de los países latinoamericanos se encuentran independizados.

En estos cambios, si bien existió la influencia externa en la transformación de la hacienda, también influyó el mercado interno. En este sentido hay que recordar que la población latinoamericana estaba en constante aumento; además de que el cambio en la base económica repercute en las relaciones sociales existentes. Los excedentes generados van a ir transformando la mentalidad del hacendado. Sus hijos, más que el propio hacendado, reflejan el nuevo cambio de actitud. Muchos de ellos se han ilustrado en la vieja Europa y traen a América  las ideas de la Revolución Francesa. Don Simón Bolívar es un ejemplo de lo que planteamos. De hecho, la independencia, iniciada a partir de 1810, tuvo como máximos dirigentes a los hijos de los criollos hacendados.

No obstante lo anterior, el aislamiento económico en América es roto (como ya se señaló) en la segunda mitad del Siglo XIX; esto propicia el surgimiento de una nueva clase política junto a una nueva elite intelectual.  Al respecto se puede sostener que a partir de este momento se diferencian dos grupos. Uno de ellos más tradicional, constituido por los jefes rurales: los hacendados. El otro, formado por los modernos, más vinculados a las ideas económicas y políticas propias del liberalismo europeo y que se radica casi siempre en el área urbana; lo que representa, en el fondo, la acentuación de las diferencias entre el campo y la ciudad. Por su parte, para el grueso de la población rural latinoamericana (el campesinado) la situación se torna más crítica.

El área rural carece de adecuadas condiciones de vida, en contraposición a la urbana, que se muestra más atrayente; allí encontramos el origen de las migraciones latinoamericanas. Sin embargo, el fenómeno migratorio debe ser entendido, no como una consecuencia de la atracción de la ciudad, sino como propio de una estructura agraria de expulsión de mano de obra.

La introducción de una economía de mercado también significa una revalorización del factor tierra, lo que conduce hacia la acentuación del latifundio que se resiste a aceptar el cambio de los tiempos. Este quizás sea uno de los mayores problemas de la estructura agraria latinoamericana en el período de transición. Como bien lo señala Antonio García, “los procesos de modernización han introducido significativos cambios en la economía de empresa, en la tecnología agrícola, en la trama de las relaciones sociales y en los sistemas de intercambio, pero no han modificado sustancialmente las líneas ideológicas y el sistema normativo de la estructura latifundista”.[20] 

El período de transición también se ha destacado por el llamado desarraigo en las grandes masas migratorias residentes en el área urbana. Políticamente ha tenido repercusiones en la atración que sobre las masas han tenido los partidos políticos; porque no debe olvidarse que históricamente esas masas migratorias estuvieron sujetas a un paternalismo que parte de los hacendados. De allí la gran importancia que en Latinoamérica tuvo y continúa teniendo el populismo.

Como se puede ver, las repercusiones del fenómeno denominado hacienda latinoamericana es prioritario para entender a la tierra que se extiende desde el Río Bravo hasta la Patagonia.  Estamos ante la mismo institución que le hace decir a un intelectual latinoamericano del  Siglo  XIX, refiriéndose a Centroamérica: “Las repúblicas centroamericanas llegan a la década del 30  como apéndices agrarios de la economía centrales; los grupos dirigentes además no pueden ni tienen interés en superar el orden establecido alrededor de dos ejes conectados entre sí: una estructura social asentada sobre la unidad económica, la hacienda, y en  relaciones patrimoniales con la peonada campesina, un orden político de formas autoritarias y esclavistas buscaba sus fuentes de apoyo en el exterior, más exactamente, en el apoyo de los intereses bananeros y del  capital norteamericano”. [21] De modo que la hacienda no muere con la independencia, sino que se transforma y aparece con nuevo traje incluso en nuestro tiempo.

Conclusión

Al llegar a esta etapa del escrito, creemos haber visto algo del nacimiento, consolidación y transformación de la hacienda. Vale la pena destacar, una vez visto lo anterior, que para entender a plenitud la institución denominada hacienda, se hace necesario esclarecer dos cosas con vista a la comprensión de la estructura socioeconómica latinoamericana.

Primero, adentrarse científicamente en toda la trama del fenómeno encomienda surgido en el Siglo XVI; y en segundo lugar, observar de cerca el surgimiento de la plantación.

Un análisis de nuestra realidad latinoamericana debe esclarecer las conexiones de estas tres instituciones en relación con la estructura de poder. Tal análisis sólo se podrá realizar conociendo los detalles que caracterizan cada una de ellas. En este sentido nuestro trabajo debe entenderse como una aproximación a una problemática muy compleja.



[1]. Laski, Harold. El liberalismo europeo. México: F.C.E., 1969, págs. 75 y 77.

[2] . Herring, Hubert. Evolución histórica de América.  Tomo 1. Argentina: Eudeba, 1972, pág. 214.

[3] . Herring, Hubert. Op. Cit., pág. 208.

[4] .  Medina Echavarría, José. Sociología latinoamericana. Educa: Costa Rica, 1976,  pág. 56

[5] . Wolf, Erick R. y Mintz, Sidney W. “Hacienda y plantaciones en Mesoamérica y las Antillas”; en Haciendas, latifundios y plantaciones en América Latina. Siglo XXI: México, 1975, pág. 493. 

[6] . Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina.  XX edición. México: Siglo XXI, 1978, pág. 31.

[7] . Galeano, Eduardo. Op. cit., pág. 59. 

[8] . Herring, Hubert. Op. cit.,  pág. 209.

[9] . Torres Rivas, Edalberto. Interpretación del desarrollo social  centroamericano. Costa Rica: Educa, 1973,  pág. 77.

[10] . Torres Rivas, Edelberto. Op. cit., pág. 79.

[11] . Casín, Isabel.  La hacienda colonial. El Salvador: Ministerio de Educación. ( Museo David S. Guzmán. Sección de Investigaciones históricas), 1972, pág. 34.

[12] . Meléndez, Carlos. Textos fundamentales de la independencia centroamericana. Costa Rica: Educa, 1971, pág. 75.

[13] . Galeano, Eduardo. Op, cit., pág. 89.

[14] . Ibid. pág. 91.

[15] . Medina Echavarría, José. Op. cit., pág. 54.

[16] . Casín, Isabel. Op. cit. Pág. 1  5.

[17] . Medina Echavarría, José. Op, cit., pág. 64.

[18] . García, Antonio. Dinámica de las reformas agrarias en América Latina. Colombia: Oveja Negra, 1972, pág. 51.

[19] . Medina E., José. Op cit. pág. 61.

[20] . García, Antonio. Op. cit., pág. 39.

[21] . Torres Rivas, Edelberto. Op. cit., pág. 33.