SOCIOLOGÍA DE AZUERO...Milcíades Pinzón Rodríguez
El portal incursiona en los problemas y propuestas del desarrollo de una deterrminada zona geográfica de la República de Panamá: la Península de Azuero. La región la integran las provincias de Los Santos y Herrera, así como parte de la sección sur de Veraguas. En ella se cobija a una población noble y trabajadora que confía en sus potencialidades. Porque tenemos fe en tal empeño comunitario, abrimos al debate nuestra percepción sobre esa realidad.
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23 octubre 2026
LO QUE EL TERREMOTO DERRUMBÓ
15 octubre 2026
EL OTRO TERREMOTO
El terremoto
del pasado viernes 9 de octubre de 2026 ha sido más que un movimiento tectónico
que ha producido serias consecuencias para la gente que mora en la península de
Azuero y otras zonas interioranas. Porque además de la destrucción que ha
provocado, ha sacado a relucir situaciones estructurales de larga data.
La parsimoniosa
respuesta del gobierno no es nueva y forma parte de una conducta en donde las
áreas rurales llevan toda las de perder. Las provincias interioranas siempre
han sido la periferia de la zona de tránsito, áreas a las que le han endilgado
el papel de reducto del folklore y endeble economía agropecuaria.
Que en torno a
la provincia de Panamá se concentre el 50% de la población nacional habla elocuentemente
de lo que afirmamos. Tal papel se remonta al siglo XVI cuando Gaspar de
Espinosa determina la fundación de Natá, el 20 de mayo de 1522, como sitio de
avituallamiento de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá.
Luego de medio
milenio el rol -con pequeña variaciones- sigue siendo el mismo, porque
ocasionalmente las provincias son noticia, como en este caso del terremoto u
otras desgracia, así como en la conmemoración del algún acontecimiento
histórico relevante, tal como acontece con el 10 de noviembre de 1821.
Quiera Dios y
los hombres que las consecuencias del evento reciente sean atendidas como
corresponde; aunque me permito dudar de las soluciones más allá de la
coyuntura, porque estoy seguro que el otro terremoto, el de la exclusión social,
seguirá gravitando sobre la población y haciendo que la península continúe temblando
a cada rato.
…….mpr…
15/X/2026
16 agosto 2026
EL TABLEÑÍSIMO ALMACEN DUCASA
La empresa comercial tiene una larga
trayectoria en la región de Azuero. A lo largo de algo más de cuatro siglos se
fue recomponiendo desde las funcionales y antiguas tiendas, negocios que en sus
inicios apenas si podían recibir tal apelativo; instituciones que más que buscar
la rentabilidad prestaban un servicio social. Sin embargo, en los últimos tiempos
la añeja innovación ha sido retada por el capital internacional que se ha ido
apoderando de los espacios que quedan disponibles; algunos dejados por los
pioneros o, como ya es costumbre ahora, por la fuerza del capital que no conoce
de historia ni de sentimentalismos comarcales.
Sin duda la actual innovación
empresarial, es, en su mayoría, una hechura del siglo XX, período cuando la vieja tienda, donde se
vendía casi de todo, pasa a especializarse en otros rubros comerciales.
En esto pienso cada vez que acudo a la
ciudad de Las Tablas y arribo al Almacén Ducasa, ejemplo de resistencia del
comercio nativo, que se niega a dejar de ser, porque goza de cimientos que
hablan de resiliencia y orgullo regional.
Ubicado en la avenida Belisario Porras,
se accede al negocio luego de atravesar algunos escalones, que parecen indicar
que el almacén está situado sobre una suave pendiente que corre paralela a la
calle central del poblado. Y parece mirar desde su portada al viejo edificio de
la Escuela Modelo Presidente Porras, sito en la antigua colina de El Perú.
Hay mucha dignidad en esta empresa
comercial que dirige Félix “Felito” Ducasa y que es herencia de sus
antepasados. Toda ella está plantada como gritando a los visitantes lo hermoso
de su santeñismo; porque no se trata de un regionalismo estrecho en tiempo de
globalización, sino de la certeza de que lo que construimos con sudor y
lágrimas no puede deshacerse en el mercado, como si estuviéramos vendiendo algún
despojo de la res comercial.
Me parece que el Almacén Ducasa simboliza
lo que acontece con la región y el país. Es la imagen de nuestra cultura, otra
faceta que reclama con urgencia un cambio social, evolución que no tiene que
ser traumática y que ha de tener como norte la cultura de nuestros antepasados,
desde la que han de edificarse las transformaciones regionales.
Mientras tanto, El Almacén Ducasa está
allí a la vera de la avenida que lleva el nombre del más distinguido de los
santeños. Miro el negocio y sonrío, porque no se necesitan grandes teorías para
comprender la magia y el mensaje de lo que irradia. Porque sin ser dueño, lo
siento mío, tanto como al mismo Porras o la sagrada imagen de Santa Librada. Sí,
el almacén es un ícono de lo que somos y es emblema de la orejanidad, del
tableñismo que no debemos dejarlo fenecer.
.......mpr...
Desde
mi Bella Vista natal, Guararé a 15 de agosto de 2026.
19 julio 2026
EL OCULTO MENSAJE DEL FUTBOL DE MESSI
El fútbol,
futbol o balompié, tres de las formas de escribir la disciplina deportiva, es
un juego de lo más aceptado en América Latina. En Panamá, por ejemplo, no es
hasta las últimas décadas que se ha convertido en un deporte de masas, cuya
popularidad reta al béisbol, que no hace mucho tenía el beneplácito de las
mayorías.
Ese cambio debe
mucho al papel de los medios de comunicación de masas, los que, con el apoyo de
la empresa privada y las organizaciones que le son propias, han promovido entre
los panameños la afición al balompié. En este sentido difiere del béisbol, el
que supo abrirse paso lentamente hasta alcanzar la cima de la que gozó entre
los istmeños.
Lo del fútbol
ha sido una carrera meteórica de popularidad que se da en un contexto
sociológico caracterizado por las transmisiones internacionales, propias de la
modernidad que ha hecho del deporte una actividad sumamente rentable para las instituciones
que lo lideran, así como para las empresas privadas que ven en el juego un
filón de beneficios económicos.
Sin embargo, el
balompié es más que mercadeo, encarna un fenómeno social que tiene la capacidad
de integrar a la población, esté o no en el estadio, porque los que miran el
juego en el hogar sienten que ocupan una butacas privilegiada y las reacciones
son las mismas. El televidente experimenta iguales angustias, sufre y estalla
en emociones, se identifica con los equipos y muestra predilección por
determinados jugadores, como en el caso del argentino que luce la camiseta con
el 10.
Creo que el
fenómeno social que representa Messi va más allá del juego. El argentino
despierta pasiones y hasta animadversión, pero sobre todo admiración. Pienso
que la magnitud de su figura no está en duda. Lo relevante en este caso es lo
que él representa: liderazgo y humildad. Messi es como el mesías del pueblo,
alguien que es el ideal de lo que debe ser. Por eso su figura no deja de tener
una carga de oculta religiosidad.
La misma
situación de exclusión social en América Latina, explica gran parte de este
benéfico fanatismo popular. En el argentino se sublima el cansancio de las
masas, esa que quiere tener líderes ilustrados y lo que encuentra, la mayoría
de las veces, son políticos venales.
El fútbol con
Messi permite recobrar la esperanza, la creencia de que es posible estar
cobijado bajo el mando de un jugador y un equipo que proyecta humildad, que
hace posible la magia del éxito y la felicidad, aunque se esfume una vez que la
contienda futbolística llegue a su fin. Porque si Messi es un genio del
balompié, su éxito es, también, una ganancia compartida en sociedades
latinoamericanas deseosas de ascender socialmente y reencontrarse con los
suyos.
.......mpr...
18/VII/2026
16 julio 2026
LA HACIENDA EN AMÉRICA LATINA (Significado, económico, social y político)
Milcíades Pinzón Rodríguez
El proceso independentista latinoamericano
no es el producto de actos coyunturales. Tal dinámica se vino incubando por
largo tiempo conforme los grupos criollos fueron adquiriendo conciencia de su
importancia social y económica. Por ello, resulta de lo más pertinente el
conocer el papel que desempeñaron algunas instituciones en ese proceso
independentista.
Basado en esa
premisa, nuestro interés en este escrito consiste en valorar el papel de la
hacienda, siendo ésta una de las instituciones que más influyó en el desarrollo
social y económico en América; factor clave en su diferenciación política. El
análisis que emprendemos amerita una ubicación en el contexto histórico de la
época; labor que se hace muy someramente en la primera parte. Posteriormente se
pasa revista a los aspectos relevantes de su dimensión económica, política,
social y económica.
Es necesario aclarar
que aun cuando este trabajo está centrado en el análisis de la hacienda, por la
propia relación dialéctica en que se dan los hechos históricos
latinoamericanos, en ocasiones es difícil distinguir hasta dónde en un suceso
prevalece la influencia de la encomienda, la hacienda o la plantación; ya que las
tres instituciones son fundamentales para comprender la conformación de las
sociedades latinoamericanas. Esto explica que más adelante se haga referencia a
monocultivos que parecen estar más vinculados a las plantaciones. Ambas,
haciendas y plantaciones, son variantes de un mismo fenómeno: la expansión de
la economía de mercado.
I.
La situación europea para la época.
Cuando los españoles
descubren América, en Europa se encontraba en desintegración el localismo
feudal. De hecho, el viaje del descubrimiento es producto de la expansión del
comercio en el ámbito local, nacional y extracontinental. Los siglos
siguientes, el XVI y XVII, representan el triunfo del capitalismo comercial en
Europa. Es la época cuando la división internacional del trabajo comienza a
perfeccionarse. El análisis del momento le hará decir a un reconocido escritor:
“ Los fundamentos de una doctrina liberal, por decirlo así, se establecen en el
siglo XVI”. “Inglaterra, en el siglo XVII, es el triunfo de la virtud
burguesa”.[1]
En general podemos
afirmar que la situación más específica de esta época del capitalismo comercial
corresponde a la vinculación de éste con el Estado. Existe una tendencia hacia
el monopolio, hacia el dominio de grandes empresas del comercio exterior; una
identificación de intereses entre el comerciante y el Estado. Una razón
poderosa para todo ello es que los metales preciosos de América (el oro y la
plata), comenzaban a incidir en la economía europea. Pero para el país que
recibía ese flujo de metales (España), las consecuencias fueron adversas: “...la agricultura que nunca había sido
eficiente, decayó a medida que se iban incubando cada vez más las granjas
yermas, La industria, sobrepujada ya por la de Inglaterra y los Países Bajos,
se deterioraba constantemente...España recibía el oro y la plata (la que no se
desviaba por canales ilegales), pero no
podía producir los bienes manufacturados que prometía. A principios del siglo
XVII la industria europea septentrional suministraba cinco sextos de los bienes
consumidos en España y nueve décimos de los bienes que España embarcaba para
América”.[2]
Tales hechos marcaron la historia en Europa
y ese fue el marco en el cual comenzó a consolidarse en América la hacienda.
II. La hacienda: su consolidación
Conocida como fundo,
rancho, ingenio, etc.; la hacienda es algo más que una unidad de producción.
Logró su consolidación en el siglo XVII, a finales, pero, ¿cuál es su antecesora?
En 1503 la reina
Isabel ordena la introducción de la encomienda como solución para la regulación
de la tierra y el trabajo en América. “La
encomienda era el expediente legal por el que la Corona ‘encomendaba’
determinadas cantidades de indígenas a españoles meritorios, los
‘encomenderos’, que de ese modo obtenían derechos definidos sobre los indios e
incurrían en obligaciones igualmente específicas hacia ellos.
La intención real al establecer la encomienda era compasiva
y los propósitos reales siguieron siendo buenos bajo los reyes del siglo XVI.
Desgraciadamente para los indios ‘encomendados’ las encomiendas no eran
administradas por los reyes, sino por los hacendados y explotadores de minas
que apreciaban mucho el trigo, poco la salud y felicidad de los indios que
acopiaban esas riquezas, y menos aún la salvación de las hipotéticas almas de
los pupilos’.[3] Como consecuencia de ello
se calcula que Cortez recibió unos 100,000 indios en un territorio de 65
kilómetros cuadrados.
La encomienda fue
pues la institución económica previa a la hacienda. Aquella aglutinó a los
indios y negros en torno a la actividad minera, la hacienda en el cultivo de la
tierra. Se puede sostener que cuando las relaciones de tipo capitalista se van
acentuando cada vez más, a partir del siglo XVII, la hacienda va adquiriendo
prominencia en el contexto latinoamericano. Ésta desarrolla un régimen de
dominación laboral indígena y de negros que perdura hasta la independencia y
que se proyecta incluso después de tal momento histórico con característica
peculiares. La importancia sociológica de tal empresa radica en lo siguiente: “
1. El haber sido un célula de poder político-militar al lado del económico. 2.
El haber constituido el núcleo de una dilatada estructura familística. 3. El
haber constituido el modelo circunstancial de la propiedad. 4. El haber sido la
creadora de un tipo, de un carácter singular”.[4]
Ahora bien, una vez
consolidada la hacienda: ¿Cómo podría ser definida? De acuerdo con Erick R.
Wolf y Sidney W. Wintz, la “hacienda será
una propiedad agrícola operada por un terrateniente que dirige una fuerza de trabajo que le está
supeditada, organizada para aprovisionar un mercado de pequeña escala, por
medio de un capital pequeño, y donde los factores de la producción se emplean
no sólo para la acumulación de capital sino también para sustentar las
aspiraciones del status del propietario”. Concepto que hay que
diferenciarlo del de plantación que es “una
propiedad agrícola operada por un terrateniente (por lo general organizado en
una propiedad mercantil) y una fuerza de trabajo que le está supeditada,
organizada para aprovisionar un mercado de gran escala por medio de un capital
abundante y donde los factores de la producción se emplean principalmente para
fomentar la acumulación de capital sin ninguna relación con las necesidades de
status de los dueños”. [5]
Hay que tener
presente, pues, esta diferenciación básica. Pero, ¿cuál es la importancia de la
hacienda en América Latina?
a. Aspecto económico.
Es necesario aquí
establecer dos períodos bien demarcados en el desarrollo de la hacienda. Uno de
ellos es el metálico, el otro es el relacionado con la evolución de las
estructuras agrarias.
1. Período metálico.
Es el vinculado con la extracción de metales, es decir, el de la actividad
minera. Se caracteriza por traer consecuencias desastrosas para el indígena y
el negro;. corresponde a la fiebre del oro y la plata, despertada en la vieja
Europa por las hazañas de Hernán Cortez, Francisco Pizarro y otros. Son los tiempos del esplendor de Potosí y el auge de la plata. Estamos refiriéndonos
a la famosa mina de plata boliviana que fuera descubierta en 1548. Hecho que
propició que aproximadamente para 1573 Potosí contara con 120,000 habitantes y
que en 1650 un nuevo censo indicaba que contaba con 160,000 habitantes. Según
un conocido estudioso latinoamericano, Potosí era una de las ciudades más ricas
del mundo, diez veces más habitada que Boston, en tiempos cuando Nueva York ni
siquiera se denominaba de esa manera.[6] En igual forma pueden
mencionarse las minas de Zacatecas y Guanajuato en México. Por su parte se
calcula que “en tres centurias el cerro
rico de Potosí quemó, según Josiah Conder. Ocho millones de vida.” [7]
La minería fue
desarrolla por los peninsulares, cuando aún el grupo criollo no había logrado echar raíces en América
Latina. Es justamente este grupo de actividad económica el que propicia que el
español se afinque en determinadas áreas floreciendo en esta forma pueblos como
el ya señalado y toda una serie de actividades agrícolas para
el sostenimiento de esas poblaciones.
El sometimiento
indígena a una labor tan inhumana como la minera se hizo a través de la
violencia de las espadas y del silencio cómplice de la cruz: “Había otros recursos para esclavizar a los
aborígenes. El repartimiento (llamado mita en Perú) se restableció después de
1550; los indios eran apresados y llevados a regiones alejadas para trabajar en
plantaciones y minas o en la construcción de iglesias y caminos. Esto
significaba división familiar, trabajo sin límites, trato cruel, raciones
escasas y mal alojamiento”.[8] Este período de
apropiación de metales arrebatados a las colonias fue muy importante para
Europa pues estimuló su desarrollo económico. Sabido es que España sólo fue una
escala en el destino final del oro y la plata; Inglaterra, Francia y Holanda
las beneficiadas.
III. El período del desarrollo de la estructura
agraria.
Si el período
anterior se caracteriza por la búsqueda del oro y la plata por parte de los
peninsulares; éste segundo período de la hacienda colonial se destaca por pasar
del intercambio casi insignificante en el principio hacia formas de capitalismo
más desarrollado. Esta es una época claves para la formación de la actual
estructura agraria. Porque el latifundio de nuestros días proviene de la
hacienda colonial y su integración parcial a la economía de mercado. En igual
forma que la actividad minera está ligada al grupo peninsular, así lo está la
hacienda al criollo. Esto quizás
explique la identificación temprana de este grupo con América y su papel en el
proceso independentista.
“ El argumento más sólido, apoyado en la verificación
histórica, es que el mercado dio vida a la hacienda, lo que en otras palabras
significa que tal posibilidad se replantea en el momento de la expansión
mundial del capitalismo.
El latifundio improductivo surge como empresa capitalista
–la hacienda- en la medida que en ella
se invierte capital y se dinamiza el mercado; el comercio exterior valoriza la
tierra y apresura otras formas de organización productiva” [9]
No obstante, en la hacienda “no es el destino final de la producción en términos de mercado
interno o externo ni el tamaño territorial de la población lo que la define
plenamente, sino el tipo de estructura social interna para utilizar aquella
extensión de tierra en función de sus necesidades”.[10]
Lo que importa
destacar en este instante es que la hacienda estuvo desde sus inicios vinculada
a actividades del monocultivo desde la época colonial hasta bien entrada la
época republicana. Esto explica un rasgo distintivo de las economías de muchos
de nuestros países latinoamericanas; me refiero a que las actividades
agroexportadoras se centrarán en un solo tipo de cultivo de exportación. En el
principio fue a través de la hacienda tradicional o después (e incluso
paralelamente) en las llamadas plantaciones.
El jiquilite o añil, así como la caña de azúcar fueron dos de esos
productos.
a. El jiquilete o
añil
El caso del pueblo
de Huizúcar, en aquel entonces reino de Guatemala, nos ilustra al respecto. "El jiquilete será la causa de la
expropiación ‘de hecho’ de las tierras de los naturales del pueblo de Huizúcar,
es decir, la demanda europea de tintas estructura la propiedad, el trabajo y
las relaciones sociales en este lugar de Centro América, tan alejado
geográficamente, pero también tan ajeno a las necesidades de una cultura
diferente. El jiquilete será el cultivo cuya explotación va a imponer a lo largo de dos siglos una
determinada estructura social y económica e esta provincia del reino de
Guatemala". [11]
Los hechos que hemos referido acaecieron en
1696. Casi dos siglos después, en 1810, el Sr. Dr. Don Antonio Larrazabal,
Diputado en las Cortes Extraordinaria de la Nación, por la misma ciudad de
Guatemala, decía sustentando una petición al Real Consulado en Junta de
Gobierno del 20 de octubre:
"En cuanto a los hacendados, unos poseen
tierras en considerable número de leguas sin trabajar, á reserva de algunas muy
corta parte, resultado por consiguiente inútiles á aquellos y al común que
carecen absolutamente de terreno propio para sembrar su maíz u otro fruto. El
ganado mayor es por lo regular el nervio y sustancia de éstas grandes
haciendas, y traído para repostarlo en las de la capital, para abastecernos de
carne, que no corresponde propiamente á la agricultura, ni al comercio.
Los agricultores que se deben considerar como tales son los
que poseen las haciendas productoras de añil. Este fruto por su preciosidad é
importancia merece la mayor atención, porque es toda el alma que vivifica el
reino: es su comercio activo de extracción, de tal modo, que sin él no habría
objeto de relaciones entre la metrópoli y nosotros".
[12]
b. El azúcar:
Este es uno de los artículos más codiciados
por los europeos. Baste señalar que las primeras raíces de caña fueron traídas
por Colón desde las islas Canarias en su segundo viaje y sembradas en lo que
hoy es la República Dominicana.
"Durante
poco más de tres siglos a partir del descubrimiento de América, no hubo para el
comercio de Europa, producto agrícola más importante que el azúcar cultivado en
estas tierras. Se alzaron los cañaverales en el litoral húmedo y caliente del
nordeste del Brasil y posteriormente, también las islas del Caribe -Barbados,
Jamaica, Haití, Guadalupe, Cuba, la Dominicana, Puerto Rico- y Veracruz y la
costa peruana resultaron sucesivos escenarios propicios para la explotación, en
gran escala, del "oro blanco".[13] Detrás del azúcar también
vino la fuerza laboral necesaria para las plantaciones, el negro africano.
La influencia que ha
tenido la plantación del "oro blanco", repercute tanto en la
estructura agraria latinoamericana que todavía muchos países nuestros se mueven
al vaivén de la cuota de la exportación del azúcar para el mercado
estadounidense. Sobre este tema podríamos ir señalando, uno a uno, todos los
productos vinculados a la hacienda o la plantación, porque no sólo se trata del
añil o el azúcar, "es también la
historia del cacao que alumbró la fortuna de la oligarquía de Caracas; del
algodón de Meranhao, de súbito esplendor
y súbita caída; de las plantaciones de caucho en el Amazonas,
convertidas en cementerios para los obreros nordestinos reclutados a cambio de
moneditas; de los arrasados bosques de quebrachos del norte argentino y del
Paraguay; de las fincas de henequén en Yucatán, donde los indios yaquis fueron
enviados al exterminio. Es también la historia del café, que avanza abandonando
desiertos a sus espaldas, y de las plantaciones de frutas de Brasil, en
Colombia, en Ecuador y en los desdichados países centroamericanos".[14] Esto demuestra la trascendencia
de la hacienda y la plantación en América.
IV. Importancia social y política
La sociedad
latinoamericana es predominantemente agraria. La organización de tan dilatado
espacio geográfico fue la labor de la hacienda. Como bien señalara José Medina
Echavarría: "con ella comienza a
articularse desde dentro el inmenso cuerpo geográfico de América Latina...en
torno a las haciendas comienza a adquirir cuerpo y vigor la vida rural, todavía
tan poco conocida".[15]
Podemos decir que la
hacienda representa la instalación de un poder político y militar; de modo que la misma es algo más que una unidad de producción
económica. El hacendado es el soporte de una familia y de un apellido; el cual
establece relaciones y vinculaciones con otros hacendados residentes tanto en
el área rural como en la urbana. En este marco sociológico las relaciones
sociales que se establecen no son feudales, sino señoriales.
La escritora Casín
Isabel, en la obra que ya hemos citado, define al hacendado como "generalmente inculto y no
perteneciente a la nobleza, pero con el afán de conseguir en breve tiempo más
la nobleza comparable que la riqueza misma, el hacendado ha heredado el patrón
del sistema de adquisición de nobleza tradicional en España desde la
Reconquista, que fue trasladado a América por los conquistadores y luego pasó a
los encomenderos y de ellos a los hacendados en el siglo XVII".[16] Se establecen así desde
aquella época relaciones de subordinación, protección y obediencia entre el
hacendado y sus trabajadores. Este es un
patrón de autoridad que se fue extendiendo por todo el cuerpo social. Otro
autor destacado en Latinoamérica, como lo es Medina Echavarría, caracteriza la
estructura paternalista del hacendado así:
"1.
La creencia en valor cordial de las relaciones personales.
2. La creencia del amparo que no podía faltar en un momento de crisis.
3. La creencia en el poder desconocido y por eso ilimitado del
jefe". [17]
Por su parte,
Antonio García, nos señala que "la
ideología señorial se compone de una serie de actitudes y creencias sobre la
naturaleza de la tierra como elemento de rango, atesoramiento, poder y
dominación social y sobre el carácter paternalista de las relaciones entre
haciendas y campesino dependientes".[18] Las relaciones entre el hacendado y sus trabajadores se
caracterizarán, obviamente, por ser vínculos establecidos entre individuos
social y económicamente desiguales. Dichas relaciones pueden darse en un plano
amistoso (por llamarlo de alguna forma) donde el hacendado es una especie de
"padre" simbólico y los trabajadores hacen de "hijos"
adoptivos. Aquél otorga favores especiales, éstos los reciben.
Contrario a lo
anterior, las relaciones pueden tornarse hostiles y entonces el hacendado puede
demostrar su dominio o poder. Tales relaciones sociales se explican por las
diferencias que subsisten en cuanto a las posiciones que ocupan en la división
del trabajo y consecuentemente en la apropiación de los excedentes.
Como la hacienda se caracteriza por un uso
intensivo de mano de obra, dicha condición propicia el dominio del hacendado
sobre sus trabajadores. Condición que a su vez se constituye en una
manifestación de la hegemonía del hacendado, quedando constituida la clásica
estructura familiar que dominará en América Latina.
V. Período de transición
¿A qué se debe la
desaparición paulatina de la hacienda tradicional en América Latina? Para dar
respuesta al interrogante debemos recordar que anteriormente se señaló que la
hacienda surge en América Latina como consecuencia de la expansión del
capitalismo comercial. Pues bien, fue la expansión de este mismo sistema el que
da el golpe definitivo a la economía sustentada en la hacienda. “La afirmación general es que la hacienda se
disuelve en el grado y medida que se intensifica el proceso de
‘comercialización’, o dicho de otra forma, en la medida en que la hacienda se
convierte en empresa”.[19] Para una economía de
mercado como la capitalista resultaba muy ineficiente e inadecuados los
rendimientos propios de la hacienda tradicional. Así, de una tecnología
intensiva en mano de obra, se irá gradualmente pasando a otra intensiva en
capital. La primera consecuencia será el desplazamiento de esa mano de obra de
las haciendas hacia las ciudades o hacia otras áreas del propio campo. Esto nos
ubica cronológicamente en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando la gran
mayoría de los países latinoamericanos se encuentran independizados.
En estos cambios, si
bien existió la influencia externa en la transformación de la hacienda, también
influyó el mercado interno. En este sentido hay que recordar que la población
latinoamericana estaba en constante aumento; además de que el cambio en la base
económica repercute en las relaciones sociales existentes. Los excedentes
generados van a ir transformando la mentalidad del hacendado. Sus hijos, más
que el propio hacendado, reflejan el nuevo cambio de actitud. Muchos de ellos
se han ilustrado en la vieja Europa y traen a América las ideas de la Revolución Francesa. Don
Simón Bolívar es un ejemplo de lo que planteamos. De hecho, la independencia,
iniciada a partir de 1810, tuvo como máximos dirigentes a los hijos de los
criollos hacendados.
No obstante lo
anterior, el aislamiento económico en América es roto (como ya se señaló) en la
segunda mitad del Siglo XIX; esto propicia el surgimiento de una nueva clase
política junto a una nueva elite intelectual.
Al respecto se puede sostener que a partir de este momento se
diferencian dos grupos. Uno de ellos más tradicional, constituido por los jefes
rurales: los hacendados. El otro, formado por los modernos, más vinculados a
las ideas económicas y políticas propias del liberalismo europeo y que se
radica casi siempre en el área urbana; lo que representa, en el fondo, la
acentuación de las diferencias entre el campo y la ciudad. Por su parte, para
el grueso de la población rural latinoamericana (el campesinado) la situación
se torna más crítica.
El área rural carece
de adecuadas condiciones de vida, en contraposición a la urbana, que se muestra
más atrayente; allí encontramos el origen de las migraciones latinoamericanas.
Sin embargo, el fenómeno migratorio debe ser entendido, no como una
consecuencia de la atracción de la ciudad, sino como propio de una estructura
agraria de expulsión de mano de obra.
La introducción de
una economía de mercado también significa una revalorización del factor tierra,
lo que conduce hacia la acentuación del latifundio que se resiste a aceptar el
cambio de los tiempos. Este quizás sea uno de los mayores problemas de la
estructura agraria latinoamericana en el período de transición. Como bien lo
señala Antonio García, “los procesos de
modernización han introducido significativos cambios en la economía de empresa,
en la tecnología agrícola, en la trama de las relaciones sociales y en los
sistemas de intercambio, pero no han modificado sustancialmente las líneas
ideológicas y el sistema normativo de la estructura latifundista”.[20]
El período de transición también se ha
destacado por el llamado desarraigo en las grandes masas migratorias residentes
en el área urbana. Políticamente ha tenido repercusiones en la atración que
sobre las masas han tenido los partidos políticos; porque no debe olvidarse que
históricamente esas masas migratorias estuvieron sujetas a un paternalismo que
parte de los hacendados. De allí la gran importancia que en Latinoamérica tuvo
y continúa teniendo el populismo.
Como se puede ver,
las repercusiones del fenómeno denominado hacienda latinoamericana es
prioritario para entender a la tierra que se extiende desde el Río Bravo hasta
la Patagonia. Estamos ante la mismo
institución que le hace decir a un intelectual latinoamericano del Siglo
XIX, refiriéndose a Centroamérica: “Las
repúblicas centroamericanas llegan a la década del 30 como apéndices agrarios de la economía
centrales; los grupos dirigentes además no pueden ni tienen interés en superar
el orden establecido alrededor de dos ejes conectados entre sí: una estructura
social asentada sobre la unidad económica, la hacienda, y en relaciones patrimoniales con la peonada
campesina, un orden político de formas autoritarias y esclavistas buscaba sus
fuentes de apoyo en el exterior, más exactamente, en el apoyo de los intereses
bananeros y del capital norteamericano”.
[21] De modo que la hacienda
no muere con la independencia, sino que se transforma y aparece con nuevo traje
incluso en nuestro tiempo.
Conclusión
Al
llegar a esta etapa del escrito, creemos haber visto algo del nacimiento,
consolidación y transformación de la hacienda. Vale la pena destacar, una vez
visto lo anterior, que para entender a plenitud la institución denominada
hacienda, se hace necesario esclarecer dos cosas con vista a la comprensión de
la estructura socioeconómica latinoamericana.
Primero,
adentrarse científicamente en toda la trama del fenómeno encomienda surgido en
el Siglo XVI; y en segundo lugar, observar de cerca el surgimiento de la plantación.
Un
análisis de nuestra realidad latinoamericana debe esclarecer las conexiones de
estas tres instituciones en relación con la estructura de poder. Tal análisis
sólo se podrá realizar conociendo los detalles que caracterizan cada una de
ellas. En este sentido nuestro trabajo debe entenderse como una aproximación a
una problemática muy compleja.
[1]. Laski, Harold. El liberalismo europeo. México: F.C.E., 1969, págs. 75 y 77.
[2] . Herring, Hubert. Evolución histórica de América. Tomo 1. Argentina: Eudeba, 1972, pág. 214.
[3] . Herring,
Hubert. Op. Cit., pág. 208.
[4] .
Medina Echavarría, José. Sociología
latinoamericana. Educa: Costa Rica, 1976,
pág. 56
[5] . Wolf, Erick R. y Mintz, Sidney W.
“Hacienda y plantaciones en Mesoamérica y las Antillas”; en Haciendas, latifundios
y plantaciones en América Latina. Siglo XXI: México, 1975, pág. 493.
[6] . Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. XX edición. México: Siglo XXI, 1978, pág. 31.
[7] . Galeano, Eduardo. Op. cit., pág.
59.
[8] . Herring,
Hubert. Op. cit., pág. 209.
[9] . Torres Rivas, Edalberto. Interpretación del desarrollo social centroamericano. Costa Rica: Educa,
1973, pág. 77.
[10] . Torres Rivas, Edelberto. Op. cit.,
pág. 79.
[11] . Casín, Isabel. La
hacienda colonial. El Salvador: Ministerio de Educación. ( Museo David S.
Guzmán. Sección de Investigaciones históricas), 1972, pág. 34.
[12] . Meléndez, Carlos. Textos fundamentales de la independencia
centroamericana. Costa Rica: Educa, 1971, pág. 75.
[13] . Galeano, Eduardo. Op, cit., pág. 89.
[14] . Ibid. pág. 91.
[15] . Medina Echavarría, José. Op. cit.,
pág. 54.
[16] . Casín, Isabel. Op. cit. Pág. 1 5.
[17] . Medina Echavarría, José. Op, cit.,
pág. 64.
[18] . García, Antonio. Dinámica de las reformas agrarias en América
Latina. Colombia: Oveja Negra, 1972, pág. 51.
[19] . Medina E., José. Op cit. pág. 61.
[20] . García, Antonio. Op. cit., pág. 39.
[21] . Torres Rivas, Edelberto. Op. cit.,
pág. 33.
09 junio 2026
LA ALOCADA Y DESAFORTUNADA IDEA DE UNA CÁRCEL EN DIVISA
La región de
Divisa, en el centro de las provincias centrales, está llamada a ser sede de
grandes proyectos. Y es que no es para menos, eso ha sido desde el período
colonial, cuando se convirtió en la puerta de entrada a la región de Azuero y
paso obligado a Santiago de Veraguas y la zona de Chiriquí.
Lo que acontece
actualmente es que ha vivido bajo el influjo de intereses radicados en
Penonomé, Aguadulce, Chitré, Las Tablas y Santiago de Veraguas que siempre han
visto su evolución con recelo. En vano, porque en los últimos tiempos en esa
zona istmeña están proliferando las empresas que ven en Divisa un lugar
privilegiado para la distribución de sus mercancías.
Debemos
recordar que Divisa ha sido sede de proyectos educativos como la Escuela
Agropecuaria (1937), el Instituto Nacional de Agricultura (1941) y el Instituto
de Artes Mecánicas (1948) e incluso el presidente Juan Demóstenes Arosemena
acariciaba la idea de que la población fuera sede de una universidad autónoma,
proyecto que nunca llegó a concretizarse.
Precisamente en
los años cuarenta del siglo XX se construyó una cárcel para las provincias
centrales que nunca llegó a funcionar como tal. En efecto, gracias a los
comentarios del doctor José Daniel Crespo Ocaña, quien se opuso a tales
pretensiones, la cárcel terminó dando cobijo al Instituto de Artes Mecánicas.
Sostuvo el prestigioso pedagogo herrerano que la región no necesitaba cárceles,
sino escuelas. Y, en verdad, la historia le ha dado la razón.
Más
recientemente, el actual gobierno quiere construir una mega cárcel en Divisa,
reviviendo una propuesta que ya fue rechazada tres cuartos de siglo atrás. Esta
idea es a todas luces inaceptable, ya que la misma viene a contradecir la
vocación de desarrollo de Divisa; porque no es trasladando reclusos a la zona
como se va a resolver el problema de la delincuencia nacional, en especial, si
carecemos de una política al respecto y la resocialización de los reclusos no
ha impulsado su rol liberador.
Los resientes
acontecimientos en la región transístmica, en el caso de La Joyita, coloca
sobre el tapete los riesgos inherentes a este tipo de proyectos carcelarios,
los que no tienen que ser trasplantados a la hermosa y apacible región de
Divisa, aunque se afirme que está destinado a los privados de libertad de la
región, argumento que es difícil de sostener. Y es que el reclusorio no es el
único proyecto que se ha concebido para la población herrerana, porque también
ha sido propuesta como lugar en donde se deposite la basura de las provincias
centrales.
Tal parece que
a los gobiernos resientes no se les ha ocurrido algo mejor para el indicado asentamiento
urbano que convertirlo en vertedero de los problemas sociales del Istmo. La
ergástula de marras es un acto que desconoce la vocación de Divisa, que no
necesita ser lugar de concentración de delincuentes, sino otra capital del
desarrollo de las provincias centrales.
Yo no sé si el
actual gobierno tendrá oídos para escuchar y valorar la contenida incertidumbre
que ha sembrado en los habitantes de Divisa y las provincias centrales, los
que, estoy seguro, desaprueban un proyecto tan alocado y desafortunado como el de
construir una cárcel en Divisa.
.......mpr...
8/VI/2026
23 mayo 2026
SOBRE UNA CIUDAD INTELIGENTE: EL CASO DE LA VILLA DE LOS SANTOS
Introducción
La necesidad de poseer ciudades más
modernas nos lleva a la concepción de una ciudad inteligente. Vale decir, un
centro urbano que sea capaz de autogestionarse, al mismo tiempo que utiliza las
tecnologías de la última generación para mejorar la calidad de vida de sus
habitantes y mantiene un desarrollo autosustentable.
Veamos brevemente el caso de la Villa de Los Santos, ubicada en la provincia de Los Santos y lo que una ciudad inteligente podría hacer por ella y sus habitantes.
La heroica Villa de Los Santos
La población santeña tiene sus
orígenes en el período colonial, fundada el 1 de noviembre de 1569, está entre
las ciudades más antiguas de la región de Azuero. Es decir, cumplirá 457 años
en el presente momento histórico. En sus orígenes fue diseñada basada en el
clásico diseño hipodámico, también llamado tablero de ajedrez.
A lo largo de los siglos ha mantenido el diseño urbano que ubicaba las familias más distinguidas en torno a la plaza, disminuyendo la relevancia social en la medida que se alejaba de la vieja ágora peninsular.
La evolución del asentamiento urbano
En el transcurso de los siglos no
sólo ha crecido la población, sino que se ha modificado la estructura urbana
con el surgimiento de nuevas barriadas. Sin embargo, este crecimiento no ha
sido guiado ni ha existido una planificación urbana que guíe el anárquico uso
de los contemporáneos espacios territoriales.
El arribo del nuevo año encuentra a la Villa de Los Santos, a la Capital Histórica de Azuero, con la misma desidia urbana que la ha caracterizado a través del tiempo. Por tal razón, urge plantear algunas líneas de pensamiento que hagan posible superar el estancamiento y que sirvan de base para una ciudad más resiliente que conduzca a lo que podríamos llamar una ciudad inteligente (smart city).
Fundamentos básicos para una ciudad inteligente
1. Lo primero que debemos tener en cuenta es la
necesidad de un mayor estudio del asentamiento urbano. Así ha de ser, en
efecto, porque debemos estudiar el poblado, no sólo en los tiempos modernos,
sino en la génesis histórica del mismo.
En este punto conviene analizar la
estructura social y económica del centro urbano, para lograr determinar los
rasgos fundamentales de su desarrollo. Lo que supone el conocimiento de la
sociedad y su interacción con el ágora urbana, para determinar en qué medida se
retroalimenta la base geográfico-espacial con las actuales aspiraciones del
poblado.
Para recabar esa información se utilizan diversas y conocidas técnicas sociales, de modo que se pueda pulsar el pensamiento de los pobladores, no sólo en torno a su realidad actual, sino a sus aspiraciones futuras.
2. Será necesario utilizar tecnología moderna
para fomentar interacción entre las estructuras municipales y el hombre que
mora en la ciudad. En este sentido es necesario utilizar páginas web
distritales en donde el santeño pueda leer sobre su historia, proyectos
municipales y hacerse partícipe de una visión compartida de futuro.
Este salto tecnológico es fundamental
para poder implementar una resiliente e inteligente ciudad del futuro. Porque
los proyectos deben ser producto del debate de los miembros comunitarios y permitir
que el ciudadano no sólo participe, sino que le resulte familiar lo que se está
realizando en el municipio y que él ha contribuido a forjar.
La retroalimentación entre la comunidad,
las aspiraciones y políticas municipales debe tener como soporte una red
tecnológica que facilite la comunicación entre los miembros que integran el
sitio urbano. Lo que implica que hay que desburocratizar los trámites, para que
sean ágiles y eficaces. Así, por ejemplo, el pago de tributos podría hacerse
desde la comodidad del hogar. Igualmente, los eventos que organicen las
autoridades podrían comunicarse a los contribuyentes, al ciudadano que reside en
la ciudad. De la misma manera, se podrían dar a conocer las inquietudes
comunitarias, las que son atendidas antes que se conviertan en problema social.
Lo relevante de una red de esta naturaleza es que permite la retroalimentación y va forjando una cultura de la resiliencia que contribuye a que el habitante pueda enfrentar los desafíos colectivos. Además de permitir el desarrollo efectivo de la gestión municipal
3. Sostenibilidad ambiental
La idea básica de la sostenibilidad
es lograr que los avances de la tecnología y el desarrollo sean posibles sin
afectar mayormente el entorno en el que mora el ciudadano. Para ello es
importante la planificación que permita anticiparse a eventos que pudieran ser
traumáticos, así como lograr un uso racional de los recursos económicos, todo
ello en el marco temporal de su aplicación.
La ciudad inteligente no sería tal sin la valoración de elementos que contribuyen a la sostenibilidad ambiental. Vale decir: áreas verdes, arboledas, control del ruido, purificación del agua, disposición de excretas, recolección de la basura, entro otros.
4. Una ciudad inteligente no sería posible sin docencia
ciudadana. Este elemento muchas veces ha sido descuidado, asumiendo que
ello es una responsabilidad familiar y escolar. Esta concepción olvida que una
ciudad inteligente tiene como base el compartir los valores sociales y las
conductas esperadas. Esta cultura presupone una integración de las diversas
instituciones sociales sin las cuales la armonía social no es posible. Lo que
significa que, además del núcleo familiar, es necesario integrar a la escuela,
los grupos de la sociedad civil y los que son propios del engranaje
gubernamental (policía, ministerios y otros).
Este aspecto es vital para el logro de la ciudad inteligente, porque no se trata únicamente de tecnología que integra y que viabiliza la comunicación, sino de ir construyendo la argamasa social y cultural.
Conclusión
El caso de la Villa de Los Santos,
entre las más añejas ciudades peninsulares, podría constituirse en un ejemplo
regional y nacional. Justamente por tratarse de un núcleo urbano colonial
demostraría a los incrédulos que lo antiguo puede y debe ser sujeto de un
cambio social planificado, resiliente y sostenible en el tiempo.
Los cuatro aspectos aquí planteados son apenas un asomo de lo que podría hacerse para el logro de ciudades mucho más amigables y centradas en los ciudadanos que en ella moran. Ojalá que así sea.
.......mpr....





