19 mayo 2022

NATÁ DE LOS CABALLEROS Y LA VILLA DE LOS SANTOS

 


El 20 de mayo de 1522 los conquistadores hispánicos fundan Natá de Los Caballeros, lo hacen tres años después de establecer, el 15 de agosto de 1519, Nuestra Señora de La Asunción de Panamá. Tres décadas mas adelante, hacia 1558, se registra la existencia de los reductos indígenas de Parita y Cubitá o Cubita, ambas en las márgenes de los respectivos ríos; En ese andar fundacional la Villa de Los Santos asoma su rostro casi medio siglo desde la fundación de Natá, suceso acaecido el 1 de noviembre de 1569. Es decir, 47 años luego de establecida la población que duerme a la vera del río Chico y 50 de creada Panamá La Vieja.

Natá forma parte de una visión hispánica que primero establece Portobelo y Nombre de Dios en el Atlántico y luego la ciudad de Panamá en el Pacífico, porque hay que conectar el océano Pacífico con el Atlántico y a este con los puertos de España. En este proyecto hispánico la ciudad coclesana no surge al azar y desempeña su rol de avituallamiento de la ciudad de Panamá y de punto de lanza de la conquista del oeste del Istmo. Las nuestras son tierras de sabanas fértiles que habitaron los indígenas, los que fueron diezmados para establecer una nueva organización de los espacios geográficos basado en el diseño de la ciudad europeo; con el famoso damero, tablero de ajedrez o hipodámico. Allí la plaza, el templo, la alcaldía y las diversas familias que ocupan el resto de los solares según su relevancia social, racial y económica.

La región que se ubica en la sección suroeste de Nata, es decir, los actuales asentamientos peninsulares deben mucho a Natá. Ese nexo está en los orígenes y conquista de la región, aunque Gonzalo de Badajoz y Gaspar de Espinosa estuvieran antes recorriendo Herrera y Los Santos sin fundar ciudades. Los españoles radicados en Natá descubren nuestras sabanas y en ese proceder radica el origen del minifundio y, en general, toda la estructura agraria peninsular. También es cierto que la Villa de Los Santos desplaza a Nata, tan temprano como finales del siglo XVI y transcurso del XVII y se convierte en la sede del poder político, económico, social y religioso.

Sin embargo, Natá seguirá siendo relevante. El propio Grito Santeño (10 de noviembre de 1821) demuestra que esos nexos se mantuvieron, porque ambas poblaciones forman parte del eje agrario (Natá-Villa de Los Santos) que se antepone al transitismo (Nombre de Dios-Portobelo-Panamá), para reclamar en 1821 la cuota de poder económico y político a que tenían derecho.

La Villa y Nata son poblaciones coloniales que terminaron desplazadas por el mercantilismo de la zona de tránsito. Hoy, eso tienen en común, rememorar los lauros de antaño; situadas próximas a la costa, con ríos que han visto pasar el tiempo, acosadas por piratas de antaño y hogaño, burócratas y políticos con piel de lagarto. Están íngrimas, escuchando el golpe del badajo, que en la torre del templo llama a la oración mientras su eco sonoro se disipa en la llanería que alguna vez hollaron indígenas, españoles y negros coloniales. Quiero creer que habrán de redescubrir su fuerza, su mancomunidad histórica, aunque en 2022 ya hayan pasado 500 años de la fundación de Natá y 453 de la capital histórica de Azuero.

Medio milenio después, un campesino peninsular piensa en Natá, en el pueblo pletórico de historia. Y al hacerlo se siente parte de los natariegos, de sus alegrías al conmemorar la fundación de la villa en donde vivió Francisco Gómez Miró, ciudad añeja que tantos panameños ilustres ha aportado a la nación. Sí, Natá es nuestra hermana de lazos históricos, genealógicos, económicos, culturales y políticos; así ha de ser, porque mientras llegan tiempos de redención, comprendo que en el cumpleaños de un familiar siempre hay que estar presente.

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19/V/2022

 

 

                                                                                                                                                                        


17 mayo 2022

SOBRE CONMEMORACIONES Y GRUPOS CULTURALES

 


En el país hay tantas conmemoraciones que ya las mismas han perdido su fuerza original, si es que alguna vez la tuvieron. Los panameños celebramos casi todo, sin importar la relevancia del acontecimiento; lo experimentamos con las fiestas patrias, en el mes de…, en el día de…, y con los pretendidos festivales folklóricos, por ejemplo. Sí, con la churuca en la carreta, el festival de la concha de playa y tantas otras nimiedades que terminan en bailes y en libación de licores. Ya no sabemos lo que celebramos, solo que hay asueto, fiesta, y que en ella debemos lucir el vestido tradicional, la más de las veces adulterado y convertido en remedo de lo que fue vernáculo.

Lo que alguna vez los esposos Pérez y Zárate enarbolaron como la bandera de la identidad nacional, se ha convertido en jarana, en comparsas culturales en donde cada grupo se disputa su relevancia y pregona su pretendida originalidad sociocultural. Blancos y negros, amarillos y cobrizos están empeñados en desenterrar ancestros, en mostrar a los demás las llagas de su desgracia; como en un concurso para reclamar al que habitó primero las tierras istmeñas, olvidando que el hombre que mora en la Tierra es un ser híbrido, mestizo, simple terrícola lleno de humanidad.

Parece dolernos el ayer y nos invade la nostalgia sobre aquel ser que hace medio milenio alguna vez se fusionó en Panamá. Tratamos de sacar fuerza del color de la piel y hacer de la genealogía una búsqueda del mítico panameño. Y para ello concebimos la nación como un conjunto de grupos humanos adoloridos de su pasado, de la exclusión que alguna vez sufrieron, en una especie de grito desesperado para mostrar nuestra propia valía y reafirmar la autoestima.

Lo que hace setenta años atrás estudiaron los filósofos panameños, aún está vigente. En el fondo el interrogante, hoy como ayer, continúa sin contestar: ¿qué es ser panameño? Respuesta difícil en un espacio geográfico como el nuestro, en donde se acrisolan diversos tipos de culturas y el individuo nunca termina de concretizarse. Lo que nos define, al parecer, es la indefinición.

Debiera preocuparnos esta búsqueda incesante de la personalidad colectiva, en este archipiélago de islas inconexas; porque cada ínsula étnica anda en búsqueda de su Quijote. Preocupante aún más, porque la globalización arroja sobre la nación a otras culturas en un encuentro inevitable y fusionante. Al parecer no estamos valorando las implicaciones de estas celebraciones sobre el ser colectivo, el que no necesariamente tiene que ser homogéneo, pero tampoco tan marcadamente heterogéneo.

El abuso en la conmemoración del grupo cultural -porque no me defino como ser humano por lo que soy, sino por la diferencia que tengo con el otro- obstaculiza la socialización liberadora y nos conduce al lugar en donde nos encontramos; con la creación de leyes para cohesionar, mediante la norma, a la colectividad que de otro modo creemos disgregarse. Y hay en ello un gran riesgo político, social y cultural, el de anteponer al ser humano intereses fragmentarios, en donde cada abeja está pendiente de su celda y cree poseer la mejor miel. De cierta manera hay mucho de aldeano en este proceder -cuando exageramos -como en nuestro caso istmeño-, porque el homínido al recorrer el mundo, en su relación con el entorno y otros seres humanos, fue adquiriendo rasgos propios, pero no por ello dejó de ser el bípedo peludo, el humano en la plena acepción del vocablo.

En un planeta necesariamente interconectado el encuentro cultural genera reacciones de erizo, nos llenamos de espinas para colocar el anuncio de: “no pase perro bravo”, “usted no es mosca de este congo” Y uno comprende o pretende comprender estos fenómenos sociológicos en tiempos de mundialización, de seres íngrimos entre multitudes anónimas.

Lo preocupante, en esta fenética carrera por la valoración grupal, es la defensa del ser humano en cuanto tal, más allá de diferencias étnicas, biológicas o sociales. Tengo la impresión de que, en la fase evolutiva en la que nos encontramos, hemos perdido el enfoque integral, y al conmemorar múltiples eventos, ensalzamos las olas, pero olvidamos el mar.

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06 mayo 2022

HATO GANADERO, CULTURA Y AMBIENTE

 


El Instituto Nacional de Estadística y Censo confirma que la región de Azuero tenía, en el año 2018, un hato ganadero de 303,800 cabezas. De ellas, 87 mil 900 corresponden a la provincia de Herrera y 215 mil 900 a la provincia de Los Santos. Mientras tanto, en el 2019 moraban en la provincia de Los Santos un estimado de 95 mil 540 personas, teniendo la provincia de Herrera 118 mil 865 habitantes, lo que arroja un gran total regional de 214 mil 405 habitantes. De lo dicho se colige que en la región peninsular existe más ganado vacuno que habitantes, es decir, las vacas superan a las personas en 88 mil 975 rumiantes.

Las cifras son preocupantes, ya que al final de la década del noventa del siglo pasado, 1998, el hato ganadero regional era de 375 mil 100 reses. Sin embargo, lo que aquí importa destacar -antes que los motivos de ese descenso numérico- es el impacto que la ganadería tiene sobre el entorno ambiental de la zona. En el día de hoy la península ronda el 6% de bosques, porque lo demás ha sido fruto de la característica sabana de la zona y, además, consecuencia de la cultura depredadora del desmonte.

La ganadería en la península de Azuero es tan antigua como el inicio de la conquista de la tierra, que data del siglo XVI, cuando los españoles no solo introducen el ganado, sino que reproducen la cultura típica del sur de España, destructora y depredadora. Desde entonces la ecuación es sencilla, más ganado menos bosques, avance del frente ganadero y reducción de la floresta. Y menos bosques, de paso, significa destrucción de la fauna.

Desde el siglo XIX, con mayor énfasis, y aún antes, la creación del mercado en la zona de tránsito incrementó la demanda de ganado, así como el estímulo a algunos rubros de la tierra; entre los cuales está la siembra de caña, no sólo para la miel campesina, sino para la elaboración de alcoholes y la reducción de la capa boscosa.

En el siglo XX la ganadería y la siembra de caña de azúcar, así como los monocultivos de arroz y maíz, son factores que desplazan a la típica agricultura minifundista, la reducen a expresiones ínfimas, porque el ganado y demás rubros ocupan los espacios agrícolas, con cercados con púas que delimitan lo privado de lo público. Y no se trata aquí de plantear una visión mefistofélica, diabólica, del ganadero, sino que éste ha tenido que emprender su bregar sin políticas de Estado, insuficiente asesoría técnica y carencia de planificación del desarrollo. Así, en el siglo vigésimo, así como en el actual, se produjo lo inevitable, la destrucción del entorno ambiental en una región que vive de espaldas a la conservación de los ecosistemas.

El tema es complejo, porque en el mismo encontramos entrelazados aspectos internos y externos, estructurales y coyunturales. Como no puedo entrar, por economía de espacio, a analizarlos en su totalidad, abordaré someramente el de tipo cultural. En efecto, no hemos logrado percatarnos que la tala de bosques ha creado las condiciones para deforestar la cultura -si se me permite la expresión-, ya que el hombre típicamente agrícola, en parte responsable de la cultura campesina, de repente se ve expulsado de la zona y su estilo de vida lesionado en sus raíces campesinas, las que evolucionaron desde la colonia y en menos de una centuria han sido adulteradas. Desde entonces el folklore refleja la eterna nostalgia del ayer, congoja que sale a relucir en las décimas, poesías, novelas y demás expresiones culturales, vernaculares o de otra naturaleza.

En la época actual esta temática continúa casi incólume, con cambios de forma, más no de fondo. Y esta situación también es típica del resto de las provincias interioranas. Muy poco se plantea y poco se hace por parte de los grupos organizados, así como de los gobiernos de turno. Mientras tanto, vemos a la flora, fauna y expresiones culturales al borde de la destrucción, así como a una población que sufre, en su calidad de vida, las secuelas de una relación poco amigable con su entorno.

5/V/2022.


30 abril 2022

SOBRE FERIAS Y CACHIVACHES


Portada de la entrada a la Feria de Azuero

El conquistador Gaspar de Espinosa, al arribar a las tierras del cacique Natá, en los primeros años del siglo XVI, 1516 para ser más precisos, ha dejado testimonio escrito de la vida en esa comarca indígena. Y entre los hechos que concitaron su atención estuvo el intenso intercambio de productos agrícolas y de animales que en animada actividad realizaban los lugareños.
En realidad, se trata de lo que podríamos calificar como remedo de feria; tal vez la fecha más antigua que podemos datar de los antecedentes de la actividad en la región occidental de la república, porque otro enfoque posterior son las Ferias de Portobelo de carácter globalizado. Nada nuevo, porque esa ha sido la tónica en todas las culturas: congregarse en un espacio abierto para intercambiar productos, cambalachar o vender.
El establecimiento del ágora griega, quiero decir la fundación o refundación de los pueblos, con su característico diseño de tablero de ajedrez (hipodámico o damero), solo vino a confirmar lo que ya existía, porque en la colonia la plaza fue la zona por excelencia para el evento, antes que se establecieran los parques en los años veinte de la vigésima centuria.
Lo que aconteció allí, en la plaza, durante el período colonial y de unión a Colombia, no está suficientemente documentado, pero es evidente que tuvo que darse, entre otros motivos porque era el lugar ideal para ello, el emplazamiento social, económico, religioso y político; la vida misma del poblado.
Sabemos que no fue, hasta los años veinte del siglo pasado, cuando se legisló sobre el establecimiento de ferias agrícolas e industriales en la república, estableciéndose que las mismas se realizarían cada dos años. En este sentido la primera se efectuó en Penonomé (1926), la segunda en Aguadulce (1928) y la tercera en David (1931). Debido a ello el editorialista del semanario El Eco Herrerano, en la publicación del 17 de agosto de 1930, afirma: “Según Decreto número cuarenta y dos de dieciocho de junio y según la circular 4207, que hemos recibido del corriente año, el Poder Ejecutivo ha dispuesto celebrar la tercera feria agrícola e industrial durante algunos de los días del mes de abril del año próximo venturo y ha señalada a la ciudad de David, cabecera de la próspera provincia de Chiriquí, como asiento de dicha feria”
Sin embargo, una cosa es lo estipulado por la iniciativa gubernamental y otra la iniciativa ciudadana; porque sabemos de buena fuente que en la región peninsular se realizaron ferias en la Villa de Los Santos, Las Tablas y Ocú. Tal es el verdadero antecedente de la Feria Internacional de Azuero, la que se instaura en el año 1944 producto de la visión emprendedora de santeños y herreranos, evento que tiene su asiento en la Villa de Los Santos.
De lo dicho se colige que en el siglo XX las ferias migran de las plazas y se establecen en espacios que permitan su expansión. Tal es el caso de Azuero, evento ferial que pasa a ocupar los terrenos próximos a los actuales colegios secundarios de La Villa, para establecerse definitivamente en el sitio que ocupa actualmente.
Un rasgo fundamental de la feria ha sido su primigenio rasgo popular, el ser escaparate de la sociedad, la cultura y el comercio. Ese fue su norte inicial, del que ha evolucionado hacia una perspectiva más pragmática y utilitaria, muy a tono con lo que observamos en los tiempos actuales, época donde se privilegia lo comercial sobre los otros aspectos que subyacen en sus raíces. Volver sobre sus orígenes y recobrar su filosofía social, allí radica su mayor desafío, la tarea pendiente; porque la feria también ha de ser espejo del quehacer popular y no solo exposición de cachivaches o paraíso comercial de poca o mucha monta. …….mpr…
18/IV/2022

19 marzo 2022

FUNDAMENTOS DE LA BANDERA DE LA PROVINCIA SANTEÑA

 



La gloriosa bandera de la Provincia de Los Santos tiene una historia hermosa. Su existencia está ligada a las luchas por la libertad y la unidad latinoamericana. El diseño procede del modelo que ideara el precursor de la independencia, general venezolano Francisco de Miranda, en la primera década del siglo XIX. En efecto, a medida que los países bolivarianos se emancipan, reconocen la bandera y se adoptan los listones tricolores como emblema de las nuevas naciones.

En el caso panameño eso mismo aconteció con el Primer Grito de Independencia del 10 de noviembre de 1821, dado en la Villa de Los Santos, y una serie de adhesiones en poblados como Las Tablas, Natá y otras circunscripciones que respondieron al llamado de la patria.

Desde entonces la bandera santeña flamea en la tierra del Canajagua como verdadero e irremplazable símbolo del santeñismo y del grupo humano que supo declararse libre del sistema monárquico para adherirse a las proclamas de libertad que se pregonaban desde los tiempos de la Revolución Francesa.

Escuchar y educar con la verdad HISTÓRICA

Toda bandera tiene su historia, de hecho, la creación está ligada a acontecimientos relevantes que marcan el devenir del sistema social. Los emblemas surgen como símbolos para representar a un grupo humano o para reconocer a la agrupación social a la que pertenecen. Se comprende, en consecuencia, que los escudos y banderas fueron asumidos por el poder militar, político, económico y religioso.

En nuestro caso la existencia de la bandera santeña no puede ser puesta en duda. Así, la Procuraduría de la Administración emitió su opinión (C-N.º 144 del 17 de julio de 2003, pág. 3) en la que deja bien claro la oficialización de la bandera histórica santeña. El ente administrativo afirma en contestación emitida a raíz de la consulta jurídica realizada por los ediles de la Provincia de Coclé, cuando éstos buscaban legalizar la bandera propia, lo siguiente: La Provincia de Los Santos cuenta con su bandera provincial desde 1821, bandera oficializada, mediante acto firmado por el Secretario de la Gobernación de aquella época y con el sello de Gobierno y Justicia”.

Los hechos históricos abundan. Por ejemplo, en el libro de Francis O’Connor D’arlach (INDEPENDENCIA AMERICANA, pág. 7), militar inglés muy ligado a Simón Bolívar y en aquella época coronel del ejército libertador de Colombia y general de división de los de Perú y Bolivia, estando presente en la ciudad de Panamá describe la confección de la bandera bolivariana en los siguientes términos:

“En aquellos mismos días fondeó en el puerto un buque procedente de la China, en el que compré un cajón de te y una buena cantidad de finísima seda, con los colores del pabellón de Colombia: -amarilla, azúl y colorada- de la que mandé hacer una hermosa bandera para mi batallón “Istmo”

El documento anterior y una segunda respuesta de la Procuraduría de la Administración (C-51-16 del 28 de abril del 2016) dejan en claro que la provincia santeña posee una bandera cuya existencia tiene, en el presente, el mismo valor que al momento en que elevó los ánimos para empuñarla en señal de libertad.   Hace poco esta tierra del Canajagua, del Coronel Segundo de Villarreal, de Belisario Porras Barahona, Gelo Córdoba, Manuel Fernando Zárate y demás protagonistas de nuestra historia, celebró el Bicentenario de la independencia de Panamá de España y entre las tres banderas que conformaron el logo nacional se escogió nuestra bandera tricolor: azul, amarillo y rojo.

Larga vida a la bandera santeña: histórica, cívica y libertaria.

La provincia de los santos ya tiene su bandera

En nuestro país tenemos un rarísimo tesoro que ya en otros países de América del Sur saben que representa la herencia dejada por Miranda y Bolívar. Utilizar oficialmente la tricolor enseña es señal de que reconocemos el mensaje de unidad, herencia cultural y legado de los próceres que ella encarna.

Cada persona nacida en la provincia debe lucirla con sano orgullo, colocarla en las casas, autos, oficinas, parques y similares. Y, en especial, cada 3, 4, 5, 10 y 28 de noviembre debería estar izada junto a la bandera nacional, rindiendo tributo a la enseña nacional y fortaleciendo nuestra identidad regional.

Es un honor, un privilegio, tener en nuestro haber semejante legado. Y como un tesoro nacional debemos enaltecerla y mostrarla públicamente con el orgullo de ser de una tierra de héroes.

¡Viva la bandera santeña!

 


12 marzo 2022

APOLOGÍA DE LOS ANIMALES

 


La península de Azuero está deforestada por múltiples motivos y no solo por las razones que tradicionalmente se argumentan; ya que esas cavilaciones olvidan que el hombre que mora en la zona es un producto social, como cualquier otro, y no un ser demoníaco que recorre el país provisto de cajetilla de fósforo, hacha al hombro y motosierra en la mano; porque no debemos confundir consecuencias con causas. Sin embargo, en esta ocasión abordaré, no los motivos estructurales que ha llevado a la región a ser una zona depredada, sino a las secuelas que tiene tal entuerto para algunos habitantes en particular, los animales que la pueblan. Los seres que no pueden publicar en los diarios, ni en las redes sociales y mucho menos alzar su voz para pregonar los desasosiegos que padecen.

Al recorrer la península me percato de ello, existe la potrerización creciente, el desarrollo de monocultivos (caña, maíz, arroz, etc.), que reducen el hábitat a extremos sádicos y cuasi patológicos; mientras la minería destructora y explotadora, pretende sumarse a la crucifixión de lo poco que queda. Y en el centro de ese vendaval están los animales.

Las aves, venados, ardillas, animales rastreros y otros, incluso el ganado vacuno que se ha apoderado de los espacios geográficos, también son seres de segunda categoría que están destinados a la desaparición. Los primeros, porque en la práctica carecen de derechos, y, los vacunos, por las apetencias del mercado. El reinado de las vacas se enseñorea del paisaje, al mismo tiempo que manglares, ríos y quebradas retroceden ante una racionalidad que solo escucha el retintín de las monedas. Destrucción ambiental que camina tomada de la mano con la otra, la cultural.

Los animales están allí, en el centro del torbellino, y no hay institución estatal que les proteja con la seriedad que el caso demanda. Hay ejemplos dramáticos, como el caso de los venados, ciervos que son acosados en los montes por agentes 007 con licencia para matar o con ínfulas de deportistas que los usan como tiro al blanco, porque en la región, hablar de cotos de caza y períodos para montería, no resiste el más mínimo análisis.

Para quien recorra la península con ojos avizores y con capacidad de ver más allá de las apariencias, comprenderá que la vida de los animales no puede ser otra que la del acoso, el temor por la existencia y la búsqueda del alimento cada vez más escaso. Y no se trata de que esos desafíos existenciales, como pobre justificación, también sean propios de otros seres - como acontece con su colega el bípedo peludo-, sino que la intensidad depredadora está llegando a límites intolerables, al punto que amenaza la existencia de la vida misma.

Como reacción a un mundo tan amenazante, en los últimos tiempos hemos visto surgir una especie de San Juan de Dios ambiental, una postura romántica que se conduele de la desgracia de los animales y los bosques, pero que no trasciende el asistencialismo. Claro que ese proceder no es condenable, y hasta representa un avance, pero el punto es que no enfrenta las causas reales, las que continúan reproduciéndose en el ambiente, la sociedad y la cultura.

Hemos olvidado que sociedad, cultura, ambiente y vida animal forman un amasijo de relaciones que establecen nexos inseparables.  Lo podemos apreciar en la relación entre las aves, la cultura y la psicología humana. El trinar de los azulejos, el sonido ronco y gutural de la paloma, el caminar inquieto de la tortolita, el bramar de las vacas en el corral, el requiebro amoroso y matinal de la cancanela o cascá, están integrados al alma del hombre peninsular e istmeño.

El animal dignifica al hombre, al ser humano, aunque este último no comprenda que la desaparición de tales moradores representa el degüello de su propio pescuezo. Y lo que se vive en la región de Porras, Zoraida, Zárate y Ofelia es el pan de cada día de la nación. No hay respeto por la vida animal y, duele admitirlo, tampoco del otro animal al que llamamos panameño, aunque lo disimulemos bajo el barniz de la civilización para omitir nuestra biología de ser montaraz.

Toda apología es eso, una defensa razonada y en mi caso cargada de congojas. La asumo para mis amigos los animales, para las ardillas que en las mañanas devoran mangos verdes y pintones. En salvaguardia del azulejo que saluda con su canto agudo y para la cascá que “llama al invierno”. Lo dedico a las vacas que ingenuas suben al camión de la muerte, hablo por el sigiloso e inteligente zorro de la pradera, la perdiz del rastrojo, y, en general, a todos esos amigos animales a quienes debo parte de mi humanismo campesino y sin los cuales tendría un alma enjuta.

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11/III72022


08 marzo 2022

FANNY CORREA MORENO

 

No por casualidad me encontré con el personaje leyendo el libro del doctor Sergio González Ruiz (1902-1966) intitulado MOMENTOS LÍRICOS. Allí aparece un poema ofrendado a ella, María Fanny Correa Moreno; además de dedicarle el texto de poemas, publicado en el año 1964, en su segunda edición, que es la que poseo.

A FANNY

Ya de mi alma la esperanza se extinguía,
Ni sueños ni ilusiones alegraban
La triste soledad del alma mía,
Cuando te conocí, Fanny adorada.

 Y el dulce candor de tu mirada,

Color verde de cielo o de esmeralda,
Fue un destello de luz y de armonía
Que iluminó la noche de mi alma.
 
Descreído de todo y engañado.
Sin fe ya en el amor, por el dolor herido,
Iba yo por el mundo ya cansado,
Y dudando de Dios y hasta de mí mismo.
 
Pero llegaste tú, ángel del cielo
Y ante la luz de tus pupilas bellas,
Se iluminó de amor el mundo entero;
La negra noche se pobló de estrellas.

 En los maravillosos archivos parroquiales del templo a San Atanasio encontré el acta de bautizo de la santeña. El documento indica que nació en la Villa de Los Santos, el 15 de marzo de 1911 y que fue bautizada el 15 de abril del mismo año con el nombre de pila de María Fanny. Fueron sus padres Braulio Correa y Romualda Moreno. Por la rama paterna los abuelos son Pedro Correa y María de Los Reyes Chiari; y por la materna Manuel Balbino Moreno Vieto y Ana María Castillo González, es decir, doña Fanny era sobrina de La Niña Anita, Ana María Moreno del Castillo, la Sierva de Dios.

El cura José Vásquez deja constancia que Fanny contrajo matrimonio con Sergio González Ruiz el 8 de noviembre de 1928, de lo que se deduce que ella tenía 17 y el tableño 26 años. Ella falleció en la señorial Villa de Los Santos el 28 de septiembre de 1986. La pareja no tuvo descendencia.

Hoy podemos afirmar que el tableño de las 26 LEYENDAS PANAMEÑAS y autor del poema “Adiós a Las Tablas” y de “Mi coloquio con el Canajagua”, encontró en la Villa de Los Santos el amor de su vida.

 

 


07 marzo 2022

SOBRE LA MUJER PENINSULAR

 


En el período precolombino las espavé fueron las mujeres más destacadas, además de concubinas de los tiba o caciques indígenas. Por algo aún existe un árbol frondoso y umbroso que lleva su nombre. Tan comprometidas con su tribu, que hasta eran enterradas con los señores de los campos peninsulares. Luego, en el período colonial, apareció la negra esclava. Y aconteció lo inevitable, el encuentro sexual, genético y cultural entre indígenas, negros y españoles, surgiendo la mujer mestiza, que es la predominante en los siglos siguientes. Algunas de ellas con rasgos somáticos de negras, otras con semblantes indígenas y la mujer de impronta hispánica.

Hasta el siglo XVIII casi no hay nombres de mujeres prominentes, como no sea para categorizarlas como campesinas o féminas que en la costa oriental habitaban en los pueblos de conformación más urbana, como en la Villa de Los Santos y Parita, por ejemplo. Ellas son registradas en los archivos parroquiales según su jerarquía social y prestancia familiar, ya sea por su nacimiento, matrimonio o defunción.

Las cosas comienzan a cambiar lentamente a partir del siglo XIX con el arribo de la escuela, institución apenas desarrollada y dirigida a los varones. Desde entonces habrá centros educativos para varones y escuela de niñas, incluso hasta el año 1919, cuando se implementa la coeducación y los niños de ambos sexos puede estar en el mismo salón de clases.

Tal y como afirmó Antonio Baraya, gobernador de la extinta Provincia de Azuero, en el año 1852 la mujer esa una simple “máquina humana de reproducción”. Sin embargo, comienzan a aparecer nombres al inicio del decimonono. La figura de Rufina Alfaro, mito o realidad, por eso es tan trascendental. Habla de un rol que no existía o no quedó registrado; ella es, después de las espavé, el más sonoro ejemplo de feminismo, del papel de la mujer más allá del hogar. Otro caso luminoso es el de Bibiana Pérez Gutiérrez (1848-1940), la guarareña que crea un distrito santeño en el año 1880.

En esa misma década nace Zoraida Días Chamizo (1880-1948), la tableña que publica por vez primera un libro de poemas, Nieblas del Alma, cuyas ejecutorias como poetisa y educadora corresponden al siglo XX. A partir de allí hay una cohorte de mujeres que encuentran su desarrollo como maestras. Tales los casos de Ofelia Hooper Polo (nacida en Las Minas), Benilda Céspedes Alemán (tableña) y una larga lista de instructoras que se extiende hasta los tiempos actuales. Sin olvidar a las que se desempeñaron en otros órdenes de la vida, como Eneida Cedeño (1923-2006), Lucy Jaén Córdoba (1928-2011), Ana María Moreno Del Castillo (1887-1977), María Moreno Peralta (de las primeras enfermeras tituladas), entre otras.

La mujer también incursiona en la política, desde los tiempos de Coralia Correa Maltez hasta Mireya Moscoso Rodríguez (1946), presidenta de la república. En la segunda mitad del siglo XX la mujer se hace profesional y universitaria, abriéndose para ella un abanico de posibilidades, aunque siguen existiendo escollos que ha de superar.

Debo decir, en honor a la verdad, que, si bien tales personajes femeninos son de valorar, en realidad el peso de la cuestión social lo ha llevado la mujer anónima, esa que no escribe ensayos, poemas o libros, ni se autoproclama feminista. Me refiero a las agricultoras, amas de casa, fonderas, artesanas, planchadoras, aseadoras, cantineras, comadronas, lavanderas, chanceras, etc. Ellas son responsables de la administración familiar y de la socialización de la prole; fomentan la autoestima personal y colectiva. Gran parte de la transmisión de la identidad cultural es de su hechura.

Los desafíos no son pocos, pero los avances sociales, con todas las limitaciones, hablan de un futuro mejor para la mujer peninsular. La trocha está trazada y los próximos pasos dependerán del cultivo del intelecto, así como de la democratización del sistema social y del empeño que la sociedad le imprima a los cambios que reclamaba un gobernador del siglo XIX.

Milcíades Pinzón Rodríguez

En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 7 de marzo de 2022.

 

06 marzo 2022

MARZO, NATURA Y LOS PÁJAROS

 


Hace algunos años, quizás una década o más, escribí "El canto de la cascá", pequeño texto en el que intento establecer la relación entre ornitología y sociología. Sí, porque la propia vivencia existencial se ha encargado de darme lecciones de ambas disciplinas y su aplicación a la cultura peninsular, azuerense, santeña, herrerana.
Esta mañana, no por casualidad, he escuchado el canto de la cancanela sazonado con gorjeos de azulejos, carpinteros y otras aves, junto al eco sonoro de los gallos. Comprendí, al amanecer, que se inicia en la península amada otro ciclo de la vida. Hay un despertar por la proximidad del invierno y la naturaleza, siempre provisora y previsora, hace el llamado a la reproducción de la especie, alerta de la que seguramente no escapa el propio homo sapiens.
Desde marzo se dibuja en lontananza el invierno, o estación lluviosa y los pájaros anuncian su cercanía. Porque en ese despertar de la vida - que en la cultura se vuelve congojas, rogativas y preparativos para la siembra- el hombre renace influenciado por el canto de los pájaros en una simbiosis que le hace sensitivo y abierto al ambiente en el que creció.
Por esta razón, la depredación que hemos hecho de los bosques, tiene consecuencias devastadoras para el habitante peninsular. Al hacerlo hemos reducido los vínculos con la naturaleza y, de paso, con nuestra propia humanidad, que está indisolublemente ligada a la creación en la que el bípedo mora. Luego, razones tengo para disfrutar los trinos de las avecillas silvestres que despiertan mis cogitaciones de animal racional y emocional y que suspira como ellos en este marzo del 2022.

01 marzo 2022

MI TÍO JOSÉ DOLORES RODRÍGUEZ VILLARREAL

 

Mi tío José Dolores Rodríguez Villarreal, conocido como Dolorito, nació en La Guaca, el 8 de mayo de 1931. Fue bautizado en la parroquia de la virgen de Las Mercedes, el 10 del mismo mes, por el presbítero Ubaldino Córdoba, siendo sus padrinos Olegario Rodríguez y Marciana Castillo. Era hijo legítimo, como indican los archivos parroquiales, para confirmar con ello que el vínculo matrimonial había sido bendecido en el templo.

Hijo de José Dolores Rodríguez Muñoz y Juliana Villarreal, todos naturales de La Guaca, población en donde los Rodríguez guarareños se establecieron siglos atrás. Ellos forjaron una descendencia que se ha extendido por la región, desde la costa guarareña hasta las laderas del Canajagua y otros sitios del sureño villorrio de Pedasí, sin olvidar la presencia en la ciudad de Panamá, La Chorrera y otros lugares nacionales.

Dolorito forjó su familia en La Pacheca, en donde se estableció con posterioridad al casarse con Griselda Vergara Pérez. Desde entonces mi tío se dedicó a la familia, con ese empeño tan santeño de hacer hasta lo indecible por preservar el legado del apellido, el que ha de respetarse y llevarse en el corazón. Creció en su pueblo, La Guaca, el mismo de mi madre María de Las Mercedes Rodríguez Villarreal y el resto de los hermanos; viviendo en la casa de quincha que en la colina apenas perceptible aún se erige frente al pozo artesiano en donde se abastecían de agua. Por allí quedaba, también, la casa de Munda y aún me parece ver llegar a mi abuelo Dolores con el racimo de pipa al hombro, traído de la hacienda que quedaba junto a la quebrada y el puente que comunica a Las Tablas Abajo y Bella Vista.

José Dolores Rodríguez Villarreal, Dolorito, era un hombre con el típico carácter y cultura del orejano de nuestra tierra. En apariencia poco dado a los mimos, pero en el fondo del alma lleno de sentimientos y congojas. Era devoto de la virgen de Las Mercedes, muy formal y austero cuando llegaba al templo religioso. La casa de Dios era para él, lo recuerdo, un lugar sacro, de respeto, al que hay que acudir bien vestido y, al ingresar, descubrirse, con el sombrero en la mano como debe ser. En esto, los Rodríguez de La Guaca, tuvieron en Pacífico Rodríguez, Ichi, su hermano, el ejemplo de una fe sembrada en la infancia, por su madre Juliana, que, en horas tempranas de la madrugada, montaba a la mujeriega en su alazán y viajaba a Guararé para participar de los rosarios del alba.

En el cuerpo yerto de mi tío hay todo un orgullo familiar, una cultura de antaño, la conciencia de una ética del trabajo y un conjunto de valores sociales que debemos darle continuidad. Cuando hablaba con él o le visitaba veía en su rostro, como en un espejo, la conciencia de mi gente; la rama familiar de mi madre y esos callejones por donde transitó mi infancia. Miembro del grupo familiar a quien debo tanto: Ernestina, Ana, Dolores, Domitilo, Pacífico y Andrés.

Le despido pensando en la cultura de la vida que debe superar la cultura de la muerta. Sé que, aunque no nos encontráramos con la frecuencia que deseáramos ambos, el afecto era recíproco, porque los genes no mienten y las querencias no necesariamente renacen de la proximidad. Pienso que Dolorito se nos fue en una época hermosa; en pleno estío, en el verano peninsular, cuando los niños empinan sus cometas, la sal está cuajada en los destajos, el virulí se asoma en los cañaverales, los guayacanes lucen el amarillo intenso y el viento canta en la copa de los árboles.

En verdad, qué más se puede pedir para darle el adiós postrero al hombre que como él siempre amó a su familia, a su gente y a su tierra. Descanse en paz, tío Dolorito, y gracias por el inmenso honor de formar parte de su vida terrena, porque la otra, la celestial, ya está al alcance de su mano.

Milcíades Pinzón Rodríguez

En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 28 de febrero de 2022.

 

 

 


10 febrero 2022

LA CRUZ DE VALLE

 


En la carretera Belisario Porras, en el tramo comprendido entre Guararé y Las Tablas, en el lugar que antaño se conocía como El Estacón, aún queda la Cruz de Valle, que otros llaman Cruz de Lino. Más adelante también estuvo otro sitio al que los lugareños llamaban Cruz de Chayo, ya casi inexistente y que dio paso a un residencial que queda contiguo a la sede santeña de la Universidad de Panamá.

Muchos topónimos han desaparecido o han mudado de nombre, como en el caso de Vizcaya, en esta misma zona a la que me refiero. Tales designaciones desempeñaron un rol orientador a la hora de ubicar la residencia de un paisano o simplemente dar cuenta de la proximidad del lugar que buscábamos: “Ombe, un poquito más allá de la Cruz de Chayo”, “Claro, próximo a Vizcaya”.

El punto es que estas cruces, además de las funciones a las que nos referimos, son reminiscencias de las ermitas del período colonial, las que dieron origen a poblados santeños como Las Tablas y Pocrí, así como Pesé en la provincia de Herrera.

Los pequeños templos sirvieron como expresión piadosa y recordatorio de la muerte de algún cristiano, ya que no era extraño encontrar ofrendas consistentes en velas y moños de algún niño. En efecto, la presencia de exvotos a veces iba más allá de su papel original y hasta sirvieron como lugares sacros para conmemorar la Cruz de Mayo, evento del tercer día del quinto mes del año.

En torno a esas cruces surgieron múltiples leyendas, porque eran lugares que la gente reverenciaba y se detenía ante ellos, no sin antes persignarse o musitar una oración religiosa. Esto acontece con la Cruz de Valle, porque por allí hay una vieja leyenda que afirma, como si fuera una verdad inamovible, que la capillita fue construida por un español que habitó la zona. Cuenta la narración que este súbdito de la Madre Patria rogó a Dios que le favoreciera con la lotería, como en efecto pasó. Pues bien, cumplió su promesa y eso explica que la pequeña edificación se haya erigido en donde se encuentra, próxima a la entrada de La Guaca de Guararé.


 

Con el tiempo la estructura original fue reemplazada por otra de bloques, la que también tiene sus días contados, ya que en sus proximidades se construye una estación de gasolina. Con razón al pasar la he visto maltrecha y olvidada, como todos los frutos de la cultura campesina de antaño. Sin embargo, en esta cruz, como en otras, también se tejen leyendas, relatos que surgen de algún suceso o personaje. En nuestro caso ubicado en la primera mitad del siglo XX.

Sé de buena fuente que durante aquellas calendas vivió en la ciudad de Las Tablas un español de apellido Valle -de nombre Clodovaldo- que para más señas era el dueño de la Imprenta Barcelona, quien casó con una dama de El Potrero, actual Bella Vista de Guararé, llamada Aura María Díaz Osorio, la que vivía con su hermana Rosenda, justo al lado de la residencia familiar de quien escribe, más precisamente, detrás de la cancha comunal. Allí residía con Lérida y Majita, niñas entonces. En la misma casa habitación también moraba, Oscar Antonio Cuervo Díaz (*29/IV/1914) -padre de las niñas-, hijo del enlace en primeras nupcias entre doña Aura María y Lorenzo Cuervo Pérez (1912).

No lo podemos afirmar de manera categórica, pero es probable que se trate del personaje del relato, quien era conocido como Valle, el español de personalidad recia y de múltiples fábulas costumbristas. Sobre el origen del otro sujeto, Lino, no existen referencias, por lo que no me arriesgo a plantear alguna hipótesis, aunque algo debió existir, como para que esté en boca del pueblo.

Lo cierto es que tales cruces están desapareciendo, acosadas por la era moderna y los antivalores que corroen hasta la médula de la sociedad. Los seres de corazón de piedra ripostarán que aquello es inevitable y que no se puede vivir de añoranzas pueblerinas. A lo mejor tengan razón, aunque estoy convencido que gran parte del vacío existencial de nuestros días, es consecuencia de la desvalorización de nuestra cultura, proceder que está creando seres vacíos, enclenques, para quienes la cruz en el camino es solo eso, dos maderos entrecruzados. Y son precisamente tales analfabetas disfuncionales -a veces con títulos universitarios- los que sostienen la sociedad de la alienación; y no les importa con La Cruz de Valle, para ellos vulgar representación de campesinos nostálgicos, manutos u orejanos.

Milcíades Pinzón Rodríguez.

En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 9 de febrero de 2022.

 

 

 

 

 


07 febrero 2022

LA ESCUELA MODELO PRESIDENTE PORRAS

 


A Oscar Velarde Batista,

inteligencia al servicio de su pueblo.

El 20 de septiembre de 2024 se cumple el primer centenario de la inauguración de la Escuela Modelo Presidente Porras, hermoso edificio de corte neoclásico que, sobre la colina que antaño llamaban El Perú, hizo construir en Las Tablas el doctor Belisario Porras Barahona (1856-1942).

La trascendencia de la casa de estudios primarios no amerita comentario alguno, por lo evidente y porque aún hoy, con sólo visitarla, la retina se llena del ícono arquitectónico que identifica a la capital santeña. Y por algo la escuela, y el cercano templo religioso, parecen mirarse prendados de sí, en desafío aparente entre la cristiandad y el liberalismo. Frente a frente, la una centrada en la razón y la otra en la ética religiosa, pero templos al fin.

Por mucho tiempo se ha desconocido el detalle del acto con el cual el inmueble abre sus puertas para ser “Atalaya de luz sobre la Acrópolis Tableña”, como dijo en su momento el doctor Octavio Méndez Pereira, al dar por inaugurado el edificio en su calidad de Secretario de Instrucción Pública.

El objetivo de estas cuartillas es llenar el vacío existente. En primer lugar, encontrará el lector la Carta Circular # 1 de la Inspección de Instrucción Pública del Distrito Escolar de Las Tablas, dirigida a maestros y directores, con fecha 17 de mayo de 1924, que firma Manuel María Tejada Roca, por aquellas calendas Inspector de Instrucción Pública.[1]

En un segundo término presento el remitido de la educadora Benilda R. Céspedes Alemán, que aparece con el título de “La Escuela Presidente Porras” (7/IX/1924).[2] Por su parte, el tercero de los textos se publica el 23 de septiembre de 1924, bajo la rúbrica de P. Príamo Vásquez, corresponsal que lo intitula “La inauguración de la Escuela Presidente Porras”

La labor de rescate ha sido posible gracias a que tales textos se publicaron en el semanario El Eco Herrerano, periódico que se editó en la ciudad de Chitré desde el año 1921 hasta mediados del siglo XX, apareciendo en el volumen correspondiente al año 1924.

Pasemos a dar lectura de tales reseñas cargadas de emoción y no exentas de lirismo.

a. Carta Circular del educador Manuel María Tejada Roca [3]

“DE LAS TABLAS – UNA CIRCULAR

Carta-Circular N° 1

Inspección de I. Pública del Distrito Escolar

Las Tablas, mayo 17 de 1924

A los Directores y Maestros

ASUNTO: Monumento para la Escuela Modelo

El señor Secretario de Instrucción Pública estuvo en esta cabecera el 3 de mayo a inspeccionar los trabajos de la Escuela Modelo que se construye en esta ciudad. Ese día expresó la confianza de que el edificio estará concluido en julio y que ha elegido el 20 de ese mes para inaugurarlo oficialmente, con la presencia del Presidente de la República. Manifestó además que la Escuela Modelo llevará el nombre de “PRESIDENTE PORRAS” y que en su honor erigirá un monumento frente a dicha escuela que consiste en un Busto del doctor Porras. Este Busto dice el progresista y diligente Secretario Méndez Pereira, es conveniente y justo que sea costeado por medio de una suscripción popular. La iniciativa es, pues, del joven Secretario Méndez P. quien se interesa vivamente por la educación de estos pueblos: y fue el primero, en un acto digno de ejemplo, en suscribirse a la lista de contribuyentes que les envío adjunta. Esta lista ha aumentado ya considerablemente por particulares y empleados públicos.

He aquí la lista en mención.

Octavio Méndez Pereira       B/ 5.00

Carlos L. López                       5.00

José D. Crespo                       5.00

C. Arrocha Grael                    5.00

Fabián Velarde                       5.00

Erasmo Méndez                      5.00

Jacinto López y León              5.00

Lizandro López E.                   5.00

Raúl J. Calvo                          5.00

Archibaldo E. Boyd                 5.00

Mario Calino                           5.00

Ofilio Azera                             5.00

Enrique Geenzier                    5.00

Guillermo Batalla                  5.00

Julio S de Diego Jr.                5.00

Daniel Chanis Jr.                   5.00

J. Cano P.                               5.00

M. M. Tejada Roca                10.00

En el ánimo del Secretario está el que este homenaje, rendido al “profesor de Energías” como aclamó por unanimidad la Asociación del Magisterio al Dr. Belisario Porras, en sesión plena, sea una lección de cívica y de justicia que se dará a las generaciones que hoy forjan su carácter en las aulas de la escuela, al calor de las benéficas enseñanzas del Maestro. Y como para templar estas virtudes de civismo de justicia en el corazón de la juventud, y para medir mejor su valor y alcance prácticos es indispensable el sacrificio, ha llegado el momento de que Uds. exciten al patriotismo de sus Maestros, alumnos, empleados públicos y particulares para que contribuyan con su grano de arena a levantar ese monumento a manera de una estrella cuya luz irradiará sobre la mente de la juventud que desfile ante él, haciéndola más fecunda y más vivas sus ideas generadoras de humanidad.

Es demás recordarles que Uds. deben dar el ejemplo, como es natural, encabezado la suscripción como lo hizo, para estimularnos, nuestro Jefe en el Ramo. La cuota es voluntaria se sobreentiende. A los niños pueden admitirle hasta la mínima suma de cinco centésimos de balboa.

Le remito la cantidad de esqueletos suficientes para que los llenen. Los Directores entregarán los necesarios para cada Maestro y el producto colectado lo entregarán ellos al Inspector de I. Pública en su despacho o cuando aquél este en visita de inspección, que actúa como Tesorero quien a la vez lo remitirá a la Secretaría que es la Tesorería General.

Se suplica a los Directores puntualidad y prontitud en la colecta.

Atento y Servidor

M. M. Tejada Roca

Por el Inspector de Instrucción Pública”

 

…*…

Cabe añadir en este punto, que existía cienta urgencia en situar la obra escultórica, porque los trabajos estaban adelantados en la hermosa colina desde la que se avizoraba el poblado. La localidad -que también incluía una casona- fue comprada por el gobierno, en el año 1922, a tres hermanas: Rosa, Isabel y Cristina Velásquez Espino.[4]

En efecto, como queda eviedenciado, papel importante en la adquisición lo desempeñó el educador Manuel María Tejada Roca, quien fue comisionado para tal propósito por el Dr. Porras Barahona, tal y como se comprueba en la misiva, fechada el 31 de mayo de 1922, que remite Porras a Tejada Roca. Allí se lee:

“Correspondo a su carta del 19 de los corrientes para manifestarle mis agradecimientos por las informaciones que en ella me da con respecto a la casa de la familia Velásquez, en virtud de la comisión que sobre el particular le encomendé”[5]

b. La Escuela Presidente Porras. Benilda R. Céspedes A.[6]

“LA ESCUELA PRESIDENTE PORRAS

Es innegable que todo lo nuevo produce impresión gratísima para nuestra escrutadora curiosidad, y es por esto por lo que alumnos y maestros de la escuela de Las Tablas, con una sonrisa de satisfacción, vemos acercarse el día que hemos de ocupar el edificio modelo cuya construcción toca a su fin.

Dentro de pocas semanas, la escuela de Las Tablas cambiará los locales estrechos antihigiénicos e inadecuados en que ahora funciona, por aulas cómodas, ventiladas, llenas de luz, construidas de acuerdo con todos los requisitos que exigen la Higiene y la moderna Pedagogía. A ellas concurrirán en bullicioso enjambre, centenares de alumnos que ansiosos recibirán las jugosas enseñanzas de sus preceptores. Sus muros guardarán el futuro de este pueblo y serán testigos elocuentes de que allí se preparan jóvenes que sabrán ser ciudadanos útiles de la sociedad en que vivan.

Este nuevo local reúne todas las comodidades de una casa que va a servir de escuela, y constituye además el mejor adorno de nuestra ciudad que se enorgullece con saber que el mejor edificio con que cuenta, es el que sirve de templo a la educación, la única capaz de servir de base indestructible a la obra de nuestra regeneración social.

Las puertas de la escuela Presidente Porras serán abiertas de par en par a todos los espíritus ávidos de saber; los chicuelos, atraídos por la novedad, concurrirán a ella con placer; los adultos acudirán gustosos a aumentar sus conocimientos con la lectura de libros en la biblioteca; y si llegara a cristalizar la idea de abrir un primer año normal, veremos cómo los estudiantes del resto de la provincia que por algún motivo no pueden ir a la Capital, vendrán a continuar aquí sus estudios en la seguridad de que sus compañeros tableños sabrán darles una acogida franca y benévola.

De este modo, la escuela Presidente Porras tendrá la doble misión de educar eficientemente a la juventud, y servir de lazo de fraternización entre los pueblos de la Provincia de Los Santos.

Benilda R. Céspedes A.”

c. La inauguración de la Escuela Presidente Porras [7]

“Dignos de toda mención son los festejos que con motivo de la inauguración de la ‘Escuela Presidente Porras’ se llevaron a cabo en esta ciudad los días 19 y 20 de los corrientes.[8]

Los tableños pletóricos de entusiasmo y agradecidos del Sr. Presidente de la República, Dr. Belisario Porras, por la muestra de amor acendrado al terruño con la construcción de una Escuela Modelo que llena los requisitos necesarios para la educación moderna, recibieron cordial y amistosamente al Secretario de Instrucción pública, quien, por encargo de aquél, debía inaugurar tan noble obra, timbre y orgullo de los tableños todos que hoy y más que nunca se preocupan por el progreso de la instrucción popular.

El acto trascendental del día 20 de septiembre de 1924, por su gran significado e importancia permanecerá, indudablemente, siempre latente en el pensamiento de todos aquellos que tuvieron la ocasión de presenciarlo.

Creyéndolo oportuno, hoy sólo hablaremos de los puntos más importantes de la Fiesta y que verdaderamente revistieron importancia y solemnidad.

LAS ESCUELAS Y EL PUEBLO RECIBEN AL SECRETARIO Y SU COMITIVA

A las 8 de la mañana los alumnos de la Escuela formaban a lo largo de la Avenida Central una calle de honor admirable, pues, cada uno de ellos portaba un multicolor ramo de flores que se destacaban bellísimos junto al color níveo de sus vestidos. Todo era alegría. Por todas partes se escuchaban voces que predecían la llegada y en la faz de cada uno de los educandos podía verse el placer que les producía tan grande fiesta. Media hora después llegaron a la terminación de la Avenida el digno Secretario de Instrucción Pública y su distinguida comitiva.

Bajo las notas de las alegres marchas y por sobre las flores que los alumnos derramaban a su paso, los recién llegados quienes fueron acompañados por las primeras autoridades del Distrito, el Gobernador de la Provincia, la Junta de Festejos, el Inspector de Instrucción Pública y personas distinguidas de Las Tablas y pueblos vecinos, se dirigieron al Parque Porras en donde dió la bienvenida a los muy distinguidos huéspedes la Señorita Benilda Céspedes mediante un lucido discurso. Entrególe después al Secretario un hermoso ramillete como prueba de admiración y cariño que Las Tablas profesa a tan meritorio ciudadano. Acto continuo el Secretario Méndez Pereira hizo uso de la palabra y en su discurso de belleza infinita se mostró sumamente agradecido por tan cordial recibimiento y elogió de manera sincera a los maestros de escuela por la gran labor que desempeñaban. Las palabras del Señor Méndez fueron aplaudidas con delirante entusiasmo por la multitud y ellas por los francas y sinceras, aún permanecen en la memoria de todos los tableños.

Del parque, trasladóse la comitiva a la Gobernación de la Provincia, acompañada de gran número de personas y en ella dió la junta de festejos un brindis de ‘Rubio Champagne’ tocándole el turno en el uso de la palabra al Sr. Gobernador Píndaro Brandao. El Dr. Méndez contestó con sentidas y elogiantes palabras a las dirigidas por el Gobernador que fueron por cierto muy significativas y correctas.

LA INAUGURACIÓN DE LA ESCUELA

Después de la visita que los maestros de Las Tablas y las que las escuelas vecinas hicieron al Secretario, vino como punto esencial del Programa la inauguración de la Escuela. Los alrededores del edificio lo mismo que éste estaban artísticamente adornados con banderas de todos los colores que presentaban un aspecto encantador.

A las 4 p.m. enorme multitud rodeaba la nueva escuela y hacia ella se dirigían en correcta marcha la columna interminable de alumnos guiados por los maestros. Momentos después llegó el Secretario de Instrucción Pública y su comitiva.

El Vicario José Vásquez, acompañado por los RR. Y PP. Melitón Martín y Villalta, Juan de Gracia, Ubaldino Córdoba y José Antonio de Agreda, bendijo el edificio celebrando para ello el ceremonial del caso. Después de este acto el Inspector de Instrucción Pública, designado por la Junta de Festejos, pronunció un brillante discurso, que fué muy aplaudido. Inmediatamente el Sr. Melchor Lasso de La Vega, distinguido acompañante del Dr. Méndez, dirigió a la multitud y a los alumnos de la escuela elocuentes y elogiadoras frases, producto todas ellas de improvisación fácil. Por último, el señor Secretario de Instrucción Pública pronunció un elocuente discurso que aún hace eco en los pechos de todos aquellos que en ese momento solemne tuvieron la dicha de escucharlo.

Después, el himno nacional ejecutado admirablemente por la Banda Municipal Tableña, anunciaba que la fiesta tocaba a su fin. Ya la tarde agonizaba cuando de esa ‘Atalaya de luz sobre la Acrópolis tableña’ como llamó el Dr. Méndez Pereira esa construcción descendía alegre y satisfechos una inmensa multitud llevando dentro de sí los recuerdos de ese acto que será eternamente recordado por los hijos de Las Tablas.

EL BAILE DE GALA

En la noche de ese día se celebró en el Aula Máxima de la Escuela recién inaugurada un baile de gala que fué muy concurrido y en donde hizo acto de presencia el Secretorio de Instrucción Pública y sus distinguidos acompañantes.

LA JUNTA DE FESTEJOS DESPIDE AL SEÑOR SECRETARIO Y SU COMITIVA EN EL PTO. DE MENSABÉ.

El lunes 22 en las primeras horas de la mañana, la Junta de Festejos despidió en el Pto. de Mensabé al Señor Secretario de Instrucción Pública y a sus acompañantes quienes se dirigieron directamente a la Capital de la República.

P. PRÍAMO VÁSQUEZ

Corresponsal

Las Tablas, 23 de Sep. De 1924”

Ch. Reflexiones finales

Las reseñas sobre la inauguración de la Escuela Modelo Presidente Porras tienen un gran valor y son reveladoras, no sólo de la naturaleza del evento propiamente tal, sino del mundo social de la época y de los grupos que controlaban el poder, de la élite tableña de aquellas calendas.

Los escritos trasladan al momento preciso de los festejos con los cuales abre sus puertas el mayor regalo que mandatario alguno haya obsequiado a la capital provincial santeña: cobijar la inteligencia para que el templo del saber sirviera de modelo y de emulación ciudadana.

Tenía que ser así, porque desde la colonia los pueblos peninsulares vivieron alejados de la educación liberadora, lográndose algún grado de incidedencia desde la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, luego de la separación de Panamá de Colombia.[9]

Los liberales y la administración de Belisario Porras Barahona tienen ese gran mérito, el de propiciar la ruptura con el oscurantismo reinante. Hasta ese momento las aulas escolares estaban ubicadas en casas de quincha, las que no siempre reunían las condiciones adecuadas, como asevera en su escrito la educadora Benilda R. Céspedes Alemán, al decir, “…la escuela de Las Tablas cambiará los locales estrechos antihigiénicos e inadecuados en que ahora funciona”. Y se refiere a la capital provincial, lo que hace pensar en el estado calamitoso del resto de las escuelas de la campiña santeña.

En la época, según el Censo de 1920, el distrito de Las Tablas tenía 10,197 habitantes y la provincia 34,638 de ellos, lo que representa el 29.4% del total. Las cifras reflejan una población distrital pequeña, la que no se duplica hasta el inicio del siglo XXI. Aún así, el distrito tableño era el más poblado, porque 3 de cada 10 santeños residían en ese municipio, el que poseía la más alta densidad demográfica provincial, 28 habitantes por kilómetro cuadrado.[10]

La visión del Dr. Porras fue correcta, porque el edificio, diseñado por el arquitecto peruano Leonardo Villanueva Meyer, se convirtió en importante referente escolar que no se logra emular hasta el año 1934, con la construcción de la chitreana Escuela Tomás Herrera y con la Escuela Juana Vernaza en el año 1936.

En efecto, la relevancia fue enorme, porque la Escuela Modelo Presidente Porras, cambió hasta el nombre con el que se identificaba al centro educativo tableño, conocido hasta ese momento como la Escuela Mixta de Las Tablas. Debemos estar conscientes que la administración Porras no sólo inaugura el edificio, abre las puertas a una refrescante era de renovación pedagógica regional.

El lector seguramente estará impresionado por la capacidad de organización de los funcionarios y educadores de antaño y por la forma como la población se volcó a la calle, respaldando el evento, al comprender la importancia del acontecimiento. También es notable la presencia de la plana mayor del sistema educativo, en la figura cimera del doctor Octavio Méndez Pereira, personaje que doce años después será el primer rector de la Universidad de Panamá y figura central en su establecimiento y proyección nacional. La reseña también se hace eco de los representantes de la clase política de la época, como hemos indicado, así como de los dirigentes provinciales del ramo educativo.

La gran personalidad ausente es, sin duda, el mismo doctor Belisario Porras, quien entrega a la nación el edificio escolar al final de su tercera administración (1920-1924). Las razones que llevaron al presidente Porras a no asistir al evento, quizás se expliquen por los compromisos del mandatario, porque a escasos días (1/X/1924) Rodolfo Chiari asciende a la primera magistratura de la nación. O quizás se abstuvo de inaugurar el centro escolar, porque llevaría su nombre, postura propia de mandatarios de su estatura moral y vergüenza política

Al parecer la inauguración estaba fechada para el 20 de julio, día de Santa Librada, pero seguramente los ajetreos de la construcción -que nunca faltan- lo impidieron. Sin embargo, el acto estuvo lucidísimo, aún viéndolo a un siglo de distancia.

Al aproximarnos al primer centenario de la inauguración de la Escuela Modelo tableña, quizás exista tiempo para restaurar la añeja edificación y volverla a presentar como la concibió el doctor Porras Barahona.[11] Y tal vez, con un poco de buena voluntad, lograr replicar un siglo después los mismos pasos inaugurales que vivió Las Tablas el viernes 20 de septiembre de 2024, cuando el estadista istmeño hizo historia al construir un edificio escolar digno de sus coterráneos, así como lumbrera de los pueblos y campos santeños.

Milcíades Pinzón Rodríguez

En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 3 de febrero de 2022 

 



[1] El educador tableño (1887-1958) tiene una larga hoja de servicio a la nación. Como reconocimiento a su loable labor el colegio secundario de Las Tablas lleva su nombre.

[2] La educadora forma parte de destacada familia tableña cuyos aportes a la nación son incuestionables; entre cuyos miembros destacan el pedagogo Francisco Céspedes Alemán (1906-1997) y Temístocles Céspedes Alemán, hermanos dela profesora Benilda. La escuela primaria de Las Tablas Abajo lleva el nombre de la distinguida educadora santeña, instructora que también fue directora de la Escuela Profesional Herrera Obaldía.

[3] El texto fue publicado en la edición del 8 de junio de 1924 del semario chitreano EL ECO HERRERANO. He respetado la grafía de la época.

[4] Alba, Ricardo M. “La abuela Rosa”, en ANDANZAS Y REFLEXIONES. Las Tablas, Panamá y el mundo. Panamá: PDF, 2019, pág. 17. Del mismo autor puede leerse “Evocación de la Escuela Presidente Porras, alma mater tableña”. En PDF, fechada en marzo de 2021.

[5] El autor agradece al doctor Juan Antonio Tejada Mora, hijo de Manuel María Tejada Roca, la copia de la misiva.

[6] EL ECO HERERANO, edición del 21 de septiembre de 1924, portada y página 2, con fecha de redacción de la autora del 7 de septiembre de 1924. Benilda R. Céspedes Alemán, juntamente con sus hermanos Temístocles y Francisco, son tres educadores excepcionales. Ella por mucho tiempo fue directora de la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía. La escuela primaria de Las Tablas Abajo lleva su nombre.

[7] Ver EL ECO HERRERANO, 21 de septiembre de 1924, portada y página 2.

[8] Se refiere al viernes y sábado del mes de septiembre de 1924.

[9] Mayores detalles sobre la historia educativa en: Pinzón Rodríguez, Milcíades. LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN AZUERO. Chitré: Impresora Crisol S.A., 1992, 84 págs.

[10] Fuente: Contraloría General de la República, Censo Demográfico de 1920.

[11] Así lo mandata el artículo 3 de la Ley # 57 (De 27 de julio de 1998) Por cual cual de declara Monumento Histórico Nacional el Edificio de la Escuela Presidente Porras N° 1. Ver Gaceta Oficial N° 23,600 del 4 de agosto de 1998.