23 junio 2021

CERRO QUEMA: ENTRE ENCOMENDEROS Y CAMARICOS

 



Durante más de dos décadas grupos organizados de la peninsular región azuerense se han opuesto a la explotación minera en cerro Quema, el promontorio que eleva su cima a 959 metros sobre el nivel del mar y que se ubica en el corazón de la tierra de Belisario, Zoraida y Manuel. Sin embargo, esos justos reclamos han recibido el silencio de gobiernos cuya coyuntural postura depende del precio del oro en el mercado y de las apetencias auríferas de algunos nacionales y extranjeros que codician el metal cuya historia está llena de codicia, angurria, destrucción y muerte.

En Azuero todo comenzó en el siglo XVI cuando Gonzalo de Badajoz y Gaspar de Espinosa recorrieron la zona iniciando la destrucción de la cultura precolombina en busca del dorado mineral. Y esa misma ruta, marcada por los hispánicos, es la que transitan los canadienses -encomenderos contemporáneos- y sus lacayos nacionales, amenazando la milenaria geografía, prometiendo el edén peninsular bajo la falacia de la generación de empleo, las regalías y el señuelo semántico de la sostenibilidad ambiental.

En realidad, poco importa que la península de Azuero viva un mayúsculo problema socioambiental: tala indiscriminada, ríos contaminados, destrucción de manglares, exterminio de la fauna, impacto de la ganadería extensiva, exceso de fiestas, ausencia de planificación urbana y rural, porcinocultura primitiva, así como la destrucción de las nacientes de los ríos en las que se pretende establecer minas a cielo abierto.

La región que durante gran parte del siglo XX sirvió como portaestandarte de la identidad cultural del panameño, gobiernos de antaño y hogaño le premian con la medalla de la depredación y la condecoran con las falacias de la minería.  Todos son cómplices de entregar las tierras que en cinco siglos nuestra gente construyó -con aciertos y desatinos- en una región productiva y de altivez nacional. De reservorio de tradiciones a cloaca ambiental, tal es la meta que se camufla con los procesos de la globalización, la generación de empleo, dando en regalías lo que es nuestro, mientras se consuma la venta del Istmo y un proceso similar al vivido en la antigua zona del canal recibe el beneplácito de los poderes fácticos que se asientan a la sombra del Ancón.

Los mineros y sus cancerberos nacionales quieren hacer de Cerro Quema (el promontorio de la era cenozoica en la sierra del Canajagua, con edad de no menos de 60 millones de años) el pastel de su voracidad áurea. Hay que explotarlo, afirman, porque la pobreza no puede dormir sobre la riqueza. Y en esto emulan a adelantados, gobernadores y frailes coloniales para quienes el indígena era solo una fuerza de trabajo a su real mandato. Le brindamos trabajo al campesino, replican, olvidando que en la campiña ya no hay tales, sino panameños instruidos que usan teléfonos inteligentes y que ya no son los buchíes de inicio del siglo XX.

A la vera del río Cubitá, río De Los Maizales o río La Villa miro esta nueva tramoya contemporánea con gobiernos que quieren hacer de la minería la tacita de oro de la nación. Y emulando a los canes que eran azuzados por los conquistadores a la indefensa carne indígena, nada más falta que vengan a leernos el requerimiento y nos confinen a todos en los enclaves mineros y sumisos nos apersonemos a pagarles el nuevo camarico y, de paso, agradecerles a sus mercedes la apropiación de los bienes que nos legaron nuestros antecesores, fruto de desvelos y entereza moral.

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23 mayo 2021

EL ENGAÑO MINERO DEL PUERTO DE PUNTA RINCÓN

En la foto cerro Quema

La historia es la maestra de la nación y nada se escapa a los veraces relatos de esta educadora magistral. Al afirmarlo pienso en lo acaecido en el puerto Punta Rincón y en toda esa zona que se extiende al oeste de ese fondeadero de la ignominia nacional. Porque lo que hacen los mineros y sus adláteres enquistados en la pirámide gubernamental, refleja la triste historia de la rapiña en la costa atlántica de las actuales provincias de Colón, Veraguas y Bocas del Toro, así como sus repercusiones en La tierra de los cholos, como dijera Rubén Darío Carles Oberto en un libro memorable del siglo XX. 
Desde el río Chagres, pasando por río Indio, Coclé, Calovévora y Crícamola, entre otros, se ha tejido esa trama de la expoliación; porque hay un rosario de piratería que comienza con la presencia de Cólon en 1502 y se extiende hasta la época contemporánea. Esa zona siempre fue codiciada por imperios, como los ingleses y franceses que se aliaban con los indígenas para intentar establecer empresas comerciales, las que además de tales, podrían convertirse en punta de lanza en la disputa con los españoles, hispánicos que moraban al otro lado del país, en la costa pacífica. Los mismos godos que en el siglo XVI explotaron la mina de La Concepción al norte de Veraguas. Y no bastó con ello, porque también fue escenario de las incursiones de los indios mosquitos que durante el siglo XVIII sembraron el terror en los colonos de Santiago, Cañazas, Santa Fe, San Francisco de la Montaña, Calobre y aún Penonomé. 
En aquella época nunca faltaron los que se aliaban con el invasor, como en el caso de los negocios entre comerciantes de Jamaica y españoles, duchos en el contrabando mediante los ríos atlánticos, los mismos por donde subían o bajaban los indígenas para intercambiar productos e incluso vender a los ingleses a connacionales y miembros de tribus rivales. El saqueo de esa región siempre fue posible mediante el mecanismo de alianzas entre forasteros y amanuenses nacionales, fueran indígenas, negros, mulatos, zambos o criollos. Entre otros metales, el oro deslumbró a los nacionales y extranjeros, porque el control del Istmo estuvo siempre en la antesala de los proyectos anseáticos que se vislumbraban para la cintura de América. 
En el siglo XIX se repitió la historia, porque hasta Bolívar en algún momento concibió a Panamá ligada a Inglaterra. Hacía el siglo XX aún seguimos pensando en la conquista del Atlántico, con un general que se asienta en un poblado, justo en el centro de este tramo geográfico, con el que pensaba santeñizar y centroamericanizar el área de Coclesito. En nuestra época arriban los mismos piratas y bucaneros con similar argumento. Afirman que el cobre y el oro salvarán a la nación endeudada, con problemas fiscales y gobiernos light. Llenos de promesas ofrecen regalías, de la misma manera que los curas doctrineros obsequiaban machetes y hachas para cristianizar al indio moro. Sí, porque hay que mirar hacia atrás para comprender los tiempos actuales en los que se regala un tajo de la nación (25 mil hectáreas ) arropado bajo la pandemia, el respeto a la inversión extrajera y el apego a las leyes de la minería. 
En la perspectiva histórica logramos comprender de dónde sale el puerto de Punta Rincón, la postura patriotera de exigir un mayor porcentaje de la ganancia bruta, mientras descuartizamos esa zona boscosa destruyendo el Corredor Mesoamericano, aunque no se aplique en este caso el respeto a la ley y valga muy poco la flora y fauna de esta maravilla de nación que es el Panamá de Justo, Victoriano y Belisario. 
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29 abril 2021

LA REGIÓN DE MARIABÉ EN 1587

 


Vista de Mariabé en 1948

En la península hay dos vocablos que el neófito en la zona suele confundir: Mariabé y Mensabé, ambos, al parecer, con reminiscencias indígenas y similitud en la grafía. Me ocuparé del primero de ellos, que nomina a un río y que también sirve para designar al poblado homónimo, perteneciente al distrito de Pedasí. El lugar que nos ocupa está casi a la vera del camino que conduce a la austral y turística población de Pedasí.

Sobre Mariabé hay poca información escrita, porque su historia apenas se conoce, y, como en otros poblados peninsulares, se acude a la tradición y a leyendas que se han forjado para dar sentido a la existencia del asiento poblacional. Sabemos que la ría cercana sirvió antaño como sitio de entrada para embarcaciones y hombres de mar que terminaron llamando puerto a la región en donde el río se interna en el mar. Algo parecido a lo acaecido con Pedasí, Guararé, Villa de Los Santos y Parita. Sitio menor es Mariabé, sin duda, pero que en su momento desempeñó un papel significativo en el avituallamiento de barcos.

Ya sabemos que son más numerosas las fuentes históricas sobre la región oriental de la península, especialmente en su parte media y norte, desde Las Tablas hasta Santa María de Escoria, en la puerta de entrada a la zona. Pues bien, leyendo hace poco el texto de Alfredo de Castillero Calvo (CONQUISTA EVANGELIZACIÓN Y RESISTENCIA, pág. 302, cita 483) me encuentro con un dato importante sobre la zona de Mariabé, la que paso, siguiendo a Castillero Calvo, a explicar.

Acontece que en el libro de Enrique Otte (CARTAS PRIVADAS DE EMIGRANTES A INDIAS, 1540-1616), que cita Castillero Calvo, aparece una carta fechada el 20 de marzo de 1587 en la que el escribiente, Celedón Favelis, se dirige a su padre residente en Madrid dando detalles sobre las peripecias sufridas en su azaroso viaje a Perú. Indica en la aludida misiva, que aquí se reproduce con la ortografía de la época, lo siguiente:

 “Parti del puerto de Panama para subir a Lima en compania del capitan Garcia de Paredes, aunque veniamos muy encontrados, jueves del octavario del Corpus Cristi, y fue un viaje de grandisimo trabajo, y donde pense morir de hambre y sed por muchas veces, porque a tres dias que salimos del puerto hubimos de arribar cuatro leguas de el en una isla que se llama Taboga, porque nos ibamos anegando, y el navio no podia andar de muy cargado, y hacia mucha agua, y fue necesario alijarle de mas de quinientas arrobas. Estuvimos en esta isla quince dias, donde se gastaba lo que Dios sabe, porque no habia sino gallinas que comer, y sin pan, y valia cada una a doce reales, y como el capitan no me daba de comer gaste mucho y hube de comprar algunas cosillas para meter. Asi yo como todos partimos de aqui y anduvimos cuarenta leguas, y porque otra vez nos ibamos anegando hubimos otra vez de arribar en un puerto en Tierra Firme que se llama Mariave (?), donde hallamos muchas terneras muy buenas, a diez y seis reales, y algunas gallinas, pero pan ni por un ojo, solo hallamos tortillas de maiz, que es el trigo de las Indias que llaman alia, pero es comida muy mala para quien no esta ensenado a ella, porque luego se hincha todo el cuerpo de granos y ronchas, y es comida que cria mucha sangre. En este puerto estuvimos diez dias, y fue necesario tornar a meter aqui matalotaje, porque ibamos muy faltos de ello, luego nos engolfamos, para tomar la costa del Peru, y lo que mas sentimos hasta tomarla fue tener desde que salimos de Panama todos los credos asi del dia como de la noche aguaceros sobre nosotros, que era lastima.”

El testimonio del viajero es importante para la historia regional y para Mariabé en particular. Tome el lector en consideración que 1587 es fecha temprana en la fase del poblamiento hispánico, si consideramos que los reductos indígenas de Parita y Cubitá fueron fundadas hacia 1558 y Villa de Los Santos, pueblo de españoles, en 1569. El hecho que se produzca el avituallamiento o matalotaje en Mensave (como lo escribe el viajero) indica que la conquista del extremo sur peninsular es más antigua de lo que se creía y que para aquellas calendas ya habían residentes morando en esos parajes dedicados a actividades agrícolas y ganaderas. Incluso aporta información sobre tópicos de la gastronomía campesina. En este sentido resulta muy afortunada la expresión: “…solo hallamos tortillas de maiz que es el trigo de las Indias…”

En lo atinente a Mariabé, el poblado santeño suma a su historia otra fecha que da testimonio sobre sus orígenes, constituyéndose en punto de partida a partir del cual ir edificando la historia comarcal y pone en evidencia la necesidad de adentrarnos en el estudio de toda esa región que se ubica al sur de la varias veces centenaria Villa de Los Santos.

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En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 27 de abril de 2021

 

 


23 abril 2021

EL OREJANO DE PORRAS

 



Transcurría el mes de julio de1982 cuando me acerqué a la oficina de la profesora Paula Solís de Huerta – por aquellas calendas directora de la unidad académica- y le expuse la idea de editar el opúsculo del doctor Belisario Porras Barahona, que éste había redactado en Bogotá un siglo atrás. La simiente cayó en suelo fértil y en mi calidad de responsable de la dirección de Asuntos Estudiantiles y Extensión Cultural, que entonces jefaturaba, asumí l tarea de editarlo. El tiraje fue de mil ejemplares, impreso en la Imprenta El Crisol, empresa que ya desapareció para desdicha de la cultura herrerana.

En esa misma línea de pensamiento y preocupados por el desconocimiento de la investigación del hijo de Las Tablas, se publicó el primer boletín de la unidad académica al que se llamó, precisamente, El Orejano, cuyo ejemplar inicial vio la luz pública el 27 de abril de 1982 y el último en los meses de junio y julio del año 1991, luego de casi una década de publicación.

Justo para la redacción de este escrito he revisado los 75 números que reposan empastados en la biblioteca familiar. Al hacerlo he vuelto a tomar conciencia de que esa etapa histórica de nuestra universidad regional está documentada en las páginas a las que hago alusión.

Pues bien, a raíz de todo ello cavilo sobre las cosas que ha logrado el escrito que redactara el Hombre de Levita, El Kaiser tableño o para decirlo con la socarronería de los niños que en Las Tablas decimonónica fueron coetáneos de Belisario, de “Huevo de pava” como cariñosamente le llamaban, a lo mejor por los juveniles pecas en el rostro. Y es que en esta cultura peninsular nadie, ni Porras, se escapa al legado de los españoles del sur ibérico, añeja e inveterada costumbre de los hombres del antiguo Al Ándalus, es decir, la actual Andalucía de la que también somos herederos.

Es evidente que nuestra casa de estudios herrerana tiene el mérito de haber puesto de moda el vocablo orejano, término utilizado para referirse al sujeto de tierra adentro que creció en la sabana, cuando no en la sierra, mirando en la distancia las piruetas del ser que mora en la ciudad ubicada a la orilla del Pacífico, siempre ella con pretensiones de centro urbano y veleidades de urbe citadina.

Y toda esta situación tiene su encanto, no sólo en nuestra zona, sino en países como Argentina en donde lo orejano también asume su carga de exclusión y de olvido del hombre del campo. Por eso en la tierra de la inmensa pampa, Jorge Cafrune, al declamar El Orejano, imbuido de folklore y de aires vernáculos, pregona en el verso VIII  del poema gaullezco aquello de:

“Porque no tengo ni ande carme muerto,

soy más rico que esos que agrandan sus campos,

pagando en sancochos de tumbas resecas

al pobre peón que echa los bofes cinchando”

Lo de Belisario, en cambio, es la dura crítica soterrada, aunque elegante. La visión del texto, visto desde una perspectiva integral, es todo un requiebro desde las áreas interioranas; esa tierra que ha sido olvidada desde la conquista hasta el siglo XIX, cuando se escribe el alegato de la orejanidad; abandono que se prolonga con otros ropajes hasta nuestros días. Un trabajo de corte descriptivo, sin duda, pero lleno de mensajes que trascienden la aparente y bucólica remembranzas del autor.

El Orejano es un enfoque de antropología, folklorología, etnología y sociología del Panamá de ciruelas corraleras, canto de cancanela, repique de campanas, templos religiosos e improvisados tamboritos, luego del repello de la casa de quincha. Casi todo está allí contemplado, hasta las modalidades del habla interiorana que caen dentro de un enfoque lingüístico.

Desde siempre me ha interesado el ensayo en mención, por lo que el texto representa para nuestra región y el país, como eco sonoro de la identidad istmeña y de canto de la región en que hemos nacido. Aún más por la época en que se redacta, inicio de los años ochenta de la nonagésima centuria, cuando acontecimientos como la construcción del transitista caballo de hierro, las sublevaciones campesinas azuerenses de esa misma década del cincuenta, el intento de construcción del canal francés de los años ochenta están detrás de la redacción del famoso escrito surgido en tierras bogotanas, pero con la mente puesta en la tierra del Canajagua.

El nieto de Mime, casi sin proponérselo se convierte en testigo de la cultura de sus ancestros y deja plasmado en El Papel Periódico Ilustrado, que es la revista en la que aparece por vez primera, el retrato de una época, el conjunto de usos y costumbres del habitante interiorano, pero particularmente del sujeto que llamarán santeño, azuerense y herrerano. El mismo a quien le endilgan los motes de “campesino”, “patirrajao”, orejano, del otro lado del puente e, incluso, erróneamente y sin serlo, “cholo”.

Porras inaugura en el país una nueva modalidad en el estudio de la sociedad rural peninsular, porque antes que él solo encontramos referencias ocasionales, descripciones breves del hombre del campo, del ser mestizo creado por la fusión de españoles, indígenas y negros coloniales. Otra cosa es el Estado Federal de Panamá, enfoque político con pinceladas geográficas y las visiones del año 1792 del presbítero Juan Franco en BREVE NOTICIA O APUNTES DE LOS USOS Y COSTUMBRES DE LOS HABITANTES DEL ISTMO DE PANAMÁ Y SUS PRODUCCIONES. Documento en el que cura se solaza con informaciones de Chiriquí, Veraguas, ciudad de Panamá y el Darién, con énfasis marcado en los grupos indígenas. Sin duda heredero, Franco, de toda una cultura basada en las reducciones indígenas que marcaron los siglos XVI, XVII, XVIII y aún en los pródromos del siglo XIX, porque la antigua mita, la explotación minera y el camarico son instituciones que bordaron la génesis del hombre interiorano.

El Orejano se escribió justo a tiempo, cuando era necesario e imperioso, antes que la racionalidad de la temprana modernidad hiciera de la cultura campesina el objeto de la mofa de istmeños de “meollo endurecido” Afirma el tableño en el escrito: “Podrá creerse que por la palabra con que encabezamos estas líneas, que vamos a ocuparnos de los animales que no tienen la marca de su dueño…” Y hay en la cita una lección importante de quien asume su doctorado cuando no menos del 95% de sus paisanos no saben leer ni escribir. Admirable que se dedique a escribir sobre su gente, en el fondo orgulloso de su progenie, cuando en el siglo XXI no pocos, según el decir de los paisanos, les gusta “hablar por el colmillo”, anteponer la forma al contenido y renegar de sus ancestros.

En el Bicentenario de nuestra independencia de Panamá de España, con el portaestandarte del Grito Santeño del 10 de noviembre 1821, bien hace la Universidad de Panamá en editar la clarinada cultural de Porras. Honra la institución universitaria a su pueblo y envía a la nación un mensaje claro de que no es posible conmemorar las fechas relevantes únicamente a golpe de días de asueto y a son de jolgorios populares. A ella, a la Universidad, le corresponde ser la sede de la inteligencia, la cima, pero también la sabana de la sociedad y la cultura del país de Justo, Belisario, Manuel y Dora, así como de aquellos que desde el anonimato también hacen patria.

Así lo han comprendido los comités creados por la Casa de Méndez Pereira para conmemorar la excelsa fecha. Tanto más significativo si la primigenia iniciativa editorial tiene por sede la península de Azuero, región de usos y costumbres, pléyade de literatos, de orejanos ilustrados, con cutarras o sin ellas, y de campesinos que miran los barcos atravesar el canal mientras ellos esperan, desde antes de los tiempos de El Caudillo, una redención que no llega, aunque aún cargan sobre sus espaldas el motete de la cultura raizal.

A la sombra de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 12 de abril de 2021.

 

 

 

 

 

 

 


07 abril 2021

LA BANDERA LIBERTARIA

 



El pariteño Juan B. Sosa (1870-1920), que aparte de ser el padre del escritor Julio B. Sosa (1910-1946, recuerda la novela TU SOLA EN MI VIDA) también fue un destacado historiador nacional. Pues bien, el aludido publicó en la REVISTA NUEVA (Tomo V, # 6, págs. 901-904, de diciembre de 1918), un artículo titulado La bandera del Istmo en la batalla de Ayacucho. Allí deja claro que, luego de la independencia del 28 de noviembre de 1821, arribó a suelo patrio Francisco Burdett O’Connor (1791-1871), irlandés jefe del Estado Mayor bolivariano y militar de plena confianza de Simón Bolívar. Su presencia en Panamá, aparte de darle un espaldarazo al hecho emancipador, buscaba reclutar panameños para que formaran parte del llamado Batallón Istmo, el mismo que luego sería parte de la Batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824.

En este artículo Sosa cita al propio Francis Burdett O’Connor al referirse a la confección de una bandera bolivariana en tierra panameña; se trata del mismo pabellón que flameara, como dice Sosa, en el Cundurcurca como “la bandera gallarda de los libres”. Todo esto posterior a la Batalla de Matará (3 de diciembre de 1824) y la actuación destacada, junto al Batallón Vargas que dirigía, el capitán panameño José Antonio Miró, sobrino de Francisco Gómez Miró, personaje ligado al 10 de noviembre de 1821.

Escribe Francisco Burdett O’ Connor: “En aquellos mismos días fondeó en el puerto un buque procedente de la China, en el que compré un cajón de té y una buena cantidad de finísima seda con los colores del pabellón de Colombia amarillo, azul y colorado, de la que mandé hacer una hermosa bandera para mi Batallón Istmo”

Las referencias de O’Connor son relevantes en el estudio del pabellón que ideara Francisco de Miranda (1750-1816), enseña que luego se convertiría en la bandera de Colombia, Venezuela y Ecuador. La misma que flamea aún en tierra santeña y que se erige, cargada de historia y de simbolismos libertarios, en la zona istmeña en donde se proclamó por vez primera la independencia de Panamá de España.

El relato comprueba que la bandera tricolor (azul, amarillo y rojo) ya estaba en tierras istmeñas por aquellas calendas; y lo afirma nada más y nada menos, que una figura prestante del proceso de independencia Latinoamérica. Lo ratifica el irlandés convertido en bolivariano que nos legó sus memorias personales, publicadas en 1895, bajo el nombre de Independencia americana: recuerdos de Francisco Burdett O’Connor.

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En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 7 de abril de 2021.

 


02 abril 2021

EL VÍA CRUCIS DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE LAS TABLAS



La biblioteca es el depositario de la historia de una colectividad humana y muchas veces podemos valorar a una determinada sociedad basándonos en la biblioteca que posee, como indicador de la salud mental de la misma; al igual que la naturaleza de sus parques, templos, cementerios, escuelas o la conservación, en general de su patrimonio cultural.

La capital provincial santeña tuvo una biblioteca -la Carlos L. López- en la calle que conduce a la sede de una de las emblemáticas tunas del carnaval tableño: Calle Abajo de Las Tablas. En época de jarana popular por allí se agrupa el gentío en tiempo de la fiesta de Momo y la aludida sede de la inteligencia es sahumada por suspiros, ayes, cantos y pólvora.

Habrá ya algunos años esa casa de la cultura sigue cerrada, pero no por designios de Dios, sino por desidia humana. Porque cuesta trabajo creer que en todo este tiempo no se haya podido hacer nada para que abra sus puertas. Si transita por allí la verá mustia y llorosa, como apenada de tan lamentable postración cultural. Y no es que los que allí laboraban no la hayan amado -que me constan sus desvelos-, sino que ella es la víctima del proceder de quienes sostienen los hilos del poder, aquellos que todos lo miran pensando en las elecciones a cargo popular. Y como las bibliotecas no votan, no son sujetos de sus desvelos, si es que alguna vez los tuvieron.

Una ciudad como Las Tablas merece una biblioteca moderna, dotada de tecnología y las últimas producciones del género humano. Y no me refiero a la construcción de una casa de cuatro paredes, como es la costumbre, sino de un edificio que partiendo de su diseño arquitectónico, sea una invitación a disfrutar la estadía en ese lugar del conocimiento.

Yo no me avergüenzo de la que tuvimos, porque bien que la visité y encontré en ella no pocas joyas de la inteligencia humana, lo que lastima mi sensibilidad es verla cerrada por tanto tiempo, como si ella fuera un ente con lepra u otra pandemia. Porque preocupa no solo el mensaje que pregona su elocuente silencio, el desdén por los libros que simboliza, sino la imagen colectiva de una ciudad que no merece tanto desprecio.

Por favor señores del poder político, abran ya esa biblioteca, antes que Porras tengo que regresar para volver a escribir aquel famoso artículo del siglo XIX en el que se dolía de que en la ciudad de Panamá nadie leía.

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A la sombra de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 2 de abril de 2021.


28 marzo 2021

LAS CARACUCHAS DEL DOMINGO DE RAMOS

 


Antonio Miguel Pinzón-Del Castillo

Yo era apenas un niño y mi madre solía ataviarme con camisa y pantalón de pliegue para la procesión de Domingo de Ramos. No entendía el por qué teníamos que salir a correr detrás de aquellas mulas, pues solo me decían que sobre sus lomos iba un importante señor llamado Jesús, que era el hijo de un abuelito con largas barbas a quien se le rezaba y llamaba Dios. Siempre he conservado ese fragante olor que baña de santidad las calles coloniales del pueblo en que nací, ese perfume de caracuchas blancas o rojizas, tendidas como alfombras para dar paso al triunfante hijo unigénito del Omnipotente.

Se puede decir que nací detrás de la Iglesia San Atanasio de la Heroica Villa de Los Santos, en el amplio caserón de quincha que perteneció a mis bisabuelos Estanislao y Nemesia; los primeros juegos y tropiezos los viví en el parque de Las Viudas, donde un inmenso árbol, que la mano del hombre destruyó, brindaba apacible y parsimonioso su sombra vetusta e imponente. Desde mi casa, soportada por añejos pilares y aureolada de un rosario de tejas, podía ver a tía Santo sentada en su portal al otro lado de la pequeña plaza. La visita a su casa era obligatoria un día como hoy, pues frente a ella pasaban las mulitas, divertimiento de niños y devoción de algunos grandes que adornan la calle con lo más granado de la floresta santeña. Desde su silla de ruedas, la hermana mayor de mi abuela Pura, miraba el horizonte con sus ojos celestes como el más hermoso de los cielos, casi esperando la absolución del tiempo. María de Los Santos Peralta Sáez Bendiburg, que era su verdadero nombre, inspiraba la ternura y calidez que poseen todas las abuelas, pero en especial llamaba mi atención por sus rasgos excepcionalmente hispánicos, con una nariz que bien pudo haber sido cincelada por los arcángeles y una piel, que aunque golpeada por el tiempo, hacía notar la vasca genética de la hermosa tía abuela, pues creo que hasta la más augusta de las porcelanas habría sentido envidia de aquella tez digna de una emperatriz. 

No es fácil ir a la procesión ni pasar por allí, las veo a las dos, a las hermanas queridas, a Pura y a Santo y a un niño huraño esperando la veloz carrera camino del parque Rufina Alfaro, las siento en el embriagador aroma de las caracuchas que años después Mama, mi abuela, me mandaba a recoger para colocar en los cajones de su ropa que en los días siguientes estaría perfumada de bendición. Poso mis ojos  hacia el otrora  portal, que hoy  se ha convertido en la casa de un primo y no puedo evitar evocar tantas cosas, momentos dulces de una infancia que se fue, de dos mujeres grandiosas que partieron hacia el infinito y sonríen entre los arreboles de la tarde que empieza a dormitar bajo el incienso floral que al cerrar los ojos me hace algunas veces sollozar de alegría porque sé que ellas no se habrán ido mientras atesore esos pasajes en mi mente y vuelva cada año a ver las flores, las palmas y al Redentor pasear...


19 febrero 2021

ALGUNOS HITOS HISTÓRICOS DE LA VILLA DE LOS SANTOS

 

La trascendencia histórica de la Villa de Los Santos no está en discusión. Su papel en la región y en la república ha sido pregonado por no pocos estudiosos del país. La población que fue bautizada por los cabildantes de 1821 como Libre Ciudad, necesita que le comprendan, y en esa línea de pensamiento presento algunos hechos que son vitales para el logro de ese propósito, acontecimientos que permiten valorar lo que la Capital Histórica de Azuero ha representado en el acontecer regional y nacional. Se incluyen, además, otros sucesos acaecidos fuera de los linderos santeños, pero que repercuten sobre el proceso independentista de 1821, efeméride que arriba a los doscientos años de existencia.

* 1569, 2 de agosto. El Virrey del Perú, don Francisco de Toledo comunica al obispo que han sido nombrados dos religiosos para los pueblos de Parita y Cubitá y solicita al prelado que les dé licencia para ejercer el oficio de curas.

 * 1569, 1 de noviembre de 1569. En la fecha un grupo de españoles, sin previa autorización de la Corona, funda la Villa de Los Santos. Los creadores del villorrio designan como primer alcalde ordinario a Francisco Gutiérrez, quien, debido a su osadía fundacional, es condenado por las autoridades natariegas a morir en la picota, aunque luego se le condona le pena y termina desterrado de la región. La Real Audiencia de Panamá reconoce el hecho fundacional el 10 de noviembre de 1573 y le concede el privilegio de llamarle villa, es decir, un centro urbano de menor jerarquía que la ciudad. La Villa de Los Santos determinó el surgimiento del gentilicio santeño y terminó siendo el epicentro del poder político, religioso, social y económico de la región, desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX. El 10 de noviembre de 1821 fue la sede de la gesta patriótica que promovió la separación de Panamá de España. Por tales motivos, con justa razón, puede decirse de ella que es la capital histórica de Azuero.

 *  1573, 10 de noviembre. La Real Audiencia reconoce la fundación de La Villa de Los Santos, acto que data del 1 de noviembre de 1569. En esa misma fecha se le confiere a la población el título de villa. Es decir, un núcleo urbano de menor jerarquía que una ciudad.

 * 1588, 8 de diciembre. En la fecha la Real Audiencia dicta procedimientos para la construcción del templo de la Villa de Los Santos (AGI, PANAMÀ 237, L.12, F 114V-115RR). Se trata del primer intento por fundar una modesta edificación; construcción que fue reemplazada en el siglo XVIII por otra de mayores dimensiones, la que se estableció en el costado norte de la plaza colonial y que aún se mantiene vigente.

 * 1589, 9 de diciembre. Según documentos del Archivo de Indias, en la fecha fray Diego de Calahorra, prior del convento de San Pablo de Sevilla, conmina a Fray Gaspar de Los Reyes, cura dominico, para que en “el término de 24 horas presente los documentos relativos a su nombramiento para el curato de Los Santos, diócesis de Panamá” (ES.41091.AGI/29.1.4//PATRONATO,4,N.8,R.1) Sin embargo, con anterioridad, el 25 de octubre de 1589, el fiscal Alonso Pérez de Salazar expone las razones por las cuales el indicado sacerdote no debe pasar a Tierra Firme. Quizás por ello, los fiscales de la Casa de Contratación de Sevilla, en carta al Rey (24 de diciembre de 1589), se hacen eco de la misma solicitud. Lo anterior parece sugerir que el cura Gaspar de Los Reyes pudo no ejercer su apostolado en el Curato de Los Santos. Sin embargo, en la página inicial se corrobora su presencia en la Villa de Los Santos al dejar constancia escrita de que el presbítero “…le sirvió algunos años” (Archivo General de Indias,PATRONATO,4,N.8,R.1)

 * 1619, 26 de junio. El oidor jubilado de la Audiencia de Panamá, don Alonso de Maldonado Coronado, emite carta al rey en la que recomienda y ensalza al cura Amaro Flores de Gamboa, quien para aquellas calendas es sacerdote en la Villa de Los Santos. Describe a la Heroica Ciudad como un poblado ubicado a 40 leguas de la ciudad de Panamá. Al encontrarse residiendo transitoriamente en dicho sitio, se queja de la falta de médicos y medicinas.

 * 1633, 27 de enero. Documentos que reposan en el Archivo de Indias dejan constancia de una solicitud de la Villa de Los Santos para fundar un convento de monjes recoletos pertenecientes a la orden de San Agustín (AGI, PANAMA, 238,L. 15F.93V-94R).

 * 1686, 12 de junio. El pirata Townley ataca a la Villa de Los Santos y, luego de saquear el poblado, exige rescate en pago por la devolución de los prisioneros. Al negarse las autoridades procede a decapitar algunos de los rehenes, optando los habitantes por acceder a la petición. Luego los piratas se retiran en bongos por el río La Villa.

 *  1688, 29 de agosto. Mediante Real Provisión se autoriza el amojonamiento de los límites administrativos entre los partidos de Natá y Los Santos.

 * 1691, 16 de abril. El obispo de Panamá (don Diego Ladrón de Guevara) en carta al rey describe la dispersión rural santeña y la pobreza del hombre que habita la región. Lo hace a pocos años después de la toma de la ciudad de Panamá por el pirata Morgan (1671) y del ataque a la Villa de Los Santos del pirata Townley (1686). Anota el obispo: “…en la Villa de Los Santos de la Alcaldía Mayor de esta Provincia de Panamá, donde viven muchas familias de españoles derramados por los campos, en una chozuela de paja (que llaman bohíos), desnudos, sin camas, ni más comida que plátanos verdes que le sirven de pan, unas malas cecinas de vaca, y la leche que sacan de ellas por estar ociosos huyendo del trabajo. Con lo cual y por las distancias en que se hallan dejan de oír misa los días festivos, se están sin Doctrina Cristiana, y mueren sin sacramentos, en especial los inviernos que son invadeables los ríos”.

* 1691, 30 de mayo. En Real Cédula dirigida al obispo de Panamá, que en aquella época era D. Diego Ladrón de Guevara, se ordena que la ermita que existe en un paraje denominado El Río de Santa María de Escoria se erija en ayuda de parroquia con su correspondiente teniente de cura. (AGI, PANAMA,231,L.9,F.257R-258R).

 *  1729, 26 de marzo. El obispo D. Agustín Rodríguez Delgado, en visita a la jurisdicción de la Villa de Los Santos, se queja de que la mayoría de los habitantes de la región viven dispersos por los campos y sin ninguna práctica de tipo religiosa.

 * 1760, 25 de marzo. Nace en la Villa de Los Santos el coronel Segundo de Villarreal. Hijo de Luciano de Villarreal y María de Las Mercedes Rivera. Fue bautizado con el nombre de Segundo Josef de la Encarnación Villarreal Rivera. Si hemos de ser fiel a la tradición católica de llevar el nombre de acuerdo con el santoral religioso, la fecha de nacimiento corresponde al 25 de marzo, Día de la Encarnación. Don Segundo casó en primeras nupcias con María Anna de Villamar y, con posterioridad, con Juana Bautista Angulo (casada el 10/VII/1820 y sepultada con cruz alta el 21/VII/1850). El personaje forma parte del grupo de notables santeños que lideran, el 10 de noviembre de 1821, el reconocido Grito de La Villa de Los Santos. Durante los años previos al acontecimiento histórico en referencia, don Segundo ocupó puestos burocráticos de la Corona Española, pero luego se convirtió a la causa republicana.

 * 1815, 6 de febrero. El rey Fernando VII, mediante real cédula de la fecha, concede el título de FIELES a la Villa de Los Santos y a las ciudades de Panamá, Natá de Los Caballeros, Santiago, Alanje y Portobelo, debido a la fidelidad a la causa monárquica. Al mismo tiempo a los integrantes del cabildo se le concede llevar en el pecho una insignia con la efigie del monarca español, aparte de poder forrar con tela carmesí el respaldar de las sillas de los cabildantes.

 * 1821, 2 de agosto. Arriba a Panamá el Capitán General Juan de La Cruz Mourgeón y Achet (Sevilla,1766-Quito,1822), realista y con pretensiones de ser el futuro virrey de la Nueva Granada.

 * 1821, 3 de agosto. Fallece en la ciudad de Panamá el virrey Juan José Francisco de Sámano y Uribarri de Rebollar y Mazorra (España,1753-Panamá,1821) quien estaba en la ciudad luego de la derrota propinada por los republicanos, al mando de Simón Bolívar, en la batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819.

 * 1821, 10 de septiembre. El Capitán General Juan de la Cruz Mourgeón y Achet designa a José de Fábrega, quien ejercía la Gobernación de Veraguas, como Coronel de los Ejércitos Nacionales, ejerciendo como Jefe Superior Político y Militar del Istmo y su Provincia. El capitán general Mourgeón parte de Panamá hacia Quito, Ecuador, a finales del mes de octubre.

 *  1821, 10 de noviembre. Fecha en la que se conmemora el llamado Grito de la Villa de Los Santos. Mediante el mismo la indicada población interiorana declara su independencia de España. El evento acelera en la capital de la república la independencia de la metrópoli española el 28 de noviembre del mismo año.

 * 1821, 10 de noviembre. Fecha en la que se redacta el acta de independencia santeña. El ella, el ayuntamiento y el pueblo reunido designan a la Villa de Los Santos como LIBRE CIUDAD, en “…consideración a ser la primera de todo el Istmo, que había tenido la felicidad de proclamarse libre e independiente...”

 * 1821, 11 de noviembre. El Ayuntamiento nombra y juramenta al coronel Segundo de Villarreal como Gobernador Político y Militar del Partido de Los Santos. Posteriormente Segundo de Villarreal designa la JUNTA SUPERIOR DEL PARTIDO DE LOS SANTOS, la que quedó integrada por Manuel José Salado, José María Correoso y Catalán, Julián de Solís, Ramón de La Guardia, Gregorio José Caballero, Luis José Uliten, Juan de Vergara y Juan de Mata Iturralde. Este último fungió como secretario y burgomaestre, y puede considerarse como el primer alcalde de la era republicana.

 * 1821, 15 de noviembre. Atendiendo a lo acontecido en la Villa de Los Santos, Natá de Los Caballeros proclama su independencia. Papel relevante desempeñó en ello el liderazgo e ilustración de Francisco Gómez Miró.

 * 1821, 17 de noviembre. El coronel José de Fábrega, como Jefe Superior Político y Militar del Istmo y su Provincia, convoca en la ciudad capital una Junta de Guerra, en la que se decide enviar a la Villa de Los Santos a dos miembros del ejército realista para convencer a los conjurados santeños. Son designados los coroneles José María Chiari y José de La Cruz Pérez.

 * 1821, 20 de noviembre. Los comisionados, coroneles Chiari y Pérez, participan del cabildo convocado por Julián Chávez, quien lo presidía. Ellos proponen que desistan de lo actuado y declaren fidelidad al rey y la constitución española y, a cambio de ello, se procederá con un perdón general. Y este es el momento cuando Francisco Gómez Miró, delegado por Natá, toma la palabra y proclama la desobediencia a los realistas y el mantenimiento de la independencia de España, postura que fue avalada por los presentes. Se crea así la alianza política y militar entre La Villa y Natá.

 * 1821, 1 de diciembre. Santiago de Veraguas se une a la causa republicana y proclama su adhesión a los movimientos libertarios del Istmo.

 * 1822, 8 de febrero. Las Tablas se adhiere al Grito de La Villa de Los Santos.

 * 1825, 26 de febrero. Nace en la Villa de Los Santos el presbítero José Alejandro Peña. Dedicó su vida a la labor pastoral. Laboró en la indicada población santeña y le cupo el honor de ser designado como primer sacerdote de la Parroquia de Guararé. Falleció el 25 de abril de 1906, sus restos mortuorios reposan en la Iglesia de San Atanasio.

 * 1831, 13 de julio. Natalicio de Manuel Terriente, sacerdote nacido en Parita, quien desarrolló fructífera labor en las comunidades de la Villa de Los Santos, Guararé y Las Tablas. Falleció en esta última población el 23 de noviembre de 1896. Sus restos mortales reposan en el templo de San Atanasio.

  * 1852, 4 de marzo. En el marco del conflicto político que para aquellas calendas vive la zona, es asesinado en la Villa de Los Santos el padre José de Las Nieves  Angulo. El suceso se produce cuando el presbítero sale del templo católico y es confundido con su hermano y político don Lucas Angulo.

 * 1855, 8 de diciembre. Nace en La Villa de Los Santos Nicanor Villalaz Lamela. El santeño ideó el escudo de armas de la república de Panamá. Hijo de Marcelino Villalaz y doña Carmen Lamela. Fue Juez Primero del Circuito de Panamá y Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Publicó en París, en el año 1926, un escrito que denominó Corte Suprema de Justicia, nombrado en ese cargo por el doctor Manuel Amador Guerrero. Don Nicanor publicó en Paris, año 1926, un escrito que tituló “La Real Academia Española y sus advertencias, Crítica”. Además de gramático, fue aficionado a la poesía, publicando en el año 1932, un texto pequeño que denominó “La Santa Misa en verso”. Falleció en la ciudad de Panamá el 21 de abril de 1932.

 * 1856, 25 de mayo. En cabildo popular organizado en la Villa de Los Santos se reúnen un grupo de personas que protestan por el aumento de impuestos en una región con múltiples problemas sociales. Entre los que hace uso de la palabra están José María Goytía (responsable de la introducción de la primera imprenta en Panamá) y su hijo Pedro Goytía Meléndez, dirigente político de gran aceptación por parte del campesinado de la zona y quien puede ser considerado el Padre del Liberalismo peninsular.

 *1868. 21 de octubre. El general Buenaventura Correoso reprime, en la Villa de Los Santos, el levantamiento de grupos conservadores que se oponen a la hegemonía liberal. Los conservadores estaban comandados por el general José Clemente De Obaldía. Como resultado de la refriega mueren seis conservadores y queda herido el general De Obaldía.

 * 1878, 22 de agosto. Natalicio de Sebastián Villalaz Pomar. Nació en la Villa de Los Santos y le cupo el honor de ser el pintor del escudo de armas de la República de Panamá. Además, fue diputado y alcalde de la ciudad de Colón. Murió el 9 de julio de 1919 en San José, Costa Rica.

 * 1884,  8 de septiembre.  En la Iglesia Parroquial de San Atanasio, cita en la Villa de Los Santos, se instala la “Sociedad de Beneficencia”. La organización tuvo entre sus responsabilidades la dirección del Hospital San Juan de Dios, institución que existió en la aludida población santeña.

 * 1887, 28 de mayo.  Del hogar formado por Manuel Balbino Moreno y Ana Castillo de Moreno nació en Macaracas Ana María Moreno Castillo, mejor conocida como La Niña Anita, quien posteriormente reside en la Villa de Los Santos, población de donde eran nativos sus padres, los que se habían trasladado a las tierras macaraqueñas para protegerse de la peste que en aquellos años afectaba la costa peninsular. La niña Anita fue una mujer piadosa que se caracterizó por su amor y devoción a la Santísima Virgen. Fue organizadora de la Semana Santa y la celebración del San Juan de Dios, entre otras obras pías. Condecorada por el gobierno nacional y la Santa Sede, falleció en su pueblo natal el 11 de noviembre de 1977. En el marco del proceso que se sigue para declararla santa, y dado que ha sido declara Sierva de Dios, el 18 de julio de 2018 sus restos mortales fueron trasladados e inhumados en el templo santeño.

 * 1897, 20 de septiembre. Nace en La Villa de Los Santos el pintor Rubén Villalaz Solís. Hijo de Marcelino Villalaz y Tomasa Solís, realizó estudios en Roma. De regreso al país laboró en la Escuela Normal de Institutoras, la Escuela Profesional y el Instituto Nacional. Gran parte de su obra pictórica se encuentra dispersa. Fallece el 13 de noviembre de 1993.

 * 1903, 9 de noviembre. Los munícipes de la época, en nombre y representación del Distrito de Los Santos, se adhieren al movimiento mediante el cual Panamá se separa de Colombia. Así lo dejan plasmado en acuerdo firmado por los concejales y refrendado por un grupo nutrido de santeños.

* 1905, 23 de marzo. Gracias a gestiones realizadas por don Nicolás Victoria Jaén, arriban a la Villa de Los Santos los Hermanos Cristianos, un grupo de sacerdotes que al inicio de la era republicana desempeñaron un papel relevante en la enseñanza de las primeras letras. Entre los fundadores de la comunidad educativa estuvieron los hermanos Gelisario Antonio, José Manuel y Gerásimo. Luego arribaron Aquilas Simón (un mes después de los anteriores), Eduardo (1907), Yargimiro José (1909), Enrique María (1911), Aponal Bernardo (1914) e Irsicio  Mario, en 1919. Durante el año 1922 se retiran de La Villa de Los Santos.

* 1906, 17 de febrero. Nace en La Villa de Los Santos el músico Tobías Plicet Moreno. Egresado de la Escuela de los Hermanos Cristianos, emigra con su familia a la ciudad de Panamá en donde estudia teoría musical y solfeo en el Conservatorio Nacional. Es notable su contribución a la música de raigambre popular. Entre sus piezas musicales se destaca los pasillos Dora Zárate, Aurora y Juliana. En el género de cumbias pueden citarse: La Pimienta, La Calentura y Los Dos Solitos. Falleció en la ciudad de Panamá el 21 de septiembre de 2004.

 * 28 de agosto de 1907. En la Villa de Los Santos se inaugura el primer palacio de la gobernación de la provincia santeña. Los responsables de la edificación fueron Napoleón y Juan Ángel Vincensini, quienes también construyeron el primer puente sobre el río La Villa. Los hermanos Vincensini, oriundos de Córcega, Francia, arriban a Panamá para la construcción del Canal Francés y algunos de ellos se radican en Los Santos. Tal el caso de Juan Angel Vincensini Muracciole quien casa en la Villa de Los Santos con Maximina Saucedo Cigarruista y procrean cuatro hijos. Fallece en 1925.

 * 1913, 1 de octubre. La región de Azuero se ve sacudida por un fuerte temblor de tierra. Ente otros daños físicos se destaca la destrucción de la parte superior de la torre del templo de san Atanasio, en la histórica población de la Villa de Los Santos.

 * 1914, 28 de diciembre. Nace en la Villa de Los Santos el pintor Juan Manuel Cedeño Henríquez. Alumno destacado de Humberto Ivaldi y Roberto Lewis, quien perfecciona sus estudios en Estados Unidos de Norteamérica (Chicago Art Institute). Son múltiples las muestras de arte que profesó en exposiciones colectivas e individuales. Fueron especialmente gustados los retratos de personajes nacionales. Falleció el 11 de agosto de 1997.

 * 1921, 13 de noviembre. Mediante resolución # 5 de la fecha señalada, con motivo de conmemorarse el I Centenario del Grito Santeño y por iniciativa de los Hermanos Cristianos, quienes durante aquellas calendas regentaban el centro de enseñanza primaria en la Villa de Los Santos, el Consejo Municipal adopta como propio el escudo del ayuntamiento por ellos sugerido. El diseño fue creación del hermano Germán Pablo, miembro de la indicada congregación religiosa.

Milcíades Pinzón Rodríguez

En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 17 de febrero de 2021


05 febrero 2021

EN EL POSTRER ADIÓS DE UN AMIGO

 



Enero, febrero y marzo son brisa, sol y mar. En esta época la naturaleza canta su alegría mientras se viste de madroños, espinos amarillos, campanillas veraneras y el amarillo intenso del guayacán montañero. A lo lejos el Canajagua es peinado por el viento, mientras algunas nubes blancas coronan la vieja testa milenaria. Por los caminos de Guararé hacia la sierra, hay un rosario de pueblos, los que quedan de la conquista de los siglos, desde que nuestros antepasados caminaron la sabana para hacerla hacienda y cultura campesina.

No pocas son las aldehuelas que rodean al cerro desde Las Tablas, Macaracas y Guararé. Y aún queda pendiente la historia no escrita de tales hombres laboriosos. El archivo parroquial los describe como los Jaén, Vargas, Iturralde, rodríguez, De León, Saavedra, Domínguez y Velásquez, por mencionar solo unas cuantas de las familias que conquistaron el Canajagua. Gente campesina que con el tiempo se hizo profesional, agricultores y ganaderos, así como mujeres hermosas, diosas de los campos con olor a margarita, mirtos y rosas.

De uno de tales vientres nació en la provincia santeña un párvulo con deseos de explorar nuevos horizontes y romper el enclaustramiento de la tradición. El niño frisaba los 10 años cuando acompaña a su tía para vivir en la ciudad de Panamá. Cambia el tapón y la perdiz por el ruido de los buses y la estridencia de los pitos de los autos. Se va del campo, pero la congoja invade su alma infantil. En Panamá vivirá otra vida, aunque alberga en su pecho la imagen de la perdiz de llano, la cascá en la rama del mango, el olor a tierra mojada y maizal espigado, más el sonido agudo del azulejo palmero. Muy adentro presiente que ha de volver, retornar a la tierra que ama y que le hace guiños porque es parte integral del útero social y cultural al que pertenece.

El campesino Gumercindo Domínguez Velásquez no sabe qué le espera, ni imagina cuánto repercutirán en su vida las calles de San Felipe y Santa Ana. En la urbe de los años cincuenta y sesenta del siglo XX construirá sobre su coraza silvestre el brillo de la ciudad que duerme a la orilla del canal. Trabaja, estudia, lee y crece. Hace de todo, realiza los oficios más disímiles, porque el trabajo en honra y no estigma; herencia aprendida en La Pasera, junto a los padres que también hacen honor al santeñismo que abre surcos de desarrollo y de dignidad nacional.

Época dura la que le tocó y país convulso en el que asesinan generales, persiguen el disenso, con estudiantes que se inmolan en las riberas del canal. Nada será igual para él, para el santeño que mira en San Miguelito el reducto en que moran los que emigran a la capital. Sin embargo, ahora ejerce el periodismo radial y escrito y publica en los diarios de la ciudad de Panamá. Observa al mundo de otra manera y es capaz de ver más allá de las apariencias. En el fondo comprende las razones sociales que explican el mundo que le tocó vivir. Por eso radicaliza su pensamiento y se convierte en defensor de la justicia social y de la democracia. Le espera una amarga experiencia con los militares populistas que se toman el poder y someten al país en la negra noche de la antidemocracia. Paga con la cárcel la osadía de tener sueños, de amar el país y de desear mejores días para los suyos.

Y un buen día, regresa a su tierra hasta que pace la negra noche del militarismo. Una vez superado el escollo social retorna a lo suyo, a lo que en realidad ama, ejercer como periodista. En la capital tableña crea su revista radial en Ondas del Canajagua y Radio Mensabé. La rica experiencia adquirida da frutos y Hoy con el pueblo se convierte en programa dominical de credibilidad, que sabe alternar con Radio Mensabé informa y Comenta. Desde entonces las revistas radiales de comentarios no volvieron a ser iguales en Los Santos, porque ante el micrófono está un individuo de profundas convicciones éticas que se gana el respeto de la audiencia peninsular y nacional. Sí, la del panameño ya entrado en años que se vuelve crítico, pero que en el fondo sigue teniendo el alma del niño que se creció en La Pasera y que un día partió con la tía a la capital de la república.

Luego de más de treinta años de hacer radio en la península y con más de siete décadas en su espalda fallece el 3 de febrero de 2021. Muere Gumercindo luego de concluir el programa matutino; transita del micrófono al hospital y del nosocomio a la casa de descanso eterno, para que se cumpla lo que siempre aspiró, despedirse, dar el postrer adiós desde la cabina de una emisora de radio.

Yo no voy hablar aquí del legado de Gume, porque es evidente que su vida no fue en vano, ni sus afanes el humo que deshace el viento. Yace aquí un santeño cuya pasión fue ser periodista, a su estilo y manera: serio, sobrio, directo y sin temores. Un proyecto de vida que rebasa el propio periodismo que fue para él un medio y no un fin en sí mismo, herramienta para la información y la liberación, para el profesional y para el campesino, para la mujer intelectual y ama de casa.

Desde este lugar de los adioses y a una distancia no muy lejana, se yergue el Canajagua y sobre su cúspide la antena radial de Gumercindo Domínguez Velásquez mira en lontananza. Está allí en pleno corazón de la provincia, enclavada sobre la tierra que es ícono del santeñismo, pletórica de historia y cultura peninsular. En esta hora quiero pensar que, en su soledad, junto a este viento de febrero que despide a Gumercindo, ella mira y saluda al amigo ausente. Al aliado que a lo mejor desearía verlo inhumado a la sombra de su térrea base.

A esta hora se cumple lo que el destino manda, la transición entre la carne perecedera y el alma que divaga sobre el espacio sideral. Porque ha llegado el tiempo de comprender las lecciones terrenales de un hombre como Gumercindo, sencillo, jovial y seguro de su trayectoria de vida. Como santeño descuella el compromiso con los suyos, con nuestra identidad cultural; como panameño, honra la defensa de la patria mancillada, los derechos del hombre y la calidad de vida.

Debemos comprender que morir es otra forma de vivir, de mudar de ropa y mostrar a los amigos el tesoro de la vida, que no fenece, sino que se transforma, que se hace flor silvestre, recuerdo de los senderos por los que se transitó con olor a carate recién cortado. Por esos caminos de la vida peregrinó Gumersindo, el amigo, el periodista y el patriota de la tierra de Belisario, Manuel, Sergio, Zoraida, Bibiana y Rufina.

Vive tu jardín de paz, Gumercindo, renace en los virulíes y lanza tu saloma silente entre los cerros, descansa del ajetreo matinal para que otros también puedan decir que hoy están con el pueblo en cada poro de su mundo existencial. Percátate que no araste en el mar, Gume, descansa Gume, descansa, ya cumpliste con los tuyos y con la patria.

.......mpr...

En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 5 de febrero de 2021.