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16 julio 2026

LA HACIENDA EN AMÉRICA LATINA (Significado, económico, social y político)

 


Milcíades Pinzón Rodríguez

El proceso independentista latinoamericano no es el producto de actos coyunturales. Tal dinámica se vino incubando por largo tiempo conforme los grupos criollos fueron adquiriendo conciencia de su importancia social y económica. Por ello, resulta de lo más pertinente el conocer el papel que desempeñaron algunas instituciones en ese proceso independentista.

Basado en esa premisa, nuestro interés en este escrito consiste en valorar el papel de la hacienda, siendo ésta una de las instituciones que más influyó en el desarrollo social y económico en América; factor clave en su diferenciación política. El análisis que emprendemos amerita una ubicación en el contexto histórico de la época; labor que se hace muy someramente en la primera parte. Posteriormente se pasa revista a los aspectos relevantes de su dimensión económica, política, social y económica.

Es necesario aclarar que aun cuando este trabajo está centrado en el análisis de la hacienda, por la propia relación dialéctica en que se dan los hechos históricos latinoamericanos, en ocasiones es difícil distinguir hasta dónde en un suceso prevalece la influencia de la encomienda, la hacienda o la plantación; ya que las tres instituciones son fundamentales para comprender la conformación de las sociedades latinoamericanas. Esto explica que más adelante se haga referencia a monocultivos que parecen estar más vinculados a las plantaciones. Ambas, haciendas y plantaciones, son variantes de un mismo fenómeno: la expansión de la economía de mercado.

I.  La situación europea para la época.

Cuando los españoles descubren América, en Europa se encontraba en desintegración el localismo feudal. De hecho, el viaje del descubrimiento es producto de la expansión del comercio en el ámbito local, nacional y extracontinental. Los siglos siguientes, el XVI y XVII, representan el triunfo del capitalismo comercial en Europa. Es la época cuando la división internacional del trabajo comienza a perfeccionarse. El análisis del momento le hará decir a un reconocido escritor: “ Los fundamentos de una doctrina  liberal, por decirlo así, se establecen en el siglo XVI”. “Inglaterra, en el siglo XVII, es el triunfo de la virtud burguesa”.[1]

En general podemos afirmar que la situación más específica de esta época del capitalismo comercial corresponde a la vinculación de éste con el Estado. Existe una tendencia hacia el monopolio, hacia el dominio de grandes empresas del comercio exterior; una identificación de intereses entre el comerciante y el Estado. Una razón poderosa para todo ello es que los metales preciosos de América (el oro y la plata), comenzaban a incidir en la economía europea. Pero para el país que recibía ese flujo de metales (España), las consecuencias fueron adversas: “...la agricultura que nunca había sido eficiente, decayó a medida que se iban incubando cada vez más las granjas yermas, La industria, sobrepujada ya por la de Inglaterra y los Países Bajos, se deterioraba constantemente...España recibía el oro y la plata (la que no se desviaba por canales ilegales),  pero no podía producir los bienes manufacturados que prometía. A principios del siglo XVII la industria europea septentrional suministraba cinco sextos de los bienes consumidos en España y nueve décimos de los bienes que España embarcaba para América”.[2]

Tales hechos marcaron la historia en Europa y ese fue el marco en el cual comenzó a consolidarse en América la hacienda.

II. La hacienda: su consolidación

Conocida como fundo, rancho, ingenio, etc.; la hacienda es algo más que una unidad de producción. Logró su consolidación en el siglo XVII, a finales, pero, ¿cuál es su antecesora?

En 1503 la reina Isabel ordena la introducción de la encomienda como solución para la regulación de la tierra y el trabajo en América. “La encomienda era el expediente legal por el que la Corona ‘encomendaba’ determinadas cantidades de indígenas a españoles meritorios, los ‘encomenderos’, que de ese modo obtenían derechos definidos sobre los indios e incurrían en obligaciones igualmente específicas hacia ellos.

La intención real al establecer la encomienda era compasiva y los propósitos reales siguieron siendo buenos bajo los reyes del siglo XVI. Desgraciadamente para los indios ‘encomendados’ las encomiendas no eran administradas por los reyes, sino por los hacendados y explotadores de minas que apreciaban mucho el trigo, poco la salud y felicidad de los indios que acopiaban esas riquezas, y menos aún la salvación de las hipotéticas almas de los pupilos’.[3] Como consecuencia de ello se calcula que Cortez recibió unos 100,000 indios en un territorio de 65 kilómetros cuadrados.

La encomienda fue pues la institución económica previa a la hacienda. Aquella aglutinó a los indios y negros en torno a la actividad minera, la hacienda en el cultivo de la tierra. Se puede sostener que cuando las relaciones de tipo capitalista se van acentuando cada vez más, a partir del siglo XVII, la hacienda va adquiriendo prominencia en el contexto latinoamericano. Ésta desarrolla un régimen de dominación laboral indígena y de negros que perdura hasta la independencia y que se proyecta incluso después de tal momento histórico con característica peculiares. La importancia sociológica de tal empresa radica en lo siguiente: “ 1. El haber sido un célula de poder político-militar al lado del económico. 2. El haber constituido el núcleo de una dilatada estructura familística. 3. El haber constituido el modelo circunstancial de la propiedad. 4. El haber sido la creadora de un tipo, de un carácter singular”.[4]

Ahora bien, una vez consolidada la hacienda: ¿Cómo podría ser definida? De acuerdo con Erick R. Wolf y Sidney W. Wintz, la “hacienda será una propiedad agrícola operada por un terrateniente  que dirige una fuerza de trabajo que le está supeditada, organizada para aprovisionar un mercado de pequeña escala, por medio de un capital pequeño, y donde los factores de la producción se emplean no sólo para la acumulación de capital sino también para sustentar las aspiraciones del status del propietario”. Concepto que hay que diferenciarlo del de plantación que es “una propiedad agrícola operada por un terrateniente (por lo general organizado en una propiedad mercantil) y una fuerza de trabajo que le está supeditada, organizada para aprovisionar un mercado de gran escala por medio de un capital abundante y donde los factores de la producción se emplean principalmente para fomentar la acumulación de capital sin ninguna relación con las necesidades de status de los dueños”. [5]

Hay que tener presente, pues, esta diferenciación básica. Pero, ¿cuál es la importancia de la hacienda en América Latina?

a. Aspecto económico.

Es necesario aquí establecer dos períodos bien demarcados en el desarrollo de la hacienda. Uno de ellos es el metálico, el otro es el relacionado con la evolución de las estructuras agrarias.

1. Período metálico. Es el vinculado con la extracción de metales, es decir, el de la actividad minera. Se caracteriza por traer consecuencias desastrosas para el indígena y el negro;. corresponde a la fiebre del oro y la plata, despertada en la vieja Europa por las hazañas de Hernán Cortez, Francisco Pizarro y otros.  Son los tiempos del esplendor de Potosí  y el auge de la plata. Estamos refiriéndonos a la famosa mina de plata boliviana que fuera descubierta en 1548. Hecho que propició que aproximadamente para 1573 Potosí contara con 120,000 habitantes y que en 1650 un nuevo censo indicaba que contaba con 160,000 habitantes. Según un conocido estudioso latinoamericano, Potosí era una de las ciudades más ricas del mundo, diez veces más habitada que Boston, en tiempos cuando Nueva York ni siquiera se denominaba de esa manera.[6] En igual forma pueden mencionarse las minas de Zacatecas y Guanajuato en México. Por su parte se calcula que “en tres centurias el cerro rico de Potosí quemó, según Josiah Conder. Ocho millones de vida.[7]

La minería fue desarrolla por los peninsulares, cuando aún el grupo criollo  no había logrado echar raíces en América Latina. Es justamente este grupo de actividad económica el que propicia que el español se afinque en determinadas áreas floreciendo en esta forma pueblos como el ya señalado  y  toda una serie de actividades agrícolas para el sostenimiento de esas poblaciones.

El sometimiento indígena a una labor tan inhumana como la minera se hizo a través de la violencia de las espadas y del silencio cómplice de la cruz: “Había otros recursos para esclavizar a los aborígenes. El repartimiento (llamado mita en Perú) se restableció después de 1550; los indios eran apresados y llevados a regiones alejadas para trabajar en plantaciones y minas o en la construcción de iglesias y caminos. Esto significaba división familiar, trabajo sin límites, trato cruel, raciones escasas y mal alojamiento”.[8] Este período de apropiación de metales arrebatados a las colonias fue muy importante para Europa pues estimuló su desarrollo económico. Sabido es que España sólo fue una escala en el destino final del oro y la plata; Inglaterra, Francia y Holanda las beneficiadas.

III. El período del desarrollo de la estructura agraria.

Si el período anterior se caracteriza por la búsqueda del oro y la plata por parte de los peninsulares; éste segundo período de la hacienda colonial se destaca por pasar del intercambio casi insignificante en el principio hacia formas de capitalismo más desarrollado. Esta es una época claves para la formación de la actual estructura agraria. Porque el latifundio de nuestros días proviene de la hacienda colonial y su integración parcial a la economía de mercado. En igual forma que la actividad minera está ligada al grupo peninsular, así lo está la hacienda al criollo.  Esto quizás explique la identificación temprana de este grupo con América y su papel en el proceso independentista.

“ El argumento más sólido, apoyado en la verificación histórica, es que el mercado dio vida a la hacienda, lo que en otras palabras significa que tal posibilidad se replantea en el momento de la expansión mundial del capitalismo.

El latifundio improductivo surge como empresa capitalista –la hacienda- en  la medida que en ella se invierte capital y se dinamiza el mercado; el comercio exterior valoriza la tierra y apresura otras formas de organización productiva” [9] No obstante, en la hacienda “no es el destino final de la producción en términos de mercado interno o externo ni el tamaño territorial de la población lo que la define plenamente, sino el tipo de estructura social interna para utilizar aquella extensión de tierra en función de sus necesidades”.[10]

Lo que importa destacar en este instante es que la hacienda estuvo desde sus inicios vinculada a actividades del monocultivo desde la época colonial hasta bien entrada la época republicana. Esto explica un rasgo distintivo de las economías de muchos de nuestros países latinoamericanas; me refiero a que las actividades agroexportadoras se centrarán en un solo tipo de cultivo de exportación. En el principio fue a través de la hacienda tradicional o después (e incluso paralelamente) en las llamadas plantaciones.  El jiquilite o añil, así como la caña de azúcar fueron dos de esos productos.

a. El jiquilete o añil

El caso del pueblo de Huizúcar, en aquel entonces reino de Guatemala, nos ilustra al respecto. "El jiquilete será la causa de la expropiación ‘de hecho’ de las tierras de los naturales del pueblo de Huizúcar, es decir, la demanda europea de tintas estructura la propiedad, el trabajo y las relaciones sociales en este lugar de Centro América, tan alejado geográficamente, pero también tan ajeno a las necesidades de una cultura diferente. El jiquilete será el cultivo cuya explotación va a imponer a lo largo de dos siglos una determinada estructura social y económica e esta provincia del reino de Guatemala". [11]

Los hechos que hemos referido acaecieron en 1696. Casi dos siglos después, en 1810, el Sr. Dr. Don Antonio Larrazabal, Diputado en las Cortes Extraordinaria de la Nación, por la misma ciudad de Guatemala, decía sustentando una petición al Real Consulado en Junta de Gobierno del 20 de octubre:

"En cuanto a los hacendados, unos poseen tierras en considerable número de leguas sin trabajar, á reserva de algunas muy corta parte, resultado por consiguiente inútiles á aquellos y al común que carecen absolutamente de terreno propio para sembrar su maíz u otro fruto. El ganado mayor es por lo regular el nervio y sustancia de éstas grandes haciendas, y traído para repostarlo en las de la capital, para abastecernos de carne, que no corresponde propiamente á la agricultura, ni al comercio.

Los agricultores que se deben considerar como tales son los que poseen las haciendas productoras de añil. Este fruto por su preciosidad é importancia merece la mayor atención, porque es toda el alma que vivifica el reino: es su comercio activo de extracción, de tal modo, que sin él no habría objeto de relaciones entre la metrópoli y nosotros". [12]

b. El azúcar:

Este es uno de los artículos más codiciados por los europeos. Baste señalar que las primeras raíces de caña fueron traídas por Colón desde las islas Canarias en su segundo viaje y sembradas en lo que hoy es la República Dominicana.

"Durante poco más de tres siglos a partir del descubrimiento de América, no hubo para el comercio de Europa, producto agrícola más importante que el azúcar cultivado en estas tierras. Se alzaron los cañaverales en el litoral húmedo y caliente del nordeste del Brasil y posteriormente, también las islas del Caribe -Barbados, Jamaica, Haití, Guadalupe, Cuba, la Dominicana, Puerto Rico- y Veracruz y la costa peruana resultaron sucesivos escenarios propicios para la explotación, en gran escala, del "oro blanco".[13] Detrás del azúcar también vino la fuerza laboral necesaria para las plantaciones, el negro africano.

La influencia que ha tenido la plantación del "oro blanco", repercute tanto en la estructura agraria latinoamericana que todavía muchos países nuestros se mueven al vaivén de la cuota de la exportación del azúcar para el mercado estadounidense. Sobre este tema podríamos ir señalando, uno a uno, todos los productos vinculados a la hacienda o la plantación, porque no sólo se trata del añil o el azúcar, "es también la historia del cacao que alumbró la fortuna de la oligarquía de Caracas; del algodón de Meranhao, de súbito esplendor  y súbita caída; de las plantaciones de caucho en el Amazonas, convertidas en cementerios para los obreros nordestinos reclutados a cambio de moneditas; de los arrasados bosques de quebrachos del norte argentino y del Paraguay; de las fincas de henequén en Yucatán, donde los indios yaquis fueron enviados al exterminio. Es también la historia del café, que avanza abandonando desiertos a sus espaldas, y de las plantaciones de frutas de Brasil, en Colombia, en Ecuador y en los desdichados países centroamericanos".[14] Esto demuestra la trascendencia de la hacienda y la plantación en América. 

IV. Importancia social y política

La sociedad latinoamericana es predominantemente agraria. La organización de tan dilatado espacio geográfico fue la labor de la hacienda. Como bien señalara José Medina Echavarría: "con ella comienza a articularse desde dentro el inmenso cuerpo geográfico de América Latina...en torno a las haciendas comienza a adquirir cuerpo y vigor la vida rural, todavía tan poco conocida".[15]

Podemos decir que la hacienda representa la instalación de un poder político y militar;  de modo que la misma  es algo más que una unidad de producción económica. El hacendado es el soporte de una familia y de un apellido; el cual establece relaciones y vinculaciones con otros hacendados residentes tanto en el área rural como en la urbana. En este marco sociológico las relaciones sociales que se establecen no son feudales, sino señoriales.

La escritora Casín Isabel, en la obra que ya hemos citado, define al hacendado como "generalmente inculto y no perteneciente a la nobleza, pero con el afán de conseguir en breve tiempo más la nobleza comparable que la riqueza misma, el hacendado ha heredado el patrón del sistema de adquisición de nobleza tradicional en España desde la Reconquista, que fue trasladado a América por los conquistadores y luego pasó a los encomenderos y de ellos a los hacendados en el siglo XVII".[16] Se establecen así desde aquella época relaciones de subordinación, protección y obediencia entre el hacendado y sus trabajadores.  Este es un patrón de autoridad que se fue extendiendo por todo el cuerpo social. Otro autor destacado en Latinoamérica, como lo es Medina Echavarría, caracteriza la estructura paternalista del hacendado así:

   "1. La creencia en valor cordial de las relaciones personales.

    2. La creencia del amparo que no podía faltar en un momento de crisis.

    3. La creencia en el poder desconocido y por eso ilimitado del jefe". [17]

Por su parte, Antonio García, nos señala que "la ideología señorial se compone de una serie de actitudes y creencias sobre la naturaleza de la tierra como elemento de rango, atesoramiento, poder y dominación social y sobre el carácter paternalista de las relaciones entre haciendas y campesino dependientes".[18] Las relaciones entre el hacendado y sus trabajadores se caracterizarán, obviamente, por ser vínculos establecidos entre individuos social y económicamente desiguales. Dichas relaciones pueden darse en un plano amistoso (por llamarlo de alguna forma) donde el hacendado es una especie de "padre" simbólico y los trabajadores hacen de "hijos" adoptivos. Aquél otorga favores especiales, éstos los reciben.

Contrario a lo anterior, las relaciones pueden tornarse hostiles y entonces el hacendado puede demostrar su dominio o poder. Tales relaciones sociales se explican por las diferencias que subsisten en cuanto a las posiciones que ocupan en la división del trabajo y consecuentemente en la apropiación de los excedentes.

Como la hacienda se caracteriza por un uso intensivo de mano de obra, dicha condición propicia el dominio del hacendado sobre sus trabajadores. Condición que a su vez se constituye en una manifestación de la hegemonía del hacendado, quedando constituida la clásica estructura familiar que dominará en América Latina.

V. Período de transición

¿A qué se debe la desaparición paulatina de la hacienda tradicional en América Latina? Para dar respuesta al interrogante debemos recordar que anteriormente se señaló que la hacienda surge en América Latina como consecuencia de la expansión del capitalismo comercial. Pues bien, fue la expansión de este mismo sistema el que da el golpe definitivo a la economía sustentada en la hacienda. “La afirmación general es que la hacienda se disuelve en el grado y medida que se intensifica el proceso de ‘comercialización’, o dicho de otra forma, en la medida en que la hacienda se convierte en empresa”.[19] Para una economía de mercado como la capitalista resultaba muy ineficiente e inadecuados los rendimientos propios de la hacienda tradicional. Así, de una tecnología intensiva en mano de obra, se irá gradualmente pasando a otra intensiva en capital. La primera consecuencia será el desplazamiento de esa mano de obra de las haciendas hacia las ciudades o hacia otras áreas del propio campo. Esto nos ubica cronológicamente en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando la gran mayoría de los países latinoamericanos se encuentran independizados.

En estos cambios, si bien existió la influencia externa en la transformación de la hacienda, también influyó el mercado interno. En este sentido hay que recordar que la población latinoamericana estaba en constante aumento; además de que el cambio en la base económica repercute en las relaciones sociales existentes. Los excedentes generados van a ir transformando la mentalidad del hacendado. Sus hijos, más que el propio hacendado, reflejan el nuevo cambio de actitud. Muchos de ellos se han ilustrado en la vieja Europa y traen a América  las ideas de la Revolución Francesa. Don Simón Bolívar es un ejemplo de lo que planteamos. De hecho, la independencia, iniciada a partir de 1810, tuvo como máximos dirigentes a los hijos de los criollos hacendados.

No obstante lo anterior, el aislamiento económico en América es roto (como ya se señaló) en la segunda mitad del Siglo XIX; esto propicia el surgimiento de una nueva clase política junto a una nueva elite intelectual.  Al respecto se puede sostener que a partir de este momento se diferencian dos grupos. Uno de ellos más tradicional, constituido por los jefes rurales: los hacendados. El otro, formado por los modernos, más vinculados a las ideas económicas y políticas propias del liberalismo europeo y que se radica casi siempre en el área urbana; lo que representa, en el fondo, la acentuación de las diferencias entre el campo y la ciudad. Por su parte, para el grueso de la población rural latinoamericana (el campesinado) la situación se torna más crítica.

El área rural carece de adecuadas condiciones de vida, en contraposición a la urbana, que se muestra más atrayente; allí encontramos el origen de las migraciones latinoamericanas. Sin embargo, el fenómeno migratorio debe ser entendido, no como una consecuencia de la atracción de la ciudad, sino como propio de una estructura agraria de expulsión de mano de obra.

La introducción de una economía de mercado también significa una revalorización del factor tierra, lo que conduce hacia la acentuación del latifundio que se resiste a aceptar el cambio de los tiempos. Este quizás sea uno de los mayores problemas de la estructura agraria latinoamericana en el período de transición. Como bien lo señala Antonio García, “los procesos de modernización han introducido significativos cambios en la economía de empresa, en la tecnología agrícola, en la trama de las relaciones sociales y en los sistemas de intercambio, pero no han modificado sustancialmente las líneas ideológicas y el sistema normativo de la estructura latifundista”.[20] 

El período de transición también se ha destacado por el llamado desarraigo en las grandes masas migratorias residentes en el área urbana. Políticamente ha tenido repercusiones en la atración que sobre las masas han tenido los partidos políticos; porque no debe olvidarse que históricamente esas masas migratorias estuvieron sujetas a un paternalismo que parte de los hacendados. De allí la gran importancia que en Latinoamérica tuvo y continúa teniendo el populismo.

Como se puede ver, las repercusiones del fenómeno denominado hacienda latinoamericana es prioritario para entender a la tierra que se extiende desde el Río Bravo hasta la Patagonia.  Estamos ante la mismo institución que le hace decir a un intelectual latinoamericano del  Siglo  XIX, refiriéndose a Centroamérica: “Las repúblicas centroamericanas llegan a la década del 30  como apéndices agrarios de la economía centrales; los grupos dirigentes además no pueden ni tienen interés en superar el orden establecido alrededor de dos ejes conectados entre sí: una estructura social asentada sobre la unidad económica, la hacienda, y en  relaciones patrimoniales con la peonada campesina, un orden político de formas autoritarias y esclavistas buscaba sus fuentes de apoyo en el exterior, más exactamente, en el apoyo de los intereses bananeros y del  capital norteamericano”. [21] De modo que la hacienda no muere con la independencia, sino que se transforma y aparece con nuevo traje incluso en nuestro tiempo.

Conclusión

Al llegar a esta etapa del escrito, creemos haber visto algo del nacimiento, consolidación y transformación de la hacienda. Vale la pena destacar, una vez visto lo anterior, que para entender a plenitud la institución denominada hacienda, se hace necesario esclarecer dos cosas con vista a la comprensión de la estructura socioeconómica latinoamericana.

Primero, adentrarse científicamente en toda la trama del fenómeno encomienda surgido en el Siglo XVI; y en segundo lugar, observar de cerca el surgimiento de la plantación.

Un análisis de nuestra realidad latinoamericana debe esclarecer las conexiones de estas tres instituciones en relación con la estructura de poder. Tal análisis sólo se podrá realizar conociendo los detalles que caracterizan cada una de ellas. En este sentido nuestro trabajo debe entenderse como una aproximación a una problemática muy compleja.



[1]. Laski, Harold. El liberalismo europeo. México: F.C.E., 1969, págs. 75 y 77.

[2] . Herring, Hubert. Evolución histórica de América.  Tomo 1. Argentina: Eudeba, 1972, pág. 214.

[3] . Herring, Hubert. Op. Cit., pág. 208.

[4] .  Medina Echavarría, José. Sociología latinoamericana. Educa: Costa Rica, 1976,  pág. 56

[5] . Wolf, Erick R. y Mintz, Sidney W. “Hacienda y plantaciones en Mesoamérica y las Antillas”; en Haciendas, latifundios y plantaciones en América Latina. Siglo XXI: México, 1975, pág. 493. 

[6] . Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina.  XX edición. México: Siglo XXI, 1978, pág. 31.

[7] . Galeano, Eduardo. Op. cit., pág. 59. 

[8] . Herring, Hubert. Op. cit.,  pág. 209.

[9] . Torres Rivas, Edalberto. Interpretación del desarrollo social  centroamericano. Costa Rica: Educa, 1973,  pág. 77.

[10] . Torres Rivas, Edelberto. Op. cit., pág. 79.

[11] . Casín, Isabel.  La hacienda colonial. El Salvador: Ministerio de Educación. ( Museo David S. Guzmán. Sección de Investigaciones históricas), 1972, pág. 34.

[12] . Meléndez, Carlos. Textos fundamentales de la independencia centroamericana. Costa Rica: Educa, 1971, pág. 75.

[13] . Galeano, Eduardo. Op, cit., pág. 89.

[14] . Ibid. pág. 91.

[15] . Medina Echavarría, José. Op. cit., pág. 54.

[16] . Casín, Isabel. Op. cit. Pág. 1  5.

[17] . Medina Echavarría, José. Op, cit., pág. 64.

[18] . García, Antonio. Dinámica de las reformas agrarias en América Latina. Colombia: Oveja Negra, 1972, pág. 51.

[19] . Medina E., José. Op cit. pág. 61.

[20] . García, Antonio. Op. cit., pág. 39.

[21] . Torres Rivas, Edelberto. Op. cit., pág. 33.


09 junio 2026

LA ALOCADA Y DESAFORTUNADA IDEA DE UNA CÁRCEL EN DIVISA

 

La región de Divisa, en el centro de las provincias centrales, está llamada a ser sede de grandes proyectos. Y es que no es para menos, eso ha sido desde el período colonial, cuando se convirtió en la puerta de entrada a la región de Azuero y paso obligado a Santiago de Veraguas y la zona de Chiriquí.

Lo que acontece actualmente es que ha vivido bajo el influjo de intereses radicados en Penonomé, Aguadulce, Chitré, Las Tablas y Santiago de Veraguas que siempre han visto su evolución con recelo. En vano, porque en los últimos tiempos en esa zona istmeña están proliferando las empresas que ven en Divisa un lugar privilegiado para la distribución de sus mercancías.

Debemos recordar que Divisa ha sido sede de proyectos educativos como la Escuela Agropecuaria (1937), el Instituto Nacional de Agricultura (1941) y el Instituto de Artes Mecánicas (1948) e incluso el presidente Juan Demóstenes Arosemena acariciaba la idea de que la población fuera sede de una universidad autónoma, proyecto que nunca llegó a concretizarse.

Precisamente en los años cuarenta del siglo XX se construyó una cárcel para las provincias centrales que nunca llegó a funcionar como tal. En efecto, gracias a los comentarios del doctor José Daniel Crespo Ocaña, quien se opuso a tales pretensiones, la cárcel terminó dando cobijo al Instituto de Artes Mecánicas. Sostuvo el prestigioso pedagogo herrerano que la región no necesitaba cárceles, sino escuelas. Y, en verdad, la historia le ha dado la razón.

Más recientemente, el actual gobierno quiere construir una mega cárcel en Divisa, reviviendo una propuesta que ya fue rechazada tres cuartos de siglo atrás. Esta idea es a todas luces inaceptable, ya que la misma viene a contradecir la vocación de desarrollo de Divisa; porque no es trasladando reclusos a la zona como se va a resolver el problema de la delincuencia nacional, en especial, si carecemos de una política al respecto y la resocialización de los reclusos no ha impulsado su rol liberador.

Los resientes acontecimientos en la región transístmica, en el caso de La Joyita, coloca sobre el tapete los riesgos inherentes a este tipo de proyectos carcelarios, los que no tienen que ser trasplantados a la hermosa y apacible región de Divisa, aunque se afirme que está destinado a los privados de libertad de la región, argumento que es difícil de sostener. Y es que el reclusorio no es el único proyecto que se ha concebido para la población herrerana, porque también ha sido propuesta como lugar en donde se deposite la basura de las provincias centrales.

Tal parece que a los gobiernos resientes no se les ha ocurrido algo mejor para el indicado asentamiento urbano que convertirlo en vertedero de los problemas sociales del Istmo. La ergástula de marras es un acto que desconoce la vocación de Divisa, que no necesita ser lugar de concentración de delincuentes, sino otra capital del desarrollo de las provincias centrales.

Yo no sé si el actual gobierno tendrá oídos para escuchar y valorar la contenida incertidumbre que ha sembrado en los habitantes de Divisa y las provincias centrales, los que, estoy seguro, desaprueban un proyecto tan alocado y desafortunado como el de construir una cárcel en Divisa.

.......mpr...

8/VI/2026

23 mayo 2026

SOBRE UNA CIUDAD INTELIGENTE: EL CASO DE LA VILLA DE LOS SANTOS

 

 

Introducción

La necesidad de poseer ciudades más modernas nos lleva a la concepción de una ciudad inteligente. Vale decir, un centro urbano que sea capaz de autogestionarse, al mismo tiempo que utiliza las tecnologías de la última generación para mejorar la calidad de vida de sus habitantes y mantiene un desarrollo autosustentable.

Veamos brevemente el caso de la Villa de Los Santos, ubicada en la provincia de Los Santos y lo que una ciudad inteligente podría hacer por ella y sus habitantes.

La heroica Villa de Los Santos

La población santeña tiene sus orígenes en el período colonial, fundada el 1 de noviembre de 1569, está entre las ciudades más antiguas de la región de Azuero. Es decir, cumplirá 457 años en el presente momento histórico. En sus orígenes fue diseñada basada en el clásico diseño hipodámico, también llamado tablero de ajedrez.

A lo largo de los siglos ha mantenido el diseño urbano que ubicaba las familias más distinguidas en torno a la plaza, disminuyendo la relevancia social en la medida que se alejaba de la vieja ágora peninsular.

La evolución del asentamiento urbano

En el transcurso de los siglos no sólo ha crecido la población, sino que se ha modificado la estructura urbana con el surgimiento de nuevas barriadas. Sin embargo, este crecimiento no ha sido guiado ni ha existido una planificación urbana que guíe el anárquico uso de los contemporáneos espacios territoriales.

El arribo del nuevo año encuentra a la Villa de Los Santos, a la Capital Histórica de Azuero, con la misma desidia urbana que la ha caracterizado a través del tiempo. Por tal razón, urge plantear algunas líneas de pensamiento que hagan posible superar el estancamiento y que sirvan de base para una ciudad más resiliente que conduzca a lo que podríamos llamar una ciudad inteligente (smart city).

Fundamentos básicos para una ciudad inteligente

1. Lo primero que debemos tener en cuenta es la necesidad de un mayor estudio del asentamiento urbano. Así ha de ser, en efecto, porque debemos estudiar el poblado, no sólo en los tiempos modernos, sino en la génesis histórica del mismo.

En este punto conviene analizar la estructura social y económica del centro urbano, para lograr determinar los rasgos fundamentales de su desarrollo. Lo que supone el conocimiento de la sociedad y su interacción con el ágora urbana, para determinar en qué medida se retroalimenta la base geográfico-espacial con las actuales aspiraciones del poblado.

Para recabar esa información se utilizan diversas y conocidas técnicas sociales, de modo que se pueda pulsar el pensamiento de los pobladores, no sólo en torno a su realidad actual, sino a sus aspiraciones futuras.

2. Será necesario utilizar tecnología moderna para fomentar interacción entre las estructuras municipales y el hombre que mora en la ciudad. En este sentido es necesario utilizar páginas web distritales en donde el santeño pueda leer sobre su historia, proyectos municipales y hacerse partícipe de una visión compartida de futuro.

Este salto tecnológico es fundamental para poder implementar una resiliente e inteligente ciudad del futuro. Porque los proyectos deben ser producto del debate de los miembros comunitarios y permitir que el ciudadano no sólo participe, sino que le resulte familiar lo que se está realizando en el municipio y que él ha contribuido a forjar.

La retroalimentación entre la comunidad, las aspiraciones y políticas municipales debe tener como soporte una red tecnológica que facilite la comunicación entre los miembros que integran el sitio urbano. Lo que implica que hay que desburocratizar los trámites, para que sean ágiles y eficaces. Así, por ejemplo, el pago de tributos podría hacerse desde la comodidad del hogar. Igualmente, los eventos que organicen las autoridades podrían comunicarse a los contribuyentes, al ciudadano que reside en la ciudad. De la misma manera, se podrían dar a conocer las inquietudes comunitarias, las que son atendidas antes que se conviertan en problema social.

Lo relevante de una red de esta naturaleza es que permite la retroalimentación y va forjando una cultura de la resiliencia que contribuye a que el habitante pueda enfrentar los desafíos colectivos. Además de permitir el desarrollo efectivo de la gestión municipal

3. Sostenibilidad ambiental

La idea básica de la sostenibilidad es lograr que los avances de la tecnología y el desarrollo sean posibles sin afectar mayormente el entorno en el que mora el ciudadano. Para ello es importante la planificación que permita anticiparse a eventos que pudieran ser traumáticos, así como lograr un uso racional de los recursos económicos, todo ello en el marco temporal de su aplicación.

La ciudad inteligente no sería tal sin la valoración de elementos que contribuyen a la sostenibilidad ambiental. Vale decir: áreas verdes, arboledas, control del ruido, purificación del agua, disposición de excretas, recolección de la basura, entro otros.

4. Una ciudad inteligente no sería posible sin docencia ciudadana. Este elemento muchas veces ha sido descuidado, asumiendo que ello es una responsabilidad familiar y escolar. Esta concepción olvida que una ciudad inteligente tiene como base el compartir los valores sociales y las conductas esperadas. Esta cultura presupone una integración de las diversas instituciones sociales sin las cuales la armonía social no es posible. Lo que significa que, además del núcleo familiar, es necesario integrar a la escuela, los grupos de la sociedad civil y los que son propios del engranaje gubernamental (policía, ministerios y otros).

Este aspecto es vital para el logro de la ciudad inteligente, porque no se trata únicamente de tecnología que integra y que viabiliza la comunicación, sino de ir construyendo la argamasa social y cultural.

Conclusión

El caso de la Villa de Los Santos, entre las más añejas ciudades peninsulares, podría constituirse en un ejemplo regional y nacional. Justamente por tratarse de un núcleo urbano colonial demostraría a los incrédulos que lo antiguo puede y debe ser sujeto de un cambio social planificado, resiliente y sostenible en el tiempo.

Los cuatro aspectos aquí planteados son apenas un asomo de lo que podría hacerse para el logro de ciudades mucho más amigables y centradas en los ciudadanos que en ella moran. Ojalá que así sea.

.......mpr....

 

 

 

 

 

 

 

 


27 abril 2026

EN UN MUNDO RABIOSAMENTE ALIENANTE

 

Mira que el mundo está casi desquiciado, al parecer ha perdido el rumbo. El dinero desplaza los valores y la clase política, hambrienta de poder y gloria, decide por las mayorías, ya se trate de dictadura o liberalismo democrático. Ambos tienen en común las ansias de gobernar, porque borrachas de poder impulsan guerras, como si estuvieran decidiendo alguna fiesta colectiva.

Los imperios de ayer poco se diferencian de los contemporáneos, destruyen y matan en nombre de ideologías y cuotas del pastel económico. Que en esos arranques de locuras destruyan el equilibrio ambiental, poco importa, porque el lucro es la vara con la que se mide el proceder político y empresarial.

Amplias masas de población viven en sociedades alienadas, carentes de proyectos colectivos de vida. Lo que observamos es el retorno al individualismo, al hedonismo y la sexualidad como deporte. Y es comprensible, porque la socialización está relegada a su propia suerte, la educación formal se centra en el aula y desconoce, la mayoría de las veces, lo que acontece en el extramuros social; aprender es un asunto de memoria y de repetición de contenidos. El centro educativo no enseña a pensar, sino a repetir.

Luego, la conciencia está adormilada y el hombre es incapaz de trascender lo inmediato. Así las cosas, el ser humano justifica y santifica lo existente, aunque ese proceder vaya en contra de su propia calidad de vida. Por eso la felicidad es una entelequia, un bien que no está a su alcance. Luchar es un verbo que no sabe conjugar, porque en su cosmovisión algo debió pasar, porque cree que vino a este mundo a sufrir, a expiar alguna pena, para poder comer pan de gloria en algún paraíso.

En política el conjunto de aspectos estructurales militan en contra de su rescate como ser humano. La política es ejercer el voto, más no el proceder de un ser gregario que construye su propio sistema social. Aún no comprende que el diputado, ministro o presidente, han de ser sus servidores y no aquellos ante los que ha de doblar su cerviz.

Estando desconectado de la realidad, la guerra es una actividad que se desarrolla lejos de su ámbito societario. Las bombas y misiles que matan a diario a miles de seres humanos son estorbos que la televisión presenta en sus noticiarios y que se resuelve cambiando de canal televisivo.

En el fondo lo que estamos destruyendo es la humanidad, para dar paso al señorito satisfecho o al ser light que se contenta con apenas sobrevivir, si es que los poderosos le dejan algunas miserias, migajas existenciales que los políticos llaman “subvenciones” y los empresarios mineros “regalías”

Las soluciones no son fáciles porque conceptos como democracia, libertad y otros de igual calibre, han sido desvirtuados, violados por aquellos que se proclaman liberadores; los que, una vez asumen el poder, se enamoran del mismo, olvidan las promesas e intentan quedarse para disfrutar de prebendas. Y da igual si el grupo, encaramado en el poder, es de izquierda o de derecha, empresario u obrero, campesino o profesional universitario.

Al parecer estamos atrapados en la telaraña del poder, del no me importa, del allá otros, del no es problema mío y de la alienación colectiva que anomia las conciencias y deja como estela un reguero de seres que apenas subsisten en una sociedad institucionalmente fragmentada y carente de objetivos trascendentes.  Poco falta para que reclamemos la presencia del mesías que ha de venir a salvarnos. Y por allí asoman su faz los síntomas del aquelarre polítiquero; ya aparecen, aquí y allá, aquellos que están dispuestos a ser ungidos y gobernar desde el trono del poder omnívoro, depredadores y oportunistas.

Ojalá que amanezca, porque no se puede vivir ni ser feliz bajo la sombra de la noche silente.

.......mpr...
27/IV/2026


 

 


07 abril 2026

DESDE EL PORTAL Y EL TABURETE: CALABAZO.

 


Su nombre científico es Crescentia cujete, pero es más conocido como calabazo o totumo. Estamos ante un vocablo que retrotrae a la vida campesina, al fruto de cáscara sólida que sirvió para elaborar útiles utensilios en los campos peninsulares; cucharas, vasos y hasta soporte para decoraciones de tipo artesanal. En otro momento fue brebaje campesino para calmar variados males y hasta bebida para parturientes, sin olvidar su papel como laxante.

Siempre hubo, antaño, un árbol de calabazo próximo a la casa. Y no fueron pocas las ocasiones en las que las gallinas durmieron en sus ramas, luego de subirse por la escalera que a propósito era colocada por el dueño de las gallináceas. Por eso el totumo es más que un árbol, forma parte de la cultura nuestra; evoca el agua fresca de la tinaja, calmante de la sed en la “totumá” de chicha, así como medida: “¿Cuántas son?, peguntó el abuelo. ” Son tres totumás”, respondió la abuela.

Nadie que haya nacido en el campo puede pasar indiferente ante el calabazo, porque solo de mirarle algo misterioso se despierta en algún recodo del alma. Porque plantado allí en el patio, recuerda a los progenitores y abuelos para quienes el calabazo fue un retazo de su vida campesina.

¡Ah, el calabazo! Ícono cultural, emblema de nuestra tierra interiorana.