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20 enero 2026

BREVES ANOTACIONES SOBRE LA HISTORIA DE GUARARÉ

 

En la historia de Guararé, poblado de la provincia de Los Santos, el siglo decisivo en su conformación es el XIX, aunque sin desconocer el precedente. Ello es así porque, si bien la primera referencia que se tiene hace alusión al cacicazgo de Guararí, en el siglo XVI, nuca existió un amago de formato de pueblo hasta el XVIII. Antes encontramos una población dispersa habitando los sitios cercanos al río del mismo nombre, así como a la costa pacífica peninsular.

El período comprendido entre los siglos XVI y XVII es desconocido, al no existir referencias históricas que den cuenta de lo acontecido en ellos. Sin embargo, es evidente que fueron responsables de una evolución lenta en la que se constituyen las bases de una comunidad con rostro propio.

No es hasta la centuria decimonónica cuando surgen hechos sociales relevantes que permiten hablar de la institucionalización del sitio en donde mora una población de vida propia. Lo señalado no niega que los siglos precedentes hayan sido producto de la conformación de una cultura campesina que ya está madura en los albores del indicado siglo XIX y que, en consecuencia, tiene conciencia de su identidad. El siglo XVIII ya es responsable de la congregación en torno a un asentamiento que muestra formato de pueblo.

Los hechos que confirman lo afirmado son los que a continuación detallo:

1.    El surgimiento de la Parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes, hecho acaecido el 21 de julio de 1869. Acontecimiento que confirma que ya existía una devoción religiosa con raíces más antiguas y, probablemente, de algún tipo de ermita o pequeño templo bajo la influencia de la iglesia de Las Tablas o la Villa de Los Santos.

2.    Los reiterados intentos de Guararé por convertirse en municipio, los que fructifican el 21 de enero de 1880, gracias a los esfuerzos de la guarareña Bibiana Pérez y el diputado, radicado en la Villa de Los Santos, Marcelino Villalaz.

3.    Y en el siglo XX la adhesión de Guararé a la separación de Panamá de Colombia, acontecimiento del 10 de noviembre de 1903. Existe un acta municipal que así lo corrobora. Este hecho es sumamente importante porque da fe de la existencia de una conciencia e identidad que se manifiesta como grupo en el plano político.

4.    A mediados del siglo XX -1949- surge el Festival Nacional de La Mejorana que fortalecerá no sólo las expresiones vernáculas de la panameñidad, sino que posicionará a Guararé como referente importante de la cultura istmeña.

Esta breve reseña no estaría completa sin ponderar el rol protagónico de la matrona guarareña Bibiana Pérez y el ingeniero Manuel Fernando de Las Mercedes Zárate, dos figuras destacadas de la fundación del distrito y de la fiesta guarareña de la tradición, respectivamente.

Estoy consciente que lo planteado apenas representa un asomo en el estudio de la historia guarareña. Queda pendiente un mayor y más completo análisis de los siglos XVIII y XIX en los que encontraremos y lograremos perfeccionar las bases históricas de Guararé.

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20/I/2026

12 enero 2026

GUARARÉ Y LA LEY 22 DE DICIEMBRE DE 1864

 


La Ley 22 de diciembre de 1864, sobre división territorial, expedida por la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Panamá, mandata que en el Departamento de Los Santos se establezca el Distrito de Guararé. Como dato curioso he observado que en el artículo 41, a la hora de indicar los distritos que componen el departamento -Chitré, Guararé, Macaracas, Las Minas, Ocú, Parita, Pedasí, Pesé, Pocrí, Santamaría, Los Santos y Las Tablas- se señala que los mismos forman parte de la Península de Los Santos y no de Azuero. La cabecera departamental era Los Santos.

Por otro lado,  sabemos que la erección definitiva del municipio de Guararé no se produce hasta la Ley 7 del 21 de enero de 1880. Sin embargo, en la citada ley de 1864, aparecen los límites del distrito guarareño con los de Los Santos y Las Tablas. En efecto, en el artículo 43 se indica lo siguiente:

“Art. 43. Los límites del distrito de Guararé con el de Los Santos, desde el mar Pacífico frente a la boca de la Honda; aguas arriba esta la confluencia de la quebrada del Hato, aguas arriba de esta hasta 1as cabeceras de la quebrada de La "Limona," i de allí, línea recta al cerro de la Obligación, línea recta de este, al río de Guararé, aguas arriba hasta sus cabeceras, i de allí al cerro de Canajagua, hasta las cabeceras del rio de Perales. Con el de las Tablas será desde el mar Pacífico frente al cauce de la quebrada Las Lajas" i "Cocobolos”, aguas arriba hasta media milla de distancia, de los Potreros denominados de los "Parrillas," tirando una línea recta de esta distancia, hasta la punta del Papayo, y desde aquí otra línea recta hasta la quebrada de La Armita, aguas abajo hasta su desagüe al rio de Perales, i de este o aguas arriba basta su cabecera”.

Este conjunto de cambios administrativos, como en el caso guarareño, fueron moneda corriente en el siglo XIX, centuria caracterizada por permanente conflictos entre grupos conservadores y liberales, los que llevaron a la región a una zozobra administrativa que contribuyó a enconos regionales que no pocas veces se lavaron con sangre. Tal vez esas diatribas también fomentaron rivalidades entre los pueblos que aún hoy se ven sublimados en los carnavales y disputas deportivas.

12/I/2026

21 enero 2025

PERSPECTIVA HISTÓRICA DEL 21 DE ENERO DE 1880

 

La fecha que el título plasma es emblemática para el guarareñismo, ya que en ese momento surge el municipio de Guararé. Y no es el primer y único intento de fundación municipal, ya que con anterioridad se pretendió crearlo, pero no se logró la continuidad de tal propósito, ya que al poco tiempo se eliminó tal amago de creación distrital.

Hay que tener presente que el siglo XIX es vital para comprender la evolución comunitaria que nos ocupa, no sólo por las transformaciones que acaecen en el plano nacional, sino por la presencia de personajes como Bibiana Pérez (1848-1940), Juana Vernaza (1843-1937), José de la Rosa Poveda (1864-1917) y, ya al final de la centuria, el nacimiento de Manuel Fernando de Las Mercedes Zárate (1899-1968). Tampoco hay que tirar en saco roto la relevancia de la creación de la parroquia a la Virgen de Las Mercedes, hecho acaecido el 31 de julio de 1869.

Si bien en la nonagésima centuria la villa ya tiene formato de pueblo, la presencia del asentamiento humano se forja en los siglos precedentes, particularmente en el siglo XVIII, cuando se articula el espacio urbano y se va dibujando la cuadrícula que emula el ágora griega que ya existía en ciudades como la Villa de Los Santos y Parita.

En esa línea de evolución histórica, el siglo XX representa un empuje renovado en la trayectoria municipal, con la adhesión a la separación de Panamá de Colombia (10 de noviembre de 1903) y el impulso a la educación primaria que se dibuja desde las últimas décadas de la centuria decimonónica.  Al respecto, hay que recordar las organizaciones sociales que surgen al calor de la Escuela Mixta, la que tiene como instructores a Manuel F. Zárate, Emérita Correa, José E. Brandao y Virgilio Angulo, entre otros connotados educadores; instructores que dinamizan la cuestión cultural en los años veinte.

Otros acontecimientos que marcan la centuria son la creación del Festival Nacional de La Mejorana (1949), el surgimiento del Club de Leones (1950) y la Cooperativa José del Carmen Domínguez (1957). A los que debemos añadir el rol de la Escuela Juana Vernaza (cuyo edificio se inaugura en 1936), la Cooperativa Reyes Espino (1967), el Museo Manuel F. Zárate (1969), el Colegio Francisco Castillero Carrión (1970), y, ya al finalizar el siglo, el surgimiento de la Cooperativa Nuevo Amanecer (1999).

Y todo este conjunto de eventos y organizaciones también contaron con la presencia de la empresa privada, desde los pequeños quioscos hasta los supermercados, al igual que el esfuerzo de la actividad agrícola y pecuaria. En este punto conviene no olvidar la revolucionaria visión empresarial de Reyes Espino, cuya impronta aún es visible en el poblado.

Más recientemente, en la trayectoria de vida municipal, aparecen organizaciones y eventos como Todos Somos Guararé, Expo Arte y la Escuela de Arte, sin olvidar el dinamismo de la alcaldía del distrito guarareño y la Cooperativa de Artesanos, Artegua (2014).

Lo arriba señalado no busca ser un listado exhaustivo -porque seguramente hay otros acontecimientos y personajes- solo pretende indicar que existe un despertar organizativo en la tierra de Benita Pérez y Costa Polo, que no debe decaer y que ha de ser estimulado, porque el relevo generacional tiene que cumplir su papel renovador, tanto en la cabecera del distrito, como en los demás corregimientos de esta tierra que duerme a la vera del río Guararé, se abriga con el cerro Canajagua, experimenta los vientos alisios de los litorales peninsulares y en donde la silueta de la mejorana se erige como emblema del guarareñismo.

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7/I/2025


28 noviembre 2024

EL GUARAREÑISMO Y EL 10 DE NOVIEMBRE DE 1903

 


Lo que podríamos denominar el guarareñismo es la expresión de un grupo humano que se ha forjado a través de los tiempos y representa el esfuerzo colectivo de quienes habitaron estas tierras desde el siglo XVII, porque las huellas del hombre hispánico datan de las primeras décadas del siglo XVI.

El guarareño ha vivido durante centurias en la costa oriental de la península de Azuero, un poco adheridos al río Guararé y próximos a la serranía del Canajagua; habitamos el espacio del que tenemos la certeza que era ocupado por hombres y mujeres que fueron forjando una cultura sabanera, con el desenfado propio de los que están acostumbrados a morar en zonas en donde la vista no encuentra mayores obstáculos para otear la raya del horizonte.

Estos factores geográficos no son determinantes, pero si tienen su influjo en el carácter colectivo y hasta en cierto gusto por la música que se aleja de los sonidos de las quenas de Suramérica, porque nosotros no tenemos la presencia majestuosa de los Andes, sino el embrujo de la pradera, de la sabana que nos envuelve y cautiva, así como del Canajagua que se yergue en la distancia.

De lo dicho se colige que necesitamos más investigaciones serias sobre la región, y dentro de ella realizar lo propio para Guararé. Lo distintivo del guarareñismo es un ejercicio centenario en el que hemos sorteado problemas, cometidos errores y añadido no pocos aciertos. Y esto no es nada nuevo, ni algo que sea propio de nosotros, ya que de tal manera se forjan los pueblos y van dejando huellas que las nuevas generaciones transitarán para aprender de ellas y superarlas, si fuera el caso.

Así es, porque en Guararé el formato de pueblo no aparece hasta el siglo XVIII, cuando comienzan a darse sucesos de lo más relevante.  Pienso en la aparición de la cuadrícula urbana, la que no se concretiza hasta mediados de la indicada centuria, así como de los acontecimientos que marcaron el siglo XIX, porque tales fechas son relevantes para los guarareños, ya que para aquellas calendas maduran las organizaciones religiosas y políticas.

En el plano religioso, el 31 de julio de 1869 se crea la Parroquia a la Virgen de Las Mercedes; hecho que sugiere la existencia de grupos con algún grado de poder político y económico, porque de otro modo ese hecho histórico no sería posible. Mientras tanto, el 21 de enero de 1880, luego de varios intentos, surge el Distrito de Guararé, municipio que desde entonces guía los designios de quienes residen en las proximidades del río que recuerda la presencia indígena, en estas tierras sabaneras, planas y próximas a las riberas del océano Pacífico.

Luego del interregno de la Guerra de los Mil Días, a partir del siglo XX, los guarareños recobramos la marcha del desarrollo que había truncado la contienda bélica entre liberales y conservadores.

El siglo XX siembra esperanzas, abre nuevos horizontes y consolida la autodeterminación popular. Porque si bien la centuria anterior no fue una época de anarquía, la que nos ocupa es determinante en el fortalecimiento de la autoestima municipal y en el anhelo de mejores días.

Y comenzamos bien, sin duda, porque fuimos fieles a los nuevos tiempos cuando la nueva república daba sus primeros pasos y se atrevía a convertirse en una nación que se expresaba políticamente, separándose de la unión a la que se había sumado voluntariamente. Quiero decir con ello que el 3 de noviembre de 1903 marca ese hito histórico, el que se suma a los conatos de independencia del siglo XIX que ya presagiaban la existencia de una nación y el deseo de ser libres y soberanos.

Yo no voy a caer aquí en la diatriba sobre la presencia estadounidense en los actos separatistas, hecho por demás comprensible en una época de disputas entre imperios, porque incluso el proceso de independencia latinoamericano también contó con el influjo y la presencia económica y militar de los intereses ingleses.

Lo que importa en estos momentos y en esta época, es constatar la anuencia de los pueblos del Istmo a la separación de Colombia. Tal y como queda comprobado en las llamadas adhesiones a lo acaecido en la ciudad de Panamá.

En una época cuando las comunicaciones con la capital nacional se realizaban por la vía marina, porque Belisario Porras no construye la carretero hasta los años veinte, resulta llamativo que las adhesiones peninsulares se concreticen en la Villa de Los Santos y Chitré, el 9 de noviembre, y Guararé lo haga el 10 de noviembre de 1903, es decir, siete días luego de los sucesos capitalinos.

En la fecha los guarareños apenas teníamos un poco más de dos décadas de ser distrito y aún se continuaba perfeccionando la burocracia municipal. Tales consideraciones hay que tenerlas presente para calibrar en su justa medida la postura del pueblo y los munícipes que se adhieren a la separación de Colombia. Un acto que también tiene una fuerte carga emocional, porque no olvidemos que todos los firmantes pueden considerarse colombianos y, en efecto, así lo eran, al margen que Bogotá resultara un sitio lejano y desconocido.

Muchas cosas pueden decirse sobre el momento histórico y lo acontecido en Guararé. Sin embargo, para mi es llamativo la formalidad que se deriva del acuerdo municipal del día décimo del mes de noviembre, porque este es un documento de gran valor sociológico, además de histórico.

Por la naturaleza del acuerdo el lector se percata que lo realizado no fue otra cosa que la ejecución de un cabildo abierto, en la misma tónica que lo sucedido en la Villa de Los Santos, también un 10 de noviembre, pero del año 1821, aunque ochenta y dos años antes. Las dos poblaciones están ejecutando el mismo sistema democrático de consulta ciudadana que nos legó España y que tiene antecedentes tan antiguos como los debates en el ágora griega.

Y qué gran tino y responsabilidad de aquellos ediles de 1903, el de remitir al nuevo gobierno republicano copia de lo actuado; como si, en efecto, comprendieran la trascendencia histórica de lo actuado y quisieran prolongar en el tiempo la dignidad de un pueblo soberano.

Debo confesar que al leer el acta no dejo de emocionarme al ver plasmado en el papel tantos mensajes presentes y ocultos entre las líneas de lo redactado. Así debe ser, porque lo escrito demuestra la existencia de grupos humanos, como el nuestro, que moraban en áreas rurales, alejados de los principales centros urbanos, pero que tenían la formación y la visión que se extendía más allá de la sabana que habitaban.

Otra faceta de este memorable documento es la de registrar los nombres de las personas que asistieron al evento, sin duda para dejar constancia escrita de que aquello no era un capricho de los ediles, sino la expresión de una voluntad popular. Del mismo escrito también se deduce, por los nombres y apellidos, que al acto asistieron guarareños de diversos poblados. Y ese listado también es una muestra de las familias que poblaban Guararé en esos años de inicio de la República de Panamá. En el fondo es como si estuviéramos revisando los archivos parroquiales del templo a la Virgen de Las Mercedes, en donde igualmente se registran los nombres y apellidos desde el año 1869.

Luego de más de cien años el mensaje de los ediles guarareños sigue vigente, continúan llamando nuestra atención sobre los problemas del desarrollo de la comuna guarareña, desafían nuestra conducta ciudadana y nos retan a asumir nuevos emprendimientos. De la misma manera dejan en claro que la base del cambio social es el coraje, el atreverse a soñar con un nuevo amanecer, porque el 10 de noviembre de 1903 es un llamado a amar nuestro pueblo y asumir los desafíos de los nuevos tiempos. En síntesis, hacer posible y rendir tributo al guarareñismo como forma de vida y acción ciudadana.

Milcíades Pinzón Rodríguez

En Guararé, a 27 de noviembre de 2024.


23 octubre 2024

EN EL CENTENARIO DE LOS CORREGIMIENTOS DE GUARARÉ ARRIBA Y LAS TRANCAS

 




En la ruta que conecta a los pueblos de la costa con la zona del Canajagua, y en general sobre la serranía, hay mucho tema que comentar o al menos no faltan los que estamos deseosos de que así sea, porque gran parte de la historia de nuestras comuniddes aún está por dilucidar. Al respecto, ganas no faltan, reitero, aunque las fuentes documentales sean escasas y cueste poner en claro lo que sucedió en las últimas centurias.

Otro tanto acontece con la genealogía, la historia científica de las familias que poblaron la costa oriental, vale decir, aquellas que se establecen en Santa María de Escoria, Parita, Villa de Los Santos, Guararé, Las Tablas, Pocrí y Pedasí.

Sobre el tópico aún existe un mundo desconocido, con biografías y aportes anónimos en la construcción de los pueblos que se forjaron en la península de Azuero. Estamos ante antepasados, hombres y mujeres, que se enfrentaron al retador entorno, los que domeñaron el monte, procrearon hijos y sentaron las bases de las comunidades de Los Santos y Herrera.

Pienso en ello al tratar de avanzar algunas ideas básicas en el centenario de los corregimientos de Guararé Arriba y Las Trancas, aquellos sobre los que, desde el 23 de octubre de 1924, se establecieron los límites administrativas, uno de los cuales antaño se llamó Guararé de Los Espino. Fecha que también es significativa para el corregimiento de Las Trancas, creado en la misma época que el de Guararé Arriba.

No deja de ser casual que tanto Guararé Arriba como Las Trancas estén ubicados en la ruta que antaño permitía tener acceso a los montes y tierras del Canajagua, la elevación que ha inspirado a tantos santeños. El mismo sector, en el que habría que incluir a Sabana Grande, El Hato y Llano Abajo, los que formaban parte de la conquista del cerro que sirviera de inspiración al doctor Sergio González Ruiz en el poema “Mi coloquio con el Canajagua”, el que está, igualmente, en la base literaria de Alma de Azuero, la inolvidable novela del guarareño José del C. Saavedra Espino. Sin desconocer, claro está, la relevancia dela historia novelada de ¿ESPINO? MENSABÉ ANTES DE AZUERO, del también guarareño Leonidas Saavedra Espino

Todos estos lugares son herederos de la mentalidad conquistadora de los españoles que fundan la Villa de Los Santos el 1 de noviembre de 1569, poblado de donde procede el gentilicio de santeño, cuya pronunciación tanto orgullo despierta a los que nacen en la sabana peninsular. Porque no es casual que, en el camino que conduce a Guararé Arriba, se encuentre el visitante con el progresista poblado de Sabana Grande. Como tampoco es fortuito que ya casi en las estribaciones del Canajagua surja una aldea que se denominó Mogollón, sonoro nombre que se refiere a los negros coloniales que se escapaban de la esclavitud de los hacendados de la costa y buscaban refugio en la selva, a esos negros los españoles le llamaban mogollones.

Interesado por estas temáticas he tenido la posibilidad de apreciar, en los archivos parroquiales del templo guarareño, los apellidos que aún hoy marcan la historia lugareña. Se repiten porque forman parte de los agricultores y ganaderos que avanzaban con sus haciendas de la costa hacia la serranía. Ese grupo humano construyó lo que somos y forjó la cultura cuya expresión es el folklore santeño.

El avance de la costa hacia la montaña no sólo creó hatos ganaderos, como ha quedado ejemplificado con el nombre de un poblado, El Hato, sino que permitió que surgieran villas, como en los casos de Guararé Arriba y Las Trancas. Esta última con una denominación que demuestra la existencia de obstáculos y propiedades para poder avanzar, tal y como se deprende del vocablo trancas. Porque trancas eran también los barrotes protectores que se colocaban detrás de las puertas en las casas de quincha, así como en el portón que daba acceso al potrero.

Dicho lo anterior, queda claro que, si el 23 de octubre de 1924, hace un siglo, se crean estos dos corregimientos, se debe a que ya existía un grupo humano que se estaba reproduciendo y tenía construido un espacio económico, geográfico, cultural y poblacional.

Así tuvo que ser, porque los corregimientos no surgen de la noche a la mañana, ni son el capricho de una persona o familia. Estos casos en particular sugieren la maduración social desde el siglo XIX. En efecto, todo ello toma tiempo, porque, si pensamos, al menos en cien años atrás, podríamos indicar la existencia de pobladores desde 1824. Anterior a ese año sería arriesgado afirmar que en el siglo XVIII se estaba poblando la zona. Claro que podría ser, pero carecemos del apoyo documental para afirmarlo de manera categórica. Además, el mismo Guararé cabecera no tiene formato de pueblo hasta el siglo XVIII, lo que no niega que ya existían familias dispersas, quizás desde la segunda mitad del siglo XVII.

Hasta ahora lo que tenemos en firme es lo afirmado para el siglo XIX, de lo que también se deduce que por estos lares existían familias con algún grado de poder económico e influencia política como para hacer posible la creación de tales corregimientos, eso es indudable y tuvo que ser así. Sin embargo, no olvidemos que estos hechos son producto de fuerzas sociales, del empuje de la colectividad que es la que marca los derroteros finales y la que está detrás del surgimiento y evolución de Guararé Arriba y Las Trancas.

También debemos valorar que los corregimientos surgen en tiempo de la administración del doctor Belisario Porras Barahona. Luego de que el tableño construyera, en 1915, el parque de la ciudad de Las Tablas, la carretera en 1922, inaugurara el primer edificio escolar de su pueblo natal el 20 de septiembre de 1924, posterior a la puesta en valor, en la ciudad de Panamá, del Hospital Santo Tomás, hecho acaecido el 1 de septiembre de 1924.

Aquellos son tiempos de cambios sociales, del surgimiento de escuelas primarias, arribo de enfermeras y médicos, entre otros profesionales. Para la misma época el maestro Manuel Fernando de Las Mercedes Zárate imparte clases en Guararé y su colega Virgilio Angulo también escribe en el semanario El Eco Herrerano, diario que circuló desde la ciudad de Chitré.

Lo afirmado queda claro en el documento de creación de los corregimientos, pliego histórico que se constituye en puerta abierta a ese pasado centenario. En efecto, en la Gaceta Oficial, Año 221 y #4526 del 1 de diciembre de 1924, se deja constancia de la creación de los corregimientos de Guararé Arriba y Las Trancas, la que paso a transcribir literalmente.

El texto reza así: 

PROVINCIA DE LOS SANTOS

         DISTRITO DE GUARARÉ         

ACUERDO I° DE 1924

De 16 DE OCTUBRE

Por el cual se reforma el Acuerdo número 7

de 6 de noviembre de 1909 y se crea nuevos Corregimientos.

El Consejo Municipal del Distrito de Guararé

en uso de las facultades que le confiere la Ley, y

CONSIDERANDO:

Que para la mejor administración pública del Distrito se hace indispensable dividirlo en nuevos corregimientos y establecer claramente las Regidurías que corresponden al Corregimiento de Llano Abajo, según situación topográfica,

ACUERDA:

Artículo 1° El Corregimiento de Llano abajo lo comprenden

El caserío de Llano Abajo, que será su cabecera y Regidurías de Los Cerritos, El Bijao, Horquetilla, Los Pilones, El Potrero, Peña Rodada, El Zapo, Llano de La Palma, El Rodeo y Las Quebraditas.

Artículo 2° Créase los Corregimientos de Las Trancas y Guararé Arriba.

Artículo 3° El Corregimiento de Las Trancas, lo componen:

El caserío de Las Trancas, que será su cabecera y las Regidurías de El Gallo, El Codicioso, Tranquitas, Cañafístulo, Girón, Chumajal, Nalú, Cucula, Pavito, Macano, Calabacito, Bajo de Santana, Buena Vista, La Guinea, Los Toretos y Canajagua.

Artículo 4° El Corregimiento de Guararé Arriba comprende:

El caserío de Guararé Arriba que será su cabecera, y las Regidurías de El Hato y Quebrada Grande.

Artículo 5° La cabecera del Distrito comprende:

Las Regidurías de El Pueblo, Enea, Guaca, Jobo, Montero, Pacera, Perales, Albina Grande, Cuernitos, Espinal, Lagartillo, Lomas, Chumical, Galapaguero, Ciénaga Larga, Lagunitas y Pacheca, Tierras Blancas y Quebrada de Pablo.

Queda en esta forma reformado el Acuerdo número 7 del 23 de 6 de noviembre de 1909.

Dado en el salón de sesiones del Consejo Municipal de Guararé, el día 23 de octubre de mil novecientos veinticuatro.

El Presidente,                 

Guillermo Díaz.

El Secretario,              

M. Terrientes Alemán.

Alcaldía Municipal – Guararé, Octubre 24 de 1924

Aprobado

Désele la tramitación correspondiente y publíquese para los efectos consiguientes.

El Alcalde,

            José del C. Domínguez.

El Secretario,        

                   Estílito Escobar.

Del acuerdo que crea los corregimientos de Guararé y Las Trancas se derivan muchas enseñanzas. La primera confirma que en el año 1924 la localidad de Guararé de Los Espino ya se denomina Guararé Arriba, al menos el documento formaliza la nueva denominación, salvo que exista otra disposición jurídica previa. También destaca la profusión de pequeñas aldeas establecidas desde el Canajagua hasta la costa. Muchos de esos nombres son pintorescos y aún se mantienen como muestra de la fortaleza del santeñismo.

Los vínculos con Guararé cabecera parecen fuertes, si observamos los firmantes del acuerdo municipal. Allí aparecen Guillermo Espino (presidente del Consejo Municipal, político del liberalismo de la época), José del C. Domínguez (el alcalde, cuyo nombre será asignado a una reconocida cooperativa guarareña), así como Estílito Escobar (secretario municipal), hijo de Bibiana Pérez, la matrona que, junto al diputado Maximino Villalaz, crean el distrito de Guararé el 21 de enero de 1880.

Como hemos podido apreciar en esta aproximación histórica, los actuales corregimientos son el fruto de la constancia y el tesón de los habitantes de Guararé Arriba y Las Trancas. Se crean 55 años después del establecimiento de la parroquia dedicada a la virgen María, bajo la advocación a la Virgen de Las Mercedes (29 de julio de 1869), 44 años después del surgimiento del distrito (21 de enero de 1880), 21 años luego de la adhesión guarareña a la separación de Colombia (10 de noviembre de 1903) y 25 años antes que surgiera el Festival Nacional de La Mejorana.

De lo dicho se deriva que hay mucho que celebrar y recordar en el centenario de la creación de los corregimientos de Las Trancas y Guararé Arriba. Sin duda los habitantes tienen sobradas razones para estar orgullosos de lo que son, del esfuerzo de los antepasados, así como han de estar compenetrados de las tareas que están pendientes.

Que la brisa del Canajagua y el rumor de la corriente del río Guararé les dé la inspiración y la fuerza para ir perfeccionando la calidad de vida a la que tienen derecho. Que así sea.

 

Milcíades Pinzón Rodríguez

Disertación en Guararé Arriba con motivo del primer centenario de la creación de ese corregimiento y el de Las Trancas. Fechado en la Villa de Los Santos, en las faldas de cerro El Barco, a 23 de octubre de 2024.


19 enero 2024

CAVILACIONES SOBRE EL GUARARÉ DE ANTAÑO Y HOGAÑO



Si el lector me interrogase sobre la historia de Guararé -villa santeña que carga sobre sus espaldas parte de la cultura popular en su versión de tradición y folklore- diría que su pasado es similar al resto de los pueblos de la península de Azuero; aunque aún esa historia esté por escribirse y algunas interpretaciones aparezcan pletóricas de nostalgias y leyendas.

En efecto, los relatos están llenos de afirmaciones no siempre bien comprobadas por la ciencia. Esa carencia se explica por el rol secundario del área interiorana en relación con la zona de tránsito, con las consecuencias que ello tiene en la escasez de documentación escrita. En consecuencia, las fuentes documentales no abundan y más bien escasean. Y para palear tales ausencias, hay que recurrir a los archivos parroquiales que en el área datan de la primera mitad del siglo XVIII y desde allí poder inferir algunas tendencias que provienen de la segunda mitad del siglo precedente, es decir, siglo XVII. Y en el caso guarareño, tardíamente, desde 1869.

Hacia el período de inicio de la colonia únicamente aparece la íngrima referencia del conquistador Gaspar de Espinosa, quien envía a Diego de Hurtado a construir canoas en las proximidades del río Guararé. Allí, de paso, hay alusiones al cacique nominado Guararí, de donde aparentemente procede el nombre de la población. Claro que la referencia al tiba o cacique tenemos que asumirla con sumo cuidado, porque los escribanos de la época intentaron llevar al castellano los vocablos indígenas y no siempre eran fieles en la reproducción de los sonidos de un idioma, como el indígena, que les resultaba extraño.

Luego de este primer encuentro con los hispánicos no hay referencias escritas hasta el siglo XVIII y en este aspecto estamos en deuda con la Iglesia Católica, que recoge en los libros de bautismo, matrimonio y defunciones, la existencia de la población, como ya queda dicho. De ello se deduce, como lo he podido comprobar, que hay que acudir a los archivos de Pocrí, Las Tablas y Villa de Los Santos para intentar encontrar la genealogía de los guarareños, ya que en ellos está dispersa la poca información que podamos recabar. Lo cierto es que no estamos claros en lo que aconteció en esos trescientos años que transcurren entre los siglos XVI y XVIII.

Hay que dejar plasmado que la inexistencia de registros no significa que la conquista de las sabanas, tierras, albinas y marismas, que están al sur del río Guararé, no se produjera. Al parecer esa fue una conquista lenta con grupos familiares asentados en las tierras más feraces, como en el caso de ríos y quebradas, lo que explica la vocación agropecuaria del actual distrito de Guararé.

Acontecimientos posteriores vienen a confirmar lo que planteamos. En el siglo XIX se produce la creación municipal (21 de enero de 1880) y se establecce, once años antes, la advocación a Nuestra Señora La Virgen de Las Mercedes, el 31 de julio de 1869, fecha de establecimiento de la parroquia. Tales hitos históricos demuestran la existencia de un grupo social con conciencia de tal, apunta a que esos antepasados guardaban distancia y algunos resquemores sobre los poderes establecidos en la Villa de Los Santos y Las Tablas. Dicho de otra manera, son expresiones históricas de un fenómeno cultural y político: el nacimiento del guarareñismo.

Desde entonces el guarareñismo forma parte integral del santeñismo. La identidad se perfila en un núcleo humano que se siente diferente y que comienza a erigir los íconos que le son propios. Por tal razón es tan vital para Guararé el estudio del siglo XIX, porque en esta centuria se hace posible la estructuración formal de una conciencia que antes era larvaria y que madura en dos instituciones del decimonono: la municipal y la parroquial. Y en ese mismo siglo -década de los ochenta- asoma tímidamente la presencia de centros educativos de primaria, al aparecer las escuelas de niñas y varones que regentan Juana Vernaza y José de La Rosa Poveda, respectivamente.

En esta misma centuria, al final del siglo XIX, nace Manuel Fernando de Las Mercedes Zárate, personaje que simboliza en el plano personal el perfil del guarareño que ha de signar la vigésima centuria. Él encarna la aspiración del hombre lúcido, del orejano ilustrado que es capaz de abrirse camino por la vía de la ilustración.

Y en Guararé ha acontecido lo mismo que en otras latitudes. Allí va constituyendo un núcleo urbano que termina siendo la capital municipal; con su plaza, templo religioso y diseño urbano de tipo hipodámico o de tablero de ajedrez que emula los existentes en la Villa de Los Santos y Parita, los que tienen sus antecedentes en Natá de Los Caballeros y la antigua ciudad de Panamá.

Como en otros lugares, el poder económico, social y religioso estuvo en torno a la plaza, con las solariegas residencias. Una de las más icónicas – y que aún se mantiene- es la casa habitación de la familia Saavedra Espino, la que todavía se preserva próxima al parque establecido en los años veinte del siglo pasado.

Hay que precisar que este asunto de las familias hegemónicas no tiene en Guararé la misma expresión que en la Villa de Los Santos y Parita, en donde el núcleo urbano tiene un carácter rancio y acartonado, de distancia social, que distingue a la tierra de la mítica Rufina Alfaro o la del liberal Pedro Goitía Meléndez.

Sin embargo, la capital distrital cumple el papel de referencia para áreas más rurales. La revisión del Libro de Bautismos, por ejemplo, confirma el arribo dominical de campesinos que proceden de las faldas del Canajagua, lo que confirma que la conquista del cerro también fue producto de familias guarareñas que se tomaron esa zona para la realización de actividades agrícolas y ganaderas.

Al respecto, cuando escribí la historia del templo guarareño, me impresionó los listados de bautismos de párvulos que eran traídos por los familiares para recibir el agua bautismal y comprendí que ello sólo era posible por los nexos de los habitantes de la sierra con los radicados en el poblado, en una especie de complicidad cultural con el lugar de donde se era oriundo.

El siglo XX es otra cosa, es la centuria de la renovación, del cambio social y cultural. En esos años se renueva el templo, Guararé se adhiere - el 10 de noviembre de 1903- a la separación de Panamá de Colombia, la carretera porrista acaricia sus lares, se construye el parque en la plaza, edifican la Escuela Juana Vernaza, créase el Festival Nacional de La Mejorana, aparece la Cooperativa José del Carmen Domínguez, se establece la Unidad Sanitaria, se construye el edificio de la Policía Nacional, así como el Colegio Francisco Castillero Carrión, entre otro múltiples acontecimientos. Sin embargo, no todo es avance porque la apertura económica destruye la existencia de una incipiente industria. Tales los casos de las empresas de Reyes Espino, la jabonería de Ciro Saavedra Espino (que comercializaba el famoso Jabón Toro), así como la confección y calafateo de barcos en la desembocadura del río Guararé.

Durante la vigésima centuria se consolida el municipio y diversas instituciones estatales tienen su presencia burocrática, aparte de que se nominan las calles y el guarareño se hace más universal. Hay carencias, es cierto, pero el distrito adquiere un perfil colectivo, asume una personalidad propia y quedan atrás las dudas sobre la viabilidad municipal que distinguió el siglo XIX.

En el siglo XXI algunos desafíos son producto de la centuria precedente, pero ahora existe un ayuntamiento consolidado, que aún con limitaciones, mira el futuro con optimismo. El avance municipal dependerá del logro de una mayor modernización administrativa; lo que implica ejecución de tecnología, capacitación del personal, adecuada selección del alcalde y representantes de corregimiento, la atención a temas de la cultura y la satisfacción de las necesidades básicas de la población. En síntesis, la planificación del desarrollo distrital.

Como experimentamos época de profundas transformaciones, el tema cultural también debe ser prioritario. Me refiero al fomento del guarareñismo, a ese estilo de vida que ha definido la forma de ser de la colectividad. Deberá emprenderse ese rescate, porque historia e identidad cultural van de la mano, para que el guarareño siga teniendo sentido de pertenencia, ya sea que more en el distrito, o que haya sido parte de los migrantes de décadas pasadas o recientes.

En el siglo XXI y las centurias que han de venir, el lema de su famoso festival ha de estar adherido a las neuronas de las nuevas generaciones. Porque, así como “La Mejorana es para siempre”, también Guararé ha de perdurar en la conciencia y en obras de beneficio colectivo.

 

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19/I/2024


08 noviembre 2022

GUARARÉ Y EL 10 DE NOVIEMBRE DE 1903

 


El 10 de noviembre de 1903 se constituye, por derecho propio, en otro hito memorable del calendario histórico de los guarareños. En efecto, hace más de un siglo la generación que había nacido en la segunda mitad del siglo XIX, y aún antes, se reunieron en cabildo abierto convocado por las autoridades de aquella época para escuchar y hacerse protagonista de un acto en el que trazaron sus derroteros y los de las generaciones venideras. De común acuerdo optaron por un sistema republicano, independiente y democrático, y se adhirieron al movimiento que, en la ciudad de Panamá, buscaban separar al Istmo de la República de Colombia.

Aquel suceso histórico no deja de ser un acto corajudo, porque apenas habían transcurrido siete días de otro similar realizado en la ciudad de Panamá. Por aquellas calendas recién habían cesado los tambores de guerra entre liberales y conservadores, un niño llamado Manuel Fernando de Las Mercedes Zárate cumple cuatro años y la maestra Juana Vernaza prepara sus bártulos para impartir clases en la Escuela de Niñas. En Guararé no había parque central, aunque existía la plaza que en los años veinte, al ser transformada en parque público, se llamará Bibiana Pérez Gutiérrez. Por su parte, ya está en Guararé el cura Ubaldino Córdoba López, presbítero que acompañará la grey católica hasta bien entrada la primera mitad del siglo XX.

El 10 de noviembre, un pueblo apacible y digno, otra vez levanta la voz para ratificar en el mismo día y mes, aunque ochenta y dos años después, el derecho a la autodeterminación reclamado por la Villa de Los Santos en el siglo XIX, aunque en Guararé se realiza bajo otras circunstancias, año y siglo. El acta encontrada en los archivos nacionales y replicada en la Gaceta Oficial # 1, Año 1, Serie 1, #15 del 25 de enero de 1904, así lo confirma.

Este jalón libertario rubrica que la adhesión guarareña es un acto en firme, respaldado con documentación existente, lo que confiere al evento una validez que no puede ser negada. Es más, la pulcra redacción del acta de adhesión demuestra que el evento de adhesión se realizó con amplia participación ciudadana.

Lo que el documento evidencia es el respaldo popular a un cabildo abierto sumamente representativo. Basta con ver los apellidos para percatarse que el llamado no procede de un grupo de poder excluyente y con ínfulas de grandeza. Son centenares los firmantes que allí aparecen, y como no podía ser de otra manera, en aquellos tiempos la rúbrica corresponde a varones que en su mayoría son cabezas de familia. El campo y el emplazamiento urbano se dan en este caso un abrazo de patria.

Habría que realizar un estudio más exhaustivo, pero todo apunta a confirmar que asistieron guarareños que moraban desde las zonas aledañas al Canajagua, hasta habitantes de la costa, las marismas y las riberas del río guarareño, morando a uno y otro lado de esta corriente acuosa con nombre de cacique indígena.

El distrito de Guararé inicia el siglo XX con paso firme, lo que demuestra el proceso de maduración de sus habitantes, confirma los vínculos que por la vía del puerto o ría se tiene con la capital de la república, porque Porras aún no ha construido la carretera, ni la población cuenta con un edificio escolar que tendrá que esperar hasta la década del treinta. Mientras tanto la generación de inicios del siglo XX recibe sus nociones básicas en escuelas para párvulos en casas separadas, para niñas y varones.

Lo hermoso de la adhesión guarareña radica en percatarse que en el acta de adhesión no hay asomo de conflicto, ni de batallones dispuestos a ofrendar sus vidas. Lo de Guararé es compromiso, acompañamiento y reflexión, así como profunda es la fe en los destinos nacionales. No es este un suceso que pueda ser catalogado de grito, hay sí, patriotismo y redacción mesurada, alejada de ditirambos innecesarios, acaso porque los firmantes han vivido en carne propia las secuelas de la Guerra de Los Mil Días y encuentran un país casi sumido en las ruinas.

En 1903 estamos ante el inicio de una nueva época, en una centuria que se mira en lontananza con esperanza, porque los niños de entonces serán el relevo generacional que les tocará vivir parte de las promesas que implica el 10 de noviembre de 1903, el suceso histórico que abre para ellos un pimpollo en flor.

Corresponde a los guarareños ser fiel a ese llamado libertario, valorar la gesta en su pleno significado, realizar la lectura correcta de su misión trascendente, para que la fecha no quede presa de la celebración y sea también calidad de vida, inteligencia libertaria y deseos de edificar una sociedad que valora sus expresiones vernáculas, pero que es capaz de morar en un mundo en constante transformación.

A la altura del camino en que se encuentra transitando el guarareñismo, la existencia comprobada de la adhesión de Guararé al movimiento que hace posible la separación de Panamá de Colombia, sin duda es motivo de regocijo y complacencia, pero también implica un desafío inmenso para quienes crecimos a la sombra de la Escuela Juana Vernaza, valoramos el zaratismo y hemos hecho del culto a las tradiciones una manera de ser.

El 10 de noviembre de 1903 es compromiso puro, la certeza de una vida proba, la inteligencia alumbrando los recodos del camino y el convencimiento de que nos esperan grandes realizaciones. Que la virgen de Las Mercedes ilumine nuestro sendero y nos permita continuar conmemorando esta trascendente fecha histórica, al mismo tiempo que los frutos del desarrollo invaden nuestros campos y pueblos, mientras se escucha en la distancia el liberador sonido de la mejorana.

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7/XI/2022

 

 

 

 

 

 


27 junio 2022

450 AÑOS DEL SANTEÑISMO PENINSULAR

 

A lo largo del tiempo he escrito sobre este fascinante tópico, y el empeño heurístico no obedece a regionalismos miopes, mucho menos a visiones aldeanas o alegrías de tunantes, sino al deseo de asumir el tema como un hecho histórico, cultural y sociológico cuyo ímpetu ha impulsado el desarrollo regional y nacional, además de ser el punto de partido para comprender la personalidad colectiva del ser que el doctor Belisario Porras Barahona describiera como el orejano.

El próximo 10 de noviembre se cumplirán 450 años de la existencia de ese santeñismo. si partimos de la admisión, por parte de la Audiencia de Panamá, de la fundación de la Villa de Los Santos, hecho acaecido el 1 de noviembre de 1569, pero reconocido formalmente el 10 de noviembre de 1572, acontecimiento del que deja constancia la investigación del doctor Alfredo Castillero Calvo, que publicó en el año 1971 (LA FUNDACIÓN DE LA VILLA DE LOS SANTOS Y LOS ORÍGENES HISTÓRICOS DE AZUERO).

Si bien 1569 es el año de fundación de La Villa, 1572 es el año en el que el emplazamiento poblacional pasa de una acción de hecho a otra de derecho; lo que supone que a partir de allí es cuando podemos hablar de los embriones del santeñismo y de la génesis del gentilicio santeño. Evidentemente que lo santeño se fue decantando en el tiempo y fue un suceso de larga evolución que eclosiona, quizás, hacia el siglo XVIII y que tiene su expresión política el 10 de noviembre de 1821.

Desde el siglo XIX, la zona que perteneció a la Alcaldía Mayor de Natá comenzó a ser dividida. Tales los casos de la provincia de Azuero, el departamento de Los Santos y luego el de Herrera, las que después, en el siglo XX, serán reconocidas como provincias. Este hecho ha tenido profundas consecuencias en la conciencia del santeñismo, ya que ha inducido a la población a creer que Los Santos es una entidad cultural distinta a la de Herrera, desconociendo que el hombre surgido del mestizaje colonial forma parte de la misma argamasa cultural. Las consecuencias políticas han sido devastadoras, ya que el área ha perdido fortaleza política y estimulado rivalidades, ahora sí, no pocas veces comarcales, en el pleno sentido del vocablo.

En la vigésima centuria lo santeño se mira como el área ubicada al sur del río La Villa y santeño es quien habita la provincia de Los Santos. Sin embargo, la conmemoración de los 450 años, desde una perspectiva histórica y sociológica, no puede mirarse desde las actuales circunscripciones político-administrativas; porque de lo que se trata es de concebir al grupo humano desde miradores más amplios y no continuar atrapados en la visión burocrática de épocas recientes, tirando en saco roto la existencia de la cultura e historia común.

He sostenido en otro momento que el santeñismo es un estilo de vida, una forma de ser ; una visión de mundo que se nutre de la ruralidad, de la orejanidad, el minifundio y el catolicismo, la decantación de lo hispánico, indígena y el influjo del negro colonial. Estamos ante la forma de ser de un hombre sabanero que inicialmente mora entre Santa María de Escoria y punta Mala, el mismo que luego se expande desde la región oriental hacia las sabanas occidentales del actual Mariato veragüense.

Sobran motivos para conmemorar la fecha, para reflexionar sobre lo que este grupo humano ha realizado a lo largo de 450 años. Hay que repensar la zona para mirarla con otros ojos y tener la capacidad de valorar las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas en un mundo globalizado y con desafíos gigantescos.

Que la fecha no pase desapercibida es lo que se impone, porque el 10 de noviembre de 1572 es tan relevante como aquel otro de 1821. Ese día se institucionalizó la experiencia de vida de lo santeño, del santeñismo como forma de vida, producción económica, sentimiento, sociedad, cultura y orgullo patrio.                                                                                                                                

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02 junio 2022

LOS ARCHIVOS PARROQUIALES Y LA HISTORIA PENINSULAR.

 

Estudiar la sociedad supone darle una mirada desde diferentes ángulos: el económico, cultural, político, social, ambiental e histórico. Y analizar las manifestaciones contemporáneas exige no confundir las consecuencias con las causas, y para ello no hay nada tan relevante como incursionar en los orígenes de los grupos humanos que pueblan una región o país

En el caso que nos ocupa esa zona o región es la península de Azuero y el hombre que la habita, independiente que le llamemos santeño, herrerano, peninsular, orejano o azuerense. Sin embargo, la tarea se ve obstaculizada por la falta de fuentes documentales, porque en el pasado no hubo preocupación por colocar en blanco y negro los sucesos, estadísticas y testimonios biográficos de las mentes más preclaras de la región. Algo de ello aparece en la segunda mitad del siglo XIX y se hace más patente en la vigésima centuria.

El período precedente, el que corresponde a la colonia, aún está pendiente por esclarecer y asoma su rostro en las crónicas, no siempre fiables, de los siglos XVI, XVII Y XVIII. Sin embargo, acude en nuestro auxilio la existencia de los archivos parroquiales. Los documentos que contienen relatos en donde los curas registran bautismos, matrimonios y defunciones. Y en donde, además, encontramos informes que los obispos redactaron en sus visitas pastorales.

Tener acceso a tales escritos permite leer, indirectamente, la estratificación social, con sus referencias a cruces grandes, chicas y entierro de limosna. El asunto del poder político, económico y religioso es otra temática que se desprende de tales referencias documentales, así como sobre las familias que ocupaban puestos burocráticos y que entraban en alianzas matrimoniales para sostener las prerrogativas sociales.

Algunos de los presbíteros, por ejemplo, procedían de tales alianzas familiares en las que se entrecruzan el poder terrenal y el divino. Ello es patente en las composiciones de las cofradías; las asociaciones que la Iglesia católica avalaba con fines piadosos y que administraban los bienes de una figura religiosa, la de la virgen del Carmen, por ejemplo.

Los archivos parroquiales son valiosos auxiliares en la reconstrucción de la sociedad colonial, de unión a Colombia y aún del período republicano. Con ellos es posible asumir estudios genealógicos y tener una idea aproximada de la composición de diversas familias, así como de sus nexos regionales y relevancia social.

De lo planteado se colige que es imperioso la preservación de los archivos parroquiales que con tanto celo ha conservado la Iglesia católica desde el siglo XVIII. Allí está registrada la vida de nuestra población, datos históricos que son fundamentales para comprender nuestros orígenes como grupo humano. Adentrarse en la lectura de ellos es abrir la puerta a un mundo fascinante, cuyo embrujo cautiva al investigador, quien sentado frente a los añejos pergaminos logra auscultar los antiguos caminos por donde transitaron nuestros antepasados.

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1/VI/2022


19 mayo 2022

NATÁ DE LOS CABALLEROS Y LA VILLA DE LOS SANTOS

 


El 20 de mayo de 1522 los conquistadores hispánicos fundan Natá de Los Caballeros, lo hacen tres años después de establecer, el 15 de agosto de 1519, Nuestra Señora de La Asunción de Panamá. Tres décadas mas adelante, hacia 1558, se registra la existencia de los reductos indígenas de Parita y Cubitá o Cubita, ambas en las márgenes de los respectivos ríos; En ese andar fundacional la Villa de Los Santos asoma su rostro casi medio siglo desde la fundación de Natá, suceso acaecido el 1 de noviembre de 1569. Es decir, 47 años luego de establecida la población que duerme a la vera del río Chico y 50 de creada Panamá La Vieja.

Natá forma parte de una visión hispánica que primero establece Portobelo y Nombre de Dios en el Atlántico y luego la ciudad de Panamá en el Pacífico, porque hay que conectar el océano Pacífico con el Atlántico y a este con los puertos de España. En este proyecto hispánico la ciudad coclesana no surge al azar y desempeña su rol de avituallamiento de la ciudad de Panamá y de punto de lanza de la conquista del oeste del Istmo. Las nuestras son tierras de sabanas fértiles que habitaron los indígenas, los que fueron diezmados para establecer una nueva organización de los espacios geográficos basado en el diseño de la ciudad europeo; con el famoso damero, tablero de ajedrez o hipodámico. Allí la plaza, el templo, la alcaldía y las diversas familias que ocupan el resto de los solares según su relevancia social, racial y económica.

La región que se ubica en la sección suroeste de Nata, es decir, los actuales asentamientos peninsulares deben mucho a Natá. Ese nexo está en los orígenes y conquista de la región, aunque Gonzalo de Badajoz y Gaspar de Espinosa estuvieran antes recorriendo Herrera y Los Santos sin fundar ciudades. Los españoles radicados en Natá descubren nuestras sabanas y en ese proceder radica el origen del minifundio y, en general, toda la estructura agraria peninsular. También es cierto que la Villa de Los Santos desplaza a Nata, tan temprano como finales del siglo XVI y transcurso del XVII y se convierte en la sede del poder político, económico, social y religioso.

Sin embargo, Natá seguirá siendo relevante. El propio Grito Santeño (10 de noviembre de 1821) demuestra que esos nexos se mantuvieron, porque ambas poblaciones forman parte del eje agrario (Natá-Villa de Los Santos) que se antepone al transitismo (Nombre de Dios-Portobelo-Panamá), para reclamar en 1821 la cuota de poder económico y político a que tenían derecho.

La Villa y Nata son poblaciones coloniales que terminaron desplazadas por el mercantilismo de la zona de tránsito. Hoy, eso tienen en común, rememorar los lauros de antaño; situadas próximas a la costa, con ríos que han visto pasar el tiempo, acosadas por piratas de antaño y hogaño, burócratas y políticos con piel de lagarto. Están íngrimas, escuchando el golpe del badajo, que en la torre del templo llama a la oración mientras su eco sonoro se disipa en la llanería que alguna vez hollaron indígenas, españoles y negros coloniales. Quiero creer que habrán de redescubrir su fuerza, su mancomunidad histórica, aunque en 2022 ya hayan pasado 500 años de la fundación de Natá y 453 de la capital histórica de Azuero.

Medio milenio después, un campesino peninsular piensa en Natá, en el pueblo pletórico de historia. Y al hacerlo se siente parte de los natariegos, de sus alegrías al conmemorar la fundación de la villa en donde vivió Francisco Gómez Miró, ciudad añeja que tantos panameños ilustres ha aportado a la nación. Sí, Natá es nuestra hermana de lazos históricos, genealógicos, económicos, culturales y políticos; así ha de ser, porque mientras llegan tiempos de redención, comprendo que en el cumpleaños de un familiar siempre hay que estar presente.

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19/V/2022

 

 

                                                                                                                                                                        


19 marzo 2022

FUNDAMENTOS DE LA BANDERA DE LA PROVINCIA SANTEÑA

 



La gloriosa bandera de la Provincia de Los Santos tiene una historia hermosa. Su existencia está ligada a las luchas por la libertad y la unidad latinoamericana. El diseño procede del modelo que ideara el precursor de la independencia, general venezolano Francisco de Miranda, en la primera década del siglo XIX. En efecto, a medida que los países bolivarianos se emancipan, reconocen la bandera y se adoptan los listones tricolores como emblema de las nuevas naciones.

En el caso panameño eso mismo aconteció con el Primer Grito de Independencia del 10 de noviembre de 1821, dado en la Villa de Los Santos, y una serie de adhesiones en poblados como Las Tablas, Natá y otras circunscripciones que respondieron al llamado de la patria.

Desde entonces la bandera santeña flamea en la tierra del Canajagua como verdadero e irremplazable símbolo del santeñismo y del grupo humano que supo declararse libre del sistema monárquico para adherirse a las proclamas de libertad que se pregonaban desde los tiempos de la Revolución Francesa.

Escuchar y educar con la verdad HISTÓRICA

Toda bandera tiene su historia, de hecho, la creación está ligada a acontecimientos relevantes que marcan el devenir del sistema social. Los emblemas surgen como símbolos para representar a un grupo humano o para reconocer a la agrupación social a la que pertenecen. Se comprende, en consecuencia, que los escudos y banderas fueron asumidos por el poder militar, político, económico y religioso.

En nuestro caso la existencia de la bandera santeña no puede ser puesta en duda. Así, la Procuraduría de la Administración emitió su opinión (C-N.º 144 del 17 de julio de 2003, pág. 3) en la que deja bien claro la oficialización de la bandera histórica santeña. El ente administrativo afirma en contestación emitida a raíz de la consulta jurídica realizada por los ediles de la Provincia de Coclé, cuando éstos buscaban legalizar la bandera propia, lo siguiente: La Provincia de Los Santos cuenta con su bandera provincial desde 1821, bandera oficializada, mediante acto firmado por el Secretario de la Gobernación de aquella época y con el sello de Gobierno y Justicia”.

Los hechos históricos abundan. Por ejemplo, en el libro de Francis O’Connor D’arlach (INDEPENDENCIA AMERICANA, pág. 7), militar inglés muy ligado a Simón Bolívar y en aquella época coronel del ejército libertador de Colombia y general de división de los de Perú y Bolivia, estando presente en la ciudad de Panamá describe la confección de la bandera bolivariana en los siguientes términos:

“En aquellos mismos días fondeó en el puerto un buque procedente de la China, en el que compré un cajón de te y una buena cantidad de finísima seda, con los colores del pabellón de Colombia: -amarilla, azúl y colorada- de la que mandé hacer una hermosa bandera para mi batallón “Istmo”

El documento anterior y una segunda respuesta de la Procuraduría de la Administración (C-51-16 del 28 de abril del 2016) dejan en claro que la provincia santeña posee una bandera cuya existencia tiene, en el presente, el mismo valor que al momento en que elevó los ánimos para empuñarla en señal de libertad.   Hace poco esta tierra del Canajagua, del Coronel Segundo de Villarreal, de Belisario Porras Barahona, Gelo Córdoba, Manuel Fernando Zárate y demás protagonistas de nuestra historia, celebró el Bicentenario de la independencia de Panamá de España y entre las tres banderas que conformaron el logo nacional se escogió nuestra bandera tricolor: azul, amarillo y rojo.

Larga vida a la bandera santeña: histórica, cívica y libertaria.

La provincia de los santos ya tiene su bandera

En nuestro país tenemos un rarísimo tesoro que ya en otros países de América del Sur saben que representa la herencia dejada por Miranda y Bolívar. Utilizar oficialmente la tricolor enseña es señal de que reconocemos el mensaje de unidad, herencia cultural y legado de los próceres que ella encarna.

Cada persona nacida en la provincia debe lucirla con sano orgullo, colocarla en las casas, autos, oficinas, parques y similares. Y, en especial, cada 3, 4, 5, 10 y 28 de noviembre debería estar izada junto a la bandera nacional, rindiendo tributo a la enseña nacional y fortaleciendo nuestra identidad regional.

Es un honor, un privilegio, tener en nuestro haber semejante legado. Y como un tesoro nacional debemos enaltecerla y mostrarla públicamente con el orgullo de ser de una tierra de héroes.

¡Viva la bandera santeña!