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12 enero 2026

GUARARÉ Y LA LEY 22 DE DICIEMBRE DE 1864

 


La Ley 22 de diciembre de 1864, sobre división territorial, expedida por la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Panamá, mandata que en el Departamento de Los Santos se establezca el Distrito de Guararé. Como dato curioso he observado que en el artículo 41, a la hora de indicar los distritos que componen el departamento -Chitré, Guararé, Macaracas, Las Minas, Ocú, Parita, Pedasí, Pesé, Pocrí, Santamaría, Los Santos y Las Tablas- se señala que los mismos forman parte de la Península de Los Santos y no de Azuero. La cabecera departamental era Los Santos.

Por otro lado,  sabemos que la erección definitiva del municipio de Guararé no se produce hasta la Ley 7 del 21 de enero de 1880. Sin embargo, en la citada ley de 1864, aparecen los límites del distrito guarareño con los de Los Santos y Las Tablas. En efecto, en el artículo 43 se indica lo siguiente:

“Art. 43. Los límites del distrito de Guararé con el de Los Santos, desde el mar Pacífico frente a la boca de la Honda; aguas arriba esta la confluencia de la quebrada del Hato, aguas arriba de esta hasta 1as cabeceras de la quebrada de La "Limona," i de allí, línea recta al cerro de la Obligación, línea recta de este, al río de Guararé, aguas arriba hasta sus cabeceras, i de allí al cerro de Canajagua, hasta las cabeceras del rio de Perales. Con el de las Tablas será desde el mar Pacífico frente al cauce de la quebrada Las Lajas" i "Cocobolos”, aguas arriba hasta media milla de distancia, de los Potreros denominados de los "Parrillas," tirando una línea recta de esta distancia, hasta la punta del Papayo, y desde aquí otra línea recta hasta la quebrada de La Armita, aguas abajo hasta su desagüe al rio de Perales, i de este o aguas arriba basta su cabecera”.

Este conjunto de cambios administrativos, como en el caso guarareño, fueron moneda corriente en el siglo XIX, centuria caracterizada por permanente conflictos entre grupos conservadores y liberales, los que llevaron a la región a una zozobra administrativa que contribuyó a enconos regionales que no pocas veces se lavaron con sangre. Tal vez esas diatribas también fomentaron rivalidades entre los pueblos que aún hoy se ven sublimados en los carnavales y disputas deportivas.


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