martes, 15 de junio de 2010

EL LEONISMO GUARAREÑO

Hasta la saciedad se ha afirmado que el país vive una crisis de valores y no porque ello se repita cansonamente se ha de lograr que el entorno deje de ser adverso. Lo curioso, sin embargo, radica en comprender que durante ese mismo lapso de tiempo la economía florece como el guayacán en el mes de marzo. En efecto, mientras en el plano de los valores las noticias no son halagadoras, Panamá luce un envidiable panorama económico, al menos en el plano de los indicadores macroeconómicos, porque otro cantar encontramos en lo atinente a la distribución equitativa de la riqueza.
A lo que voy es que mientras algunos politicastros de viejas y nuevas triquiñuelas se empeñan en fastidiarnos la vida, el grueso de los panameños estamos demasiados ocupados en construir la nación. Y traigo este tópico a la palestra porque ya es hora que los istmeños comencemos a hablar de nuestras virtudes, del Panamá que se aleja de las veleidades de la política criolla y que condena la pose estudiada que esconde un academicismo epidérmico o un liderazgo centrado en el retintín de las monedas.
Uno de estos ejemplos de estoicismo acaece en Guararé. Porque han de saber que durante sesenta años, desde el 6 de junio de 1950, una organización comunitaria guarareña ha tenido el coraje de mantenerse en pie para acompañar a la población en sus luchas y afanes colectivos. En efecto, el Club de Leones de Guararé, es un ejemplo de perseverancia, de relevo generacional y de compromiso popular.
Durante seis décadas continuas, la organización que se inspira en la que creó Melvin Jones en Estados Unidos de Norteamérica, se ha hecho mejorana y guarapo campesino en mi pueblo natal. Soy testigo, sin ser león, de ese trajín de quienes se reúnen religiosamente, no obstante sus diferencias político-partidistas. Estamos ante un ejemplo concreto del mejor de los diálogos y la mejor de las concertaciones de la sociedad civil. Los leones guarareños han hecho realidad un intercambio de opiniones, que pueden ser divergentes, pero que al final convergen en un punto común. Este grupo de panameños ha comprendido que es necesario compartir un proyecto colectivo, que el liderazgo comunitario tiene que hacerse visible, como la “pella” que en la junta de embarra se adhiere a la “jaula” de la casa de quincha, porque es el producto de los afanes de la junta campesina.
La Biblioteca Pública Virgilio Angulo (educador que también fue León) es el ejemplo más excelso del caminar de los leones guarareños. Este edificio, sin grandes pretensiones arquitectónicas pero imbuido de buenas intenciones, es la expresión más emblemática de la visión leonística en la tierra de Bibiana Pérez y Manuel F. Zárate. Apostar por la educación de nuestra juventud es un verdadero acto de amor y de solidaridad para con la inteligencia del hombre santeño. Esos jóvenes nuestros que necesitan algo más que fiestas y bebitas embriagantes para trazarse sus propios derroteros.
Podría en este instante elaborar una larga lista de aportes ciudadanos de quienes hacen patria desde Guararé, pero no es el caso hacerlo. Pienso que lo que hay que ponderar es la constancia del Club de Leones de Guararé. La fe inquebrantable en la panameñidad; ese creer en nosotros mismos y comprender que Panamá, además de crecimiento económico, necesita desarrollo social; con organizaciones que acompañen a la población en su andar por el mundo.
“Nosotros servimos”, dice el lema leonísitico. Las seis décadas ininterrumpidas así lo comprueban. Surgido un año después de la creación del Festival Nacional de La Mejorana, el Club de Leones de Guararé es otra institución que ha proyectado, como el Festival, una imagen renovadora y de confianza en nuestro destino como colectividad.
Me alegro por los Leones, por mi pueblo y por mi nación. Y que continúen, junto a sus “domadoras”, rugiendo desde la Tierra de La Mejorana.

…mpr…