martes, 8 de enero de 2013

FOLKLORE Y ALIENACIÓN

 
Los que habitamos esta península con apellido de colombiano santanderista, que ha dado en llamarse Azuero, nos enorgullecemos de nuestras tradiciones. En efecto, nos agrada afirmar que moramos en la "cuna del folclor" e insuflamos  nuestros pechos con evidente orgullo.
Así las cosas, lo que importa ahora dilucidar es si, efectivamente, eso que denominamos como folklore corresponde en propiedad a lo que éste debe ser. En lo que a nosotros concierne, hemos insistido con vehemencia en que, en las últimas décadas, ese vocablo ha servido de excusa para ocultar un conjunto de eventos que se etiquetan como tales cuando en realidad son una burda caricatura del hecho folklórico. En el presente la alteración de dicho fenómeno ha adquirido tal proporción que, una cantidad no despreciable de la población, se involucra y defiende la comercialización de actividades que, vistiendo ropaje folklórico, a lo sumo podrían denominarse como de proyección folklórica. Tal es el caso de las llamadas cantaderas y los denominados bailes típicos.
En el año 1983, en una investigación que ha propósito se realizó, se demostró que sólo en la Provincia de Los Santos ese folklorismo alienante condujo a la realización de 726 bailes al año; todo ello sazonado con 118 cantinas, 43 bodegas, 6 distribuidoras de licores y 92 salas de bailes permanentes. Por otro lado, para esa misma fecha, la provincia no podía mostrar una media docena de bibliotecas públicas y el censo de población indicaba que hasta el año 1980 habían tenido que abandonar la tierra de Belisario no menos de 45,000 santeños. En lo que concierne a la Provincia de Herrera, no deja de ser sintomático que los guarismos estadísticos nos confirmen que el herrerano consume más seco que leche.
Se trata, pues, del hecho indudable de que en el caso azuerense el folklore ha sido adulterado y convertido en mercancía. A todo ello, las principales autoridades guardan un silencio sepulcral, temerosas de hacer frente a los grandes intereses económicos que siguen empeñados en mantener a nuestra población en una permanente borrachera de "folklore" y de tradiciones mal entendidas.
Sin duda los tiempos cambian, y con ellos la cultura de los pueblos. El folklore ha de ser anónimo, tradicional, plástico, prelógico, no institucionalizado; tales son algunas de las características que lo definen. Precisamente la plasticidad que posee es la que le permite adaptarse a la nueva época, pero, dejémoslo bien claro, sin menoscabo de sus esencias. Su natural plasticidad es algo muy diferente a la aberrante adulteración que en nuestro medio se ha ensañado sobre la sabiduría popular que, en síntesis, es el folklor.
                                                                                                   .....mpr...
(1998)

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