lunes, 24 de octubre de 2011

EL NEGRO AFROCOLONIAL Y SU LEGADO A LA CULTURA AZUERENSE


En la conciencia del panameño, hablar sobre la influencia de la cultura negra en la sociedad azuerense, para algunos puede resultar novedoso y hasta extraño. Se piensa, erróneamente, que nuestra cultura se ha distinguido por una exclusiva y dominante impronta hispánica. Y ello, en efecto, no deja de tener su porción de verdad; porque no podemos negar que la presencia española ha sido hegemónica en el grupo cultural azuerense. Sin embargo, tal aseveración no puede ser utilizada como excusa para negar que el grupo afrocolonial nos haya legado parte considerable de nuestro quehacer social.
Los primeros contingentes de negros africanos arriban a nuestra península desde el siglo XVI. En una fecha tan temprana como 1569, según Alfredo Castillero Calvo ("La Fundación de La Villa de Los Santos y los Orígenes Históricos de Azuero"), existían en La Villa santeña 300 esclavos africanos, 90 a 100 indios libres y 50 españoles. En cambio, Omar Jaén Suárez ("La Población del Istmo de Panamá") nos hace saber que en el año 1586 La Villa de Los Santos tenía aproximadamente 70 vecinos blancos y 600 negros. El grupo afrocolonial laboraba como esclavo en las "haciendas" de blancos y/o desempeñaba labores domésticas en los núcleos urbanos de La Villa, Parita, Pesé y Las Tablas. Este último autor citado, fecha el surgimiento de Santa María, poblado herrerano de evidente presencia negra, en el año 1692. Por su parte, Oscar Velarde en su ensayo "Los tableños durante la Colonia" asevera que a finales del siglo XVIII (1790) existían 66 esclavos en la tierra de Porras. Importante información, si consideramos que el investigador tableño nos dice que en  el año 1808 Las Tablas tenía una población que se estimaba en 547 habitantes.
En nuestro días los descendientes de los negros esclavos, que con el transcurrir de los años se mezclaron con blancos e indígenas, muestran su innegable legado genético en no pocos habitantes de Santa María, Parita, Chitré, Villa de Los Santos, La Palma, Purio y Pocrí. Una simple y sencilla visita a las comunidades aledañas a los pueblos indicados, nos deja entrever a grupos humanos de evidente influencia negroide. Uno de los ejemplos más notorios lo aportan las comunidades que circundan a La Villa de Los Santos. Allí están, entre otras, las comunidades de Santa Ana, San Agustín, Guayabal, Llano Largo y Los Olivos. En ellas, los rasgos negroides de no pocos moradores de los poblados en cuestión, afloran en su semblante.
Un caso sintomático es el chitreano. En sentido general, pareciera que el chitreano autóctono es fundamentalmente un mulato, es decir, el producto de la mezcla del negro con el español. En cambio, no deja de ser llamativo que el habitante de la capital provincial herrerana se distinga por llamar a sus pequeñuelos con el mote de "zambito". Hay que recordar que el zambo es el hijo de negro e india, o al contrario. Por ello, no debe resultarnos extraño que una Ciudad como Chitré (ubicada entre La Villa de Los Santos -donde el negro afrocolonial era mayoritario- y Parita, -originalmente una población de indios libertos), casi que necesariamente  cuente con una población como la indicada.
Ejemplos azuerenses hay muchos. Recordemos que la antigua denominación de La Palma de Las Tablas era la de "El Cuzco". A propósito, ¿es éste un nombre indígena, al estilo del Cuzco peruano ?, ¿se trata acaso de una deformación de cuscú; vocablo con el que se designaba en la Colonia a un tipo de negro africano y que en nuestros días ha terminado por referirse a un cabello ensortijado ? De la misma manera, no deja de ser sorprendente que, no lejos de la población de Las Cruces, en la vía que conduce a Macaracas, sobre una pequeña alcantarilla se lee: "Quebrada Cuscú".
La impronta del negro colonial en el Azuero de hoy, no sólo está en nuestra toponimia peninsular, sino en nuestros gustos culinarios. Para nadie es desconocido que un humeante plato de sancocho de gallina, a poca gente agradaría si éste careciera de una buena dosis de ñame. Ese ñame que más africano no puede ser, y que nuestro hombre del campo siembra en unas huertas que deben mucho al cultivo que nos trajeron los esclavos africanos.
África está, también, en el folklore de Herrera y Los Santos. Aún existe una gran disputa en torno a los pretendidos orígenes hispánicos de la pollera; génesis que otros dicen ver en el pollerón de las esclavas que atendían las casas de los españoles. Así es, cuando en éste sábado dormilón intento escribir estas breves notas, el eco me trae el sonido de un tambor que grita a los cuatro vientos su africanidad. Y, aquí, en esta Villa tan centenaria, el zaracundé se toma las plaza y grita; "Negrito tu qué queré". No nos engañemos, si España es nuestra Madre Patria, África por lo menos es nuestra tía.
.....mpr...
8/V/1999