viernes, 4 de octubre de 2013

LA ENEA, DAVID VERGARA GARCÍA Y SU RESEÑA HISTÓRICA



Hace algunos años, el 28 de enero del año 2000 para ser exacto, tuve la grata oportunidad de “bautizar” en este templo a otro hijo de David Vergara García, a quien él dio en llamar LA ENEA, RESEÑA HISTÓRICA. En aquella ocasión el evento se produjo en el marco de las celebraciones de San Juan Bosco, patrono de esta población guarareña  enclavada en la costa oriental de la Península de Azuero. Sí, en este hermoso accidente geográfico, en este bloque de tierra que se interna al mar, en donde moran 200 mil personas que han dado identidad cultural al Istmo.

Debo confesar que siempre he disfrutado el realizar presentaciones de libros y revistas en un templo parroquial, quizás porque valoro lo que han representado tales organizaciones religiosas, las que debemos al tesón de los españoles que desde el Siglo XVI diseminaron su cultura por estos lares. Y digo bien, afirmo que templo, que no iglesia, porque el primero constituye la construcción arquitectónica, mientras que la segunda hace referencia a los  feligreses que profesan una religión. Claro que al final ambos se dan un abrazo de hermano, cual si fueran las dos caras de una moneda.
Pues bien, aquí estamos esta noche, conscientes que en nuestra zona geográfica la  tarea que aún está pendiente es la de asumir el desafío que el libro implica. La creación literaria es un acto que supone aprender a dialogar con el silencio de la alta noche, despertarse una  madrugada y sentarse a plasmar sobre las páginas nuestra visión de la realidad. Tarea por  demás necesaria es imperiosa. Me pregunto: ¿Qué podríamos saber de la vida de Jesús si los escritores de antaño no hubiesen narrado los pasajes bíblicos del Hijo de Galilea? ¿Y qué conoceríamos de los libros de caballería si El Manco de Lepanto,  Don Miguel de Cervantes Saavedra, no hubiese sido crítico de ellas y elaborado un  texto para narrarnos las aventuras de Don Quijote de La Mancha? Y acá en el suelo patrio, en nuestra peninsular región,  cómo comprender al orejano que mora en la zona sin leer a Belisario Porras Barahona, José Huerta, Antonio Moscoso Barrera, Manuel F. Zárate, Zoraida Díaz, Sergio González Ruiz, José del C. Saavedra Espino, Oscar Velarde Batista, Leonidas Saavedra Espino, Ofelia Hooper Polo, Plinio Cogley Quintero, Roberto Pérez-Franco, Alberto Arjona Osorio,  José Aparicio Bernal y una larga lista de literatos que no se conforman con sentir y valorar su cultura, sino que plasman en libros y revistas el mundo de los orejanos.
Si hemos de creer en una nación que se precia de altos índices de crecimiento y de poseer los más altos ingresos per cápita de América Latina, luego, tiene que haber espacio para la inteligencia, para dejar plasmado en el escaparate del libro, lo que corresponda al caminar del istmeño sobre su tierra. Esa política es tanto más necesaria en aquellas sociedades que, como la nuestra, experimentan cambios sociales acelerados, transformaciones que trastocan la sociedad en que vivimos.
Por eso la II edición de LA ENEA, RESEÑA HISTÓRICA, cae como anillo al dedo. Viene a fortalecer nuestra identidad nacional y comarcal. El profesor David Vergara García así lo entiende y se atreve a publicar un texto para resaltar los valores sociales, culturales e históricos que han florecido en una comunidad, que como La Enea de Guararé, se precia de ser cultora de los mismos.
Estamos ante un libro que supera en presentación formal al previo; más sin embargo, mantiene los aspectos cualitativos del anterior e incluso llega a superarlos. Además, aparece en un momento muy oportuno, cuando la comunidad conmemora  el medio siglo de la creación del corregimiento. Y en esto el aporte bibliográfico del hijo de La Enea también es ejemplar. Porque el autor nos marca un derrotero, a su manera nos indica que los aspectos festivos, a los que somos tan proclives los santeños, también deben acompañarse con eventos más perdurables, de más largo aliento.
LA ENEA, RESEÑA HISTÓRICA es un canto a este pueblo marinero, agrícola, ganadero, deportista y depositario de una artesanía que le ha dado lustre y prestigio a la nación. He vuelto a revisar sus setenta y dos páginas (72) y al hacerlo he experimentado un sano orgullo de hombre de extracción campesina, bellavisteño que ha tenido la fortuna de recorrer otros mundos y de beber de la sabia vivificadora que se respira en los claustros europeos, centroamericanos y panameños.
Don David divide su investigación en cuatro (4) secciones. Muy sabiamente, en la primera, nos introduce en la geografía y la historia comarcal. Pasa luego, en la segunda, a demostrarnos la economía y las industrias que florecen en este corregimiento guarareño. La tercera da cuenta del desarrollo urbano y la cuarta recoge, como en un cajón de sastre, aquellos aspectos que él denomina “Datos curiosos”.
Lo hermoso del libro del amigo David es adentrarse en su lectura y descubrir rostros amigos, unos presentes y otros que partieron, pero todos, sin excepción, constructores de la vida sociocultural del poblado. Puede apreciarse la evolución de las instituciones sociales, así como estampas fotográficas que no necesitan pie de página, porque ellas son lo suficientemente elocuentes como para hablarnos desde sus silencios.
Debo afirmar que hay algo de congoja en el libro del profesor David, un como dolor profundo por una época que se nos fue, por esa Enea que surqué en bicicleta y por la que mis padres sentían particular devoción; como que en mis propias venas también corre sangre de los Vergara y los Bustamante. En este aspecto el aporte bibliográfico también es muy santeño; con esa forma tan particular que tenemos de pendular, anímicamente, de lo melancólico a lo festivo, de lo sacro a lo profano.
En cambio, también podemos decir que es un canto a la orejanidad. Un grito interiorano de una comunidad que no se ha contentado con ponerse a llorar a la vera del camino. Porque si bien el eneense sabe divertirse, también sabe trabajar y posee una ética laborar que le ha dispensado merecida fama. Y como si fuera poco, el Festival de La Mejorana ha de agradecer a La Enea las once (reinas) que ha tenido desde 1960 al 2013.
Que sirvan estas palabras de exordio, de respetuoso llamado, a todos aquellos que aún no han leído el libro del amigo David Vergara García. No saben lo que se pierden. En cambio, al autor, al incansable docente, cooperativista, folklorista y abogado, las gracias por la oportunidad de volver a recorrer, en las páginas de su libro, los senderos de La Enea marinera que aprendí a valorar y respetar desde niño.
......mpr...

Parroquia de Don Bosco, La Enea, 5 de septiembre de 2013. 

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