lunes, 4 de noviembre de 2013

EL PAUSÍLIPO Y BELISARIO PORRAS BARAHONA


La vieja y solariega residencia del Dr. Belisario Porras Barahona, ubicada en Las Tablas Abajo, jurisdicción del Distrito de Las Tablas, está llena de hondos y profundos significados. Lleva ese nombre en honor a unas colinas de la italiana ciudad de Nápoles en donde se afirma que están enterrados los restos del poeta Virgilio (70-19 a.C); hecho que refleja la gran admiración que sentía el Ilustre Tableño por los clásicos griegos y romanos.
En la actualidad es una CASA MUSEO que data del año 1889, fecha cuando el Dr. Porras Barahona la construye en terrenos próximos a la Playa de Las Comadres. La estructura es novedosa para la época y sienta las bases de una renovación arquitectónica que tendrá sus mayores expresiones hacia la década del veinte del Siglo XX, período histórico cuando el presidente santeño también edifica la Escuela Modelo Presidente Porras (1924).
La casa no sólo fue un sitio de recreo vacacional, ya que acaso sea la segunda residencia presidencial más importante de la vigésima centuria. Sitio en donde el tres veces presidente de la República gustaba de reunir a sus amigos, correligionarios y miembros de su equipo de trabajo. Allí se hospedaron los más preclaros personajes políticos que le acompañaron en su gestión presidencial; aparte de poetas, campesinos y literatos.
El Pausílipo es una expresión temprana de lo que sería la visión de patria del Dr. Belisario Porras Barahona, el estadista por antonomasia de la nación istmeña. Así como Porras, por vía del ejemplo, promueve sustanciales cambios en la estructura residencial que data de la Colonia, de la misma manera coloca su empeño para que la naciente república transforme el sistema sanitario, renueve las vías de transporte y comunicaciones, actualice el sistema educativo, organice su andamiaje jurídico, fomente los estudios ambientales y, en suma, se sienten las bases que le permitirán a la novel república asumir con entusiasmo lo desafíos de la era moderna.
En consecuencia, no se puede negar el buen tino de los organizadores del Desfile de Las Mil Polleras al presentar a la consideración del visitante una carroza que rinde tributo al tesón de ese notable hijo de Las Tablas, el más grande y visionario de los presidentes panameños. Dos cosas sobresalen en ella, el Pausílipo tableño y el busto de Porras -situado el último frente al lugar en donde se ubicaba la residencia de sus abuelos maternos-; porque ambos siguen siendo un claro testimonio de que la inteligencia istmeña también puede calzar cutarras. Mensaje sublime y trascendente sobre la importancia de vivir, creer e impulsar un proyecto de nación.       


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