viernes, 16 de octubre de 2015

LAS ACUARELAS DE ANGEL SANTOS BARRIOS



En mi transitar por la tierra de Cubitá siempre he disfrutado de eventos como el que nos congrega en el  Banco Nacional, sucursal de Chitré. Así lo expreso porque tales actividades recogen una dimensión diferente de lo que somos como sociedad y cultura regional. Hay que decirlo y pregonarlo a los cuatro vientos, para que las presentes y futuras generaciones logren comprender que Herrera y Los Santos no son, únicamente, y a mucho orgullo, sólo el receptáculo de expresiones vernáculas.
Debe saberse que el  arte en todas sus manifestaciones florece en la tierra del Canajagua y El Tijeras,  en la cuna de Ofelia Hooper Polo y Belisario Porras Barahona, asiento geográfico de los ríos Parita y La Villa. En efecto, nada más hay que recorrer la península y mirar los petroglifos de El Montuoso y Tonosí para percatarse que el hombre en todas las épocas ha querido plasmar su trajinar en el lienzo, ya sea éste lítico, barro o tela. Visite, además, los templos religiosos y percátese de la maravilla  que encarnan los retablos de Parita, La Villa y Las Tablas. Y ni qué decir de la pinacoteca comunitaria que es La Arena de Chitré o de las artística policromía de las guirnaldas de las  empolleradas.

Sobre la pintura azuerense

Una pléyade de personajes nacidos en Azuero ha dado muestras de que no somos simplemente seres que nos contentamos con el día a día de nuestras vidas. El hombre y la mujer orejanos siempre han sido, como dirían los eternos cazadores de modo, emprendedores. A través del tiempo la música, danza, literatura y pintura tienen sus exponentes; personajes que al recoger en las creaciones lo que somos, despiertan nuestra conciencia dormida para comprender que el grupo humano de Herrera y Los Santos constituyen la nación que puebla la Península de Azuero. Y aclaro, digo nación, no república.
Así es, nuestra cultura transpira arte por los cuatro costados. Pienso en el caso de Sebastián Villalaz, pintor del escudo nacional, allá por las primeras décadas del siglo XX. Hay que recordar al  médico, escritor y pintor ocueño José María Núñez Quintero; al santeño Juan Manuel Cedeño, retratista por antonomasia de presidentes y rectores, así como de personajes notables del Istmo. Y si incursionamos en la segunda mitad del Siglo XX y lo que transcurre de la presente centuria, allí está el desaparecido Raúl Vásquez Sáez, un hombre que descubre los vericuetos de la magia y la hechicería que se hacen cuadros fabulosos. Nombres hay, y sin querer inventariarlos a todos, rememoro a don Gilberto Quintero (q.d.D.g) con raíces en París de Parita, así como al chitreano Elpidio Mendoza, entre otros.

Ángel Santos Barrios y su obra

Amigos, esta apretada síntesis de algunos momentos de la cultura y pintura regional no ha pretendido ser exhaustiva y sólo la expongo como marco referencial para justipreciar la exposición pictórica de un herrerano multifacético, don Ángel Santos Barrios Quintero. Ángel Santos, nacido en París de Parita a mediados de la década del cincuenta del siglo pasado, se le conoce en la región como corresponsal de canales televisivos, comentarista radial y fogoso admirador de la cultura autóctona. Tampoco hay que desdeñar sus escritos en periódicos de circulación nacional y aún al herrerano le sobra tiempo y energía par rugir en el Club de Leones.
En cambio, cada vez son más los paisanos que saben que el pariteño también incursiona en los goces estéticos de la pintura, especialmente como acuarelista. Y justamente por el desarrollo de esta última actividad es que acudimos a esta cita, no sólo para que él sienta el calor fraterno de los amigos, sino para lanzar una clarinada que pregone el triunfo de la inteligencia sobre la estulticia y la indiferencia.
Los organizadores de la exposición de acuarelas la han bautizado con el nombre de COLORES DE MI PUEBLO, denominación que es certera porque refleja como en un espejo la esencia de los trazos cromáticos con los que el autor intenta recoger el espíritu de quienes habitan esta tierra que en distintas épocas y por diversas circunstancias, han nominado Cubitá, Mensabé, Azuero, Los Santos, Herrera y sabrá Dios qué otro apelativo en tiempos precolombinos.
Don Ángel Santos Barrios Quintero realiza su labor de acuarelista en la ruta de otros paisanos que les antecedieron, tal el caso de Rubén Villalaz Solís quien hizo del género uno de sus predilectos. Afirman los expertos que la acuarela es una técnica pictórica que demanda del autor mucha seguridad y precisión, ya que lo realizado no permite improvisaciones de quien la ejecuta.
Las diversas acuarelas de don Ángel Santos son una muestra de lo que este herrerano guarda en su cerebro y en su corazón. Bulle en todas ellas un sano orgullo de hombre de pueblo. De alguien que se siente parte constitutiva de esta peninsular región que mide ochenta kilómetros de ancho por cien de largo. Por ello no pueden faltar las muestras icónicas de la orejanidad: máscaras de diablicos, el templo de San Juan Bautista, así como paisajes de lagunas y caballos trotando sobre las arenas que moja la mar océano que nos rodea.
El trabajo de Ángel Santos es un canto a la tierra, con imágenes sensoriales que intentan ser fieles a lo que mira y siente. Porque así como el escritor va armando estructuras semánticas con palabras, el pariteño edifica tratados sociológicos con el pincel, para resumir en imágenes el ethos de la cultura de Pedro Goytía Meléndez y Francisco Gutiérrez. Y creo, sinceramente, que aquí radica el aporte del periodista y pintor. En estos tiempos modernos, el que el azuerense se reconozca en las acuarelas, estimula una extraordinaria toma de conciencia, porque en el deterioro creciente de la identidad radica la mayor tragedia de los que habitamos la zona. No somos franceses, estadounidenses ni italianos, constituimos el híbrido amasijo de españoles, indígenas y africanos que en quinientos años hemos forjado un ser con su propia idiosincrasia.
Así las cosas, no voy a encasillar el aporte de Ángel Santos Barrios Quintero en una u otra escuela, porque soy sociólogo y no crítico de arte.  De lo que sí puedo dar fe es que al pariteño, como a otros grandes personajes de la región, al recorrer su tierra amada  le duele el cogollo del corazón. Me refiero a ese sentimiento agridulce que llamamos congoja o cabanga y que al transmutarse se convierte en “jupío” en el monte, saloma campesina, rasgueo de mejorana, sonido bohemio del acordeón, repique y doble de campanas y olor a tierra mojada.
En todas estas cosas medito cuando miro las acuarelas del pariteño, y dentro de mis limitaciones saco fuerzas para decirle a Ángel Santos, no desmayes amigo, que tus acuarelas son el  vivo retrato de lo que somos.

.....mpr...
Nota: Disertación en la inauguración de la exposición. Banco Nacional de  Panamá, Sucursal Chitré, 16 de octubre de 2016.