martes, 22 de enero de 2008

¿AZUERO, HERRERA, LOS SANTOS?

No pocas personas se preguntan con alguna frecuencia de dónde procede el nombre de Azuero, vocablo con el que se designa a una importante región panameña. Incluso algunos santeños y herreranos sienten cierta antipatía por el uso del término, en especial, si con él estiman que se intenta hacer referencia a la región como un ardid para lograr beneficios de una provincia en desmedro de la otra. Argumentan otros que la denominación es la de Herrera y Los Santos, y en modo alguno la de Azuero.
Sin embargo, el equívoco procede del hecho de confundir las divisiones políticas con las de índole cultural, así como de carecer de nociones básicas de historia "azuerense". ¿ Azuero, Herrera, Los Santos? ; en lo personal, esa discusión siempre me ha parecido un tanto bizantina; porque los problemas de nuestra Península no se resuelven con precisiones de índole semántica sino con modelos de desarrollo centrados en el hombre. Conviene, pues, arribar a algún tipo de conclusiones sobre el tema, previa dilucidación de lo azuerense en términos de cultura, historia y política.

Aspectos de índole cultural

Hasta donde conocemos, antes de la llegada de los españoles las actuales provincias centrales conformaban un área cultural bastante homogénea. En las riberas de los ríos Chico, Coclé, Grande, Santa María, Parita, La Villa y Guararé, florecieron importantes cacicazgos. Con posterioridad, los españoles destruyen esas culturas y sobre los despojos de las mismas se ha ido confor­mando durante quinientos años un hombre que es el producto de una fusión cultural de negros, indios y blancos.
Hoy en día, los hombres que habitamos nuestra región peninsular poseemos una identidad cultural inconfundible. Siendo así, pretender escindir una cultura que se inicia en Divisa y termina en Morro de Puerco, Búcaro y Punta Mala, argumentando que alguien decretó que los límites entre Herrera y Los Santos los establece la "Muralla China" del río La Villa, resulta una empresa risible e improduc­tiva.
Con una que otra variante, los "herreranos" y los "sante­ños" somos un mismo grupo cultural. Todos poseemos esa saludable y necesaria dosis de etnocentrismo que le brinda cohesión e identi­dad a un grupo. Pese a toda la zozobra adminis­trativa que históricamente ha experimentado la Península, nuestro hombre siente que Divisa es el portal de su casa.

El problema histórico y los límites políticos

El fuerte arraigo del azuerense a su parcela de tierra, villo­rrio y región, se explica en base a la manera como se establecieron los españoles a partir del siglo XVI. Dicha modalidad poblacional se caracterizó por casas aisladas, ermitas y pequeños villorrios que a la postre estimularon el regionalismo. Así se conformó una cosmovisión centrada en la finca y más tarde en la parroquia.
La región azuerense perteneció durante la Colonia -en gran parte de su sección oriental -, a la Alcaldía Mayor de Natá; y en su parte occidental a Veraguas. Con algunas modificaciones esos límites políticos todavía perduran. Sin embargo, a partir de 1821, cuando con la indepen­dencia de Panamá de España y la posterior adhesión a Colombia, se crea en 1822 el Departamento del Istmo, la jurisdicción adminis­trativa se dividió en las provincias de Veraguas y Panamá; formando nuestra región parte de ésta última, dentro de lo que se conoció como el Cantón de Los Santos. Hacia el año 1850 el Decreto de 8 de abril de ese año creó la Provincia de Azuero, consti­tuida por los cantones de Los Santos y Parita, siendo la Villa de Los Santos su capital.
El nombre con el que se designó a la nueva provincia respondió al deseo del Congreso Colombiano de rendir honores al Dr. Vicente Azuero (1787-1844). Dicho ciudadano fue un insigne liberal partidario del apego a la constitución colombiana y seguidor del general Francisco de Paula Santander (1792-1840), siendo éste último el máximo exponente del liberalismo colombiano. Conocido es que los liberales santanderis­tas rivalizaron con las tendencias "dictatoria­les" que asumió Simón Bolívar para evitar la desintegra­ción de la Gran Colom­bia.
Vicente Azuero era hermano de Pedro Celestino Azuero, joven éste que fuera ejecutado luego del fallido intento de asesinato contra el Liberta­dor, desafortunada intentona golpista del 25 de septiembre de 1828. Así las cosas, el nombre de nuestra región viene a ser en realidad un apelli­do, tal y como acontecerá con posterioridad con una de las provincias que adoptará como propio el apellido del general Tomás Herrera (1804-1860).
Sin embargo, la inestabilidad que siempre ha acompañado a nuestro país no se detuvo allí. Al establecerse, mediante la Ley 12 de septiembre de 1855, las nuevas jurisdicciones administrativas del Estado Federal de Panamá, son creados el Departamento de Herrera y el Departa­mento de Los Santos. De la misma manera, sabemos que durante todo el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, nuestra región sufrió en carne propia las luchas entre liberales y conservadores. Ello hizo que en múltiples ocasiones se suprima un departamento en beneficio del otro, se cambien las cabeceras provinciales ( Pesé, Chitré, La Villa y Las Tablas); quedando distritos como Macaracas, Los Pozos, Chitré, Tonosí y Los Santos integrados a uno u otro departamento.
Aún en nuestro siglo XX los politicastros insisten en jugar con los límites administrativos para llevar agua a su molino. La Ley 55 de 30 de diciembre de 1914 crea la Provincia de Azuero constituida por los mismos distritos que en la actualidad conforman la provincia santeña. En cambio, la Provincia de Los Santos, con cabecera en Chitré, venía a constituir lo que hoy es la provincia herrerana. En la práctica la referida Ley no se implementó y fue modificada por el Decreto 39 de 2 de marzo de 1915 que crea las provincias de Herrera y Los Santos, tal y como son conocidas en la actualidad.
Empero, como si el anterior vía crucis administrativo no fuera suficiente, bajo la administración del Dr. Arnulfo Arias, la Ley 103 de 12 de julio de 1941 suprime la Provincia de Herrera y crea la Provincia de Los Santos, con cabecera en Chitré. Las cosas retornaron a la "normalidad" con el Decreto de Gabinete # 13 de 8 de febrero de 1945 que restablece la división territorial de 1915.

Acotaciones finales

Al parecer, cuando nuestro pueblo designa - a falta de otro término- como azuerense a la región peninsular homónima, parece adscribirse inconsciente­mente a una incuestionable verdad sociológica: somos una única e indestructible unidad cultural. Curiosamente, a diferencia de lo que acontece en otras regiones, en donde el Estado desconoce la diversidad cultural, intentando homogeneizar grupos culturales diversos, en nuestro caso, ese mismo Estado se erige en elemento disociador al pretender escindir políticamente la cohesión de la misma área cultural.
Desde el siglo XIX la miopía cultural no la han padecido los orejanos, sino los "políticos" que dicen representarlos. Estos últimos con tal de contar con un concejal, representante, alcalde, gobernador, diputado o legislador han llevado a la región a un fraccionamiento innecesario. Consecuencias de todo ello: un regionalismo exacerbado y una visión estrecha del mundo.
Finalmente, no olvidemos que el mismo modelo de desarrollo regional sugiere la necesidad de superar visiones aldeanas para no continuar caminando en dirección contra­ria a los modelos de desarrollo nacional y planetarios. Y, sobre todo, los azuerenses, como los panameños en general, debemos cuidarnos de aquellos politicastros que transmutan el regionalismo sano en una intrascen­dente pelea de tunantes; olvidando que las circunscripciones administrativas no necesariamente coinciden con las culturales.

1 comentario:

  1. Siento un inmenso regocijo por ver sus escritos en este Blog. La Región de Azuero se merece que tan destacado sociólogo haga tan atinados comentarios socio-históricos. ¡Que DIOS le bendiga y le dé salud para continuar en tan importante labor!

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