jueves, 13 de marzo de 2008

CONSERVADORES, LIBERALES Y CAMPESINOS EN PANAMÁ















* (Una interpretación de los movimientos campesinos azuerenses de 1856)

Cuando a nivel internacional se piensa en Panamá, la primera imagen que recrea la memoria recuerda a un país de tránsito con su canal, zona libre de impuestos y el centro financiero. A nivel nacional, los textos de educación evocan los nombres de los próceres de la independencia y a la juventud se le inculca que “Panamá es el centro del mundo y el corazón del universo”. La historia patria es el ferrocarril transístmico, el canal francés y el canal norteamericano.
Tal era la visión que se tenía del país, de modo que la interpretación de acontecimientos que se dieran fuera de la zona de tránsito, recibían poca atención de los investigadores nacionales. Casi podríamos decir que la burguesía comercial forjó una historia a su imagen y semejanza, la historia de los grupos hegemónicos.
En la actualidad renacen los esfuerzos por reconstruir sucesos en los que se han visto involucrados otros sectores sociales. Conscientes de ello, y con el vivo interés de contribuir al esclarecimiento de acontecimientos que tienen su epicentro en las áreas rurales de Panamá, el presente ensayo aborda el papel de los grupos campesinos que habitan parte del denominado Interior panameño. En especial, se retoma el análisis de los movimientos campesinos que a mediados del Siglo XIX se produjeron en la región de Azuero. Los mismos, analizados por diversos autores, indistintamente han sido denominados “guerras familiares” o “luchas campesinas”. Basado en esa problemática, se intenta caracterizar el período objeto de estudio, destacar los actores sociales que en ella han participado, reseñar los acontecimientos, recoger las opiniones interpretativas de varios autores y añadir nuestra visión del problema. Lo hacemos convencidos que los hechos no pueden reducirse a simples disputas familiares, sino que encuentran su explicación en factores de tipo estructural y en un escenario más amplio que el ámbito regional en donde han sido tradicionalmente analizados.
La época
Desde que Panamá se independizó de España y se adhirió por voluntad propia a la Gran Colombia, el país se vio involucrado en la zozobra administrativa del decimonono colombiano, mientras simultáneamente fue juguete de los apetitos mercantilistas de los criollos nacionales empeñados en hacer del istmo un emporio comercial.
La primera mitad del Siglo XIX fue de pobreza generalizada y de sometimiento al centralismo bogotano. A partir de la segunda mitad del siglo indicado, al ser el país estremecido por el peso de acontecimientos endógenos y exógenos, los mismos estimulan algunas modificaciones en las viejas estructuras heredadas de la Colonia.
Recordemos que para aquellas calendas los intereses del naciente imperio norteamericano arriban a las costas del Istmo. El 12 de octubre de 1846 la Nueva Granada y los Estados Unidos de Norteamérica firman el Tratado Mallarino - Bidlack, denominado de “Paz, Amistad, Navegación y Comercio”, donde el último garantiza al primero la neutralidad y el libro tránsito en el Istmo. El descubrimiento de las minas de oro de Californio genera, entre 1846 y 1856, una intensa movilización de extranjeros de un océano a otro; los Estados Unidos y Gran Bretaña suscriben, el 19 de abril de 1850, el Tratado Clayton – Bulwer, comprometiéndose a no construir unilateralmente un canal por Panamá y, entre 1850 y 1856, se construye el Ferrocarril Transístmico.
La nación vive, entre 1850 – 1855, un período de auge económico en la zona de tránsito; pero el paso de riquezas junto a un pueblo famélico siempre ha sido la constante histórica y la década a que nos referimos no es la excepción. En 1856 decía Bartolomé Calvo: “La penuria del Erario; mal endémico de la administración precedente, había sido siempre el principal obstáculo para la buena marcha del servicio público, i á pesar del período de relativa riqueza que representó la California, era manifiesta de la bancarrota del Estado, sobre el cual pesaba entonces una cuantiosa deuda de $ 200,000.
De aquí que los esfuerzos del nuevo gobernante se enderezaran á mejorar la situación fiscal creando arbitrios rentísticos, enajenado algunos bienes del Estado, provocando la efectividad de la recaudación de las contribuciones, aumentando moderadamente ciertos impuestos, distribuyendo otros equitativamente entre los contribuyentes, y estableciendo sobre todo un riguroso plan de economía comprensivo de la rebaja proporcional del sueldo de los empleados públicos, desde el gobernante hasta el último portero, todo lo cual debía producir como resultado en que el Estado se viera libre en el curso de dos años de la deuda, por la cual se pagaban crecidos intereses.”[1]
Un escritor de nuestra época confirma lo planteado por Calvo en la decimonovena centuria. Asevera: “Aunque este período suele calificarse de auge y prosperidad, en virtud de la avalancha de extranjeros a Panamá de paso hacia las minas de oro de California (¨fiebre del oro”), la construcción del ferrocarril y la actividad febril que se produjo en la zona de tránsito (1844-1855). Chagres – Panamá, y a partir de esa fecha Colón – Panamá, tal prosperidad no significó prácticamente mayor beneficio para el erario istmeño porque las grandes sumas de dinero recaudadas pasaron a las arcas del tesoro del gobierno central; por el contrario, de 1849 a 1854 el fisco refleja una penuria generalizada por la elevación de los impuestos, el deficiente funcionamientos de las oficinas colectoras, los malos manejos en la recaudación de la renta de los municipios, especialmente de las contribuciones; el sistema anacrónico de la contabilidad y la falta de rendición de cuentas de muchos distritos”[2]
Efectivamente, a lo interno del país los auges transitistas siempre han acarreado crisis económico - sociales una vez aquellos se agotan, tales los casos de las minas de oro californiano o, en 1855, la finalización de la construcción del ferrocarril. Acontecimientos que resultan relevantes para la correcta comprensión del entorno en que se producen los movimientos campesinos que abajo se reseñan.
En el período se debe valorar, igualmente, acontecimientos como los siguientes. En 1850 se crea la Provincia de Azuero, mediante la Ley del 8 de marzo de esa año.[3] Dicha provincia estuvo formada por los Cantones de Los Santos, Parita y el Distrito Parroquial de Santa María, con capital provincial en La Villa de Los Santos. Al crearse el Estado Federal de Panamá, en 1855, la provincia de escinde en los que se denominan Departamentos de Herrera y Los Santos. Esto significa que el enfrentamiento entre Guardia - Goytía se da en la unidad administrativa llamada Provincia de Los Santos, mientras que las sublevaciones de 1856 acontecen en los Departamentos de Los Santos y Herrera, ambos con sus respectivas administraciones.
La época es, igualmente, el período en el que se inician las reformas liberales en la Nueva Granada. En 1852 se expiden leyes que conducen a la abolición de la esclavitud y a la desamortización de los bienes de manos muertas (1861), siendo la última una medida dirigida a confiscar las propiedades que poseía la Iglesia Católica.[4]
Hacia 1851 la abolición del diezmo y la implantación de contribuciones directas generó serios trastornos en el campo, zona en donde los grupos campesinos subsistían en condiciones precarias y sujetos a relaciones sociales que, pese a la independencia de 1821, aún continúan siendo marcadamente coloniales. En el caso de la Provincia de Azuero, por ejemplo, las rentas provinciales a partir de 1855 se derivaban de:
“a. la contribución directa provincial, pagadera en dinero y trabajo subsidiario, cuyo monto no podría ser menor de 20 pesos y el segundo tenía señalado como impuesto anual de acuerdo con la clase, de tres a siete días de trabajo aplicable a todo individuo vecino de la provincia, de 18 a 50 años, con base en una lista anual confeccionada por el Cabildo de todos los habitantes de la ciudad, villa o distrito parroquial que estuvieran obligados a prestar servicio;
b. El Derecho de registro y anotaciones de hipotecas, que oscilaba entre un peso seis décimos a un décimo por cada cien pesos;
c. El producto de remate de paso de los ríos de Los Santos y Santa María, y se cobraba cinco centésimos por cada vez que una persona o carga pasara en canoa y por cada bestia que lo hiciese con el auxilio de ella; y
ch. El producto de las multas impuestas por los diversos funcionarios públicos de la provincia.”[5]
Si hemos de atenernos a la visión que del Siglo XIX nos ofrece el Dr. Omar Jaén Suárez, a mediados de la centuria la racionalidad económica capitalista debió enfrentarse a rancios esquemas económicos y sociales. El historiador panameño señala: “Durante gran parte del siglo XIX, la imagen económica que nos ofrece la sabana es la de una sucesión casi interrumpida de grandes propiedades y haciendas totalmente ´hipotecadas´ que deben producir el sustento frugal de sus propietarios, administradores, jornaleros, esclavos y además una renta fija anual que beneficia generalmente a al Iglesia, sin contar los impuestos directos, los diezmos, y aquellos que intervienen luego de operaciones comerciales como la alcabala. Tantas cargas y el defecto de circulante no favorecen para nada la intensificación de la explotación y el desarrollo económico general”[6]
En el período la presencia de actores sociales diferentes, pero interrelacionados, no puede soslayarse: la Iglesia y el latifundista, de un lado, y los sectores dominados, constituidos por los indígenas y campesinos. En el caso de Azuero los indígenas eran casi inexistente, ya que habían sido diezmados durante la época colonial. Por ello, para la correcta comprensión de los hechos se hace imperioso caracterizar los actores sociales que participan en el movimiento campesino.
Los actores sociales
A mediados del Siglo XIX existe en los sectores dominantes dos grupos que se manifiestan como conservadores y liberales; los primeros más hegemónicos, apoyados en el recurso tierra y aliado con el poder eclesiástico. Los segundos, pugnando por imponer su visión del mundo y sus valores sociales en una formación social agraria. Un tercer grupo, el de los dominados, formados por la amplia masa de campesinos.
a. Grupo conservador:
El sector social lo representa la alianza entre las familias Guardia y Fábrega. La primera asentada en el propio Azuero y, la segunda, en la vecina Provincia de Veraguas. Sus intereses radican en el monopolio de la tierra, cargos burocráticos, militares y religiosos. Sin embargo, hay que tener presenta que cada una proviene de áreas geográficas distintas y de estructuras socioeconómicas disímiles.
El escritor Figueroa Navarro dice del caso veragüense que se trata de una oligarquía agraria hermética que expresa un comportamiento de casta. Son de origen peninsular y se establecen a lo largo del Siglo XVIII (Fábrega, Del Bal, García, Sosa, Calviño, López, Dutary). El ejemplo de la familia Fábrega es ilustrativo: José de Fábrega, proceder de la independencia de 1821, “exige a los cholos y clases modestas que le llamen amo”.[7] Por su parte, “el poderosos señor de la tierra Francisco de Fábrega Barrera” y sus alianzas con la Iglesia Católica que “compra a la fábrica de Río de Jesús, 126 reses evaluadas en 4 pesos cada una” o el caso de Santiago Del Bal que “alquila en Santiago, una hacienda eclesiástica “Jesús Nazareno”, la cual frisa con 537 reses evaluadas, unitariamente, en 5 pesos”.[8] En efecto, “la acumulación de patronatos y capellanías en manos de Cofradías y obras pías de carácter religioso confiere a la Iglesia, hasta 1861, más que la propiedad misma de los latifundios, un papel desmesurado en el dominio de la sabana”.[9]
La situación de alianza entre veragüenses y pariteños, siendo la última una región minifundista, puede parecer extraña. No lo es tanto si se recuerda que la “gran propiedad de Parita” es producto del desmembramiento del latifundio religioso de la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción. Como señala un investigador:“El inmenso latifundio religioso va a dar nacimiento, en el Siglo XIX, a latifundios más pequeños después del desmembramiento por la venta de propiedades que efectúa el Obispo Cabarcas en los decenios de 1830 y 1840”.[10] Como vemos, la estructura agraria de Parita guarda similitudes más próximas a Veraguas y Coclé; lo que hace compresible las actitudes del grupo dominante pariteño de los Guardia, Chiari y Baraya, en alianza con su homólogos veragüenses.
b. Liberales
La conducta política e ideológica liberal corresponde a la familia Goytía. Tal proceder parece provenir de principios del Siglo XIX, porque como confiesa uno de sus descendientes: “En 1818 don José Maria Goytía, masón del grado 33, anticlerical, liberal de la vieja usanza, criollo impregnado de los principios revolucionarios que llegaban de Europa a los Estados Unidos, fue comisionado por varias logias para adquirir en Nueva York una imprenta que divulgue los principios republicanos.”[11]
Don José Maria Goytía era el padre de Pedro y Juan Goytía, el primero personaje clave del movimiento campesino de 1854 y 1856, porque: “Don José Maria inició en las ideas separatistas y liberales a sus hijos Pedro y Juan, quienes, en algunos aspectos, superaron la vehemencia paterna. Dueños de haciendas, circundadas por colonos independientes, criollos y mestizos, en la rica región de Azuero, que al par que cultivaban sus pequeñas haciendas, servían en el cultivo de las haciendas.
Estos tres hombres, José María y sus dos hijos Pedro y Juan tuvieron el mérito de ser leales a sus ideas al introducir en el agro innovaciones de alto sentido social y humano, que chocaban con el trabajo servil de la gleba negra e indígena.”[12]
La conducta ideológica de los Goytía pareciera incompatible con una familia que poseía grandes recursos económicos, porque indudablemente no carecían de propiedades. Por ejemplo, en un documento fechado en 1858, Pedro Goytía se refiere a una hacienda Paris, propiedad de sus padres. En efecto, al llegar a Panamá procedente de Cartagena encuentra en la ciudad istmeña: “una de las muchas partidas de ganado que de la hacienda de mi padre habían extraído por virtud de despojo violento que de ellos se nos hizo durante nuestra expulsión a Cartagena”.[13]
c. Campesinos
Ya hemos aseverado que la región azuerense ha sido minifundista desde la época colonial. En el tiempo histórico que nos ocupa ese rasgo continúa siendo sobresaliente; los pequeños productores colocan algunos excedentes en la Ciudad de Panamá a través de los puertos en el Pacífico, ya que todas las comunicaciones con las cabeceras del Istmo se realizan de esta forma. La posición estratégica de la Provincia de Azuero pudo significar, en aquella época, una ventaja comparativa para la región.
Indudablemente se trata de un sector, el campesinado, que era casi analfabeta y estaba a la merced de los grupos dominantes, fueron éstos conservadores o liberales. En 1853 un informe del gobernador de la Provincia de Azuero señala: “Sólo tres escuelas primarias existen en toda la provincia, únicos establecimientos de educación intelectual i moral, i de ellas se puede decir que solo una, las de Las Tablas, está regularmente organizada: le de Chitré está agonizando i pronto expirará. No hai mas establecimientos de educación...”
Más adelante, el mismo informe aclara con toda crudeza: “También debéis hacer los mejores esfuerzos por establecer un colegio o escuela provincial de niñas. La mujer, esta preciosa mitad del género humano, destinada por naturaleza a influir en el destino del hombre, i en la suerte de las naciones, según su mayor o menor inteligencia, crece en estos pueblos como la planta silvestre, sin más educación que la que le legara a su madre o abuela el siglo XVI, i sin otro porvenir que el de ser máquina humana de reproducción”.[14]
La identificación del campesino pequeño propietario azuerense con el discurso liberal de Pedro Goytía fue, como veremos, comprensible. El dirigente liberal capitaliza el descontento campesino y los enfrenta a sus adversarios políticos; al carecer el campesinado de proyecto político propio, Goytía los suma al suyo.
Los Sucesos[15]
En el apartado anterior ya hemos planteado el surgimiento y supresión de la Provincia de Azuero entre los años 1850 y 1855. Los sucesos a los que nos referimos tienen su máxima expresión en el año 1856, pero los antecedentes inmediatos del mismo se ubican en el lustro anterior. Por ello, la exposición recoge dos momentos. El primero, que se refiere al conflicto campesino expresado en la lucha entre las familias Guardia y Goytía; así como, el segundo, que hace alusión a los sucesos de 1856.
Hagamos antes algunas precisiones. Debe recordarse que a fines de 1851, y primeros meses de 1852, la abolición del diezmo y la implantaciones de las contribuciones directas genera un gran descontento en el Interior panameño. Igualmente, a partir de 1853, se promulga una Constitución Nacional que concedió autonomía a las provincias del Istmo y que planteaba la elección del Gobernador Provincial por elecciones populares. Esta disposición constitucional genera una situación anárquica y estimula las rivalidades entre los grupos que se disputaban la hegemonía regional.
En Azuero, como en el resto de las provincias, a fines de 1853 se adoptó la constitución que le regiría. Sancionada el 6 de noviembre, fue reformada por los diputados santeños el 1 de octubre de 1854. Entrando regir en 1855, en ella un artículo transitorio disponía que el vicegobernador quedaría en su posición hasta el 1 de enero de ese año.[16]
a. Primer lustro de la década del 50.
Entre los antecedentes de las posiciones asumidas por los campesinos azuerenses, están las viejas rencillas entre las familias Guardia y Goytía, las que hacen crisis en 1854. En aquél año la legislatura provincial decide remover de su puesto al vicegobernador, Sr. Agustín Chiari, nombrando en su lugar a Pedro Goytía. Tal paree que “el Gobernador José Antonio Sáez, incapacitado físicamente para ejercer el cargo y, además, adversario político del Vicegobernador Chiari, dejó en manos de su alter ego Goytía las funciones de Gobernador, y decidió posteriormente transferir el poder a éste último –antes de su deceso-, a fin de impedir la hegemonía de los Guardia”.[17] Como primer designado para la gobernación se nombra a Juan Arosemena Barrera y como segundo designado a Pedro José Velásquez. Todo parece indicar que Goytía era quien en realidad tenía las riendas del poder porque él afirma: “Yo era en la administración Sáez, el verdadero gobernador de Azuero, porque Sáez nada hacía sin consultármelo i sin mi aprobación, i yo efectivamente, recibía i contestaba las comunicaciones oficiales, e intervenía en todo i conmigo era que había que tomarse para todo lo conexionado con la administración pública en la provincia”.[18]
El dirigente Goytía se había posesionado como secretario de la gobernación el 1 de enero de 1854 y su ascenso a vicegobernador se produce el 4 de marzo. Al mes siguiente, 15 de abril, se da en Parita un intento de asesinato contra él que no fructifica. El dirigente liberal acusa a los Guardia de estar detrás del atentado. Poco después, el 19 de abril, son atacados y heridos los funcionarios judiciales José del C. Peña y Antonio Baraya....Éstos señalaban a Goytía como autor intelectual del hecho.
Las aguas hubieran vuelto a su cauce, pero el 24 y 25 de julio una invasión armada procedente de Veraguas, apoyada por Francisco Fábrega, gobernador de aquélla provincia, intenta derrocar a Pedro Goytía, para favorecer a sus aliados: los Baraya, Chiari y Guardia. Como consecuencia de ello, muere en Parita Juan Evangelista Goytía, hermano de Pedro Goytía. Seguidamente el gobernador azuerense, Juan Arosemena Barrera, envía a Veraguas una tropa para que devuelvan a su provincia a los culpables (Baraya, Chiari y Guardia), que se habían trasladado a dicha jurisdicción. El gobernador Fábrega se niega a entregar a los hombres refugiados en su provincia.
Así las cosas, el gobernador de Azuero, manipulado por Pedro Goytía, decreta la expropiación, el 7 de agosto, de los bienes de las familias Guardia, Chiari, Baraya y otros, aunque la disposición no se hace efectiva.
Tal resonancia adquirieron los hechos, que al año siguiente (1855) se opta por suprimir la Provincia de Azuero. En efecto, el 27 de febrero de 1855, se expide en la Nueva Granada un acto legislativo adicional a la constitución de la república donde se crea el Estado Federal de Panamá, la obra cumbre del Dr. Justo Arosemena Quezada. La convención divide el Estado en siete departamentos: Coclé, Colón, Chiriquí, Fábrega, Herrera, Los Santos y Panamá.[19] Con respecto a Azuero, la provincia es suprimida mediante el decreto del 9 de marzo de 1855. Algunos de sus distritos parroquiales (Parita, Pesé, Macaracas, Las Minas, Ocú y Santa María), se adhieren a Veraguas, el resto pasó a formar parte de la Provincia de Panamá. El hecho representó un triunfo para los grupos conservadores, si consideramos que el proponente fue el senador Santiago de La Guardia Arrue, vinculado a los incidentes de 1854.[20]
b. 1856, los movimientos campesinos
La difícil situación fiscal que en el año anterior enfrentó el erario público, los crecientes impuestos que recaían sobre el campesinado, la finalización de las obras del Ferrocarril Transístmico y su impacto en la economía, más las disputas familiares por la hegemonía entre conservadores y liberales, hace crisis en 1856. En este marco el campesinado depauperado de Azuero se alía a un dirigente liberal (Pedro Goytía) que parece recoger sus inquietudes. Veamos los sucesos.
El primer movimiento campesino se produce en Pesé. El 19 y 20 de enero, aproximadamente 100 campesinos rodean la casa del prefecto Ignacio Rosas ya que “pedían que no se pagasen las contribuciones que estaban mandadas cobrar, que solo estaban pronto a pagar diezmos i primicias; i que el actual Prefecto no los gobernara, i desocupare el lugar con su familia, porque los estorsionaba”.[21] Este grupo libera a los presos y depone al alcalde.
En Parita, el 20 de enero, el pueblo se dirige al prefecto del Departamento de Herrera mediante un documento denominado “Pedimento del Pueblo”, en el que se señala: “...Que no se paguen ninguna clase de contribuciones incluso las parroquiales i del Estado, i disponemos que teniendo que sostener nuestros Jueces y Ale. G..., que salvándose algunos individuos de regular fortuna de la contribución del Estado, que de estos salga la contribución.”[22]
Los campesinos arremeten hasta contra los representantes de la Iglesia Católica. En Pesé, el 27 de enero, un grupo de ellos destruye con hachas la casa del cura José María Franco, aliado de los Guardia y Fábrega. Estos sucesos conmocionan al país, por lo que en febrero Francisco de Fábrega, ahora en su condición de vicegobernador del Estado Federal de Panamá, envía una columna de soldados a establecer el orden, ya que los prefectos, como el del Departamento Fábrega, planteaba que se trataba de una conspiración contra el Estado Federal de Panamá, planificada por los “incorregibles perversos de Los Santos”.[23] A raíz de ello se acusa como jefes de los actos del mes de febrero a Pedro y José María Goytía, Ventura Solís y Demetrio Porras.[24] Aún así, una vez retiradas las tropas, los campesinos de Macaracas incendian el potrero del presbítero José María Franco.
Con el ánimo de reducir las confrontaciones, el 2 y 7 de marzo, se expiden decretos de amnistía entre los que se incluye a Pedro Goytía. La libertad de éste en la Ciudad de Panamá, y su posterior arresto en Los Santos, el 20 de marzo, ocasiona que grupos armados intentaran liberarle atacando a las fuerzas del gobierno en La Villa de Los Santos, siendo enviado Goytía a Panamá. Posteriormente, el 6 de abril, campesinos armados se enfrentan a las fuerzas del gobierno en Los Santos, luego de dialogar con el prefecto Marcelino Villalaz y exponerle sus preocupaciones por la problemática de las contribuciones, además de conocer sobre la suerte de Pedro Goytía.
No satisfechos aún, numerosos vecinos de Los Santos envían un memorial de fecha 30 de abril al vicegobernador Fábrega donde solicitan la destitución del prefecto Villalaz, acusándolo de atropellos y de alianza con los Guardia: Los vecinos comentan: “...i la elección hecha para nuestro Prefecto en el Sr. Marcelino Villalaz, han dado lugar a que los trastornos continúen, porque este ajente lo tiene el pueblo por defensor de los enconos de los señores Guardia, como amigo i partidario acérrimo de ellos...Los gendarmes que salen con el objeto de capturar los delincuentes, solo vienen armados de plata, prendas, gallinas, pavos que arbitrariamente toman de todas las casas, que por inocentes son ocupadas, en los diferentes campos a donde el Sr. Prefecto los envía...”. [25]
A lo mejor preocupado por la espiral de violencia que expresan los acontecimientos, el 25 de mayo, el Cabildo de Los Santos establece un nuevo acuerdo sobre las contribuciones directas, ratificando éstas pero suprimiendo todo tipo de impuestos que graven la industria local, atendiendo ahora a los ingresos y egresos de cada contribuyente. Sin embargo, las luchas campesinas otrora circunscritas a La Villa, Pesé y Parita, en junio del año aludido, aparecen en El Limón de Pedasí, donde sectores campesinos se niegan a pagar contribuciones. Finalmente, las manifestaciones de descontento campesino estremecen la región al conocerse que el 9 de septiembre, en Macaracas, un grupo de campesinos asesina al presbítero José María Franco, conspicuo representante del conservatismo pariteño y veragüense.
Mientras tanto, Pedro Goytía y su padre han sido puestos en libertad, si tomamos en cuenta que a raíz de una disputa entre liberales (Manuel María Díaz) y conservadores (Bartolomé Calvo), motivada por elecciones en el Departamento de Panamá, el gobernador Francisco de Fábrega ordenó el arresto y la deportación hacia Cartagena de dos de los diputados más fogosos: los liberales Pedro y José María Goytía.[26] En septiembre de 1856 ambos son expulsados, conjuntamente con Mariano Arosemena. El padre de Don Justo escribe el 20 de octubre a su hijo desde su exilio cartagenero: “Están aquí los Goitías y te saludan: estos señores son víctimas del tiranuelo. Yo siento que no estén en Los Santos dando fuego, pues la Revolución es una necesidad en el Istmo. Bueno sería que me presentaras un plan. Pedro me dice que si tú nos acompañaras a un acto que es legítimo, el mismo caso que el de Melo, la cosa se aseguraría; que debes estar seguro de que todo lo anterior es y debe ser olvidado del todo.”[27]
En lo que al señalamiento de los hechos concierne, finalicemos este apartado indicando que Pedro Goytía regresa a su tierra natal en septiembre de 1857 y que a partir de allí no se registran conflictos de la magnitud de los acaecidos en 1856.[28]
Las interpretaciones
¿Cómo se explican los sucesos acaecidos en Azuero entre 1850 y 1856?. La respuesta a este interrogante ha sido abordada no sólo por diversos autores, sino desde ángulos distintos. Encontramos a Juan B. Sosa, quien en 1911 sustenta su versión del problema. Apunta el historiador: “De las cuatro provincias en que entonces quedó dividido el territorio del Istmo la más convulsionada fue Azuero. A don Juan Arosemena sucedió en 1852 don Antonio Baraya y á este don José A. Sáez, cuya suerte lanzó á la Provincia en la mayor anarquía, disputado como fue el poder y la influencia que de él se derivaba por dos familias igualmente honorables pero separadas por antagonismos más personales que políticos; y aunque una y otra estaban afiliadas á los respectivos partidos militantes en la República, sus parciales no constituían sino masas ignoras que concurrieron ciegamente á ensangrentar la región en las luchas funestas de que fue teatro. Víctimas de aquellas insanas pasiones tocóle ser, entre otras poblaciones, á Parita cuna de las familias contendoras. En ese recinto se libraron asonadas, asaltos, combates y saqueos que originaron la ruina y el éxodo de muchas familias de esa población llamada en sus mejores tiempos la Tacita de oro por lo distinguido de la sociedad que residía allí”.[29]
En Sosa y Arce, desde la perspectiva que supone escribir a principios del Siglo XX, aparece un énfasis en la querella entre familias honorables que se disputan el poder frente a una masa ciega. El conflicto queda relegado a un área geográfica específica y nada más.
Rubén Darío Carles Oberto, por su parte, retomando a Sosa y Arce destaca el papel protagónico de las ideologías conservadoras y liberales en las que se desenvuelven las familias en conflicto. Asevera el penonomeño:“Parece indefectible que las tendencias liberalizantes reformadoras, anticlericales de la zona de Azuero, patrocinadas por los Goytía, se extienden rápidamente más allá de sus dominios, aún antes de definirse en Colombia la línea divisionaria entre liberales y conservadores. Paréceme además explícito la reacción de los jerarcas veragüenses, encabezados por los Fábrega, paladines del tradicionalismo clericales, adeptos a las jerarquía y al principio de autoridad, cuando a sus dominios penetran sin permiso las “abominables ideas de los Goytía’, masones excomulgados, perturbadores del orden e impíos impertinentes”. [30]
A mediados del Siglo XX aparece otra sugerente interpretación. Hernán Porras introduce, en 1953, la caracterización de los actores sociales hasta entonces difusamente tratados y el contexto en que actúan: “El latifundismo clánico y aristocratizante tuvo en nuestra historia considerable importancia. Llegó a su apogeo en el siglo XVIII y en la primera mitad del siglo pasado decayó rápidamente a causa de las guerras familiares de esa época (Guardias v/s Goytías), y frente al impacto de fuerzas nuevas a las que, debilitado, no pude hacer frente. Sin embargo no por eso puede considerarse terminado...El prototipo de blanco campesino lo encontramos en la región de Sabanas de la Península de Azuero. La colonización de esta zona guarda interesantes semejanzas con la de Costa Rica y el Valle de Antioquia. Además de las características geográficas hay tres elementos que contribuyen a plasmar el grupo humano azuereño”.[31]
Los elementos a que se refiere Porras consisten en una población indígena reducida, el tipo de colonos que la pueblan originario de la región noratlántica de España “baluarte de la pequeña burguesía y el parvifundio” y la ausencia de mano de obra servil. Existe en este planteamiento un mérito, el de destacar la peculiaridad del campesino azuerense y señalar los límites estructurales que le hacen entrar en contradicción con “latifundismo clánicos”.
En la década de los ochenta del Siglo XX (1980) el aporte de Armando Muñoz Pinzón viene a clarificar mucho más el panorama histórico. Así lo aseveramos porque las contribuciones anteriores estuvieron basadas en la primigenia contribución de Sosa y Arce. Con la amplia documentación histórica presentada en UN ESTUDIO DE HISTORIA SOCIAL PANAMEÑA (Las sublevaciones campesinas de Azuero de 1856); tenemos acceso a una interpretación con una adecuada sustentación heurística, la que permite una visión más integral de los acontecimientos. El investigador al que nos venimos refiriendo señala cuáles son en su opinión las causas del conflicto de 1854: lucha entre los liberales y conservadores, rivalidades familiares, descontento popular por arbitrariedades de funcionarios públicos locales, imposición de contribuciones, así como expropiación de haciendas y ganados de los campesinos pobres.[32] En general estos mismos factores son los que retoma en el capítulo final y conclusiones, pero dejando claro que “la clase campesina pobre y los pequeños propietarios de finca” es “la rectora de las protestas populares del 56 y dentro de ese contexto la figura de Pedro Goytía emerge como el adalid de los campesinos azuereños...”[33]
La abundante documentación presentada por Muñoz Pinzón, justamente por ello, da pie para ensayar enfoques complementarios a los hasta aquí expuestos. En este sentido Marco Gandásegui sugiere dos hipótesis: “Una primera hipótesis explicativa de los conflictos remite a la competencia entre los productores de granos y otros productos agropecuarios de las dos regiones por dominar el mercado de la ruta de tránsito. Mientras que los terratenientes de Veraguas producían sobre la base de una fuerza de trabajo “servil”, la producción de los campesinos de Los Santos se basaba en el trabajo de pequeños productores independientes.
Una segunda hipótesis explica las luchas campesinas de Azuero partiendo de las transformaciones que experimentaron las formas de producción agropecuaria. La economía campesina predominante en Azuero es cuestionada en 1850 por una legislación que establece la contribución directa por parte de los campesinos. La nueva legislación obliga al productor directo a aumentar su producción, de lo contrario se vería separado de sus tierras.”[34]
En lo personal estimo que los conflictos campesinos azuerenses deben entenderse como el producto de un conjunto de factores estructuralmente interrelacionados. Esta interconexión estructural se refiere al nuevo papel económico que asume Panamá a mediados del Siglo XIX dentro de las necesidades del naciente capital internacional. La presencia masiva de extranjeros, atraídos por la “fiebre del oro californiano” y la construcción del ferrocarril transístmico, generó, una vez que finaliza su auge, un vacío económico que se expresa en la crisis fiscal a la que hace alusión Bartolomé Calvo y que aquí hemos comentado.
En la fecha el sistema social heredado de la Colonia comienza a sentir el peso de una nueva lógica que responde a las apetencias del mercado. Sin embargo, las relaciones sociales en el agro corresponden a agentes sociales que monopolizaban la tierra y a sectores campesinos con pequeñas propiedades. Una alianza entre los latifundistas y la Iglesia Católica garantizaba el sometimiento de los campesinos. Estos vínculos cristalizaban en el dominio de la burocracia estatal y eclesiástica. La posición de prefecto, diputado, gobernador, senador o sacerdote, además de expresar un poder económico, lo garantizaban y eran igualmente un símbolo de prestigio en sociedades agrarias decadentes. En consecuencia, la provincia o el departamento eran un “feudo” que tenía nombres y apellidos.
Como vemos, al empuje estructural foráneo hay que anteponer el endógeno (latifundista y eclesiástico), que independientemente que iniciase su desplome con la independencia española, subsiste en un mundo rural de vacas y campanarios. Cuando se desarrollan los movimientos campesinos, la cosmovisión conservadora comienza a ser retada, en las área rurales, por la ideas liberales; aunque se trate de un liberalismo ideológico que carece de una amplia base de sustentación económica.
En el país el área que resultaba atrayente a las ideas liberales, debía corresponderse con una zona en donde existiese un remedo de propiedad privada. El parvifundio azuerense eran lo más próximo a ello en la sociedad rural interiorana del Siglo XIX y, lo antagónico, el latifundismo veragüense. Por ello, la contradicción, frente a la imposibilidad de resolverse en el plano estructural, se concretiza en la disputa por los organismos que expresan el poder. En este caso no se trata de una lucha entre los Guardia y Goytía, por lo que ellos representan como individuos, sino por los sistemas sociales contrapuestos a los que responden. Los Guardia y Fábrega son el resabio colonial, el abolengo peninsular; los Goytía el capitalismo que trata de abrirse paso entre estructuras agrarias reacias al cambio.
El campesinado es la gran masa de población que reacciona allí en donde las viejas instituciones se manifiestan coercitivamente, el prefecto y la Iglesia. Se arremete contra el presbítero José María Franco y el prefecto Marcelino Villalaz, porque ellos encarnan “el mal”. Los campesinos, carentes de orientación, asumen que eliminando a los hombres desaparece el factor que los oprime. Desde este punto de vista son fáciles instrumento de Pedro Goytía, quien no resolverá sus problemas, pero que ante ellos aparece como el que se atreve a retar al sistema dominante.
La manipulación de grupos campesinos desorganizados está presente tanto en Goytía como en el bando rival. Se trata de una rivalidad entre sectores dominantes. El conservador Antonio Baraya lo explicó con toda crudeza en 1852: “Es preciso confesar S.S. Diputados, que nuestros cabildos en lo general (hablo de los de esta provincia) se componen de ciudadanos sencillos, ignorantes i tímidos, que salen del corazón de una montaña donde tienen sus labores agrícolas para ejercer un ministerio que no pueden comprender, i que contribuye más a embotar su escasa razón; que no hacen ni pueden hacer otra cosa que las que les mandan ciertos pro hombres de los pueblos a quienes consideran como sus modernos oráculos”.[35]
De lo planteado podemos decir que la llamada “guerra entre familias” representa sólo el rostro aparencial de un fenómeno social que está indicando el inicio de una lógica capitalista que busca imponerse en el campo istmeño. Como en la fecha las estructuras rurales le son adversas, la ruptura se canaliza en el plano jurídico (contribuciones directas, libertad formal de los esclavos en 1852) y a través de su vocero ideológico: Pedro Goytía. La presencia del capital es indirecta, pero no por ello menos efectiva. Esto explica que los liberales panameños sólo se deciden a arremeter directamente contra la Iglesia Católica, símbolo del conservatismo colonial, mediante la Ley del 8 de septiembre de 1861.
Un último comentario creemos pertinente. Del análisis de los movimientos campesinos azuerenses de 1856 se derivan importantes pistas para la comprensión de la conducta política de los habitantes de esta parte del país, incluso hasta bien entrada la vigésima centuria. Recordemos que en el año del conflicto campesino de 1856 nace en Las Tablas Belisario Porras Barahona. No será mera casualidad que el más grande exponente del caudillismo liberal del Siglo XX en Panamá tuvo en los campesinos de la Península la más leal base de apoyo político, señal inequívoca que la semilla liberal que sembró Goytía, la cosechó Porras.

CITAS

* Publicado originalmente en REVISTA PANAMEÑA DE SOCIOLOGÍA # 3. Panamá: Imprenta Universitaria, 1987, págs. 27-42.
[1] Sosa, Juan B.; Enrique J. Arce. COMPENDIO DE HISTORIA DE PANAMÁ. Edición facsímil de la de 1911. Panamá: Impresora Panamá, 1971, págs., 244 – 245. En esta cita, como en las sucesivas, se ha respetado los giros idiomáticos así como al igual la grafía propia de la época.

[2] Muñoz Pinzón, Armando,. UN ESTUDIO SOBRE HISTORIA RURAL PANAMEÑA. Panamá: Eupan, 1980, Pág. 27.

[3] Ver del autor, para una comprensión del origen histórico de la denominación de Azuero, el escrito: “Vicente Azuero y Plata (1787-1844)”, ÁGORA Y TOTUMA, Año 5, # 105, 30/IV/1996.

[4] Castillero Reyes, Ernesto. HISTORIA DE PANAMÁ. VII edición, Panamá: Impresora Panamá, 1962, pág. 107. Además, Carles Oberto, Rubén Darío. A 150 AÑOS DE LA INDEPENDENCIA DE PANAMÁ DE ESPAÑA 1821 – 1971. Panamá: La Nación, 1971, págs. 26 – 27.

[5] Muñoz Pinzón, Armando. Op. cit., págs. 37-38.

[6] Jaén Suárez, Omar. EL HOMBRE Y LA TIERRA EN NATÁ DE 1700 A 1850. Panamá: Eupan, 1971, pág. 87.

[7] Figueroa Navarro, Alfredo. DOMINIO Y SOCIEDAD EN EL PANAMÁ COLOMBIANO. 1821 – 1903. Escrutinio sociológico. Panamá: Impresora Panamá S. A., 1978, págs. 104 – 105.

[8] Ibiden, pág. 110.

[9] Jaén Suárez, Omar. Op. cit., pág. 87.

[10] Jaén Suárez, Omar. LA POBLACIÒN DEL ISTMO DE PANAMÀ .DEL SIGLO XVI AL SIGLO XX. Panamá: Impresora La Nación, 1978, pág. 215.

[11] Goytía, Víctor Florencio. “Partidos políticos en el Istmo”; en REVISTA LA ANTIGUA. Panamá, # 2, Año II, junio de 1969, pág. 23.

[12] Ibidem, pág. 23-24

[13] Comunicado fechado en Los Santos el 16 de junio de 1858. En Muñoz Pinzón, Armando. Op. cit., pág. 186

[14] Informe del Gobernador de la Provincia de Azuero a la Comisión Provincial en sus sesiones ordinarias de 1852: en Muñoz Pinzón, Armando. Op. cit., págs. 165 – 166.

[15] La exposición cronológica que se hace en este apartado está fundamentada en el valioso libro de Armando Muñoz Pinzón UN ESTUDIO DE HISTORIA SOCIAL CAMPESINA (Las sublevaciones campesinas de Azuero en 1856), ya citado. Salvo aclaración en contrario, los datos históricos corresponden a la obra en referencia.

[16] Constitución Municipal de la Provincia de Azuero en el nombre de Dios, Legislador del Universo; en Muñoz Pinzón, Armando. Op. cit., pág. 142.

[17] Muñoz Pinzón, Armando. Op. cit., pág. 6.

[18] Ibidem, pág. 3.

[19] Sosa, Juan B.; Enrique J. Arce. Op. cit., pág. 238.
Por presión de los grupos conservadores, el 3 de octubre de 1855, Arosemena se verá forzado a abandonar el cargo. Será reemplazado por Francisco de Fábrega, quien convoca a elecciones en 1856, resultando ganador el conservador Bartolomé Calvo. Ver: Carles, Rubén Darío. Op. cit., pág. 32.

[20] Muñoz Pinzón, armando. Op. cit., págs. 19-20.

[21] Ibidem, pág. 44.

[22] Ibidem, pág. 50. El texto aparece así en el original.

[23] Ibidem, págs. 47-48.

[24] Ibidem, pág. 68. Ver cita # 103. Importante sería el poder clarificar si el dirigente que se señala en este caso es Demetrio Porras Cavero, quien fue el padre del Dr. Belisario Porras Barahona (1856-1942) y abuelo del Dr. Demetrio Porras Juárez (1898-1972). En 1856 Porras Cavero apoyó la candidatura del conservador Bartolomé Calvo, quien toma posesión como gobernador del Estado a principios de ese año y, a su vez, nombra el 25 de octubre a Demetrio Porras Cavero como prefecto del Departamento de Los Santos. Con ese cargo fue responsable de las investigaciones que se realizaron como motivo del asesinato del cura José María Franco. ¿Se trata de una simple coincidencia de nombre?. Ver de José I. Aparicio Bernal “Las gestión pública del prefecto Demetrio Porras Cavero”; en REVISTA ANTATAURA. Vol. 1, # 2, Chitré: Impresora Crisol S. A., 1988, pág. 39-47.

[25] Ibidem, pág. 81.

[26] Carles, Rubén Darío. Op, cit., pág. 32.

[27] Arosemena, Mariano. HISTORIA Y NACIONALIDAD. (Testimonios éditos e inéditos). Panamá: Eupan, 1971, págs. 172-173. (Edición y estudio preliminar de Argelia Tello de Burgos).

[28] Comunicado.... Op. cit., pág. 186.

[29] Sosa, Juan B. Op. cit., págs. 232-233. El subrayado pertenece a Sosa.

[30] Carles, Rubén D. Op. cit., pág. 35

[31] Porras, Hernán. PAPEL HISTÓRICO DE LOS GRUPOS HUMANOS EN PANAMÁ. Panamá: Junta Nacional del Cincuentenario, 1953. Citado por Víctor Florencio Goytía. Op. cit., pág. 25.

[32] Muñoz Pinzón, Armando. Op. cit., pág. 25

[33] Ibidem. Págs. 124-125.

[34] Gandásegui, Marco A. “Historia política de las luchas campesinas en Panamá”; en HISTORIA POLÍTICA DE LOS CAMPESINOS LATINOAMERICANOS. Vol. 2, México: Siglo XXI, págs, 190-191.

[35] Muñoz Pinzón, Armando. Op. cit., pág. 36.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es grato ver la historia de mi familia, es poco conocida por los panameños, pero bien sabida por mis familiares y los de la Guardia y Fabrega, de los cuales ahora mantenemos lasos familiares, que ironía no?
atentamente
Juan Goytia
Panamá, Rep. Panamá
jjgoytia@herreroyherrero.com