viernes, 28 de octubre de 2011

HA MUERTO LUCY, ¡QUE CANTE LUCY!

Lucy Jaén (17 de enero de 1928 - 27 de octubre de 2011)

En la víspera del Mes de la Patria muere Lucy (Lucila Aura Jaén Córdoba), justo en la fecha cuando conmemoramos el Día del Estudiante. La santeña había nacido en Santo Domingo de Las Tablas el 17 de enero de 1928. Desde temprano le subyugó el tamborito y el canto popular le permitió ser portaestandarte de la orejanidad, en una región que para aquellas calendas comienza a sentir el olor a gasolina y mira cómo se desdibuja el rastro de la carreta tirada por los bueyes. En efecto, viene al mundo cuando Porras interconectar a la tierra interiorana con la capital de la república y los maestros, médicos y enfermeras se diseminan por la campiña olorosa a maizal.
Lucy es un ícono de la sociedad que surge a la sombra del Canajagua para sembrar identidad cultural en la nación panameña. Ella vivió miríada de noches en el carnaval que con tambores, velas, polleras, camisillas, caja y tamborito grita lo que fuimos, somos y deseamos continuar siendo. El mismo jolgorio que antaño era visto con desdén, pero que ahora se viste de “patria”  porque algunos ven veta minera en las expresiones vernáculas de nuestro grupo humano; región que debe tanto a esta mujer nacida en la “Tierra del perote”.
No hace mucho la panameña fue premiada en el Festival Nacional de La Mejorana, evento que supo recoger y entregarle un galardón que en la práctica ya se había ganado. Ese día llegó ataviada con prendas de santeña y vestida de mujer bonita. Yo la miré y sentí la emoción de verla allí, orgullosa y octogenaria, con voz ya no tan firme como antaño, pero en pose erecta, con esa dignidad campesina con la que camina nuestra gente heredera de Francisco Gutiérrez,  Rufina Alfaro y Belisario Porras. La misma emoción de escucharla en el disco compacto y verla en el video que Jorge Luis Escobar, en un arranque de patria, editó para darle en vida el reconocimiento que antes se debió prohijar.
Murió Lucy, la voz del tamborito, la que nació para cantar y emocionarnos hasta el tuétano; como esas “cantaoras” que amó García Lorca en su Andalucía de la primera mitad del Siglo XX. Yo no sé lo que harán mis amigos del terruño de Melly Herrera, cuando sin ella el perote se encamine hacia las playas del Uverito; cantar con más fuerzas, seguramente. Y mientras la romería festiva recorra los caminos del ayer, la recordaremos  entonando: “Se nos va la vida, esa es la verdad, los años que pasan esos nunca volverán”.
Hay que decir que la santeña y su tamborito formaron parte de un proyecto (el de la de nación orejana) que desde entonces se defiende ante el empuje de la alienación económica y cultural. Ella era de los pocos y añejos estacones culturales que en Los Santos aún se plantan ante la incomprensión de quienes se emocionan con las novedades y las aceptan porque simplemente “la moda no incomoda”. Que Lucy fallezca el Día del Estudiante no deja der ser sintomático; como si quisiera decirles a nuestros muchachos que no hay que echar en saco roto la cultura que se cimentó en el tamborito, la cutarra y el pollerón.
Ha muerto Lucy, ¡que cante Lucy!; que su legado no perezca entre la hojarasca de los tiempos modernos, para que el “Camino de Mensabé”, “Caminando Caminando”, aunque “…se queme el monte”, nunca olvidemos “Qué lindo suena la caja, qué lindo suena el tambor”.

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