lunes, 11 de febrero de 2013

DE CUANDO LA PARCA SE LLEVA LAS TRADICIONES

Don Edgardo De León Madariaga (1933-2013)
La  cultura orejana se ha cimentado en medio milenio de historia. Y como ha acontecido a través de los tiempos, se ha forjado un grupo humano que es producto del mestizaje de diversas mixturas étnicas. Sin embargo, para lograr que este colectivo prolongue su presencia social, la identidad que le es propia ha de perdurar; siendo pregoneros de esa sociedad los poetas, músicos, escritores, educadores y toda una gama de individuos que se identifican con las tradiciones y valores colectivos.
Se comprende que para el logro de ese propósito se vayan forjando grupos  generacionales que son los responsables de permitir la socialización de los nuevos hombres y mujeres que integran el entramado social. Por eso, cuando una de estas generaciones comienza a desaparecer, y no logra ser suplantada por otra, se corre el riesgo de encontrar en otros lares los modelos a imitar.
Algo de esto acontece en la región de Azuero, porque en lo que va del año 2012 al 2013 fallecieron algunos azuerenses sobre los cuales descansó parte de la identidad cultural de la zona. Pienso en la desaparición física de  personajes como Lucy Jaén (extraordinaria exponente del canto de tuna), Gabriel Villarreal (mejoranero por excelencia), Catalina Carrasco (cantante de conjuntos de la música de acordeones) y Edgardo De León Madariaga (investigador de la pollera panameña).
Esta pléyade de cultores son el relevo generacional de hombres como Rogelio Córdoba, Abraham Vergara, José de La Rosa Cedeño, Escolástico “Colaco” Cortez,  Artemio De Jesús Córdoba López, entre otros. El último de los grupos constituye lo que he denominado La Generación de Oro de la Música Orejana. En cambio, los primeros (Jaén, Villarreal, Carrasco, De León Madariaga) comparten con los segundos la existencia de una sociedad rural en transición a otra más urbana y penetrada por valores exógenos. Ellos son los cantores, estudiosos e intérpretes que vieron nacer, por ejemplo, el Festival Nacional de La Mejorana, El Festival de La Pollera y El Festival del Manito.
Habida cuenta de ello, importa en este momento tomar en consideración que el tercer relevo generacional conoce apenas de oídas el mundo musical, folclórico y de investigación de personajes como los esposos Zárate y De León Madariaga. La primera y segunda generación son los referentes, la tercera intenta vivir una sociedad que está penetrada culturalmente y es el blanco de la Internet, la radio, la prensa y las redes sociales.
La desaparición de cultores e investigadores a los que nos referimos representa un duro golpe a la preservación de la cultura tradicional de la región de Cubitá. De allí que la adulteración y comercialización de estas tradiciones ha de marcar la evolución cultural en las próximas décadas. Así sucederá, a menos que las instituciones llamadas a preservarlos (centros educativos, patronatos y la política estatal) aúnen esfuerzos para rescatar los rasgos estructurales que han forjado la personalidad colectiva de los hombres y mujeres que moran a la orilla de Canajagua, Cerro Quema y Tijeras.
Este es el gran desafío del Siglo XXI, que la Parca no deje un reguero de gente alienada, simulando cantar en idiomas que no entienden, avergonzada de sus raíces y creyendo que los valores económicos algún día vencerán al humanismo “encutarrao” de Porras, Zárate, Dora, De León Madariaga y otros.
.......mpr...
 

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