jueves, 14 de noviembre de 2019

SOBRE EL BICENTENARIO DEL GRITO SANTEÑO




El grito santeño del 10 de noviembre de 1821 es hito fundamental en el calendario histórico de la nacionalidad istmeña. A nivel interno y exógeno expresa el malestar colectivo que se vivía en Panamá a inicios del siglo XIX, luego de las luchas del liberalismo contra la monarquía en Francia, la constitución de Cádiz de 1812, los conflictos libertarios para emancipar las naciones latinoamericanos e incluso las propias contradicciones en el seno de los grupos criollos.
Estamos ante un acontecimiento complejo que aún demanda un análisis que describa en profundidad su génesis y posterior evolución. Precisamente en el año 2021 se cumplirán dos centurias desde que los próceres santeños acometieron la tarea de retar la estructura de poder dominante para romper con las ataduras políticas que impedían pensar y actuar con cabeza propia.
Luego de casi doscientos años, la sociedad y cultura peninsular ha vivido el influjo de las transformaciones del decimonono istmeño, la separación de Colombia, los conflictos político-partidistas del siglo XX, el empuje y estertores del sistema educativo, la transformación de la economía campesina y la modificación de la cultura que heredó del período colonial.
Debo admitir que la era republicana no siempre ha sido justa con los habitantes de tal zona peninsular y cabría interrogarse si los principios que dieron origen al Grito Santeño, la visión de la Ilustración francesa y el liberalismo criollo, han validado esas ideas primigenias.
Desde otro lado del análisis, es obligatorio cavilar si las conmemoraciones del famoso Grito han estado a la altura de las circunstancias y si no se han quedado en una remembranza carente de sentido patriótico, preocupada por el boato y distante de una recordación que se traduzca en calidad de vida para quienes moran en la península y en las diversas provincias istmeñas.
El bicentenario ha de convertirse en ocasión propicia para acometer el análisis introspectivo, fortalecer la investigación del evento y proyectar con fuerza el mensaje liberador de quienes dieron lo mejor de sí para emanciparnos, no solo en el plano político, sino del estilo da vida que limitaba el desarrollo humano.
Los próceres supieron empoderarse ante una realidad que les castraba, los condenaba al abandono que se enseñoreaba desde el siglo XVI, porque la región estaba atada al poder monárquico. Lo que acaso no avizoraron tales emancipadores, era que la zona transitista, y los grupos en ella asentados, iban a ser los herederos no solo de la separación política, sino del control económico istmeño, excluyéndolos de las mieles del desarrollo y de las cuotas de poder a que tenían derecho.
De lo expuesto se colige que la conmemoración del Bicentenario del Grito Santeño no ha de quedarse únicamente en la celebración con dianas, cohetes, desfiles, reinados y demás expresiones de la alegría de la gente que mora en la tierra de Porras y Zárate, Goitía y Hooper.
Luego de tanto tiempo, se impone, además de lo planteado en el párrafo precedente, la urgente necesidad de investigar el acontecimiento histórico en toda su profundidad, conmemorarlo como merece y replantearnos si en verdad el ideario del Grito Santeño se ha hecho carne o continúa siendo otra saloma libertaria que se oculta entre la hondonada de los cerros.
…….mpr…

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