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12 octubre 2023

CARTA PARA PAULA

 

Acudo a usted con el corazón contrito, hoy día de la hispanidad y del encuentro de culturas. Le escribo desde esta península tan suya y a la que amó con cariño verdadero, usted que era tan chitreana, con esa cédula 7 que tenía y con la que hacíamos bromas, para ripostarme siempre: “7 bajo protesta”

Mire que yo quería escribirle de una manera más racional, pero algo interior me grita que ese no es el camino. Podría argumentar que fue pionera de la educación superior regional, pero siento que aquello no lo dice todo, porque en algún momento trabajé a su lado, junto a Néstor González Tello y Luis Carlos Innis Cedeño, para poder implementar la ley universitaria de 1981.

Un poco antes le había conocido en aquel saloncito que en el Colegio José Daniel Crespo cumplía las veces de oficina administrativa. Yo era entonces un muchacho lleno de sueños que aprendía a caminar por los senderos de la península de Pedro Goytía Meléndez y Ofelia Hooper Polo, Belisario Porras Barahona y la mítica Rufina Alfaro. Permanece en mi memoria ese primer día de labores cuando usted tuvo la gentileza de presentarme ante los diversos grupos a los que debía impartir lecciones.

Allí nació esta amistad y admiración, no exenta, a veces, de enfoques que variaban en la forma, más no en el fondo. Le confieso que siempre comprendí su proyecto universitario y viví, como otros, la carga emocional que ello supone. He revisado mis archivos personales y usted siempre aparece en la retina de la memoria, si me disculpa la metafórica expresión.

La recuerdo en los chalecitos contiguos al JDC en donde estuvimos por corto tiempo, antes que nos mudáramos al campus universitario el 6 de julio de 1984. Esos terrenos pelones que su visión y el trabajo colectivo convirtió en sitio lleno de árboles y flores, una especie de edén ambiental en plena capital provincial de Herrera.

Yo no sería justo con usted si no le menciono en esta misiva a Raquel, Diosa y Argelis, las fieles y eficientes administrativas que le acompañaron en sus andares universitarios. Todo ello es historia patria y bien que lo sabe. Sí, doña Paula, hasta esas intensas jaquecas que ocasionalmente padecía en la oficina de la dirección. Allí, con la luz apagada y la voz queda, conversábamos mientras superaba esos episodios ocasionales.

Disculpe que le recuerde estos pasajes que también son universitarios y que no aparecerán en los libros de texto, pero que hablan del amor al trabajo y de una vida dedicada a la luz de la enseñanza.

También quiero que sepa que estoy aquí, en el auditorio que antes fue el edificio de usos múltiples. Estamos rodeados de su gente, de los que conocen de sus avatares y de otros, que más neófitos, intuyen en sus mentes quién fue la mujer herrerana de la educación superior.

Ya escucho su voz diciéndome que no lo diga, que usted no es la mujer que describo. Y me va a perdonar, pero intento ser pregonero de la inteligencia regional, porque me gusta hacer justicia con los orejanos que se lo merecen, a los que como usted, comprenden que la juventud de nuestra zona necesita nuevos íconos, personajes a quienes admirar, gente de carne y hueso que aman y creen en la utopía, que no se cansan de remar contra las olas, porque saben que más adelante en la mar océano, hay un remanso de paz.

Mire, déjeme decirle que muchas cosas hablan de usted. El viejo estarcido en el que escribíamos El Orejano, lo recuerda, el boletín informativo de antaño. Y el rumor de juventud en la biblioteca y tantas otras estampas que se han quedado incrustadas en la secretaría y la cafetería, los salones y la brisa que acaricia los eucaliptos y los mece como en una hamaca invisible.

La universidad no son solo las notas, ni la cátedra bien o mal llevada, en el fondo es un proyecto de redención, la luz que disipa las sombras y la investigación que abre surcos y sabe sembrar en terreno fértil. Pero nada  es posible sin el buen timonel, sin la personalidad adecuada para el momento apropiado; porque en la universidad peninsular, que en entonces se iniciaba  usted llenó ese vacío. Con ese estilo tan suyo de nuclear a la gente en torno a un ideal.

Debo decirle que ahora estamos en una encrucijada, en la bifurcación entre el ayer y los retos contemporáneos. Miro hacia atrás y veo su universidad, la que se hizo de todas maneras y que transpiraba humanidad, calor humano y deseos de capacitar. La que ha de venir depende de las nuevas generaciones que ojalá estén a la altura de las circunstancias.

La miro yerta y por mi mente pasan muchos recuerdos de la educación superior que contribuyó a cimentar. Y en este instante cuando redacto esta misiva, sé que debo terminar y despedirme de Mary, como le llamaban los amigos más íntimos. Por eso me alegra que la hayamos recibido en su casa, en este campus que alguna vez llevará su nombre y en donde su presencia, la espiritual y verdadera, siempre se quedará. En este auditorio que dio cobijo a sus Juntas de Centro y a eventos cargados de emotividad y razón.

Comprenda que se quedará aquí, doña Paula, en este campus en donde ha de volar por siempre la paloma chitreana de nuestros campos, flor de muchos sueños y docente a quien dediqué, habrá treinta años, aquella prosa poesía que llamé “Los robles están floreciendo”, como un homenaje a sus ejecutorias de mujer proba y de docente visionaria.

Sé que en algún lugar ha de leer esta carta y sonreirá para sus adentros y será feliz al comprender el sentimiento que comparto con los docentes, los administrativos y los estudiantes. Reciba nuestro abrazo y la certeza de que su proyecto universitario no morirá, porque las cosas buenas, de gentes buenas, iluminan nuestra campiña con el amarillo intenso del guayacán, la terquedad del río La Villa, los gorjeos de la capisucia y el legado de sus acciones.

Me despido de Usted, Paula Antonia, con la satisfacción de haber compartido un retazo de su vida y, como si fuera poco, de ser testigo de la mujer que abandona su vestido terrenal para convertirse en la inspiración y fuerza motriz de los que han de venir.

 

Hasta siempre, Paula.

…….mpr….

12/X/2023


05 octubre 2023

LA MEJORANA, FESTIVAL PIONERO EN AMÉRICA LATINA

 


En esta reflexión no haré una apología del Festival Nacional de La Mejorana, porque el evento no la necesita, tan enraizado está en la conciencia del istmeño. La fiesta de la tradición creada por Manuel F. Zárate nace a mediados del siglo XX, montada a caballo entre la modernidad y la sociedad campesina que heredó de los siglos precedentes.

1949 es el año en que aparece, justo cuando en América Latina crece la preocupación por la desaparición de las tradiciones y la sociedad se ve sometida a todo tipo de cambios sociales y culturales; época, también, preñada de nostalgias por lo que fue y está dejando de ser.

El festival guarareño es consecuencia de ese conjunto de innovaciones, ubicado en la península de Azuero, zona istmeña que responde al perfil colectivo de la ruralidad, al mismo tiempo que experimenta un intento estatal por incorporarla y se produce la apertura regional a nuevos vientos de renovación cultural.

Desde entonces el festival folklórico es un Quijote que lucha contra los molinos de viento de la alienación. Hoy existen muchas festividades, las que pregonan la defensa del folklore; demasiados diría yo, porque en cualquier esquina se monta un evento que afirma ser tradicional y folklórico. Lo cierto es que La Mejorana fue y sigue siendo la matriz de todos ellos y aún intenta flamear -con la fuerza que las circunstancias le permiten- la bandera de la identidad istmeña.

Lo relevante estriba en comprender que en el poblado santeño se institucionaliza la fiesta folklórica y surge la organización que carga sobre sus espaldas tamaña responsabilidad social. Desde entonces la promesa que se hizo en el parque Bibiana Pérez se ha cumplido a rajatabla. Y tal vez aquellos pioneros, al hacerlo, no se percataron que estaban marcando un hito en los festejos que de este tipo se realizaban en América Latina; porque casi todos ellos datan de los años cincuenta y sesenta de la pasada centuria. Tales los casos, por ejemplo, del Festival del Malambo (1967, Córdoba, Argentina), Festival de La Chacarera (1971, Santiago del Estero, Argentina), Festival Folklórico de Ibagué (1959, Colombia), Festival de la Leyenda Vallenata (1967, Valledupar, Colombia), entre otros.

Existen dos méritos de la fiesta de Manuel y Dora. El primero radica en el empeño por valorar nuestras tradiciones en una época en la que lo campesino era visto con desdén. Por aquellos tiempos era un estigma social el haber nacido en el campo, entre sabanas y bosques, acaso porque desde el siglo XVI, con el arribo de los hispánicos, la cultura europea estaba centraba en lo urbano -la ciudad, el pueblo, la villa- y residir en el monte era símbolo de atraso, propio de seres montaraces u orejanos como se dirá por aquellas calendas.

En Guararé no sólo se conmemora el folklore istmeño, en el fondo el Festival de La Mejorana es un acto de rebeldía política. El pueblo se toma las calles y se libera de la añeja creencia de que tales manifestaciones folklóricas eran la expresión de arcaísmo social, como queda dicho, algo que necesariamente tenía que desaparecer ante una deseada modernidad. En este pueblo santeño lo campesino exorciza los demonios que por siglos le persiguieron y sale a celebrar la maravilla de su cultura mestiza.

Lo otro, lo segundo, es haber contagiado al país de esa visión del Panamá rural que rompe con el centralismo asentado en la zona de tránsito, que pretende imponer al resto de la nación su visión fenicia del mundo. Y no es casual que para la misma época la república sienta la presencia de otros grupos que reclaman los beneficios del desarrollo. Es decir, en Guararé se funden cultura y política, en el más noble sentido de los vocablos.

Como observa el caro lector, el Festival Nacional de La Mejorana, el más relevante de los eventos folklóricos del Istmo, no sólo revaloriza la cultura nacional y se constituye en portaestandarte de las expresiones vernáculas de los panameños, también nos confiere el honor de haber marcado pautas en América Latina, como zapador de las manifestaciones vernáculas de nuestras sociedades.

.......mpr...

4/VII/2023