viernes, 31 de octubre de 2008

RUFINA ALFARO: LA LEYENDA Y LA VERDAD HISTÓRICA

Desde hace algún tiempo se habla y especula sobre Rufina Alfaro, la heroína santeña que se afirma tuvo una participación destacada en la gesta independentista del 10 de noviembre de 1821. Personaje mítico o histórico, ha surgido en el país un renovado interés sobre la realidad o ficción de su protagonismo. Por ello, preocupado por el giro que está tomando el debate y con la intención de contribuir al mismo, las anotaciones que siguen se interesan por ahondar en la temática. Bajo ese prisma analítico presento a la consideración del lector algunas apreciaciones sobre el hecho en referencia.
Lo que se ha dicho sobre Rufina Alfaro
Se afirma que Rufina Alfaro fue una moza que nació en Las Peñas, un villorrio campesino distante 3 ó 4 kilómetros de La Villa de Los Santos. Hay quien llega incluso a describirla como una zagala que frisaba los 17 a 23 años cuando se produjo el Grito de Independencia de La Heroica Ciudad. De origen popular, los rasgos que la caracterizan encajan perfectamente dentro del perfil promedio del habitante de aquellas calendas. A saber, el de una lugareña que acude con regularidad a la población cercana y que encarna el prototipo de la campesina descendiente del español depauperado que habitó los campos santeños, amén de describirla como una fémina carente de instrucción y orgullosa de su estirpe. Asevera la leyenda que concurría al poblado para mercadear productos que demandaba la élite pueblerina residente en el núcleo urbano colonial. Así, codiciada por los españoles, su misma condición de mujer apetecible, sin despertar sospechas, le permite informar a los conjurados (hartos de atropellos) sobre los pertrechos bélicos del cuartel español que la santeña visitaba con frecuencia. De esta manera, aparentemente utilizada por el grupo dominante, logra ser útil a la causa separatista para luego desaparecer de la historia escrita, más no de la tradición oral.
La leyenda y el personaje histórico
Lo que se ha afirmado sobre Rufina, a saber, que no existe certeza sobre su existencia, no podemos admitirlo como un fenómeno que atañe exclusivamente al personaje de nuestras cogitaciones. Recordemos que igual incertidumbre histórica se cierne, por ejemplo, sobre la denominación de algunos asientos poblacionales azuerenses. Tales los casos de Chitré, Los Pozos y Las Tablas, localidades de las que se desconoce el origen real del nombre que las identifica. Aunque en otro plano, con Rufina se produce un fenómeno parecido, la leyenda la integra a la identidad popular y la ha hecho parte de sus querencias, a tal grado que la fuerza de su figura rebasa, en la conciencia ciudadana del panameño, el papel de otros personajes cuyo protagonismo en el Grito Santeño nunca se ha puesto en duda. Tal y como acontece con los actores históricos, el habla popular termina por convertirlos en una intrincada madeja de ficción y realidad. Lo mismo acaece con seres de la mitología campesina (Señiles y La Tepesa), los que terminan presentando atributos que difieren según el mayor o menor ingenio popular.
En otro plano del análisis, al revisar lo que se ha escrito sobre la Heroína Santeña, la primera referencia sobre el tema corresponde a un trabajo del historiador Ernesto Castillero Reyes. El ocueño dejó para la posteridad un relato en donde asevera que transcribe una conseja que escuchó de boca del pueblo. Publicado originalmente en la Revista Lotería (# 80 de enero de 1948), la narración ha servido de base al resto de los aportes que han aparecido desde la segunda mitad del Siglo XX. Luego de Castillero Reyes, la segunda contribución es la del dramaturgo santeño Miguel Moreno, al recrear el personaje en FUGITIVA DE LA GLORIA; obra galardonada, en el año 1963, con el primer lugar del Concurso Ricardo Miró. Es decir, la producción del reconocido actor y literato aparece quince años después de lo afirmado por el connotado educador herrerano. Dicho sea en honor de ambos, después de ellos nadie ha superado la versión literaria de la heroína santeña. Sólo la creatividad popular ha retado el ingenio del historiador y del dramaturgo para ver en la alegórica obra escultórica de José Guillermo Mora Noli (instalada en Los Santos en el año 1947) la encarnación de Rufina Alfaro; siendo aquélla un monumento en el que la libertad se representa con la imagen de una mujer que rompe las cadenas de la opresión. A su vez, el tercer y último escrito sobre el tópico lo debemos a la pluma de Horacio Moreno (Revista Lotería # 28 de febrero de 1975), quien valiéndose de nexos familiares e historias orales, cita nombres de personas que, según él, confirman la participación de Rufina Alfaro en los sucesos de la emancipación de España.
El Archivo de la Iglesia de San Atanasio
De lo anterior se colige que con anterioridad y posterioridad a los aportes reseñados, los historiadores nacionales no han presentado la prueba documental que confirme la existencia de Rufina Alfaro. Sin embargo, la revisión de los Archivos Parroquiales de la Iglesia San Atanasio de La Villa de Los Santos añade no pocos informaciones al tópico, al menos desde la rigurosidad y exigencia de la ciencia de Clío. He examinado los archivos de la parroquia santeña y en ellos no aparece, hacia finales del Siglo XVIII y primeras décadas del Siglo XIX, la partida de nacimiento de Rufina Alfaro, al menos con el nombre que la leyenda le atribuye a la Heroína Santeña.
En cambio, en nuestra pesquisa sobre el Siglo XIX e inicios del Siglo XX, se comprueba que en La Villa habitaron, como lo señala la tradición, familias de apellido Alfaro. Aclaremos, de paso, que tanto ayer como hoy el apellido Alfaro no es común en el poblado. Lo relevante para nuestra investigación es haber constatado que en la época del Grito Santeño los Alfaro eran una realidad histórica y no el producto de la imaginación popular. Así lo comprueba la información parroquial. Por ejemplo, en el Libro de Bautismo (Pág. 29) aparece la partida de nacimiento del niño Manuel Salvador Franco. La misma data del año 1810 y en ella se registra como madrina del párvulo a un personaje que se llama María Rudecinda Alfaro, de lo cual deja constancia el párroco Manuel Isidro Conde. Me refiero al presbítero que fue reemplazado por José Fernando Correoso y Catalán, hermano del cura al que se hace mención en el acta de independencia del 10 de noviembre de 1821. Curiosamente el hermano de José María Correoso y Catalán, cuatro año antes del Grito de La Villa, desde el 24 de diciembre de 1817, encabeza las partidas de nacimiento con la frase: “En la fiel Villa de Los Santos...”, dejando entrever su apego a la causa monárquica.
Conviene advertir en este caso que la indicada María Rudecinda Alfaro aparece en múltiples ocasiones como madrina de diferentes niños, lo que indica que gozaba de algún grado de simpatía y popularidad en la población. Hasta donde hemos investigado, ella sería el único actor social coincidente con Rufina Alfaro.
Otro indicio relevante aparece en un documento del Siglo XIX titulado “Libro de todos los hermanos esclavos que son de nuestra Señora del Carmen, que se venera en esta Santa Iglesia Parroquial de la Ciudad de Los Santos de la que es Mayordomo i Capellán el Presbítero Señor Estaval Guirior”. Allí aparece Tiburcio Alfaro como integrante y devoto de La Virgen del Carmen. Lo esclarecedor del asunto no radica únicamente en el apellido del personaje, sino que se afirma que murió en 1859, añadiendo el sacerdote de su puño y letra, que era “del sitio de Las Peñas”.
De lo hasta aquí expuesto se deducen importantes pistas sobre el relato popular que habla de Rufina Alfaro. A saber: que los Alfaro son residentes de La Villa de Los Santos, que vivieron en el período del Grito Santeño, que aparece un personaje llamado María Rudecinda Alfaro en ese mismo momento histórico y que, tal y como lo afirma la leyenda, los Alfaro vivían en el sitio de Las Peñas.
Obviamente esta nueva realidad nos introduce a un mundo de interrogantes y permite esbozar una conclusión general. Entre los interrogantes se plantea: ¿Son tales indicios meras casualidades históricas?. Si la leyenda no tiene visos de realidad, ¿por qué escoger como apellido de la Heroína al menos común y hacerlo aparecer precisamente en el sitio de Las Peñas? ¿No se equivoca la tradición en el nombre de la polémica mujer santeña?. A título personal pienso que si bien no se puede deducir de las pruebas documentales que hemos presentado la existencia categórica de la Heroína Santeña, la prueba fáctica aclara que detrás de la famosa narración tradicional hay algo más que una calenturienta conseja popular. Es decir, la leyenda comienza a moverse desde la ficción hacia el terreno del hecho histórico.
¿Qué se hizo la Rufa?
A la altura de estas reflexiones la pregunta aún sigue vigente, aunque la respuesta ya no puede reducirse a la negación categórica de su existencia. Al parecer la dificultad no sólo estriba en la ausencia de testimonios escritos, sino en la forma como algunos investigadores han abordado la problemática. Porque pretender que al inicio del Siglo XIX, todos los habitantes de la comarca santeña estuvieran empadronados por la Iglesia Católica, es tanto como pedirle al madroño que sus flores tengan la fragancia del jazmín. No podemos ignorar que durante aquellas calendas el hombre del campo vivía bajo condiciones extremadamente difíciles, sin escuela, medicinas, carreteras, etc., así como alejado de los centros urbanos, a los que no siempre acudía para la eucaristía dominical, ni era muy dado a cumplir con los rigores formales que demandaba la prédica religiosa. Además, recordemos que en La Villa de Los Santos el campesinado sufría las consecuencias del control hegemónico de las familias que manejaban la trama del poder económico, político y religioso.
Uno tiene que entender la razón por la cual en los documentos de la época el pueblo sólo aparece como una masa amorfa, como un actor secundario, inclusive en el acta de la insurrección santeña. En consecuencia, de haber existido, Rufina tuvo que pertenecer a este último grupo humano, el de los campesinos pobres y olvidados. Por este motivo, ayer como hoy, el folclor santeño, además de un conjunto de rasgos vernaculares, es un medio de expresión popular. Dicho de otra manera, en ocasiones las manifestaciones culturales esconden la revancha que se toma el pueblo contra el poder constituido, contra el formalismo y rigidez de quienes manejan los hilos del poder social. Estando olvidados, se comprende que la leyenda y la mitología florezca con la fuerza floral del guayacán sobre la pradera silente.
La historia ha demostrado que el movimiento separatista santeño no dependió exclusivamente de las buenas intenciones de sus protagonistas, siendo las causas estructurales sobradamente conocidas como para entrar aquí a detallarlas. Lo que importa advertir es que el grupo de notables santeños difícilmente iba a recoger para la posteridad la contribución de una olvidada campesina que, además, no formaba parte del dominante grupo pueblerino. Una medida razonable de lo señalando la podemos constatar tres décadas después del 10 de noviembre de 1821. En las llamadas sublevaciones campesinas de 1856, el campesino sólo aparece como parte de una horda de malhechores que asesinan en Macaracas al sacerdote José María Franco, dejando por fuera la temprana contradicción entre el conservatismo y el desafío que suponen las ideas liberales de Pedro Goytía, ideología que reta los intereses conservadores de la curia y de los Guardia. Los Goytía y los Guardia son los protagonistas, los campesinos, los bandoleros.
En efecto, en toda investigación sobre creencias populares rápidamente se aprende que detrás del rumor del pueblo asoman espacios para una verdad que otros han querido silenciar. Por ello, la pregunta fundamental en la temática no radica en “descubrir” si Rufina existió, sino en interrogarnos sobre qué recónditos motivos tuvo el pueblo santeño para, supuestamente, inventarse una leyenda. Pienso que este es el meollo del asunto, porque una visión y racionalidad cartesiana siempre encubre la trampa de postular que aquello que no se puede demostrar con hechos, ya por ello deja de existir. Bajo este prisma analítico algunos panameños asumen el riesgo de asesinar el mito y privar a la nación de un emblema libertario, democrático y feminista.Uno tiene que preguntarse qué ganamos los istmeños matando a Rufina, confinándola en la cárcel del olvido, por el pecado de no encontrar su acta de nacimiento. El acto equivaldría a pedirle a los italianos que tiren al cesto de la basura a Rómulo y Remo, porque el mito pudo más que la historia escrita. Los que así cavilan olvidan que la nación istmeña no se construye únicamente de verdades demostrables, sino de símbolos e íconos sociales. Comprendamos que Rufina Alfaro no es sólo la leyenda o el personaje histórico, ella es el portaestandarte de un pueblo que se siente protagonista de una gesta, aunque algunos quieran utilizar la historia como la comadrona que reniega de la niña porque ella no atendió el parto.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,como hija del escultor Mora Noli, me ha impresionado con lo objetivo y acertado de su trabajo investigativo, lo cual, ya que mi padre para poder hacer aquella obra, investigo con gente del mismo pueblo, lo cual no sabemos si es leyenda. e in clusive existe una base acerca de lo que usted hablo.

Anónimo dijo...

Mire amigo: lo que resulta paradójico y triste es que haya sido un "santeño" Aparicio Bernal, en uno de sus escritos, uno de los sembradores de esa duda cartesiana. Recuerdo haber leído el primer y último escrito que he leído y leeré de mi amigo, donde abordaba este tema con la mentalidad del Siglo XXI. Negaba categoricamente la existencia de Rufina Alfaro, porque su nombre no aparecía en los archivos de la iglesia de la Villa. Qué lástima que mucha gente que se abroga el derecho de ser jueces y de malorientar al lector ingenuo, no haya tenido que joderse en áreas inhóspitas del terruño; donde los muchachos de 23 años van a votar, llevados por los politiqueros, y allá se dan cuenta de que no tienen cédula porque nunca los apuntaron en el Registro Civil. Si esto lo he visto yo en pleno siglo XXI en nuestro país; qué esperaban Aparicio Bernal y otros cientificistas desvelados de ahora, que ocurriera en el siglo XVII. Si aquí hoy día, con toda la tecnología existente, los libros de historia le dedican 2 renglones a hablar de la época militar y 2 lineas a hablar de la invasión; ¿será que por eso "Che machete" no se cagó en los calzones cuando los gringos le posaron el Blackhawk sobre su carro en la pasera? Lo que sí es cierto es que al pueblo nadie lo engaña...

Unknown dijo...

La verdad pienso que no existio como tal y solo son cuentos populares sin fundamentos basados en documentos, escritos y estudios de la misma.

Hasta cuando exista algo tangible de la misma se podria decir que existio y por ende realizo todo lo que se dice de ella.

rrp

Anónimo dijo...

Muy aleccionador su escrito amigo Milciades, es admirable su santeñismo y la forma diafana y precisa con la cual se esfuerza, a traves de sus escritos, por arrojar luz sobre las raices del arbol de nuestra nacionalidad, que muchos quisieran "tumbar", para erigir sobre el un modernismo mas atado a las urbes mundiales que a nuestro origen nacional.
Reciba un abrazo de hermano
Jorge Luis Escobar J.
Tamayo Records

Benigna Cedeño dijo...

Buen escrito, aclara muchas cosas.

Libelula dijo...

Yo opino, que Rufina si existió, como era una pobre MUJER y campesina no le han querido otorgar la importancia que se merece, algún día se descubrirá toda la verdad. Me voy a un ejemplo lejano, que no tiene que ver con nuestro país, pero es un ejemplo: La reina Hatshepsut, de la dinastía XVIII, famosa en Egipto por su inteligencia, don de mando, era la cabeza política del Egipto de aquel entonces, hizo grandes monumentos como el de Karnak. Compartía su reinado nada más y nada menos que con su hijastro, hijo de su esposo con una esposa menor. El se encargaba de las campañas militares y ella de lo político. ¿Saben que sucedió? su nombre, al morir ella, fue borrado de sus cartuchos, nadie supo nada de esa reina hasta bien entrado el siglo XX cuando los arqueólogos, ( hombres) se rompían la cabeza porque no creían lo que sus ojos veían, una mujer "rey" imposible. El tiempo le dio la razón. Allí están sus monumentos que hablan por ella. De nuestra RUFINA el tiempo también le otorgará su justo y merecido puesto y no solo será tradición oral. Los viejos no hablan por gusto, cada leyenda tiene un porqué.

Vielka Creamer dijo...

Me encanto leer este escrito. Solo agregar que he leido, online, el libro de bautismo de Los Santos que data de 1700's y tanto. Ciertamente se menciona, en varias ocasiones, a Maria Rudecinda Alfaro como madrina de algunos neonatos, pero definitivamente no es ella Rufina Alfaro, aunque la base de datos online es muy pobre, hay un hueco enorme entre 1768 a 1809, deterioro del libro o perdida de paginas, hay un registro no de bautizo, sino de matrimonio donde Maria Rudecinda Alfaro aparece como la madre del novio, este registro es de 1817. Si Rufina tenia con entre 17 a 23 anos para cuando tuvo ocasion el grito, y era soltera, entonces Rufina y Maria Rudecinda son dos mujeres diferentes. Si Maria Rudecinda para 1817 tenia un hijo en edad para el matrimonio, entonces ella podria tener entre 34 a 40 anos para 1821 y no era soltera.

Vielka Creamer dijo...

Excelente articulo sobre Rufina Alfaro. Quiero agregar que Maria Rudecinda Alfaro, como se expone aqui, fue madrina de muchos neonatos, pero definitivamente ella y Rufina eran diferentes personas. En el articulo se menciona que Rufina era una joven entre 17 a 23 años para el tiempo del grito de independencia, presumiblemente soltera, mas sin embargo Maria Rudecinda Alfaro oscilaba entre lis 30 a 40 años pues en el libro de 1817 se le menciona como a la madre del novio, cuyo esposo era de apellido Diaz.