miércoles, 25 de mayo de 2011

LA CULTURA DEL SILENCIO

      
Hagamos inicialmente una breve precisión teórica. Entendemos por cultura del silencio la actitud del panameño de callar frente a situaciones en la cuales debería emitir su juicio sereno y reflexivo. Esa postura conformista nada tiene que ver con esa otra, tan característica de nuestra manera de obrar, de considerar que quien más grita es quien mejor piensa.
Conviene tener presente que, como acontece en toda cultura, ésta no es el producto de algún pecado que adquirimos como colectividad hace milenios y que debemos, masoquistamente, cargar con esa pesado fardo durante siglos. Es cierto que el ayer repercute en el hoy; pero no es menos verdadero que nuestro futuro se construye en este instante. 
No deja de resultar irónico que, en el siglo de la informática y las comunicaciones, nuestro hombre sea cada vez más incapaz de vivir su época y de trascender la misma. Es un poco el fenómeno de las muchedumbres del que nos hablara José Ortega y Gasset en su clásico, La Rebelión de las Masas.
Sin duda, hay mucho en la conducta del panameño de la propia historia del país en donde residimos. Cintura Ístmica que sin chistar se conforma con vivir de las migajas que deriva de su posición estratégica. El Dr. Octavio Méndez Pereira lo plasmó de manera diáfana en su opúsculo Panamá, País y Nación de Tránsito.
Frente a los problemas axiales de su diario vivir, el panameño enmudece; calla cuando los politicastros se amamantan de la ubre del Estado; guarda silencio cuando mentes poco instruidas, y menos educadas, dirigen la educación de sus hijos; esperando siempre una mesiánica solución a sus problemas.
La superación de la cultura del silencio en Panamá parte de allí, precisamente, del comprender a ésta como el producto del hombre y sus obras. Sin duda el necesario escape a esta situación debemos impulsarlo por la vía de lo que el hombre hace como colectividad y como individuo. Nos parece que ese silencio tiene su génesis estructural en el hecho de que nuestro hombre desconoce lo que sus antecesores han edificado en el Istmo durante milenios.
Familia, escuela, medios de comunicación de masas, gobiernos, parecen empeñados en instruir y no en educar. El ideal que respira nuestra juventud es uno de pachanga, seco barato, políticos venales, folklorismo alienante y perfume francés. Por ello, el discurso  y el hacer de no pocos coterráneos, es uno que se distingue por lo superficial y lo coyuntural.
Necesitamos con urgencia notoria una ruptura de esa cultura del silencio en Panamá.  La construcción del hombre nuevo que necesita el país demanda necesariamente un cambio como ente individual y colectivo; porque si bien las estructuras condicionan nuestro quehacer como personas, no es menos cierto que éstas últimas son responsables de su destino y en algún momento de su historia son capaces de trascender a las primeras.
....mpr...

2 comentarios:

  1. Mejor se daña.
    Excelente análisis.

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  2. tenemos un grabe problema con nuestra educación, la cual se a olvidado de la enseñanza del saber y se a convertido en una institución donde salen personas preparadas para vivir en el sistema es decir simple productores y consumidores, cuando en realidad se debería preparar al estudiante para que genere sus propias ideas y las defienda
    gracias

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