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06 febrero 2026

EL JOLGORIO COMO EMPRESA COMERCIAL

 

Si tuviéramos que precisar la fecha, a partir de la cual las preciadas manifestaciones folklóricas comienzan a erosionarse como tales, al mismo tiempo que se convierten en parte de una empresa comercial, tendríamos que ubicarla a mediados del siglo XX. Desde ese momento la parranda deja de ser sólo un evento de distracción popular y adquiere una connotación diferente. Con razón, en uno de sus ensayos de los años sesenta de la pasada centuria, el ingeniero Manuel Fernado Zárate habla de la adulteración del folklore

Ese es el instantes cuando los carnavales, las cantaderas de décimas, el tamborito y otras expresiones vernáculas son manipuladas por las empresas licoreras, las que ven en la fiesta un filón de rentabilidad económica y fomentan la construcción de jardines de baile con sus respectivas cantinas.

Esto, que inicialmente se veía como el apoyo al folklore, ha evolucionado a una profusión de festivales que son definidos como folklóricos, sin en realidad serlos, aunque pregonen a los cuatro vientos sus nobles intenciones. En este aspecto, la expresión más dramática la encontramos en los llamados bailes de acordeones, los que son presentados como eventos vernáculos, siendo, en realidad, una estilización que emula el hecho folklórico y que cada vez más se aleja de lo que pudo ser.

Al menos así lo fue en sus inicios, porque hoy día apenas si se distinguen algunos trazos de la primera propuesta, la que en contacto con otros géneros musicales se ha adulterado en grado sumo. Es decir, el acordeón de origen germano, tal vez introducido en el siglo XIX, también ha sido arrastrado por la comercialización imperante.

Pero lo que ahora importa plasmar, no es la pureza del hecho folklórico, fenómeno que también es plástico, sino las implicaciones sociológicas de los últimos setenta y cinco años de existencia. Las transformaciones son inevitables, ya lo sé, pero lo acaecido en el período en referencia es una borrachera de folklor adulterado.

La rumba colectiva, aguijoneada por las empresas en referencia, está creando una colectividad desconectada de sus intereses vitales. Me refiero a que la búsqueda del placer, por el placer mismo, ha forjado un ser hedonista y coyuntural, que no trasciende su vida personal y que únicamente aspira a subsistir sin ser protagonista de los cambios de la sociedad en la que está inmerso.

Gran parte de la crisis existencial contemporánea, más visible en los sectores juveniles, tiene como parte de sus orígenes este mundo alienante, desprovisto de valores, en donde no existe proyecto de vida que tenga como norte la formación de un ser humano integral. Claro que toda esta problemática acaece em una nación que no se distingue por atender los problemas axiales del país, formación social que no siempre es guiada por un liderazgo ilustrado.

De todo lo afirmado se colige que tenemos que reorientar el sentido de nuestras fiestas, las que no deben pulular alocadamente, porque en la libre empresa mal entendida, estamos destruyendo lo más relevante de la república, la lucidez del relevo generacional y lo maravilloso del folklor istmeño. Porque al decir de un viejo adagio peninsular: “El culantro es bueno, pero no tanto”.

…….mpr…

06/II/2026

 


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