sábado, 19 de mayo de 2012

ME QUEDO PENSANDO EN LA MINERÍA

Cerro Quema
En múltiples ocasiones he cavilado sobre las irracionalidades de la minería. Porque cuesta trabajo creer que exista una mentalidad de ese calibre, istmeños que justifiquen la depredación del país a cambio de unas pepitas de oro, por más que las mismas tengan un alto valor en el mercado. Medite usted sobre Cerro Colorado, Petaquilla, Cerro Quema, La Pitaloza y los miles de millones que suponen esos yacimientos de oro y cobre en manos de empresas que no centran sus intereses en la calidad de vida del panameño. Todo en una república, que no obstante los desafueros ambientales, aún conserva una riqueza biológica que ya quisieran poseer otros países.

El tema se torna más peliagudo al enterarnos que los gobiernos, que no así los pueblos, entregan todo ese patrimonio por 4 centavos de balboa. Y a cambio recibimos las publicitadas “regalías”, algunos cientos de empleos y otras minucias que los magnates de la minería pregonan como la salvación de la nación. Digo que se dificulta comprender el discurso minero, tan plagado de silogismos y mitomanías disfrazadas de desarrollo sostenible. Uno no se extraña que acusen a los ambientalistas de “profetas de la destrucción”, mientras ellos, como los españoles de la colonia, sueñan con El Dorado. Tan así, que por allí existe una fundación llamada Castilla del Oro, nombrecito que se las trae y que pinta a sus agentes sociales de cuerpo entero. Y como para que no quede la menor duda de que encarnan y son herederos del saqueo colonial, de vez en cuando traen al descendiente de Colón a darse un paseíto por las antiguas tierras del Duque de Veraguas. A lo mejor con la secreta esperanza de que nos postremos ante su Alteza y nos decidamos a entregar las jabadas de oro y miremos para otro lado mientras acaban los arcabucos.

Estamos jodidos panameños, porque el malinchismo también abunda por la tierra de Belisario Porras y Justo Arosemena. En verdad yo no puedo comprender a estos castelauros – como decía proféticamente el Dr. Roberto De La Guaria – egresados de universidades nacionales e internacionales, distinguidos y apologéticos representantes de la contaminante minería a cielo abierto. Aunque los títulos sirven de poco cuando la  verdad alumbra y se hace presente hasta por intermedio del sentido común. Todo esto me hace recordar la postura de un paisano santeño – con sombrero y cutarra- que ante los argumentos de un oficioso personaje de la minería replicó: “Vea compa, pero si nosotros somos los dueños del oro de Cerro Quema. Entonces, ¿cómo es eso de que ustedes nos van a ayudá?. ¿No debiera sé al revé?”.

La lógica del razonamiento campesino es tan aplastante que no amerita explicación. Sin embargo, ya sé que vivimos tiempos difíciles, hasta para los defensores de la minería, que muchas veces tienen que colocar entre paréntesis su postura ética y comprometer la suerte de la nación. “Este es el pan de mis hijos”, meditará alguien cuando la conciencia salta como la liebre al escuchar la cantadera interiorana, mirar la corrida de toros o al inclinarse respetuosamente ante la arruga del anciano. Y es que la cultura, aunque se intente racionalizar los hechos, obra maravillas en la conciencia del hombre y le invita, aunque se resista, a mantenerse en el redil del grupo al que pertenece. El antiguo y añejo dilema entre el deber ser y el ser. Por eso intento entender tan inicuo proceder, pero en modo alguno justifico la malinchada de nuestro tiempo.  De lo que estoy convencido es que este asunto va más allá de la extracción de miles de onzas de oro y del perfil psicológico de quienes sueñan con morrocotas. Lo que está en juego es la existencia de un proyecto de nación, el derecho que tenemos a gozar de nuestra riqueza nacional, el respeto que nos merecemos como sociedad y la necesidad de conservar nuestro patrimonio ambiental.

Otra vez me quedo pensando en la minería y, pese a todo, mantengo la secreta esperanza de que Anayansi sólo haya sido un novelesco personaje de la creatividad del Dr. Octavio Méndez Pereira. Ojalá reflexionen –permíteme ser ingenuo- quienes venden a la nación y muestran el áureo colmillo de la alienación. Debieran saber que el patrimonio mineral pertenece a los panameños y no está allí para usufructo de las empresas mineras.
.....mpr...