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20 marzo 2017

VERDADES INCÓMODAS


Ya he perdido la cuenta de los años que tengo de hacer vida docente en los Centros Universitarios. He visto pasar desde profesionales realmente eméritos, hasta otros que nunca debieron ocupar los claustros universitarios. Sé del sueño de un visionario aguadulceño, pero también de las tropelías de aquellos cuyo único crédito ha sido prostituir la Casa de Méndez Pereira, esquilmarla y convertirla en caja registradora de viáticos y lugar por excelencia para la práctica de la politiquería, el clientelismo y el nepotismo. Esos depredadores y trepadores de pirámide lograron que la Universidad de Panamá (UP) dejara de ser antorcha para convertirla en trémula guaricha.
Que hemos avanzado, a lo mejor, pero no lo necesario ni lo suficiente. Por ejemplo, en el caso de la sede herrerana de la UP, ya superamos el medio siglo de existencia arrastrando no pocas carencias.  Sin embargo, aquí como en otros lados, cuando se aborda el tema surgen las media verdades, aparecen defensores del status quo, asoman comerciantes de la academia, traficantes de quimeras y expertos en el doble discurso. Como aquella perorata que pregona que ya somos Universidad del primer mundo, cuando apenas superamos los habitáculos de la novela de Dante Alighieri; para no decir que vivimos la Arcadia o, talvez, el Mundo Feliz de Aldous Huxley. Es decir, cuasi la tierra del realismo mágico, con Macondo y don Melquiades vendiendo hielo.
La universidad provinciana tiene que dar paso a la academia, la investigación y la extensión cultural. Pregonar mentiras seductoras es fácil, porque la tarea la acometen charlatanes y falsos profetas. Sin embargo, la verdad ha de salir a relucir, aunque produzca escozor y genere miradas que matan.  En efecto, ha sido muy dañino que en nuestras unidades académicas los directores de turno insistan en volver a serlo, como si la UP no pudiera existir sin la excelsa presencia de tales políticos. Voy más allá, gran parte de nuestras deficiencias nacen de implantar, del extramuros universitario, elecciones en las que no siempre cuenta la trayectoria académica del postulado y se vota por simpatía, nexos familiares u otras minucias electorales. Muy ilusionados en el torbellino de la democracia embrionaria, hemos olvidado que la Universidad es academia y no partido político, presencia transformadora y nunca conservadurismo aldeano.
En los últimos años hemos vivido bajo el manto del gamonalismo, esa lacra social que se enseñoreó de los campos para forjar la cultura política de la alienación. Sí, algunos se han creído señores feudales de la educación superior. Hecho lamentable, porque para mantener el reinado han mandado de vacaciones a la academia, o más bien ésta ha servido de base para el clientelismo, repartir cátedras a cambio del voto, al tiempo que se reclama la genuflexión y el “Ave César…”. Y el resultado de esa chata visión: la universidad silenciosa, embozada y con maltrecho clima organizacional.
Estamos deficitarios en investigación y extensión cultural. Por décadas hemos carecido de fondo para tales fines, aunque algunos heroicos catedráticos echan mano del erario familiar para publicar en pequeños tirajes, porque el presupuesto no se lo permite. Igual acontece con la extensión cultural, función que sacrifican para atender minucias, cubrir apariencias, asumir gastos innecesarios, promover degustaciones gastronómicas o caprichos de contertulios.
Tenemos problemas estructurales que deben ser analizados. Por ejemplo, nunca hemos atendido de manera seria el modelo que dio origen a la presencia universitaria en las áreas interioranas. Somos una especie de híbrido administrativo en el que se entrecruzan las veleidades de organismos del Campus Central, al punto que algunos decanos quieren tener injerencia en estructuras administrativas que les doblen en matrícula, infraestructura y personal.
El centralismo a lo bogotano ha sido una práctica que ahoga la creatividad, amodorra la administración y convierte a la institución interiorana en una estructura que está pendiente de la colina transitista. Del Olimpo bajan las decisiones y hacia el Olimpo citadino acuden todos, hasta para la revisión de créditos de quienes estudian en la periferia.
El hombre de las provincias interioranas lleva más de ochenta años en ese ir y venir hacia la sede de la toma de decisiones. Si esa conducta no cambia, al final se producirá el desmembramiento de la universidad estatal, porque nadie está dispuesto a soportar por más tiempo tales penurias. Así, con toda razón, quienes habitan las áreas interioranas tendrán todo el derecho de erigir universidades autónomas que respondan a sus necesidades y propuestas de desarrollo.
Con el cambio de administración, hecho acaecido en 2016, se respiran pequeñas bocanadas de renovación. El país necesita, y las áreas interioranas dentro de él, que esos soplos de cambio, se conviertan en tornado de transformaciones, porque no se trata de permuta de autoridades, sino de modelo de universidad.
Lo que queda de Universidad light tiene que desaparecer, porque sería imperdonable que continuemos privando a las juventudes de la educación superior que se merecen.

……mpr…

01 marzo 2017

BIOGRAFÍA DE DON ESTANISLAO DEL CASTILLO DE LOS RÍOS


                                                                                                     
                                                                                             
                                                                                                Por Antonio Pinzón-Del Castillo

Don Estanislao Del Castillo De Los Ríos nació el 6 de mayo de 1880 y fue bautizado solemnemente en la iglesia San Atanasio de La Villa de Los Santos el 1 de junio del mismo año, hijo legítimo de don Bernardo Del Castillo Rebolledo y doña María Bartola De Los Ríos Saavedra. Fueron sus padrinos don Pedro Del Castillo y doña Francisca Sáez.  Siendo aún párvulo, su madre muere de parto al dar a luz a dos gemelas, Victoria y Natividad. Un par de años más tarde, su padre también fallece. Sus padrinos fueron quienes lo criaron y educaron con clases privadas en una época donde leer y escribir era asunto de grupos privilegiados. En el año de 1905 contrae matrimonio con Andrea Bernal Corro, quien también fenece estando grávida, pocos meses luego del enlace. Más tarde, a 29 de febrero del año del Señor de 1908, contrae segundas nupcias con Nemesia, hermana de Andrea, a quien siempre llamó cariñosamente por el mote “Pila”.  De este matrimonio nacen cuatro hijos: Cristina, en 1909; José Leonardo, en 1911; Pedro Bernardo, en 1919 y Germán, en 1921. Luego, engendraría también a Elías y criaría como suyos a José y a su querida Carmela, hijos de un primer enlace matrimonial de su mujer. 
Terne Castillo, como fue bien conocido en La Villa de Los Santos, fue más que un hijo de la aristocracia rural, un filántropo de nuestros campos, amante del servicio al prójimo y a los más desposeídos, en especial durante la fiesta de San Juan de Dios, donde participó activamente junto a su prima Ana María Moreno Del Castillo, La Niña Anita., motivado principalmente por mercedes que en los albores del siglo XX le concediera el santo granadino al salvar de las llamas a su querida hacienda El Jobo, gracias a la aparición de una milagrosa lluvia que aplacó el voraz incendio en el albores del caluroso mes de marzo.
Terne descendía del elitista grupo de 30 familias españolas terratenientes que figuran en el padrón electoral de 1770 del villorrio santeño y a su vez de don Manuel Salvador Del Castillo y Relux y de don José María De los Ríos, próceres que sellaron con su rúbrica la gloriosa acta de independencia de la Villa de los Santos el 10 de noviembre de 1821. También, fue sobrino de don Germán Del Castillo y don Pacífico Del Castillo, suscriptores de la adhesión de La Villa de Los Santos al movimiento separatista del 3 de noviembre de 1903. Por este motivo es que junto a su esposa Nemesia figura en la lista de invitados del famoso baile de las 100 luces de 1910, acto que reunió por última vez a las viejas familias de estirpe colonial en la libertaria ciudad durante los albores del siglo XX.
Tras la sequía y los temblores de 1913 decide mudarse finalmente a su finca El Jobo, donde construye una hermosa casa de alto portal, dos salas y dos cocinas en la que recibía a sus familiares, invitados y amistades, de los que aún vienen a la memoria apellidos como Champsaur o Tasón. Famosos fueron los ágapes allí celebrados durante los veranos maravillosos de la sabana santeña en aquel privado vergel bañado por las aguas del  río La Villa. 
Don Estanislao apoyó diversas causas por el progreso de la región como la otrora Feria de Los Santos, que posteriormente se convertiría en la Feria Internacional de Azuero, creada por su primo don Francisco “Lito” García Castillo, siendo don Terne pionero del desarrollo de la ganadería y la agricultura en Azuero, entre otros detalles, al ser propietario del Transporte San Juan de Dios, cuyos numerosos embarques de ganado vacuno se dirigieron hasta La Chorrera, donde eran vendidos para el coadyuvar abastecimiento cárnico de la ciudad capital. 
Su fama en las tierras del Grito se extendió gracias a su don de gente y espíritu colaborativo, llegando incluso colocar su nombre en la jerga popular a través de dichos y refranes como: “(Fulano) tira la leche a la Rabelo y Terne Castillo la regala al pueblo” o sus recordadas palabras  “Yo siembro para dar pan al que no tiene qué comer”, pues la cosecha de su fundo siempre fue destinada para el deleite del prójimo.
Fue, además, defensor y promotor de los regadíos que más tarde serían brazo motor para el sector agrícola de la región durante la gestión del presidente Domingo Díaz Arosemena, con quien iría a hablar personalmente a Ciudad de Panamá., acontecimiento del que el pueblo guardaría un jocoso chiste para la posteridad con el cual Terne se burlaba de la incredulidad de algunos de sus coterráneos sobre su exitosa misión en la capital. Este hecho fue correspondido con la visita del Presidente Díaz Arosemena a su colonial finca El Jobo, donde el mandatario disfrutaría de la hospitalidad santeña.
Don Terne vivió felizmente en su fundo, alejado del mundanal ruido, acompañado de sus hijos y la exuberante vegetación de su patrimonio a la vera de las huertas, cuyos palmares  y uvitales se dibujan como un rosario inagotable en las riberas del río de Los Maizales, convidando al descanso y al deleite que inspira la bucólica sabana de la patria de Rufina.  Allí, discurrieron apacibles y solaces sus últimos días hasta que la Parca tocó a su puerta el 31 de octubre de 1959, cuando fallece en el Hospital San Juan de Dios de la villa santeña por complicaciones de salud a la edad de 79 años. Tanto amó el terruño y en especial El Jobo, que fue su deseo ser velado allí, en su colonial hacienda; sin embargo, el destino y el crudo invierno de octubre del 59 cerraron el paso a su féretro camino a la añeja finca, en una loma que otrora existía frente a la actual Fábrica de Nestlé, cuyos terrenos también eran de su propiedad por aquellas calendas. Fue así como contrario a su último anhelo, su cuerpo ya sin vida tuvo que ser velado en El Caserón, una de las residencias que poseía en el poblado.   Sus restos mortales descansan en el Cementerio don José Antonio Sáez de la Heroica Ciudad, bajo la custodia del magnífico ángel de mármol de Carrara que mandó a traer desde Italia para que coronara el sitio de su última morada.

MISERIA MINERA EN CERRO QUEMA




Han pasado veinte años de oposición al proyecto minero de cerro Quema. Durante ese largo período de tiempo diversas organizaciones regionales han expresado su rechazo al engendro minero. Y la época también ha servido para dejar constancia de las diversas violaciones del contrato pactado, así como del deprecio por el futuro regional. Desde los tiempos del presidente Ernesto Pérez Balladares hasta la administración actual, los gobiernos han mirado para otro lado y se han hecho los desentendidos. En cambio, sacan a relucir los socorridos y manidos argumentos del “acatamiento al contrato con el Estado”, “la generación de empleo” y “el respeto a la inversión extranjera”. Incluso los más osados y cínicos han comentado, en tono ceremonioso y de sabihondos, que el país no puede vivir en la pobreza acostado sobre una riqueza que le pertenece; pero olvidando convenientemente que el 98% de la ganancia bruta, se queda en manos de extranjeros e istmeños genuflexos, para que continuemos siendo un país rico con gente pobre.
Hace poco venció el contrato que autoriza la explotación de cerro Quema (centauro bravío de la sierra santeña) y la empresa minera solicita que se le concedan veinte años más, como si las dos décadas precedentes no fueron suficiente para sus tropelías empresariales y de destrucción ambiental. Como si ya hubiésemos olvidado que sus locales fueron la cárcel en la que encerró a los santeños durante la brutal represión del año 1997.
Hay que recordar que la empresa ha sido varias veces vendida y otras tantas se ha anunciado el inicio de operaciones, acaso porque con dicho proceso se incrementan las ganancias en la bolsa de valores de Canadá. Mientras tanto el hombre peninsular tiene que lidiar con la depredación de la zona, poner en riesgo el abastecimiento de agua (no pocos ríos nacen en el área donde está el proyecto), admitir la destrucción de su patrimonio natural y soportar las veleidades de quien pregona el respeto al medio ambiente, mientras socava no sólo la tierra, sino el modelo de desarrollo regional en su dimensión social, cultural y económica.
No hay argumento válido para renovar el contrato y someter a la región a veinte años más de tensiones, cantos de sirena y de amenaza ambiental. Existe un secretismo sobre la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA), el mismo que un consultor extranjero desmenuzó y criticó hasta en la propia redacción del documento. Es una pena que MIAMBIENTE no diga nada y en cambio felicite a la empresa porque los apoyó para sembrar arbolitos. Dar las gracias a quien se apoderó de 15 mil hectáreas en el macizo del Canajagua, equivale a desproteger el ambiente, dar a espalda al azuerense y felicitar al mayor latifundista y confeso geófago que recuerde la historia peninsular.
Los santeños y panameños no podemos consentir que se continúe destruyendo y regalando los recursos naturales, luego de los desastres de Petaquilla y otros desatinos mineros. En especial en esta coyuntura cuando la rapiña se ha apoderado del país, la corrupción es tan común como la venta de carimañola y el país decente retrocede, mientras campea la indecencia política. No hay vuelta de hoja, el proyecto minero de cerro Quema debe ser clausurado, rechazado el EIA y negada la prórroga que vendría a constituirse en otra vergüenza nacional. Lo que se impone es dar la cara a la región y acompañarle en su ya penosa crucifixión ambiental.
La región del Canajagua y Tijera, tiene que ser respetada, honrada por su contribución al desarrollo nacional y bajo ninguna circunstancia convertida en cloaca minera. Es de hipócritas desarrollar campañas ambientales y llamar a la conciencia ecológica mientras se siembran minas a cielo abierto en la tierra de Ofelia Hooper Polo y Belisario Porras Barahona. El fututo de Los Santos y Herrera no está en venta, ni la miseria minera de Cerro Quema ha de constituirse en parte de nuestro proyecto colectivo de vida.