06 marzo 2022

MARZO, NATURA Y LOS PÁJAROS

 


Hace algunos años, quizás una década o más, escribí "El canto de la cascá", pequeño texto en el que intento establecer la relación entre ornitología y sociología. Sí, porque la propia vivencia existencial se ha encargado de darme lecciones de ambas disciplinas y su aplicación a la cultura peninsular, azuerense, santeña, herrerana.
Esta mañana, no por casualidad, he escuchado el canto de la cancanela sazonado con gorjeos de azulejos, carpinteros y otras aves, junto al eco sonoro de los gallos. Comprendí, al amanecer, que se inicia en la península amada otro ciclo de la vida. Hay un despertar por la proximidad del invierno y la naturaleza, siempre provisora y previsora, hace el llamado a la reproducción de la especie, alerta de la que seguramente no escapa el propio homo sapiens.
Desde marzo se dibuja en lontananza el invierno, o estación lluviosa y los pájaros anuncian su cercanía. Porque en ese despertar de la vida - que en la cultura se vuelve congojas, rogativas y preparativos para la siembra- el hombre renace influenciado por el canto de los pájaros en una simbiosis que le hace sensitivo y abierto al ambiente en el que creció.
Por esta razón, la depredación que hemos hecho de los bosques, tiene consecuencias devastadoras para el habitante peninsular. Al hacerlo hemos reducido los vínculos con la naturaleza y, de paso, con nuestra propia humanidad, que está indisolublemente ligada a la creación en la que el bípedo mora. Luego, razones tengo para disfrutar los trinos de las avecillas silvestres que despiertan mis cogitaciones de animal racional y emocional y que suspira como ellos en este marzo del 2022.

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