07 marzo 2022

SOBRE LA MUJER PENINSULAR

 


En el período precolombino las espavé fueron las mujeres más destacadas, además de concubinas de los tiba o caciques indígenas. Por algo aún existe un árbol frondoso y umbroso que lleva su nombre. Tan comprometidas con su tribu, que hasta eran enterradas con los señores de los campos peninsulares. Luego, en el período colonial, apareció la negra esclava. Y aconteció lo inevitable, el encuentro sexual, genético y cultural entre indígenas, negros y españoles, surgiendo la mujer mestiza, que es la predominante en los siglos siguientes. Algunas de ellas con rasgos somáticos de negras, otras con semblantes indígenas y la mujer de impronta hispánica.

Hasta el siglo XVIII casi no hay nombres de mujeres prominentes, como no sea para categorizarlas como campesinas o féminas que en la costa oriental habitaban en los pueblos de conformación más urbana, como en la Villa de Los Santos y Parita, por ejemplo. Ellas son registradas en los archivos parroquiales según su jerarquía social y prestancia familiar, ya sea por su nacimiento, matrimonio o defunción.

Las cosas comienzan a cambiar lentamente a partir del siglo XIX con el arribo de la escuela, institución apenas desarrollada y dirigida a los varones. Desde entonces habrá centros educativos para varones y escuela de niñas, incluso hasta el año 1919, cuando se implementa la coeducación y los niños de ambos sexos puede estar en el mismo salón de clases.

Tal y como afirmó Antonio Baraya, gobernador de la extinta Provincia de Azuero, en el año 1852 la mujer esa una simple “máquina humana de reproducción”. Sin embargo, comienzan a aparecer nombres al inicio del decimonono. La figura de Rufina Alfaro, mito o realidad, por eso es tan trascendental. Habla de un rol que no existía o no quedó registrado; ella es, después de las espavé, el más sonoro ejemplo de feminismo, del papel de la mujer más allá del hogar. Otro caso luminoso es el de Bibiana Pérez Gutiérrez (1848-1940), la guarareña que crea un distrito santeño en el año 1880.

En esa misma década nace Zoraida Días Chamizo (1880-1948), la tableña que publica por vez primera un libro de poemas, Nieblas del Alma, cuyas ejecutorias como poetisa y educadora corresponden al siglo XX. A partir de allí hay una cohorte de mujeres que encuentran su desarrollo como maestras. Tales los casos de Ofelia Hooper Polo (nacida en Las Minas), Benilda Céspedes Alemán (tableña) y una larga lista de instructoras que se extiende hasta los tiempos actuales. Sin olvidar a las que se desempeñaron en otros órdenes de la vida, como Eneida Cedeño (1923-2006), Lucy Jaén Córdoba (1928-2011), Ana María Moreno Del Castillo (1887-1977), María Moreno Peralta (de las primeras enfermeras tituladas), entre otras.

La mujer también incursiona en la política, desde los tiempos de Coralia Correa Maltez hasta Mireya Moscoso Rodríguez (1946), presidenta de la república. En la segunda mitad del siglo XX la mujer se hace profesional y universitaria, abriéndose para ella un abanico de posibilidades, aunque siguen existiendo escollos que ha de superar.

Debo decir, en honor a la verdad, que, si bien tales personajes femeninos son de valorar, en realidad el peso de la cuestión social lo ha llevado la mujer anónima, esa que no escribe ensayos, poemas o libros, ni se autoproclama feminista. Me refiero a las agricultoras, amas de casa, fonderas, artesanas, planchadoras, aseadoras, cantineras, comadronas, lavanderas, chanceras, etc. Ellas son responsables de la administración familiar y de la socialización de la prole; fomentan la autoestima personal y colectiva. Gran parte de la transmisión de la identidad cultural es de su hechura.

Los desafíos no son pocos, pero los avances sociales, con todas las limitaciones, hablan de un futuro mejor para la mujer peninsular. La trocha está trazada y los próximos pasos dependerán del cultivo del intelecto, así como de la democratización del sistema social y del empeño que la sociedad le imprima a los cambios que reclamaba un gobernador del siglo XIX.

Milcíades Pinzón Rodríguez

En las faldas de cerro El Barco, Villa de Los Santos, a 7 de marzo de 2022.

 

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