Archivo del blog

07 abril 2026

Desde el portal y el taburete: CALABAZO.

 


Su nombre científico es Crescentia cujete, pero es más conocido como calabazo o totumo. Estamos ante un vocablo que retrotrae a la vida campesina, al fruto de cáscara sólida que sirvió para elaborar útiles utensilios en los campos peninsulares; cucharas, vasos y hasta soporte para decoraciones de tipo artesanal. En otro momento fue brebaje campesino para calmar variados males y hasta bebida para parturientes, sin olvidar su papel como laxante.

Siempre hubo, antaño, un árbol de calabazo próximo a la casa. Y no fueron pocas las ocasiones en las que las gallinas durmieron en sus ramas, luego de subirse por la escalera que a propósito era colocada por el dueño de las gallináceas. Por eso el totumo es más que un árbol, forma parte de la cultura nuestra; evoca el agua fresca de la tinaja, calmante de la sed en la “totumá” de chicha, así como medida: “¿Cuántas son?, peguntó el abuelo. ” Son tres totumás”, respondió la abuela.

Nadie que haya nacido en el campo puede pasar indiferente ante el calabazo, porque solo de mirarle algo misterioso se despierta en algún recodo del alma. Porque plantado allí en el patio, recuerda a los progenitores y abuelos para quienes el calabazo fue un retazo de su vida campesina.

¡Ah, el calabazo! Ícono cultural, emblema de nuestra tierra interiorana.

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario