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06 abril 2026

MEDIO SIGLO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA EN AZUERO

  


Introducción

En nuestro país el estudio de la regiones interioranas es un campo de análisis parcialmente inexplorado. Sin duda la propia naturaleza transitista del Istmo ha generado una deformadora tendencia que se expresa en un énfasis excesivo por temáticas que se olvidan del Panamá agrario.

Debido a este enfoque, una significativa variedad de tópicos que deberían ser objeto de investigaciones regionales se han visto postergados en relación con las temáticas que atañen a la Zona de Tránsito. Consciente de ello, en otros escritos he asumido el reto de incursionar en aspectos poco conocidos de la región azuerense, es decir, de las provincias de Herrera y Los Santos. En lo que concierne a la presente investigación, en ella me ocuparé del conocimiento de la historia de la educación en esta parte del país y, más específicamente, en lo atinente al surgimiento de los colegios de enseñanza media.

Motivos de diversa índole hacen posible el escrito. El más decisivo lo constituye el haberse conmemorado en el año 1992 medio siglo de laborar por el desarrollo regional. Los colegios en referencia son: el Manuel María Tejada Roca de la Ciudad de Las Tablas y el Colegio José Daniel Crespo, centro de estudios secundario de la capital herrerana. Sin olvidar, igualmente, que en la misma década otro tanto hizo el Instituto Nacional de Agricultura, que celebró su quincuagésimo aniversario en el año 1991, y aconteció con el Instituto de Artes Mecánicas que los conmemoró  en el año 1998.

Debemos aclarar que en nuestro empeño por conocer los orígenes de los centros de la educación media, la mayor dificultad que he confrontado radica en la escasa información disponible sobre el tema. Incluso el establecimiento de algunos de ellos, quizás debido al período bélico en que surgen, se dio sin el desarrollo de los trámites burocráticos correspondientes, careciéndose de leyes o decretos fundacionales. Tales son los casos del Primer Ciclo Secundario de Chitré, el Primer Ciclo Secundario de Las Tablas y el Instituto de Artes Mecánicas de Divisa.

He querido, igualmente, ofrecer un pequeño bosquejo sobre otros colegios secundarios que en la región han surgido con posterioridad, empresa que acometo en la parte final del trabajo. Todo ello precedido de un análisis de los antecedentes y del período en el que surgen los aludidos centros de educación media.

1- Antecedentes históricos de los colegios de educación media 

Se afirma, con evidente certeza, que todo hecho social ha de ser comprendido en su contexto histórico y social. En este sentido, sabemos que la década en la que surgen los centros de educación media azuerense corresponde a los años cuarenta; previo a este período se fortaleció la escuela primaria y los colegios secundarios tuvieron en la capital de la República su sede más prestigiosa.Allá por los años veinte, y concretamente en la Memoria de la  Secretaría de Instrucción Pública del año 1920, preocupado por la ausencia de colegios secundarios en el Interior, señalaba Jeptha B. Duncan:

"Cabe recordar aquí que en mi concepto carecemos de escuelas secundarias en número suficiente. Los únicos  tres planteles que tenemos hoy no pueden llenar las necesidades del país y el constante crecimiento de la matrícula y la asistencia a ellos lo está demostrando. Opino que ciudades como Colón, Aguadulce y David deberían contar con sendos planteles de enseñanza secundaria en que hubiese cursos especiales para la preparación de maestros rurales. Esos planteles podrían ser algo parecido al nuevo tipo de escuelas que se está propagando hoy en los Estados Unidos, llamadas "Junior High School", instituciones medias entre la escuela primaria y la secundaria y que participa de ambas. Los cursos se efectúan allí en tres años, no son recargados y vienen a llenar las necesidades de muchos niños que no desean o no pueden ingresar a las escuelas propiamente dichas"[1]

Los tres planteles a que se refería el Secretario de Instrucción Pública eran el Instituto Nacional de Panamá (Sección Liceo y Normal), la Escuela Normal de Institutoras y la Escuela de Artes y Oficios. En efecto, el despertar educativo que debemos a la labor de los liberales progresistas de principios de siglo, aunado al crecimiento de la población, el mejoramiento sanitario y la apertura interiorana hacia nuevas ideas y modismo culturales, hicieron poco menos que imposible que tales centros de enseñanza secundaria pudieran satisfacer la creciente demanda educativa nacional.

Por su parte, una Zona de Tránsito convulsionada políticamente mostraba a nuevos grupos sociales que demandaban mayores facilidades para una clase media y un movimiento obrero cada vez más osado. Acción Comunal, el Movimiento Inquilinario de 1925, sectores obreros organizados a raíz de la construcción del Canal por parte de los norteamericanos, son, entre otros, algunos ejemplos significativos.

Como es dable suponer, para un país que intentaba alfabetizar a sus ciudadanos, y que carecía de personal idóneo en sus escuelas primarias, los primeros colegios establecidos en el Interior intentaron corregir tal limitación. A ello se debe que los primeros ensayos de Normales interioranas puedan considerarse como uno de los antecedentes de los actuales colegios de bachillerato.

En efecto, debemos recordar que en los años veinte el Estado se mostró vivamente interesado de que el país contara con docentes mucho más compenetrados de su labor pedagógica. Con tal finalidad estableció, mediante el Decreto # 10 de 7 de marzo de 1925, las Escuelas Normales Rurales de David y Aguadulce. Aún más, creó los primeros años de Escuela Normal y los Cursos Agrícolas-Industriales.

Como hemos afirmado con anterioridad, la demanda por los colegios secundarios provocó una saturación de los mismos en la capital de la República. Ya en el año 1926 se afirmaba:

"Las escuelas normales de la Capital son, como es sabido, la de Institutoras y la del Instituto Nacional para hombres. La primera tiene en la actualidad una matrícula de 1405 divididos así: 691 normalistas y 714 alumnas de la escuela anexa de aplicación; la segunda cuenta con una matrícula de 1159, 320 normalistas y 839 de la escuela de aplicación. Lo primero que salta a la vista, desde luego, al considerar estas cosas es la congestión que significa ya una matrícula tan alta, a pesar de que para remediarlas en parte se han establecido primeros años Normal en Penonomé, Las Tablas, Chitré, Colón, además de las Escuelas Normales rurales de David y Aguadulce".[2]

A propósito, no debemos confundir las Escuelas Normales Rurales de Aguadulce y David con las Escuelas Normales de Penonomé, Las Tablas, Chitré y Colón; así como los Cursos Agrícolas-Industriales. Es más, en el caso particular de la Escuela Normal de Penonomé, ésta antecedió a todas ellas. Así lo confirma la Memoria de 1926, que arriba hemos citado:

"La Escuela Normal de Penonomé, no es una escuela para la formación de maestros normales rurales, según el tipo de las escuelas de Aguadulce y David. Establecida por Decreto # 34 de 11 de julio de 1923 fué desde un principio escuela normal de carácter secundario, la primera de esa índole establecida en el interior desde el nacimiento de la República. Por ese decreto y por otro # 38 de 27 de abril de 1931, que lo adicionó, funcionan en Penonomé dos años de escuela normal. La vida efímera que ha llevado esta institución llegó hasta permitir confundírsela con nuestras normales rurales y nuestros Cursos Agrícolas-Industriales que funcionan en el Interior; hoy la escuela de Penonomé sigue trillando lentamente sus pasos por el verdadero cauce que se le indicó en su origen y rinde sus frutos que cosechan las escuelas secundarias de la Capital".[3]

Sin duda, en Azuero dichas Escuelas Normales representan el antecedente más lejano del Primer Ciclo Secundario de Chitré y el Primer Ciclo Secundario de Las Tablas. Como veremos oportunamente, algunos egresados de ellas desempeñaron un papel significativo en tales Primeros Ciclos. Según  hemos podido constatar, una Escuela Normal existió en Chitré y otra en Las Tablas y, al parecer, la propia realidad interiorana, ávida de docentes calificados, hizo que egresados de las mismas laboraran como educadores. }Las fuentes a las que hemos podido tener acceso confirman que la Escuela Normal de Chitré tuvo como director, en el año 1925, al educador Pablo Ríos B. y, en el caso tableño, a don Manuel Antonio Icaza.[4] En el año siguiente, 1926, fungieron como Directores de la Escuela Normal de Chitré y Las Tablas, el maestro Manuel Antonio Ríos y la educadora Benilda Céspedes, respectivamente.[5]   Queda claro, pues, que las Escuelas Normales de Penonomé, Chitré y Las Tablas representan en los años veinte el antecedente de los Primeros Ciclos que surgen en los años cuarenta y que no deben confundirse con las llamadas Escuelas Normales Rurales de Aguadulce y David. Estas últimas tuvieron un plan de estudios de dos años, concluido el cual, lo egresados recibían un certificado que los habilitaba para laborar como maestros de escuelas rurales; añadiéndose con posterioridad un tercer año para otorgar un diploma de maestro de escuela rural.[6]

Por otro lado, los años treinta, mucho más próximos al surgimiento de los colegios secundarios, conocieron de la existencia de los Cursos Agrícolas-Industriales. Con esta modalidad educativa se implementaron cursos de carácter vocacional desde el año 1933 en Las Tablas, Chitré, Santiago, Aguadulce y en otros lugares de la República. Al respecto, todo parece indicar que estos Cursos no resultaron del todo exitosos debido a que, como se señala en un documento, en aquella época ya se les quería hacer sucursales del Liceo, Escuelas Normales y Escuelas Vocacionales de la capital de la República.[7]

La demanda por educación media era a mediados de los años treinta muy significativa. Ya se tratara de primeros ciclos o de normales, ambos centros de enseñanza se mostraban incapaces de satisfacer a plenitud la creciente población estudiantil. Precisamente la creación de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena (1938), que fue dotada de un primer ciclo y de una escuela para estudios de magisterio, pone en evidencia lo que señalamos. En 1938 el Inspector General de Enseñanza Secundaria, educador Richard Neumann, decía de ella:

"Las condiciones de la Escuela Normal de Santiago son bien conocidas. El plan original preveía espacio para 180 internas en cuartos individuales; cambiando la mitad de estos cuartos en dormitorios para 10 y más alumnas, podíamos aumentar su capacidad a más de 240. Para poder dar alojamiento a las quinientas internas que se presentaron, hemos tenido que transformar en dormitorios corredores, vestíbulos, cuartos de servicio, salas de recreo, etc. La escuela está trabajando, gracias a Dios, pero en condiciones que solo podemos aceptar como transitorias. Si ahora mismo no se construyen nuevos dormitorios de la capacidad de los actuales, ellos vendrían a acomodar solamente a las alumnas ya matriculadas. Qué disposiciones haremos entonces para las internas que ingresarán en los dos años entrantes y que necesariamente tendremos?.[8]

Habida cuenta de los hechos que hasta aquí hemos expuesto, resulta comprensible que al arribar a los años cuarenta sea imperioso crear colegios secundarios, no escapando la región azuerense a esa realidad nacional. Ya hemos visto lo que acontecía con centros de enseñanza media, como el establecido en Santiago de Veraguas. En verdad, los Primeros Ciclos vendrán a democratizar la enseñanza media, que hasta la década del cuarenta no estuvo del todo disponible para los orejanos azuerenses. Una amplia masa campesina tuvo acceso a partir de entonces a conocimientos que antes no estaban a su alcance.

2- La década del cuarenta 

Todo el conjunto de los problemas e intentos de solución emprendidos por los gobiernos anteriores, tienen en la década del cuarenta su cimera expresión política y social. Confluyen aquí y se entremezclan factores de índole interno y externo que moldean un período histórico inestable.

A nivel internacional la Segunda Guerra Mundial repercute en todos los órdenes de la vida. Panamá no escapa a esa situación y la Zona de Tránsito es un hervidero de extranjeros, militares y civiles, que se ven envueltos de una u otra manera en la contienda bélica. Atraídos por los trabajos de construcción de las defensas canaleras, los interioranos acuden a la ciudad de Panamá en número considerable. Migrantes de una república que entre 1939 y 1949 tuvo 10 presidentes, cifra que categóricamente nos habla de un país con grandes dificultades.

Paradójicamente, en ese período de crisis la región azuerense vive un auge agrario derivado de la demanda que genera la numerosa población asentada en las riberas del Canal.[9] Los problemas vendrán después, cuando el efímero auge bélico toque a su fin. No obstante, resulta evidente que ya para la época la cuestión migratoria azuerense, así como la potrerización creciente, se constituyen en problemáticas que muestran su embrionaria faz.

Por su parte, el énfasis que hasta entonces se le había venido concediendo a la creación de escuelas primarias, coloca sobre el tapete la necesidad de fortalecer el nivel medio de enseñanza. La presión demográfica no era menor; la provincia de Herrera que tenía 29 mil habitantes en 1920, se encontraba por el orden de 38 mil en 1940. La situación  para la provincia santeña, en los mismos años, era de algo más 34 mil habitantes en los años veinte y de 49 mil en 1940.


EEn otro orden de cosas, los incipientes sectores de clase media, muchos de ellos de extracción popular, constituyen grupos de presión que demandan mayor atención hacia el área. Ese es el caso de la denominada "Federación de Sociedades Santeñas" que en los años cuarenta llama la atención sobre el desmesurado centralismo capitalino. Otros, plasman sus inquietudes en el suplemento de Épocas en el Interior. Tales los casos de Guillermo Espino, Ovidio Díaz, Roberto Reina y Melitón Castro, .entre otros. El último de ellos se caracterizó por la confección de mordaces caricaturas -con personajes como Nico- en las que denuncia las injusticias en el Interior. No menos significativa es la labor del galeno Francisco Samaniego quien organiza giras médicas a las regiones campesinas de las "faldas" del Canajagua. Esa también es la década cuando Azuero estrena su primera planta de emisión radiofónica y el magisterio verá surgir la Ley Orgánica de Educación. No menos significativo es el hecho de que en el año 1942 se establecieron los Servicios de Fomento Agrícola, uno de los cuales tuvo su sede en Chitré, instaurando servicios de riego y de sanidad animal y vegetal.[10]

Todo estos acontecimientos nos confirman que el surgimiento de los colegios secundarios en Azuero no es un suceso aislado del contexto nacional y que es en éste marco histórico en donde debe ser comprendido.

3- Surgen los primeros centros de enseñanza secundaria 

Ya hemos afirmado con anterioridad que el Instituto Nacional de Agricultura, el Primer Ciclo Secundario de Chitré, el Primer Ciclo Secundario de Las Tablas y el Instituto de Artes Mecánicas celebran en la presente década su quincuagésimo aniversario. Intentaremos ahora ofrecer algunos detalles que se constituyen en hitos fundamentales de sus respectivas historias institucionales. 

3-1 El Instituto Nacional de Agricultura, INA.                                                                   

Sin duda el INA es una de las instituciones escolares que de manera más directa ha repercutido sobre el agro panameño. Son cientos los egresados que esa casa de estudios ha diseminado por el agro panameño.

Surge el Instituto mediante el Decreto # 15 de 28 de febrero de 1941, se inaugura formalmente el 20 de diciembre del mismo año, pero no es hasta el 5 de enero de 1942 cuando se inician las clases. El Decreto en mención lo que hizo fue aglutinar en una sola organización la Estación Experimental de Agricultura, la Granja Nacional y la Escuela de Agricultura. De ellas sólo la Escuela de Agricultura fue la que se inauguró el 20 de diciembre, porque tanto la Estación Experimental como la Granja Nacional ya existían con anterioridad. Ello significa que el Instituto viene a recoger una experiencia que data de los tiempos de la Escuela Normal Rural de Aguadulce, que impulsó una carrera para docentes con una indudable implementación agropecuaria, y de centros de transferencia tecnológica como la Estación Experimental de Agricultura que dirigió, entre septiembre de 1939 y 1941, el Sr. Glaister Baxter.

Conviene aclarar que los edificios que ocupa la Escuela de Agricultura fueron inaugurados en septiembre de 1940 por el Dr. Augusto S. Boyd, presidente constitucional de aquel entonces y cuyo nombre ostenta el INA en la actualidad. A su patrimonio se le incorporaron los terrenos que ocupara la Estación Experimental y que sumaban un área para el Instituto de alrededor de 669 hectáreas.[11] Dichos terrenos fueron seleccionados luego de una prolija investigación que realizó la comisión que con tales fines se creó. Producto del Informe que rindiera la referida Comisión es este comentario que aún se mantiene vigente:

"[...] Yo considero que el área del Valle de Santa María situada a ambos lados de la bifurcación de las carreteras nacionales que conducen a Chitré y Santiago es la más adecuada en toda la República, desde el punto de vista de una situación estratégica, para la Granja Nacional. Esta bifurcación está entre la Ciudad de Panamá y las ciudades de Chitré y Santiago y todos los pueblos al Oeste de estas dos últimas. Este punto está a 14 millas de Aguadulce, 21 millas de Natá, 41 millas de Penonomé, 23 millas de Chitré y 23 millas de Santiago, y hay varias regiones pobladas de menos importancia que tienen una producción agrícola y ganadera considerable, todas las cuales están a corta distancia de allí. Dentro de un radio de 30 millas de este punto están los tres ingenios más grandes del país, una región ganadera de consideración, el sitio escogido para la proyectada fábrica de leche condensada, las grandes regiones productoras de granos y aves de corral en los alrededores de Chitré, Ocú y Chupampa;  y las industrias agrícolas y de cría de animales de la Provincia de Los Santos podrían también ser atendidas.

El área que estamos considerando ahora está en un punto donde se juntan las provincias de Veraguas, Herrera y Coclé, y que está más equidistante de todas las partes de la República que cualquier otro punto de que pueda pensarse." [12]

No cabe duda que el éxito que el INA ha tenido en su bregar como centro de estudios agropecuarios se debe no sólo a la forma planificada como surgió, sino al empeño puesto por aquellos que tuvieron sobre sus hombros la tarea de sentar las bases de un colegio que goza de un alto prestigio nacional. El personal que inicialmente laboró no escapa a esa realidad y estuvo integrado así:

Director: Dr.Menalco Solís; Estenógrafa: Isabel Obaldía; Secretario: Blas A. Licasale; Oficial: Isabel de Duarte; Administradores: Roberto Reyna, Luis A. de León y Gilberto Arosemena; Contador: José H. Pinilla; Almacenista: Fernando Tristán; Apuntador General: Manuel S. Vargas; Oficial: Hermisenda Jiménez; Mecánico Jefe: Demóstenes Rodríguez; Electricista: Carlos Esquivel Jr.; Agrónomo: Filiberto Lazo; Instructores Agrícolas: Crescencio Toledo López, Wilfredo Fernández, Raúl L. Luaces, Demetrio Duarte y Rafael Grajales; Agrónomo Topógrafo : Eradio Yanis y Miguel A. Franco; Mecánico Agrícola : Luis Touzard; Ent. Fitopatólogo: José I. Martínez M.; Zootecnista: Eugenio Flamand L.; Veterinario: Antonio Garzón C.; Inspectores Escolares: Federico Zúñiga y Dagoberto Vásquez y como Enfermero: Nicanor Torres.[13]

Del equipo de trabajo ya citado, y si tomamos en consideración a aquellos que más estrechamente estuvieron ligados a la docencia, podemos aseverar que prevaleció en el INA una mayoritaria influencia de las concepciones agropecuarias en boga  en la República de Cuba; nación en la que se enseñoreaban por aquellos días los modelos norteamericanos. En efecto, en Cuba fueron contratados Filiberto Lazo, Crescencio Toledo López, Wilfredo Fernández, Raúl L. Luaces, José I. Martínez M., Eugenio Flamand L., y Antonio Garzón C. Es decir, casi todo el personal docente.

Cuando se inician las clases hubo en los terrenos del INA una inquieta muchachada que fue muy representativa de la geografía nacional. Entre ellos se encontraban 30 estudiantes que habían sido becados por el gobierno nacional. Según el Decreto # 63 de 17 de diciembre de 1941 en el área de Azuero se vieron favorecidos Miguel A. Cedeño y Viterbo Díaz, oriundos de Chitré; José A. González y Miguel A. Nuñez, de Ocú; el guarareño Alipio O. Vásquez; Justiniano A. Mora y Nieves Vergara O., de Las Tablas; y Francisco L. Sánchez, de Sabanagrande. A ellos se les sumó, de acuerdo con el Decreto Ejecutivo # 80 de 11 de marzo de 1942, Felipe Bustavino, natural de El Ojal; Julio Casas, de Potuga; Liberato Castillero, de Ocú y Luis Delgado de Monagrillo.[14] 

La labor desarrollada por el INA no sólo se circunscribió a la docencia con miras a la formación de Peritos Agropecuarios, sino que además incluyó la asistencia en la capacitación agrícola para maestros. Con tales fines se organizaban cursos en la época de verano, generalmente con duración de 8 semanas de clases teórico prácticas. En las Memorias del Ministerio respectivo pueden leerse los informes que dan fe de ello.

En verdad, el Instituto Nacional de Agricultura ha sido uno de los más ambiciosos y provechosos proyectos educativos para el hombre del agro panamaño. Proyectos en los que han tenido su rol protagónico los panameños, pero, también, organismos internacionales como el Instituto de Asuntos Interamericanos y la Misión del Ejército Americano, los que amparándose en la urgencia bélica de los años cuarenta, tuvieron una ingerencia no despreciable. Otro tanto hizo con posterioridad la Misión de Arkansas a mediados de la década del cincuenta. Incluso ésta Misión participó en las reformas de sus planes de Estudio.[15] 

Si pensamos en nuestro pasado inmediato, planes parecidos ambicionó la extinta Fuerzas de Defensa; institución que intentó, afortunadamente sin éxito, desviar al colegio del sendero por el que aún camina con gran provecho para el país.

3-2 El Colegio José Daniel Crespo.

Como ha acontecido con casi todos los centros de enseñanza, desde la primaria hasta la Universidad, el actual Colegio José Daniel Crespo no tuvo en su nacimiento cuna propia. Quiero enfatizar con esto en el hecho de que careció de locales propios, viéndose obligado a laborar bajo la sombra protectora de la Escuela Tomás Herrera # 1.

En la evolución histórica del Colegio chitreano quizás podamos distinguir tres momentos bien definidos: a- El Primer Ciclo Secundario de Chitré, b- La Escuela Secundaria y c- El Colegio José Daniel Crespo.[16] Tales etapas se ven justificadas debido a que, desde 1942 hasta 1954, únicamente se laboró con los tres primeros años; entre 1955, cuando se incorpora el IV año Bachillerato, y 1958 se constituyó la Escuela Secundaria con todos sus años y, finalmente, en 1959 se le designa con el nombre del insigne educador peseense con el que se le conoce en la actualidad.

Ya hemos visto con anterioridad que los antecedentes del Primer Ciclo se remontan a la creación en 1925 de la Escuela Normal de Chitré. Institución de existencia efímera pero que mostraba ya el interés de los herreranos por facilitar a sus hijos una educación mucho más integral.

Podemos considerar a 1942 como el año a partir del cual la educación media se hace en Azuero mucho más sistemática y se prolonga hasta nuestros días de manera permanente. Según el Decreto número 260 de 21 de marzo de 1942, que estable el calendario escolar, el año lectivo debió iniciarse el 4 de mayo y concluir el 6 de febrero de 1943. Al menos eso era lo que exigía formalmente el Decreto en alusión, pero, en la práctica las gestiones para la  creación del Primer Ciclo retrasó el ingreso en la fecha esperada. Así nos lo cuenta una autorizada protagonista de los hechos, la señora Sara Elisa Chen de Rivera:

"El asesor Pedagógico del Ministerio de Educación de ese tiempo, don José Daniel Crespo me pidió ir a Chitré a fundar y organizar el Primer Ciclo de educación secundaria y con tal propósito me trasladé a esa ciudad el 15 de mayo de 1942.

Después de una semana de actividades de propagandas y avisos, matrícula, consecución de local y materiales más indispensable se dio apertura de clases el Lunes veintitrés (23) de mayo en salones de la escuela primaria Tomás Herrera, concedidos gentilmente y por buena voluntad de don Eligio Salas, Inspector Provincial y de doña Sara V. de Solís, directora de dicho plantel." No cabe duda que, como lo corrobora la misma educadora en la misiva en referencia, el peseense Dr. José Daniel Crespo desempeñó un papel protagónico en la creación del referido Primer Ciclo, calando la idea hondamente en la región azuerense. De la misma manera, el relato confirma las razones por las que resultó infructuosa la búsqueda de un Decreto o Resolución en el que se consignara el surgimiento del colegio. Simplemente el mismo nunca se expidió.

Seis días antes de que la profesora de Rivera se trasladara a Chitré, ella había sido nombrada en base al Decreto Número 280 de 9 de mayo de 1942, documento que lleva la firma del presidente Ricardo Adolfo De la Guardia y del Ministro de Educación, Sr. Víctor Florencio Goytía. Precisamente en este mismo Decreto, y junto a ella, aparece el nombre del profesor Ezequiel Quintero, quien asumiría la cátedra de inglés. A su vez la Sra. Chen  asevera que con ellos también laboró el profesor Pablo Martínez Pinzón, con quien se responsabilizó de las clases correspondien­tes a las asignaturas del plan de estudios. Son estos, pues, los tres primeros docentes del centro de educación media chitreano.

Los profesores atendieron dos grupos de I Año asignándosele a la profesora Sara E. de Rivera 20 horas de clase; correspondiéndole a Ezequiel Quintero 5 horas de Inglés en el I Año A y 5 horas de la misma asignatura en el I Año B.  Las clases de Taller y Educación Física estuvieron bajo la responsabilidad de los maestros de la Escuela Tomás Herrera # 1. La matrícula estudiantil en ese primer año rondaba los 60 estudiantes.[17]

Desde aquel inicial año de mayo de 1942, el Colegio chitreano ha atravesado por momentos de gran significación para él y la región. Educadores consagrados han sido responsables de su marcha institucional. A nivel directivo trece han sido hasta la fecha sus directores, desde el caso de la profesora Sara Chen de Rivera hasta el profesor Ricardo F. Gallardo C., quien funge como tal al redactar esta investigación. Entre otros nombres de grata recordación están los de los profesores Claudio Vásquez V. y Gonzalo González G., por mencionar sólo dos de ellos.[18]

Otros hechos de gran significación en la vida del Colegio han sido la inauguración de sus edificios en 1948, la expedición del Decreto # 186 de 7 de julio de 1959 mediante el cual se le designa con el nombre de Colegio José Daniel Crespo, la primera graduación de Bachilleres en Letras del año lectivo 1961-62, el establecimiento de la Sección de Comercio en 1969 y su primera promoción en el año 1971, así como la incorporación del Bachillerato Comercial en el año 1976.

Sin duda la influencia bienhechora del colegio chitreano no queda allí, ya que el mismo también ha servido de albergue a instituciones educativas como el Centro Regional Universitario de Azuero ( desde cuando éste se denominaba Extensión Universitaria de Chitré) y la Escuela Nocturna Oficial de Chitré. Son precisamente esos sobrados méritos los que le hicieron acreedor al otorgamiento de la Orden Manuel José Hurtado en el año 1982.

Hoy, la familia danielista, que se iniciara con una matrícula de aproximadamente 60 estudiantes y 3 profesores, cuenta con 101 docentes, 16 administrativos, 4 asistentes de laboratorio, 12 trabajadores manuales, 1 psicólogo, 1 odontólogo y 2,229 alumnos. Un crecimiento no sólo cuantitativo que expresa la fe, confianza y aprecio que siente la comunidad azuerense por su centro de enseñanza media.

3-3 El Colegio Manuel María Tejada Roca

La educación secundaria en la provincia de Los Santos, tal y como lo hemos indicado con anterioridad, también tuvo como antecedente una Escuela Normal. Así, en 1925, la Normal laboró en los locales de la Escuela Presidente Porras; estando inicialmente bajo la dirección de Manuel A. Icaza, educador que fuera reemplazado el año siguiente por Benilda R. Céspedes.[19]         

En realidad poco conocemos sobre la evolución que experimentó la Escuela Normal de la ciudad de Las Tablas. Asumimos que debió ser de vida efímera, aunque no por ello poco provechosa. Precisamente uno de sus egresados, don Agustín Jaén, logró ser uno de los primeros directores de lo que sería el Primer Ciclo Secundario de Las Tablas.[20]

Lo cierto es que el primer Primer Ciclo Secundario de Las Tablas comenzó a laborar con un total de 49 alumnos en el mes de mayo de 1942. Su primer director fue el educador Luis Pérez del Real, cuyo contrato fue rescindido por Decreto número 393 de 22 de julio de 1942.

En efecto, asumió luego la dirección el Sr. Agustín Jaén quien laboró junto a Judith C. de Carrasquilla y Moisés R. Restrepo, siendo el último designado en reemplazo de Del Real. El Resuelto Nº 403 de 5 de junio de 1942 asigna a Jaén 20 horas de clases y a Judith C. de Carrasquilla 5 horas de inglés en el I A y 5 horas en el I B. Esto nos confirma que, tal y como vimos en el caso chitreano, el Primer Ciclo Secundario de Las Tablas inició labores con un primer año que contó con dos grupos. Es más, las condiciones son tan similares que los educadores ya indicados asumieron las asignaturas académicas y, en este caso, los maestros de la Escuela Presidente Porras, otras como Educación Física y Manualidades.[21]

Durante el año académico 1943-44 se incorporaron nuevos educadores al naciente Primer Ciclo. En esta ocasión se trata del Sr. Carlos Afú Iturralde, quien reemplazó a Moisés Restrepo, Lucina Velázquez quien hizo lo mismo con Judith C. de Carrasquilla y el maestro Manuel María Tejada Roca, quien había venido ejerciendo la docencia en el nivel primario desde el año 1914. En el año 1943 tiene el colegio su primer Portero Aseador en la figura del Sr. Iturbide Velasco.[22]

Asistimos así, desde aquella década, a un relevo generacional en el que han tenido lucida participación diferentes educadores. Ese es el caso del recordado profesor Juan Velarde quien viene a suplantar en la dirección del colegio a Agustín Jaén. El educador Velarde es designado mediante el Decreto número 945 de 5 de octubre de 1944. En este mismo año, y en otro nivel, consignamos la incorporación al Plantel educativo de las señoras Isabel V. de Vargas y de María G. de Villalaz como profesoras de Canto y Costura, respectivamente. De esa manera lo estableció el Decreto número 860 de 13 de julio de 1944, en su artículo único.

A partir de aquel inicial año de 1942, la familia manuelista ha sido partícipe de muchos acontecimientos de vital importancia para su quehacer educativo. Entre ellos los más significativos parecen ser los siguientes:

- 1947-48, creación del tercer año del Primer Ciclo.

- 1948-49, construcción de edificios propios.

- 1959-60, se establece el IV año de Bachillerato.

- 1961-62, queda establecida una escuela secundaria completa.

- 1969, mediante Decreto # 188 de 25 de junio de 1969  se le cambia el nombre de Escuela Secundaria de Las Tablas por el de Colegio Manuel María Tejada Roca. El Decreto lleva la firma del Coronel Bolívar Urrutia, Presidente Encargado de la Junta Provisional de Gobierno y del Lic. Roger Decerega como Ministro de Educación.

 - 1972 creación del Bachillerato en Comercio.[23]

Como ha sucedido con muchos colegios secundarios de la República, que en sus inicios se beneficiaron de la hospitalidad de las instalaciones de las escuelas primarias, ellos mismos se han prestado gustosos, una vez cuentan con edificios propios, para saldar esa vieja deuda. En este sentido el Colegio Manuel María Tejada Roca no ha sido la excepción; ha prestado albergue a oficinas del Centro Regional Universitario de Los Santos, como ayer lo hizo con la Extensión Universitaria de Las Tablas, y lo continúa haciendo aún con la Escuela Nocturna Oficial de Las Tablas.

En 1992, medio siglo después de su creación, el Colegio Manuel María Tejada Roca  presenta una matrícula estudiantil de 2,072 estudiantes, cuenta con 107 profesores, 40 administrativos y miles de egresados.

3-4 El Instituto de Artes Mecánicas de Divisa, IAM

El Instituto de Artes Mecánicas de Divisa, ubicado estratégicamente en una encrucijada de caminos de las áreas interioranas del oeste del país, ha gozado siempre de un merecido prestigio. Fenómeno por demás extraño en una República en donde las carreras vocacionales y técnicas no han sido siempre vistas con la consideración y estima que se merecen. Doce años antes de la fundación del Colegio se aseveraba sobre este tópico en un importante escrito:

"Cuando en 1904 los Constituyentes de 1904 abordaron el tema de la educación en el país, una de sus principales preocupaciones fue la del obrero, y convencidos del porvenir que en la industria significaba para Panamá la construcción del Canal, ordenaron por acto legislativo número 11 de 23 de marzo de ese año, la fundación en la capital de la República de la Escuela de Artes y Oficios [...] la escuela fue organizada con miras hacia un futuro brillante, cuando se esperaba que no habría brazos en Panamá para atender las demandas de trabajo que ofrecían las obras del Canal [...]. Pero los años han pasado y las obras del Canal emplearon otros brazos resultando nuestros mecánicos, nuestros fundidores y nuestros herreros sin ocupación en el mercado, en un país como el nuestro donde las industrias están aún por iniciar. ¿ Por qué no despertamos ante la realidad ? Es un hecho concreto que nuestros mecánicos, nuestros fundidores, nuestros herreros, nuestros electricistas y nuestros carpinteros, en una palabra el producto casi neto de nuestra Escuela de Artes y Oficios son, al abandonar el plantel, agentes de policía, maestros de escuela, aprendices de comercio, empleados de sanidad y en mil otras dependencias del Gobierno, por no encontrar plaza en nuestro mercado para la profesión que aprendieron".[24]

Afortunadamente, aunque a paso lento, la idea de una instrucción de cuello y corbata está siendo superada. En nuestra República dos colegios se han destacado por dar a conocer a la población lo erróneo de esa concepción. Ellos son la Escuela de Artes y Oficios "Melchor Lasso de la Vega", en la capital de la República, y el Instituto de Artes Mecánicas, en Divisa, provincia de Herrera.

El IAM, conocido en sus inicios como Escuela Vocacional de Divisa, puede considerarse como el primer centro de esa naturaleza en el Interior. Surgió éste como producto de un Convenio entre el Ministerio de Educación de nuestro país y el Servicio Cooperativo Interamericano de Educación del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, documento que fue firmado el 18 de abril de 1948; respondiendo plenamente a la implementación del famoso Punto IV del mensaje del presidente estadounidense Harry S. Truman, quien ocupara la presidencia en el país norteño entre los años 1945  y 1953.[25]

Atendiendo a lo estipulado en el referido Convenio, el Estado panameño asumió la responsabili­dad de nombrar al personal que habría de laborar en el plantel vocacional. En el Resuelto # 2282 de 29 de mayo de 1948 están contemplados los primeros docentes. Ello fueron:

- Luis F. Gil, profesor de Ebanistería.

- Alejandrino Jiménez, profesor de Carpintería.

- Ramón E. Tejada, profesor de Electricidad y Radio.

- Luis A. Paniza, profesor de Mecánica de Automóviles.

- Ronald H. Nicholson, profesor de Mecánica.

- José A. Rivas, profesor de Matemática, Ciencia y Dibujo Aplicados  y

- Dionisio A. Martínez, profesor de Español, Inglés y Estudios Sociales Aplicados.

Con posterioridad, el Resuelto # 2370 bis del 31 de julio de 1948, señala como Administrador a Sergio Pérez D.; Jefe de Mantención a Alberto Jaén O.; Primer Cocinero a Francisco José Castro y Segundo Cocinero a José Pérez. De la misma manera el Resuelto # 2456 del 21 de octubre de 1948 reasigna funciones al Sr. Alberto Jaén O. como Jefe de Aseo y Vigilancia y nombra en el puesto que éste deja vacante, como Jefe de Mantenimiento y conservación de Edificios, al Sr. Sócrates Sánchez. Finalmente, el Resuelto # 2497 designa al Sr. Félix Aguilar Rodríguez para que preste servicio como Enfermero en dicho plantel. Todos estos Resueltos llevan la firma del Ministro de Educación Manuel Varela Jr. y de Temístocles R. Céspedes como Secretario del Ministerio.[26]

Sin duda  la apertura de la Escuela Vocacional de Divisa era esperada con gran ansiedad y la prensa de la época se hacía eco del suceso. En el Suplemento Épocas en el Interior, de la revista homónima,  se consignaba el acontecimiento en los siguientes términos:

"Bien sabemos que muchísimos jóvenes interioranos no pueden en modo alguno, venir a la Escuela de Artes y Oficios, por las limitaciones económicas, y sobre todo, porque esta escuela carece de internado".[27]

En efecto, el actual Instituto de Artes Mecánicas fue inaugurado el 25 de septiembre de 1948, contando sus edificios con locales para internado, aulas de clases, cocina, oficinas administrativas, lavandería e instalaciones para la cría de aves y cerdos. Curiosamente, las edificaciones que se le asignan fueron diseñadas inicialmente para un centro penitenciario, fenómeno que puede apreciarse a simple vista cuando se visita el plantel.

Formalmente la clases se iniciaron el 4 de octubre de 1948 teniendo como primer director al norteamericano Percy H. Heron, quien ocupó ese puesto hasta 1949, siendo reemplazado por el tableño Temístocles Céspedes, que como hemos visto ocupó la Secretaría del Ministerio de Educación el año anterior.[28] Otro de los directores que ha gozado de gran reconocimiento lo fue el profesor Antonio Altamar T., quien se mantuvo en esa posición desde el año 1953 hasta el año 1968.

Inicialmente el Instituto dispuso de un cupo de 100 alumnos, de los cuales 40 fueron becados por el Servicio Cooperativo Interamericano de Cooperación y los restantes pagaron sus respectivos derechos de matrícula. Transcurridos los años, al arribar al 27 de enero de 1951 se produce la primera promoción y desde esa fecha hasta el año 1991 el IAM ha puesto a disposición del país un total de 2,524 profesionales.[29] Es decir, un promedio que ronda los 60 graduandos anualmente de 1948 hasta 1992.

Si tuviésemos que valorar la labor del Instituto de Artes Mecánicas solamente por el número de egresados, criterio sin duda restringido, únicamente por eso el Instituto debería ser reconocido, como en efecto lo es, como uno de los colegios promotores de saludables transformaciones en el Interior de la República..

4- Las nuevas demandas educativas en el nivel medio.

Los colegios anteriormente señalados, cuyos hitos históricos más significativos apenas hemos esbozado, dan inicio en Azuero a una profunda transformación de las perspectivas del hombre de nuestra península. Después de los años cuarenta la demanda educativa se hace mucho más pronunciada. Tal conducta se inscribe en las tendencias nacionales de la época y puede ser medida al considerar la distribución de la matrícula por niveles. Por ejemplo, el nivel primario concentraba el 96.3% de la matrícula en 1920, mientras que en el nivel medio se matriculaba sólo el 3.3%  de aquélla. Hacia 1980 en la escuela primaria encontramos el 61.5% de la matrícula, aglutinando la escuela secundaria el 31.2%. [30]

La comprensión del marco interpretativo en el que han de surgir los nuevos centros de enseñanza media responde en lo económico a la instauración de un modelo de sustitución de importaciones, que tiene su auge en los años sesenta, y a la suplantación de este último por el Estado empresario, del período del llamado "Proceso revolucionario". Ambas estrategias pretendían integrar al Interior a un esquema de desarrollo nacional caracterizado por una modernización de limitada justicia social y de una casi desconocida democracia económica.[31]

En el período que abarca la segunda mitad del siglo XX la educación media experimenta nuevos desafíos. Uno de ellos lo constituye el surgimiento de colegios privados. Resulta particularmente llamativo que en el año 1956 el Ministerio de Educación autorice la creación, mediante Resuelto # 793 del 24 de noviembre de 1956, del Instituto Técnico Moderno que laboró en la capital provincial herrerana gracias a las gestiones de la Sra. Eneida Moreno de Castillero. Centro que se expandió cuando se estable en la ciudad de Las Tablas la Escuela Profesional Santa Librada, allá por el mes de marzo de 1963. Ambos, regentados por la Sra de Castillero, se distinguieron por impartir cursos de comercio, oficinista, secretariado comercial y contabilidad en la sección comercial. Se ofrecía además, en la sección de educación para el hogar, cursos de modistería, sastrería, cocina y repostería, bordado a máquina y un curso completo de educación para el hogar. [32] El surgimiento en Chitré del Instituto Técnico Moderno, centro de educación profesional privado, nos está indicando algo muy importante: la población azuerense demandaba hacia mediados de la presente centuria el surgimiento de otros colegios secundarios.

Según parece el Ministerio de Educación era consciente de esta necesidad porque el Dr. Alfredo Cantón, en aquella época Director Nacional de Educación Secundaria, señalaba:

"La población [escolar] de Chitré también está creciendo rápidamente cada año. En 1966 tendremos dificultades para alojar el aumento de matrícula de escuela secundaria. El Director del Colegio José Daniel Crespo ha solicitado la construcción de unos anexos para tales fines. Sin embargo, tienen más de 1000 alumnos matriculados y considero inconveniente aumentar esta matrícula. En mi concepto los colegios secundarios no deben ser demasiado grandes, tanto por razones de orden administrativo como de tipo técnico y pedagógico. En mi opinión, señor Ministro, debe el Ministerio comenzar a hacer planes para la construcción de este nuevo edificio escolar, de manera que pueda estar terminado para el año 1967".[33]

No obstante lo aseverado por el Dr. Cantón, ya en 1964 la educación profesional y técnica había recibido un impulso importante con la fundación en ese año del Centro Vocacional de Azuero, con sede en la histórica población de La Villa de Los Santos. Creado éste mediante el Decreto # 276 de 29 de julio de 1964, e iniciando labores en la Escuela República de Honduras, se convirtió en el año 1973 en el Instituto Profesional y Técnico de Azuero. Cuatro años después de establecido el Centro Vocacional de Azuero, en 1968, nuevamente la tierra de Rufina Alfaro se ve favorecida con la creación de otro plantel de enseñanza: el Primer Ciclo de Enseñanza Secundaria "Coronel Segundo de Villarreal". Entre otras consideraciones a las que se refiere el Decreto de su establecimiento, estuvo la de promover el descongestionamiento de la matrícula que experimentaba el Colegio José Daniel Crespo. Este mismo Primer Ciclo dará paso en 1972 a la Escuela Normal de Azuero "Coronel Segundo de Villarreal"; institución de enseñanza magisterial que en el año 1976 se le suprimirá su sección normal para quedar impartiendo una educación orientada hacia los bachilleratos en ciencias y agropecuaria.[34]

Los años setenta depararon para la región azuerense un verdadero cambio en el sistema educativo que hasta entonces había experimentado el área. En el marco de la implementación de la Reforma Educativa surgen nuevos centros de enseñanza media. Producto de una coyuntura internacional en la que el Estado dispuso de abundantes recursos económicos, se intentó promover una ruptura con la escuela tradicional y vincular a ésta con un entorno social predominantemente agrario. Infortunadamente ese intento adoleció de una bien planificada consulta de los sectores afectados; a los que se les sumó al final de la década una perniciosa influencia de gamonales de aldea y de politicastros de las áreas urbanas. Consecuencias: un sistema educativo que todavía no se repone de sus crisis estructural.

Así las cosas, para Azuero la nueva época significó la ruptura del eje costero Divisa-Las Tablas, en el que hasta finales de los años sesenta se habían establecido los colegios secundarios, por otro que paralelamente fortalece las áreas "montañosas". La rancia hegemonía educativa de la costa azuerense es retada por el proyecto educacional para  el hombre de "montaña" adentro. Lugares como Los Llanos de Ocú, Pesé, El Cedro de Los Pozos, Las Minas, Chepo de Las Minas, Macaracas y Tonosí, se ven beneficiados por esa política. En la costa surge el Primer Ciclo Secundario de Monagrillo (1970) y los Ciclos Básicos de Guararé (1970) y Parita (1978). Otro tanto aconteció con la Escuela Vocacional de La Palma de Las Tablas.[35]

En 1979, con la derogación de la Reforma Educativa, los Ciclos Básicos, como en el resto de la República, retornan a la vieja usanza del Primer Ciclo Secundario  orientado a un bachillerato en ciencias, letras y comercio. Triste realidad para una juventud azuerense que vive en un mundo eminentemente agropecuario.

Ese mismo sector de población a que nos referimos también dispone en la Península de las llamadas Escuelas Secundarias Nocturnas Oficiales. Se trata en este caso de la Escuela Secundaria Nocturna Oficial de Chitré, que fuera creada mediante Decreto # 297 del 9 de junio de 1970, y la Escuela Secundaria Nocturna Oficial de Las Tablas, que surge en base al Decreto # 212 del 3 de diciembre de 1979.

Más recientemente, y dentro de esa nueva orientación, aparece el Primer Ciclo de Educación Secundaria de Los Pozos. Esta institución educativa, que es creada en 1986, tiene como base legal el Decreto # 343 de 18 de noviembre de 1 año indicado. Tal y como ha sido la norma en todos los colegios secundarios del área, inicia sus labores en la escuela primaria, en este caso la Escuela Luciria M. Pimentel.  

Finalmente la empresa privada, retomando la experiencia de finales de los años cincuenta y el transcurso de los sesenta, ha logrado con éxito incursionar en el campo de la educación media. Recientemente podemos consignar los casos del Colegio San Francisco De Asís (escuela primaria desde 1984 y primer año secundario desde 1989), en la capital tableña; el Colegio Agustiniano Nuestra Señora del Buen Consejo (escuela primaria a partir de 1989 y primer año secundario desde 1991) y el Instituto Latinoamericano (1986), centros los dos últimos de la ciudad de Chitré.

Conclusiones 

En el presente estudio, que compendia la historia de la educación media en Azuero, podemos destacar algunos aspectos relevantes. Se ha determinado que desde mediados de la década de los años veinte ya se perfilaba en la región azuerense la necesidad de ampliar la cobertura de la educación en el nivel medio. Antecedentes de este período lo constituyen el establecimiento en Chitré y Las Tablas de las Escuelas Normales, las que funcionaron a partir de 1925, pero que no lograron tener una permanente existencia institucional. Por su parte, en el resto de las provincias centrales está el caso de la Escuela Normal Rural de Aguadulce, en esa misma década; así como en la siguiente la santiagueña Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, centros que ya anunciaban la urgencia de establecer más planteles interioranos de enseñanza secundaria.

El momento histórico llegó con la década del cuarenta, en plena II Guerra Mundial (1939-1945), al surgir el Instituto Nacional de Agricultura (1941) y los Primeros Ciclos de Chitré (1942) y Las Tablas (1942). Un caso fuera del período bélico, pero dentro aún de las repercusiones del mismo, lo es el Instituto de Artes Mecánicas de Divisa. De los mencionados colegios el INA y el IAM se distinguieron por la ingerencia que en su creación tuvieron organismos no sólo nacionales sino instituciones vinculadas a la política interamericana de Estados Unidos de Norteamérica.

Igualmente hemos constatado que, exceptuando lo acontecido con el INA, no existió para los primeros centros de enseñanza secundaria azuerense Decretos del Ejecutivo en donde se formalizara el establecimiento de los mismos. Conviene acotar aquí que, según parece, en el surgimiento de los Primeros Ciclos de Chitré y Las Tablas, así como en el caso del IAM, mucho debemos a la labor visionaria del Dr. José Daniel Crespo (1890-1958).

De la misma manera, y en un grado no despreciable, hemos de resaltar las propias condiciones sociales, políticas y económicas de los años cuarenta. Una Zona de Tránsito convulsionada, sectores medios emergentes, radicalización de la clase obrera, crecientes demandas de los grupos campesinos y la estructuración de una incipiente intelectualidad en el área son muestras evidentes de que la Península no podía continuar siendo postergada del desarrollo nacional. Por todo esto, pensamos que la labor del Dr. Crespo debe comprenderse como producto de un hombre que vive y entiendo su época, y en modo alguno como la de una mesiánica  personalidad educativa.

A partir del surgimiento de los colegios zapadores, la educación en el nivel medio ha dado un asombroso salto cuantitativo y cualitativo. Centros educativos que en 1942 se inician con menos de 100 estudiantes cada uno, luego de medio siglo de labores ostentan matrículas respectivas que superan los dos millares de estudiantes y cuentan con miles de egresados que se han diseminado por toda la geografía nacional.

Luego de  medio siglo de labores los centros de enseñanza secundaria están en todos los distritos de la provincias de Herrera y Los Santos. Se han tenido que superar no pocos obstáculos desde aquellos primigénicos momentos cuando surge la educación media en Azuero; aunque ello no ha impedido que se continúe transitando por la senda educativa. A veces se ha necesitado limpiar de abrojos el camino, pero la actitud tesonera no ha claudicado. Algunos gobiernos se han sumado a la campaña por promover una apertura hacia un hombre nuevo e integral, otros, la mayoría, se han visto envueltos en la maraña burocrática que nos ha privado en muchas ocasiones de la obtención de un pizarrón.

Al cumplirse este medio siglo de educación media podría elaborase una larga lista de padres de familia, estudiantes, administrativos, directores y docentes que han sentido en carne propia los problemas y los triunfos de la educación en Azuero. Algunos directores de colegios podrían señalarse como figuras señeras a los cuales debería rendírsele tributo de admiración y reconocimiento. En lo personal no mencionaré nombres para no cometer el error de omitir alguno de ellos.

Lo que sí parece conveniente ratificar, es la necesidad de redoblar nuestros esfuerzos por hacer de la educación azuerense el instrumento de cambio con el que soñaron todos aquellos que hoy, no importa el sitio en donde de encuentren, han de sentir el gozo de celebrar medio siglo de educación secundaria en nuestra región peninsular.

Bibliografía 

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     1. Ver Secretaría de Instrucción Pública. Memoria que el Secretario de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional en sus sesiones de 1920. Panamá: Imprenta Nacional, pág.117.

   2. Secretaría de Instrucción Pública. Memoria que el Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional de 1926. Panamá: The Times Publishing Co.,Inc., 1926, pág. 65.

  [3] Ibid. págs. XXI y XXII.

     [4] Consultar a Rodríguez G., Beatriz M. Conozca a Chitré desde su primer siglo de vida distrital 1848-1948. Panamá: Editora de La Nación, s/f, págs. 92-102 y Molina J., Edwin R. Escuela Secundaria de Las Tablas. Síntesis histórica. Las Tablas, enero de 1961, hoja suelta.

     [5] El Decreto 122 de 14 de noviembre de 1925, en su artículo único suspende temporalmente como Director del I Año Normal de Las Tablas a Manuel A. Icaza. Igualmente lo hace con el Director de la Escuela Mixta de Las Tablas, Sr. Israel E. Icaza.  Por su parte el Decreto # 30 de 29 de abril de 1926 designa al personal docente de las Escuelas Normales Rurales de Aguadulce y David, y de los primeros años Normales de Penonomé, Chitré y las Tablas. Su artículo 2º dice: " Nómbrense Directores de los primeros años Normales de Penonomé, Chitré y Las Tablas, a los señores Feliciano Quirós y Graciela Conte, Manuel Antonio Ríos y Benilda Céspedes, respectivamente." Ver Archivos de la Oficina de Asesoría Legal del Ministerio de Educación.

     [6] En efecto, así lo estableció el Decreto # 1 de 4 de enero de 1926 que en su artículo único indicaba: " Los alumnos de estas escuelas que aprobaron en el presente año lectivo el II año de estudios recibirán un certificado que los habilitará para trabajar como maestros en las escuelas rurales de la República. Estos certificados serán reemplazados por diplomas para maestros de escuelas rurales una vez que sus poseedores cursen con buen éxito el III año de preparación agrícola que ha de establecerse en las escuelas normales rurales tan pronto las circunstancias lo permitan. Consultar Secretaría de Instrucción Pública. Memoria de 1926. Op. cit., pág. 207. El plan de estudios consistía de las siguientes asignaturas: Agricultura teórica, Agricultura práctica, trabajos manuales o artes domésticas, Canto, Pedagogía teórica, Pedagogía práctica, Aritmética y Contabilidad Agrícola, Geometría y dibujo, Ciencias Naturales, Cívica y Urbanidad, Higiene y Castellano. Ibid, pág. 185.

 La Escuela Normal Rural de Aguadulce graduó un total de 149 maestros (51 hombres y 98 mujeres) en el período comprendido del año 1931 a 1938. Ver Meléndez, Silvio. Breve historia de la educación en Panamá. Primera Parte 1510 a 1950. II edición, Panamá: Férguson & Férguson, 1974, pág. 62. 

     [7] Confrontar, Secretaría de Educación y Agricultura. Memoria que el Secretario de Estado en el Despacho de Educación y Agricultura presenta a la Asamblea Nacional en sus sesiones ordinarias de 1938 (Anexos). Panamá: Editorial n/e, 1938, pág. XXI.

   [8] Secretaría de Educación y Agricultura. Memoria de 1938. (Anexos). Op. cit., pág. 63. Negrita de Neumann.

   [9] Consultar Pinzón Rodríguez, Milcíades. "Agro y capitalismo en Los Santos. Las políticas estatales en la primera mitad del siglo XX"; en Revista Antataura # 1, Edición del Centro Regional Universitario de Azuero, Chitré-Prov. de Herrera: Imprenta Crisol S.A., 1987, págs. 39-66.

   [10] Ver Pinzón Rodríguez, Milcíades. Op. cit.

   [11] Ver Ministerio de Agricultura y Comercio. Memoria del Ministerio de Agricultura y Comercio a la Asamblea Nacional. Panamá: Imprenta Nacional, 1943, Págs. 75, 115, 118 y 161.

   [12] Ver Secretaría de Educación y Agricultura. Memoria que el Secretario de Estado en el Despacho de Educación y Agricultura presenta a la Asamblea Nacional en sus sesiones ordinarias de 1938. (Anexos). Panamá: Editorial n/e, 1938, pág. 250.

Las propiedades a que se refiere el Informe en referencia son: 1- Propiedad (La Divisa) de Don Pedro López, con 73 hectáreas.; 2- Propiedad (La Bruja) de Don José María Huerta, de 122 hectáreas; 3- Propiedad (3 de Nov.) de Don José María Goytía, con 600 hectáreas; 4- Propiedad (El Vado) de José María Goytía, de 130 hectáreas; 5- Llanos nacionales en la bifurcación de la carretera que conduce a Santiago y Chitré, con 50 hectáreas; 6- Propiedad de Don Andrés López, con 15 hectáreas; 7- Propiedad de la Sra. Vda. de González, con 42 hectáreas; 8- Propiedad ( La Mata) del Gob. Nal. en la carretera que conduce de Santa María a Santiago, con 1934 hectáreas; 9- Propiedad (Conaca) de la familia García, administrada por el Banco Nacional, en la carretera que conduce a Santiago, con 2621 hectáreas; 10- Llanos nacionales a ambos lados de la carretera, entre El Roble y el Puente de Santa María, de 400 hectáreas y 11- Propiedad (Santa Rita) de Don Adolfo Campos con 275 hectáreas. (pág. 249).  

  [13] Consultar, Ministerio de Agricultura y Comercio. Memoria del Ministerio de Agricultura y Comercio a la Asamblea Nacional de 1943. Panamá: Imprenta Nacional, 1943, pág. 114. Para los contratos de extranjeros que laboraron en el INA consultar la página 349 y ss.

  [14] Confrontar la Memoria de Agricultura y Comercio del año 1943. Op. cit., Págs. 162-163.

La primera graduación de Peritos Agropecuarios se efectuó el 27 de septiembre de 1944. El INA entregó al país 26 estudiantes, entre los que se encontraban 6 azuerenses: los ocueños Liberato Castillero, José A. González y Miguel Hernán Nuñez; los chitreanos José Nieves Burgos y Miguel A. Cedeño; así como el guarareño Alipio O. Vásquez. Ver Ministerio de Agricultura, Comercio e Industrias. Memoria de 1944. Panamá: Cia. Editora Nacional, S.A., 1944, pág. 298.

   [15] Según, Ministerio de Agricultura, Comercio e Industrias.  Memoria del Ejercicio Administrativo 1953-1954. Panamá: Editorial n/e, 1954, pág. 291.

  [16] Conviene aclarar aquí que hasta 1926 el Bachillerato en Humanidades tuvo una duración de 5 años. A partir de ese año se le añadió uno más. Es en el año 1935 cuando se asume la modalidad de un primer ciclo de cultura general y otro de tres años para bachillerato, magisterio, comercio, etc. Ver Céspedes, Francisco. La educación en Panamá. Panorama histórico y antología. Tomo 4. Panamá: Impresora de La Nación-Inac, 1981, pág. 122.

  [17]  Ver la misiva de Sara Chen de Rivera y el Resuelto # 403 del 5 de junio de 1942 que expidiera el Ministerio de Educación.

  [18]  Hasta el presente momento han sido responsable de la dirección del colegio los profesores: Sara Chen de Rivera, Pablo Martínez Pinzón, Pompílio Ríos, Pablo Ríos B., Claudio Vásquez V., Gonzalo González G., Norma H. de Ramírez, Jorge E. Berbey C.,David Solís R., Benedicta Sánchez de Avila, Ana V. Morales de Pinzón (Encargada), Geradino Sánchez (Encargado) y Ricardo F. Gallardo C. Ver plegable Colegio José Daniel Crespo 50 Años de Fructífera Labor Educativa.

  [19] Así consta en el Decreto número 122 de 14 de noviembre de 1925, por el cual se suspende temporalmente al Director de I Año Normal y al Director de la Escuela Mixta de Las Tablas. Tales directivos eran, respectivamente, los señores Manuel A. Icaza e Ismael E. Icaza. Por su parte el Decreto número 30 de 29 de abril de 1926, en su artículo 2º , confirma a la educadora Benilda Céspedes como Directora. Ambos decretos llevan la firma del Dr. Octavio Méndez Pereira como Secretario de Instrucción Pública.

  [20] Así nos lo cuenta el profesor Edwin Molina Jaén, destacado docente tableño y ex director del Colegio Manuel María tejada Roca, en uno de los pocos escritos que sobre el Colegio tableño se han dado a conocer. Ver Escuela Secundaria de Las Tablas. Síntesis Histórica. Una hoja suelta que está fechada en Las Tablas en el mes de enero de 1961.

  [21] Ver para una confirmación de las actividades de los maestros de la Presidente Porras el trabajo de Edwin Molina, ya citado.

     [22]  Según los Decretos siguientes: Decreto número 550 de 14 de mayo de 1943, artículo 2º, en el caso de Afú Iturralde y el Decreto 645 de 13 de agosto de 1943, que en su Artículo Único hace lo propio con Lucina Velázquez. Esta última es así la segunda profesora de inglés con que contó el Plantel educativo tableño. En relación con Velasco se trata del Decreto 545 de 14 de mayo de 1943. Todos llevan la firma del presidente Ricardo Adolfo de La Guardia y del Ministro de Educación Víctor Florencio Goytía.

   [23] Datos de Molina Jaén, Edwin. Op. cit. y de Galástica, Reina M. de; Neris E. H. de Batista. Perspectivas de crecimiento de los centros de educación superior de la Provincia de Los Santos. (Tesis de grado). Facultad de Educación, Centro Regional Universitario de Azuero, 1985, págs. 70-74.

    [24] Secretaría de Instrucción Pública. Memoria que el Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional en sus sesiones ordinarias de 1936. Tomo I, Panamá: Imprenta Nacional, pág. XXVI.

     [25] Datos del autor y de Francisco Céspedes. Op. cit., pág. 126.

     [26] Se exceptúa el Resuelto # 2456 que está rubricado por el Ministro de Educación Sr. Ernesto Méndez, al igual que el Resuelto # 2497 que firma este mismo Ministro, pero teniendo como Secretario del Ministerio al Sr. Víctor I. Mirones.

    [27] Ver C.E. "La Escuela Vocacional de Divisa"; en el Suplemento Épocas en el Interior, sin fecha ni número de páginas. Año 1948.

   [28] Algunos de los datos aquí expuestos han sido extraídos de un documento que reposa en la Secretaría Administrativa del IAM intitulado: El Instituto de Artes Mecánicas como Primer Colegio Profesional y Técnico del Interior del País. Trabajo de postulación para optar por la Orden Manuel José Hurtado, 1984, 15 págs. y Anexos.

     [29] Datos confirmados por la Secretaría Administrativa del IAM.

     [30] Datos de Céspedes, Francisco. Op. cit., págs. 88 y 89.

     [31]  Mayores informaciones sobre el marco interpretativo de la cuestión educativa en la segunda mitad del siglo XX pueden obtenerse en el Capítulo V del libro de Francisco Céspedes, ya citado. Consultar, además, para una comprensión de los años setenta a David A. Smith Wiltshire en " Modelo de desarrollo y políticas educativas en Panamá. 1970-1980.; en Estudios Sociales Centroamericanos # 34, San José: CSUCA, enero-abril de 1983, págs. 59-84.

     [32] Consultar Espítia, Emérita P. de "Semblanza de Eneida Moreno de Castillero"; en La Estrella de Panamá, 21 de noviembre de 1991, pág. C-2.

     [33] Ver Ministerio de Educación. Memoria que el Ministro de Educación presenta a la Honorable Asamblea Nacional en sus sesiones ordinarias de 1965. Panamá: Textos y Materiales Didácticos, 1 de octubre de 1965, pág. 111.

     [34] El Centro Vocacional de Azuero fue creado mediante el Decreto # 276 de 29 de julio de 1964 y el Primer Ciclo de Enseñanza Secundaria Coronel Segundo de Villarreal en base al Decreto # 165 del 22 de abril de 1968. Datos históricos del Departamento de Asesoría Legal del MINEDUC y de Galástica, Reyna M. de y Neris H. de Batista. Op. cit., págs. 50, 51 y 61. 

     [35]  Para mayores detalles sobre las repercusiones de los Ciclos Básicos en Azuero consultar la tesis de grado de Díaz Díaz, Héctor; Héctor O. Vega E. y Franklin Zeballos T. Estudio de la conversión de los Ciclos Básicos a Primer Ciclo Secundario y sus efectos en la Península de Azuero. Facultad de Filosofía Letras y Educación, Centro Regional Universitario de Azuero, 1982, 161 págs. 


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