lunes, 2 de agosto de 2010

PARITA

Nombre con reminiscencias indígenas. La plaza colonial con los “blanquitos” morando entorno al templo que atalaya los cerros y atisba las habitaciones que la quincha convirtió en vivienda campesina. Poco ha quedado de su abolengo colonial. Siempre Parita a la vera de la carretera que, como lengua de asfalto, forja la columna vertebral de la Península. Tacita de Oro le llamaron en siglos pasados, mientras los diablicos con sus rostros demoníacos se ríen de la vida que parsimoniosamente transcurre entre sus calles.

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