jueves, 1 de septiembre de 2011

CHÁCARA

Foto: Alcibíades Cortez

Herencia cultural indígena que hizo suya el depauperado campesino español y mestizo. Antes, cuando no existían las contaminantes bolsas plásticas, casi todo se llevaba en esta imprescindible mochila. La gente llegaba a la tienda con su chácara, la que repleta de víveres la veíamos pender de la acción de la silla del caballo. Y nada más útil para el estudiante de antaño que llevar sus cuadernos y lápices en la tradicional chácara, ya fuera de tela o de fibra vegetal. Nuestros abuelos siempre cargaban en ella su ración de breva, picadura y cachimba, cuando no el filoso cuchillo. Había chácaras que ya olían a adobo o a sopa de tanto cargar en ellas el bastimento para el almuerzo. En cambio, nuestra gente, que de todo arma una figura literaria o lo convierte en chacotería popular, por aquello de que la chácara cuelga de algo, también llamó de esta manera al escroto o bolsa que cubre los testículos. De modo que siempre hubo chácara para todo, desde las más rústicas para la labor cotidiana, hasta las aristocráticas que se lucían cuando se iba de paseo al pueblo o se acudía a una fiesta.

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