El terremoto
del pasado viernes 9 de octubre de 2026 ha sido más que un movimiento tectónico
que ha producido serias consecuencias para la gente que mora en la península de
Azuero y otras zonas interioranas. Porque además de la destrucción que ha
provocado, ha sacado a relucir situaciones estructurales de larga data.
La parsimoniosa
respuesta del gobierno no es nueva y forma parte de una conducta en donde las
áreas rurales llevan toda las de perder. Las provincias interioranas siempre
han sido la periferia de la zona de tránsito, áreas a las que le han endilgado
el papel de reducto del folklore y endeble economía agropecuaria.
Que en torno a
la provincia de Panamá se concentre el 50% de la población nacional habla elocuentemente
de lo que afirmamos. Tal papel se remonta al siglo XVI cuando Gaspar de
Espinosa determina la fundación de Natá, el 20 de mayo de 1522, como sitio de
avituallamiento de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá.
Luego de medio
milenio el rol -con pequeña variaciones- sigue siendo el mismo, porque
ocasionalmente las provincias son noticia, como en este caso del terremoto u
otras desgracia, así como en la conmemoración del algún acontecimiento
histórico relevante, tal como acontece con el 10 de noviembre de 1821.
Quiera Dios y
los hombres que las consecuencias del evento reciente sean atendidas como
corresponde; aunque me permito dudar de las soluciones más allá de la
coyuntura, porque estoy seguro que el otro terremoto, el de la exclusión social,
seguirá gravitando sobre la población y haciendo que la península continúe temblando
a cada rato.
…….mpr…
15/X/2026

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