martes, 23 de agosto de 2011

POLLERA.

Un arcoíris se quedó prendido sobre las enaguas de la mujer santeña… y así vino al mundo la pollera panameña. Viejo pollerón colonial que se vistió de colores, mientras las flores del camino - aquellas a las que cantara Chico-, se adhirieron al cabello y se petrificaron en tembleques. Y temerosa la orejana de que se deshiciera el sortilegio, caminó silenciosa con sus zapatos de pana. Mientras tanto, el sol se prendía sobre su pecho y, refulgía, celoso, en las áureas alhajas que llenaron de destellos la bucólica noche interiorana. ¡Ah pollera panameña!, sólo te supera en garbo y gracia la natural belleza de la mujer istmeña.