30 abril 2022

SOBRE FERIAS Y CACHIVACHES


Portada de la entrada a la Feria de Azuero

El conquistador Gaspar de Espinosa, al arribar a las tierras del cacique Natá, en los primeros años del siglo XVI, 1516 para ser más precisos, ha dejado testimonio escrito de la vida en esa comarca indígena. Y entre los hechos que concitaron su atención estuvo el intenso intercambio de productos agrícolas y de animales que en animada actividad realizaban los lugareños.
En realidad, se trata de lo que podríamos calificar como remedo de feria; tal vez la fecha más antigua que podemos datar de los antecedentes de la actividad en la región occidental de la república, porque otro enfoque posterior son las Ferias de Portobelo de carácter globalizado. Nada nuevo, porque esa ha sido la tónica en todas las culturas: congregarse en un espacio abierto para intercambiar productos, cambalachar o vender.
El establecimiento del ágora griega, quiero decir la fundación o refundación de los pueblos, con su característico diseño de tablero de ajedrez (hipodámico o damero), solo vino a confirmar lo que ya existía, porque en la colonia la plaza fue la zona por excelencia para el evento, antes que se establecieran los parques en los años veinte de la vigésima centuria.
Lo que aconteció allí, en la plaza, durante el período colonial y de unión a Colombia, no está suficientemente documentado, pero es evidente que tuvo que darse, entre otros motivos porque era el lugar ideal para ello, el emplazamiento social, económico, religioso y político; la vida misma del poblado.
Sabemos que no fue, hasta los años veinte del siglo pasado, cuando se legisló sobre el establecimiento de ferias agrícolas e industriales en la república, estableciéndose que las mismas se realizarían cada dos años. En este sentido la primera se efectuó en Penonomé (1926), la segunda en Aguadulce (1928) y la tercera en David (1931). Debido a ello el editorialista del semanario El Eco Herrerano, en la publicación del 17 de agosto de 1930, afirma: “Según Decreto número cuarenta y dos de dieciocho de junio y según la circular 4207, que hemos recibido del corriente año, el Poder Ejecutivo ha dispuesto celebrar la tercera feria agrícola e industrial durante algunos de los días del mes de abril del año próximo venturo y ha señalada a la ciudad de David, cabecera de la próspera provincia de Chiriquí, como asiento de dicha feria”
Sin embargo, una cosa es lo estipulado por la iniciativa gubernamental y otra la iniciativa ciudadana; porque sabemos de buena fuente que en la región peninsular se realizaron ferias en la Villa de Los Santos, Las Tablas y Ocú. Tal es el verdadero antecedente de la Feria Internacional de Azuero, la que se instaura en el año 1944 producto de la visión emprendedora de santeños y herreranos, evento que tiene su asiento en la Villa de Los Santos.
De lo dicho se colige que en el siglo XX las ferias migran de las plazas y se establecen en espacios que permitan su expansión. Tal es el caso de Azuero, evento ferial que pasa a ocupar los terrenos próximos a los actuales colegios secundarios de La Villa, para establecerse definitivamente en el sitio que ocupa actualmente.
Un rasgo fundamental de la feria ha sido su primigenio rasgo popular, el ser escaparate de la sociedad, la cultura y el comercio. Ese fue su norte inicial, del que ha evolucionado hacia una perspectiva más pragmática y utilitaria, muy a tono con lo que observamos en los tiempos actuales, época donde se privilegia lo comercial sobre los otros aspectos que subyacen en sus raíces. Volver sobre sus orígenes y recobrar su filosofía social, allí radica su mayor desafío, la tarea pendiente; porque la feria también ha de ser espejo del quehacer popular y no solo exposición de cachivaches o paraíso comercial de poca o mucha monta. …….mpr…
18/IV/2022

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