miércoles, 9 de noviembre de 2011

RUFINA ALFARO Y STÉPHANE HESSEL

A la sombra de Bolívar
Durante gran parte del Siglo XX la literatura regional de Los Santos y Herrera estuvo preñada de congojas. Quiero decir que nos han dolido muchas cosas en esta parte del país, como si la Región de Cubitá fuera el caldo de cultivo de una identidad cultural que aquí ha vivido sus glorias y desventuras. En nuestro motete hemos cargado de todo: bailes, danzas, tamboritos, mejoranas, polleras, carnavales, procesiones, ferias, festivales, acordeones, cantalantes, música forastera, “halloween”, campesinos “ligth”, políticos egocéntricos, alienación, etc.
En esta zona geográfica la cultura y la política han tenido sus expresiones paradigmáticas en el folclor y el Grito Santeño. Sin embargo, a la altura del Siglo XXI arrastramos un folclor y un grito libertario que se torna adulterado y lleno de remiendos, como esas colchas que antaño la pobreza convertía en frazada. Por eso, pensando en tales temáticas, he recordado a Rufina Alfaro y Stéphane Hessel; ya que la indignación parece ser el hilo conductor de ambos personajes. Esa congoja convertida en dolor y ese dolor transformado en praxis liberadora del franco-teutón y la orejana llena de abrojos.
En efecto, nuestro Rufina sigue siendo el controversial personaje que desde su mundo mítico se convierte en símbolo de la orejanidad que sabe indignarse y que no se contenta con lo que tiene porque le duele, en el “cogollo del corazón”,  las cosas de la tierra;  terruño que mira libre y alejado de cadenas opresaras; igual que un Hessel a quien en otro momento histórico le perturba la presencia nazi y desde la resistencia sueña a Francia como parte de un proyecto social que concibe más allá de una transitoria organización político-partidista.
El legado de Rufina, teorizado por Hessel, demuestra que no hay libertad sin acción. Indignarse es el punto de partida de la libertad y la democracia, cuando ambas se entienden en su más prístina esencia. Por eso conviene preguntarse qué fue de la primigenia indignación del 10 de noviembre de 1821 y si esos frutos que avizoraron los próceres santeños no habrán corrida la suerte de una tonada del carnaval o la alegría efímera y explosiva del volador.
En este marco de cosas, la sentencia decimonónica de Rufino J. Cuervo aún resuena entre los cerros: “El que quiera conocer a Panamá que venga porque se acaba”. Tal vez ahora con matices menos dramáticos, pero no carentes de una verdad que a ratos se torna incómoda. Al parecer la patria de Mateo Iturralde, Rufina Alfaro y Belisario Porras ha asumido como conducta el silencio; como si todos midiéramos los costos que supone la indignación y nos contentáramos con esos pedazos del pastel económico que otros deglutan sin el menor empacho.
Y no se trata de que los panameños no podamos lucir nuestro panteón de indignados; el problema es que no queremos recordarlos, a veces por la pobreza de nuestra sistema educativo, y en otras ocasiones porque la conducta de ellos dista mucho de la nuestra. Tal es la verdadera génesis de la cultura política nacional: aparentar estar indignado en público, pero ser sumiso en las sombras. Ser crítico en la oposición, pero visceralmente obsecuente y olvidadizo en el gobierno.
La carencia de indignación es una de las mayores plagas de nuestra época y en eso Hessel tiene toda la razón. Al panameño le encanta visitar el “mall” y recorrer tiendas con la secreta esperanza de que el “gordito” se le aparezca el viernes de cada mes. Disfruta sus reinas de carnaval y vive la alegría efímera de la picante tonada del “culeco”. En cambio, no se indigna por la pobreza indígena ni le preocupa el campesinado que puebla los cinturones de miseria de la Singapur de América Latina.
Los istmeños hemos olvidado que el 10 de Noviembre de 1821 nació de la indignación. De allí que el Panamá que soñamos no puede ser el fruto de la sumisión y del dejar pasar. El mensaje de la efeméride es lúcido y transparente: la saloma libertaria santeña es un grito de indignación.

2 comentarios:

Jacques Dumont dijo...

Usted es bien el unico a preocuparse de la falta de un movimiento de indignados en La Villa.
Tiene razon, Rufina era una indignada de su epoca.
El pragmatismo de los Santeños es de vivir humilde a lado del crecimeinto de la riqueza del pais.
No viven todavia el fracaso futuro de los escrecimientos de la riqueza como en Europa.
Volvi a Panama con 3 publicaciones de los indignados españoles, nadié me las piden.
Admiro a Stéphane Hessel, escribio 5 paginas que hicieron la vuleta del mundo y son las repuestas futuras al fracaso de la economia actual.
Hay que esperar con dignidad el "tohu-bohu", el nuevo grito!

Salomón Díaz Aguirre dijo...

Rufina Alfaro, solo existe en la mente de los que quieren creer que existió. No hay ningún indicio serio de su existencia y menos de su participación en esta gesta. El verdadero héroe fue El Coronel Segundo de Villarreal.