lunes, 8 de abril de 2013

EL ARTESONADO SANTEÑO


 
Para mi hijo Antonio Miguel, a quien debo el interés por el tema
 
Importa en este momento hacer referencia a un aspecto de la cultura orejana, en su modalidad de expresión material, sobre la que casi nada se ha escrito. El caso al que haré alusión tiene por objeto el artesonado existente en la Iglesia de San Atanasio de la Villa de Los Santos; el que es, sino el único, al menos uno de los pocos que existen en nuestra ístmica nación.
Si alguna vez visitas el templo de la colonial población santeña, aparte de apreciar los retablos barrocos que le adornan, te sugiero mirar hacia el techo y apreciar lo que es el motivo de esta publicación. Allá en las alturas, en el área de la división de las dos aguas, apreciarás un entramado artístico al que se denomina artesonado, en nuestro caso de madera; arreglo que antaño se elaboraba para adornar y disimular ese sector de las techumbres.
El artesonado  y su existencia en otras latitudes
El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) define al artesonado como: “Techo, armadura o bóveda formado con artesones de madera, piedra u otros materiales”. Y sobre el vocablo artesón indica: “Elemento constructivo poligonal, cóncavo, moldurado y con adornos, que dispuesto en serie constituye el artesonado”. Así las cosas, ya estamos próximos a comprender la maravilla artística y arquitectónica que poseemos y que, repito, no ha sido valorada y apenas si recibe la atención de quienes visitan el templo santeño.
Una investigación, aunque fuese somera sobre el tópico, nos demostrará que tales motivos artísticos caracterizan el arte mudéjar y musulmán. Recordemos que el arte mudéjar florece en España entre los siglo XII y XVI y expresa la convivencia entre el Cristianismo y la cultura musulmana. Por eso aparecen extraordinarios artesonados en España, como en los casos de Toledo y Sevilla; que son precisamente dos ciudades en las que se produce esa amalgama cultural a la que hago referencia.
En cambio, si hurgamos más en el pasado nos encontraremos que este arte debe mucho a la cultura persa, que como recordaremos fue el soporte intelectual que estuvo detrás del florecimiento de Toledo, población en la que se produjo un encuentro entre lo español, musulmán y persa. Al respecto, recomendamos leer De Persia a la España Musulmana: Historia recuperada de la autoría de Shojaeddin Shafa.
El artesonado santeño
El detalle al que nos referimos es importante para comprender el influjo indirecto de culturas europeas y asiáticas en la arquitectura religiosa de la zona. Porque sin duda este artesonado no está allí porque alguien se lo inventó de buenas a primeras. Al contrario, el mismo sugiere  que los alarifes o maestros de obras estuvieron bajo el influjo o prevenían de ciudades como Toledo y/o Sevilla. Al respecto, el aporte sobre la historia veragüense del historiador chiricano Mario José Molina viene a confirmar la apreciación que hacemos (VERAGUAS: LA TIERRA DE COLÓN Y DE URRACÁ. Estudio geo-histórico, urbanístico, económico, social y político y cultural de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro, 1502-1821. Tomo I, Capítulo 6). En efecto, el autor confirma la presencia de maestros de obras traídos desde España, justamente en el período en el que se construye el templo de San Atanasio; suceso que acaece, hasta donde sabemos, en la primera mitad del Siglo XVIII o quizás desde finales del siglo previo, el XVII.
Los templos de la zona,  edificados en esa dieciochesca centuria, y  que  podrían ser coetáneos con el de La Villa (me refiero a los de Las Tablas y Parita), no lucen este arte arquitectónico. Lo cual es comprensible dado que la localidad que se asentó en las riberas del antiguo Río Cubitá fue, por antonomasia, la sede del poder colonial y como tal aspiraba a lucir un templo digno de ese abolengo religioso. Asumimos que el poder económico, matrimoniado con el religioso, quiso hacer de la obra arquitectónica una expresión de su poder terrenal. De allí que este artesonado, junto a la profusión de retablos barrocos, logró en su momento, sobre la conciencia de los fieles, el impacto psicológico al que aspiraba.
El diseño artístico
El artesonado tiene una forma rectangular y se extiende desde la puerta de entrada de la iglesia hasta más allá del altar mayor. Tiene una extensión que podría rondar los 60 metros de largo por unos 3 metros, aproximadamente. Los motivos que le adornan cubren, incluso más abajo del artesonado propiamente dicho y con similares diseños, las vigas que dan soporte y amarran los pilares que sostienen la techumbre.
Los motivos están geométricamente dispuestos y son una muestra de buen gusto y refinamiento, desde el juego de colores hasta la variedad de formas geométricas entre las que sobresalen cuadrados, ojivas, triángulos, asteriscos, entre otros.
La puesta en valor del templo
En verdad este artesonado es una joya artística digna de mejor suerte y forma parte de un conjunto monumental -el del mismo templo-, que debiera restaurarse para evitar su creciente deterioro. Urge pues, no sólo una política de rescate y mantenimiento de ese artesonado, sino del propio templo santeño que necesita una millonaria inyección económica que permita conservar los retablos y devolver al altar mayor su antiguo y primigenio esplendor. Está demás decir que esta labor ha de ser emprendida por verdaderos especialistas en la materia; los que tendrían, además, la labor de devolvernos el piso colonial que se cubrió de mosaicos.
Así debería ser, para que en el futuro la techumbre del templo santeño también sea un timbre de orgullo para todos los fieles; y, además de bajar la cabeza en forma respetuosa al arribar a la casa de Dios, también miremos hacia el cielo y veamos en ese artesonado otra muestra de la grandeza del hombre y de su más excelso Redentor.
 

…..mpr…

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