El fútbol,
futbol o balompié, tres de las formas de escribir la disciplina deportiva, es
un juego de lo más aceptado en América Latina. En Panamá, por ejemplo, no es
hasta las últimas décadas que se ha convertido en un deporte de masas, cuya
popularidad reta al béisbol, que no hace mucho tenía el beneplácito de las
mayorías.
Ese cambio debe
mucho al papel de los medios de comunicación de masas, los que, con el apoyo de
la empresa privada y las organizaciones que le son propias, han promovido entre
los panameños la afición al balompié. En este sentido difiere del béisbol, el
que supo abrirse paso lentamente hasta alcanzar la cima de la que gozó entre
los istmeños.
Lo del fútbol
ha sido una carrera meteórica de popularidad que se da en un contexto
sociológico caracterizado por las transmisiones internacionales, propias de la
modernidad que ha hecho del deporte una actividad sumamente rentable para las instituciones
que lo lideran, así como para las empresas privadas que ven en el juego un
filón de beneficios económicos.
Sin embargo, el
balompié es más que mercadeo, encarna un fenómeno social que tiene la capacidad
de integrar a la población, esté o no en el estadio, porque los que miran el
juego en el hogar sienten que ocupan una butacas privilegiada y las reacciones
son las mismas. El televidente experimenta iguales angustias, sufre y estalla
en emociones, se identifica con los equipos y muestra predilección por
determinados jugadores, como en el caso del argentino que luce la camiseta con
el 10.
Creo que el
fenómeno social que representa Messi va más allá del juego. El argentino
despierta pasiones y hasta animadversión, pero sobre todo admiración. Pienso
que la magnitud de su figura no está en duda. Lo relevante en este caso es lo
que él representa: liderazgo y humildad. Messi es como el mesías del pueblo,
alguien que es el ideal de lo que debe ser. Por eso su figura no deja de tener
una carga de oculta religiosidad.
La misma
situación de exclusión social en América Latina, explica gran parte de este
benéfico fanatismo popular. En el argentino se sublima el cansancio de las
masas, esa que quiere tener líderes ilustrados y lo que encuentra, la mayoría
de las veces, son políticos venales.
El fútbol con
Messi permite recobrar la esperanza, la creencia de que es posible estar
cobijado bajo el mando de un jugador y un equipo que proyecta humildad, que
hace posible la magia del éxito y la felicidad, aunque se esfume una vez que la
contienda futbolística llegue a su fin. Porque si Messi es un genio del
balompié, su éxito es, también, una ganancia compartida en sociedades
latinoamericanas deseosas de ascender socialmente y reencontrarse con los
suyos.
.......mpr...
18/VII/2026

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