martes, 17 de diciembre de 2013

NAVIDAD Y AÑO NUEVO OREJANO

Campanillas veraneras
En la Península de Azuero, vale decir en las provincias de Herrera y Los Santos, el mes de diciembre se constituye en un período de tiempo revestido de magia y encanto sociocultural. Ello obedece a que en la fecha confluyen un conjunto de eventos que le imprimen un particular sello. En efecto, termina la temporada de invierno, finaliza el calendario escolar, arriba la Navidad, se aproxima el nuevo año y los vientos alisios despiertan alegría y congoja.

* 25 de diciembre. La Navidad azuerense tiene su sello distintivo. La naturaleza se viste de mantos florales que engalanan los senderos con campanillas veraneras. Son flores de un color lila, como la del manto del Redentor. Además, madroños vestidos de blanco, así como los espino amarillo y guayacanes de un color de sol. Las casas, que apenas un mes atrás estaban togadas de colores patrios, ahora lucen guirnaldas y coronas de adviento. A un lado el pesebre compite con la profusión de foquitos multicolores y el San Nicolás sonriente vigila en la puerta de entrada a la vivienda.
No muy lejos los niños esperan por sus regalos, mientras en la calle la gente acude a comprar sus presentes al son de villancicos. Tal es el ambiente navideño que se respira en las provincias de Los Santos y Herrera. Así es nuestra Navidad, tradicional y moderno, urbana y rural.

* Pesebres y Adviento. Le invitamos a recorrer la Península en tiempo de Adviento. Déjese llevar por el encanto de los vientos alisios y sienta en su piel y en su alma la alegría de la Navidad. Nada como recorrer nuestros pequeños pueblos de aire rural y respirar la alegría que supone la promesa navideña y el arribo del Año Nuevo. En las plazas encontrará imágenes que evocan el pesebre en donde nació el Redentor. Podrá ver en los portales de viejas casas de quincha (vivienda vernácula de Panamá) algunos pesebres que por su elegancia, y hasta su rusticidad, son un verdadero homenaje a esta fiesta de pascua que el santeño y el herrerano valoran en su justa dimensión.

* Fiesta de Año Nuevo.  El arribo del nuevo año es la ocasión perfecta para reunir a los familiares y amigos. El santeño y herrerano gusta de celebrarla hasta altas horas de la madrugada, porque en el fondo piensa que esa alegría se prolongará por el resto del año. Existe todo un ritual que tiene en la gastronomía una de sus mejores expresiones, porque la comida abunda en la celebración: arroz con pollo, bollos, sancocho de gallina, presas de lechona de puerco, tamales, chichas, licores y toda una gama de platos que son la delicia de los comensales.
Nunca falta alguien que cuente las semillas de las uvas o quien acuda presuroso a su casa para que el nuevo año lo encuentre junto a sus familiares. Época para renovar promesas o hacer votos por una mejor vida. Otros se conforman con quemar a un muñeco que representa al año que termina. Entre bromas y risas, porque el deforme Judas está lleno de petardos cuyos estallidos se escuchan en la alta noche. “Feliz año”, grita el parroquiano y la gente se abraza en la seguridad de que han de ser mejores lo tiempos por venir

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