sábado, 30 de abril de 2016

LEONIDAS SAAVEDRA ESPINO y ROBERT NEARON: DOS AZUERENSES PARADIGMÁTICOS:



1. Este año ha sido una dura prueba para las provincias de Herrera y Los Santos, pareciera como si el sino se hubiese confabulado para hacernos más incómoda la existencia. El sector agropecuario, vapuleado por el estío peninsular ha mostrado su lado agónico, mientras el fenómeno del Niño recalienta haciendas y el bochorno del sol candente quema pastos y atenta contra el agua, la flora y la fauna. Y aunque lo común consiste en reclamar políticas y acciones a transitorios gobiernos, hemos de reconocer la cuota de responsabilidad en la hecatombe ambiental que se inició en la centuria precedente.
Sin embargo, cuando la canícula parece sumirnos en un sopor de siglos, hay dos fenómenos que concitan la atención y que reflejan la madera de la que está hecha la zona. Hay dificultades, pero pese a todo una avecilla silvestre - presa de su biológico celo- canta en la rama del árbol llamando a la lluvia. En efecto, la cascá, cancanela, primavera o cascocha es un ejemplo de terquedad ornitológica y de optimismo inclaudicable. Porque no importa los pronósticos meteorológicos, ella se prepara para lo que ha de venir, el arribo de las crías y la abundancia de alimentos, que vaticina el final de la estación seca y el inicio del mítico invierno.
Y mientras esto acontece con natura, hacia finales de abril y comienzo de mayo, el productor recoge sus aperos de labranza, espera la cruz de mayo, mira al cielo rogando que aparezca un nubarrón, implora a san Isidro Labrador y se prepara para la Feria Internacional de Azuero. Actúa cual cascocha humana, el ave que le ha acompañado durante milenios, porque el emplumado pájaro es mucho más viejo que el actual homínido que apenas tiene 500 años habitando la zona. Ese hombre, digo, ese ser hispano-negro-indígena, despierta al mundo de su evento ferial. Aquí demuestra lo que siempre ha sido, desde los cambalaches indígenas que describe Gaspar de Espinosa en el Siglo XVI hasta el ágora del comercio, la cultura y lo agropecuario que representa y muestra el escaparate promocional del más importante evento ferial de las provincias de Herrera y Los Santos.
La feria no es sólo agro, comercio, publicidad, ganadería y diversión, también es el escenario para exhibir al mundo la trayectoria del hombre probo, aquel que supo regalar al resto de los ciudadanos un ejemplo de vida y una trayectoria basada en el trabajo fecundo.. Por eso la Fundación Juan Antonio Rodríguez aprovecha el evento para reconocer a quien se lo merece, como premio y condecoración al esfuerzo y el tesón ciudadano.
En esta ocasión los laureles recaen en don Robert Nearon Ryan y don Leonidas Saavedra Espino. El primero en representación de la provincia de Herrera y, el segundo, por parte de la región santeña. Cumplamos, pues, con esa grata tarea y recorramos en esta noche lo más significativo de sus respectivas hojas de vida.

2. Don Robert Harold Nearon Ryan.

El estadounidense radicado en Chitré nació el 2 de febrero de 1942 en Detroit, Michigan. Hijo de Robert Lee Nearon y doña Dolores Margaret Ryan. Aparte de la valoración de su madre, ha de sentirse orgulloso del progenitor de quien podemos decir que fue miembro del Ejército de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América. El mismo que murió en combate, luchando por la democracia y la libertad, en las playas francesas de Normandía, durante el famoso desembarco acaecido en 1944, entre junio y agosto de ese año.
Aquel pequeñuelo a quien el hado y la guerra le arrebató a su progenitor cuando sólo contaba con dos años de edad, le esperaban gratos momentos más allá de las fronteras de su Detroit natal. Dispuesto a labrarse su destino le vemos capacitarse en la Universidad de Wexford en donde se le confiere el título de Gerente Comercial.
Hacia el año 1960 arriba a Panamá como miembro del Cuerpo de Bomberos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de Norteamérica. En ese período que se extiende hasta 1963 labora en Albrook-Howard y Río Hato, radicándose en la capital de la república en el año 1969. Allí, incursiona en otros menesteres para asumir la gerencia de importantes franquicias estadounidenses: Pollos Fritos Kentucky, Dairy Queen y Tastee Freez. Esa experiencia laboral será decisiva para su estadía en el Istmo.
En efecto, durante el año 1974 se traslada a la capital provincial herrerana en donde ejerce como gerente de Dairy Queen y escala hasta tener su propia franquicia, la que es conocida como Frostees. Desde entonces la nueva sede de su empresa se ha convertido casi que en ícono de la ciudad de Chitré; ubicada en la Avenida Enrique Geenzier, importante arteria vial de la tierra de don Dámaso Ulloa. Se ha sentido tan complacido con su nueva tierra que el 22 de mayo de 2002 se nacionalizó panameño.
En 1986 contrajo matrimonio con la señora Carmen Mora, con quien ha forjado familia. El señor Nearon Ryan tiene varios hijos: Mercedes Moreno y Robert, Elizabeth, Mary, Luisa, John y Carol Nearon. La existencia de una prole como la indicada demuestra que don Robert Harold Nearon Ryan, sin negar su tierra natal, ha hecho de su heredad adoptiva un lugar para vivir a sus anchas de azuerense casi que raizal.
Una prueba contundente de la integración de don Nearon a la región, no radica solo en su huella empresarial, sino en su papel dentro de asociaciones. En su vida pública ha sido fundador de la primera academia de Karate Do, la que contribuyó a forjar junto a Arturo Worrel, organización en donde llegó a ser Cinturón Negro. La región le conoce como patrocinador de boxeo, football y baloncesto. Son incontables las organizaciones que saben de su mecenazgo en carnavales, bandas de música, eventos municipales y otros. Es amigo del Museo de Herrera, miembro del Club de Golf, fundador de Protección Civil en Chitré, presidente en dos ocasiones de Apede Azuero, así como miembro del Patronato de la Feria Internacional de Azuero, por mencionar algunos eventos que hablan de un compromiso que se proyecta más allá de la esfera empresarial.

3. Ingeniero Leónidas Saavedra Espino

Don Leónidas Saavedra Espino nace en Guararé el 1 de mayo de 1922. Hijo de preclara familia santeña -cuyos orígenes se hunden el período colonial- desde pequeño mostró una indudable vocación por las ciencias, ya que creció en el seno de un hogar en donde su padre se agitó en temas farmacéuticos y resultó heredero de la fina sensibilidad de su madre, de la que seguramente debe parte de su visión humanista del mundo. Por eso los libros nunca fueron un objeto extraño en su residencia, y estoy hablando de una época y comunidad en donde antaño esa no era la nota dominante.
Los estudios primarios los realizó en su pueblo natal y mejoró su formación secundaria en el Instituto Nacional de la ciudad de Panamá. Allí obtiene el bachillerato en ciencias y letras. Durante esa promoción se le distingue con premios en química y francés. Con posterioridad viaja a los Estados Unidos de Norteamérica y allí, en la Universidad de Iowa, se le confiere el grado de ingeniero Químico. Deseoso de aprender realiza cursos de ingeniería de aguas en la Universidad de Cincinati.
Al regresar al país va a ser cofundador del Instituto de Alcantarillados y Alcantarillados Nacionales (Idaan). En esa institución fue jefe de plantas de tratamientos y control de aguas, asesor para control de calidad de aguas servidas. Ha representado a Panamá en diversos congresos internacionales en instituciones tan prestigiosas como la UNESCO. Participó en el estudio para determinar las fuentes de aluminio en Ecuador y Panamá.
Radicado en David, Chiriquí, también se ha dedicado a la urbanización y el negocio de bienes raíces.
Finalmente debo indicar que don Leónidas, además de su vocación técnico científica, posee una extraordinaria vena humanística que le ha llevado a ser  escritor de fina pluma. Ese mismo texto que con la maestría de políglota es capaz de escribir en español, alemán, francés e inglés. Baste con señalar su novela “¿Espino? Mensabé antes de Azuero”, en la que describe no solo la saga de su familia en los Siglos XVII y XVIII, sino los orígenes de gran arte de la península de Azuero. Este texto es, sin la menor sombra de duda, la mejor novela que se ha escrito sobre Azuero en los últimos tiempos.
Casado con la señora María Teresa Anguizola de La Lastra, tiene cuatro hijos: Leonidas, Javier, Alexis y Gerardo.

4. Revisado los aspectos más importantes de la biografía de los dos azuerenses se impone una reflexión final. Lo primero que hay que afirmar es que no deja de ser de lo más llamativo que al agasajar a don Robert y don Leonidas nos percatemos que ambos sean ejemplo de emprendimiento empresarial y, el segundo, además, experto en el tema del agua. Muy trascendentes que ellos tengan una trayectoria de vida que se enmarca en las temáticas que son el centro del debate contemporáneo sobre el desarrollo regional. A saber, la necesidad de contar con un renovado ímpetu empresarial que enrumbe la economía hacia nuevos derroteros en Los Santos y Herrera. Así ha de ser, porque los emprendedores de ayer cumplieron su labor y corresponde a las nuevas generaciones empujar el carro del desarrollo más allá de la muralla China de Divisa o de las dádivas del Estado regalón.
En el caso de Robert Nearon éste asume una visión que le ha hecho ser pionero en la comprensión de que la autarquía económica no es buena consejera y que hay abrirse a capitales que no necesariamente son nacionales, pero que los necesitamos para nuestro desarrollo. Llama mucha la atención esa postura suya de vincular la empresa con eventos sociales, que no necesariamente son de su incumbencia empresarial, pero que son ineludibles porque forman parte del contexto en el que está inmersa la empresa. A esta postura le llaman en términos modernos responsabilidad empresarial, proyección comunitaria u como deseemos llamarle, pero que el señor Nearon asume y se ha hecho costumbre desde los años setenta del siglo XX, época cuando muy poca gente teorizaba sobre estos tópicos.
Y si hemos de valorar al señor Nearon por su fe y constancia en los destinos de la región, otro tanto podríamos afirmar del ingeniero Leonidas Saavedra Espino, paradigma del hombre ilustrado que necesitan las provincias de Herrera y Los Santos. De porte gallardo y de conversación fluida e inteligene, don Leonidas forma parte de esa generación de panameños que lograron que el tema del agua diera un salto cualitativo de los pozos en la orilla de los ríos, de la tinaja y la lata o churuca sobre el rodete, hacia el grifo que al abrirlo expele mucho más que el líquido acuoso, derrama salud a raudales. En efecto, fueron millares de panameños los que, al consumir agua potable, salvaron su vida porque las enfermedades tenían en su mayoría, un origen hídrico. Y como su labor como químico y experto en agua fuera poco, nos lleva al mundo literario con la novela, “¿Espino? Mensabé antes de Azuero”, joya bibliográfica que en lo personal incluyo entre los 10 mejores libros que se han escrito sobre la tierra del santeño Belisario Porras Barahona y la herrerana Ofelia Hooper Polo.
Don Robert Nearon y Leonidas Saavedra Espino dejan, para quienes deseen verlo, una gran enseñanza. Sus vidas pregonan a los cuatro vientos que el amor a la región y a la nación no es un sentimiento sensiblero, que no basta con mirar al Canajagua y al Tijeras en la distancia, demuestra que la idolatría no tiene sentido si no se plasma en una vida de compromiso social que convierta el amor en praxis liberadora.
Los que integramos la Fundación Juan Antonio Rodríguez, en esta jornada de tan profundo significado para los homenajeados, así como para sus familiares, sabemos que otra vez en la Feria Internacional de Azuero se ha cumplido con un rito que para nosotros es sacro. A saber, el respeto por la inteligencia de nuestros paisanos, el regocijo de estar nuevamente en la brega, junto a la certeza de que el reconocimiento ciudadano es el antídoto contra la indolencia ciudadana que no pocas veces corroe el alma de la patria.

Villa de Los Santos, viernes 29 de abril de 2016-