La región de
Divisa, en el centro de las provincias centrales, está llamada a ser sede de
grandes proyectos. Y es que no es para menos, eso ha sido desde el período
colonial, cuando se convirtió en la puerta de entrada a la región de Azuero y
paso obligado a Santiago de Veraguas y la zona de Chiriquí.
Lo que acontece
actualmente es que ha vivido bajo el influjo de intereses radicados en
Penonomé, Aguadulce, Chitré, Las Tablas y Santiago de Veraguas que siempre han
visto su evolución con recelo. En vano, porque en los últimos tiempos en esa
zona istmeña están proliferando las empresas que ven en Divisa un lugar
privilegiado para la distribución de sus mercancías.
Debemos
recordar que Divisa ha sido sede de proyectos educativos como la Escuela
Agropecuaria (1937), el Instituto Nacional de Agricultura (1941) y el Instituto
de Artes Mecánicas (1948) e incluso el presidente Juan Demóstenes Arosemena
acariciaba la idea de que la población fuera sede de una universidad autónoma,
proyecto que nunca llegó a concretizarse.
Precisamente en
los años cuarenta del siglo XX se construyó una cárcel para las provincias
centrales que nunca llegó a funcionar como tal. En efecto, gracias a los
comentarios del doctor José Daniel Crespo Ocaña, quien se opuso a tales
pretensiones, la cárcel terminó dando cobijo al Instituto de Artes Mecánicas.
Sostuvo el prestigioso pedagogo herrerano que la región no necesitaba cárceles,
sino escuelas. Y, en verdad, la historia le ha dado la razón.
Más
recientemente, el actual gobierno quiere construir una mega cárcel en Divisa,
reviviendo una propuesta que ya fue rechazada tres cuartos de siglo atrás. Esta
idea es a todas luces inaceptable, ya que la misma viene a contradecir la
vocación de desarrollo de Divisa; porque no es trasladando reclusos a la zona
como se va a resolver el problema de la delincuencia nacional, en especial, si
carecemos de una política al respecto y la resocialización de los reclusos no
ha impulsado su rol liberador.
Los resientes
acontecimientos en la región transístmica, en el caso de La Joyita, coloca
sobre el tapete los riesgos inherentes a este tipo de proyectos carcelarios,
los que no tienen que ser trasplantados a la hermosa y apacible región de
Divisa, aunque se afirme que está destinado a los privados de libertad de la
región, argumento que es difícil de sostener. Y es que el reclusorio no es el
único proyecto que se ha concebido para la población herrerana, porque también
ha sido propuesta como lugar en donde se deposite la basura de las provincias
centrales.
Tal parece que
a los gobiernos resientes no se les ha ocurrido algo mejor para el indicado asentamiento
urbano que convertirlo en vertedero de los problemas sociales del Istmo. La
ergástula de marras es un acto que desconoce la vocación de Divisa, que no
necesita ser lugar de concentración de delincuentes, sino otra capital del
desarrollo de las provincias centrales.
Yo no sé si el
actual gobierno tendrá oídos para escuchar y valorar la contenida incertidumbre
que ha sembrado en los habitantes de Divisa y las provincias centrales, los
que, estoy seguro, desaprueban un proyecto tan alocado y desafortunado como el de
construir una cárcel en Divisa.
.......mpr...
8/VI/2026
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