viernes, 30 de mayo de 2008

EL APORTE CULTURAL DE ROGELIO "GELO" CÓRDOBA

Al escibir algunas notas biográficas sobre Rogelio "Gelo" Córdoba, estoy consciente que no faltará algún paname­ño que arrugue su entrecejo y exclame: "¿Quién?". Otros lo recorda­rán como el autor de una conocida interpretación musical y, quizás, una ínfima minoría conozca el aporte a la cultura popular panameña del acordeonista al que nos referiremos. Por una razón o por otra, es una tarea impostergable el destacar y valorar a este insigne santeño.

Algunas notas biográficas

Rogelio Gelo Córdoba nació en El Paradero, cerca del Mogollón de Macaracas, Provincia de Los Santos, el 15 de marzo de 1911. Hijo de la Sra. Gertrudis Córdoba y Fermín Cortés, siempre llevó el apellido de su madre. Fue hijo único.

No contamos con datos confiables sobre su infancia. Sabemos con certeza que en sus años juveniles aprendió a tocar el violín con su tío Sacramento. Este último acostumbra­ba a interpretar la música "fúnebre" de los entierros de angelitos, es decir, participaba en los eventos religiosos que antiguamente se realizaban con motivo del sepelio de algún párvulo. Con esta intención fue que Gelo Córdoba se inició en el arte musical; para suplantar a su tío cuando éste confrontaba alguna dificultad. Sus primeros violines los construyó de un árbol llamado "balso".

Lo anterior corrobora que el futuro acordeonista santeño procedía de una familia no exenta de veta musical. Este primer descubrimien­to musical le condujo con posterioridad a interpretar el acordeón. Hemos podido determinar que en sus primeros años Gelo tocaba de oído y desconocía el pentagrama musical, pero que posteriormente recibió algunas clases de música en la Ciudad de Chitré. Así nos los hizo saber su esposa, la Sra. Juana Huerta y su hija María Gil Córdoba, en una entrevista que sostuvimos con ellas en La Villa de Los Santos (15/X/1995).

Al contraer nupcias con la antedicha Sra. Huerta, con ésta procreó a cinco hijos (Eladio, Víctor, Juana, Amable y María Gil, además de Victa a quien adoptaron desde su infancia). La familia Córdoba Huerta residió en la población de Pedasí durante doce (12) años, aunque también vivieron en la comunidad de El Ejido de Los Santos.

Con el tiempo el acordeonista santeño decidió integrar un conjunto típico que fue bautizado como "Plumas Negras". Se le llamó así debido a que la primera cantante fue Celia Cedeño; una característica mujer morena que era oriunda de Pedasí. Al menos esta es la versión que hemos recogido de boca de sus familiares más cercanos.

Gelo Córdoba falleció en la ciudad de Panamá el 5 de febrero de 1959 a la edad de cuarenta y ocho (48) años. Sus restos reposan en el panteón de Pedasí. De él nos han quedado grabadas algunas ejecuciones musicales de su "Plumas Negras". Entre ellas están: Mogollón, Canajagua Azul, Conejo Muleto, Chitré, La Flor de Lilolá, La Viudita de La Miel, La Pica Pica, Carretera a Canajagua, Arroz con Mango, Todo en la Vida Pasa, Sinceridad, entre otras.

Contribución cultural

Lo significativo del aporte cultural de Gelo Córdoba, más allá de la ejecución y autoría de piezas musicales, reside en el valor nacionalista de las mismas en el contexto cultural e histórico en el que surgen.

"Gelo" es un exponente de nuestra música popular de acordeones; categoría musical que queda enmarcada dentro de la denominada "música típica". El acordeo­nista santeño posee el mérito de haber sacado al acordeón del ostracismo social en que se encontraba e iniciar la carrera para colocarlo en un primer plano nacional. En efecto, debemos admitir que fue el acordeón de Córdoba el que osó por vez primera salir de las cantinas y asomar su faz en las salas de bailes de los pueblos de Azuero. Con este intérprete santeño comienza el desplome del violín y la subsiguiente desapari­ción de los bailes de salón. A partir de este momento la embrionaria elite pueblerina deja de realizar sus bailes de la "crem" y el violín pasa a un segundo plano. Gelo Córdoba es, pues, el artífice de la hegemonía del acordeón.

Otro aspecto trascendente de su obra radica en la respuesta contrahegemónica de sus interpretaciones musicales. En su música canta el hombre del pueblo, el orejano que vive en su microfinca el abandono centenario del hombre rural. Y como siempre ha acontecido en la historia de la música, son los aires populares los que desafían la hegemonía de las clases dominantes. Gracias a ese empeño, al final del siglo, los ricachos tendrán que bailar "La Querida" y "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde", porque el pueblo, a su manera, siempre se impone.

En interpretaciones como "El Mogollón" y "Conejo Muleto" aflora el alma popular. Se trata de contenidos musicales sin pretensiones académicas, nacidas al calor del hombre que añora la cuna en donde se mecieron sus años primeros y la actividad de caza de conejos que practicó en un desconocido piñolar interiora­no. Desde entonces con el acordeón ahoga el orejano sus penas y sublima sus deseos de liberación.

Gelo Córdoba es algo más que un acordeonista. Reúne en sí al hombre montaraz que bajó de la sierra al poblado. Desafío de la cutarra orejana contra la embrionaria clase pueblerina asentada en la plaza colonial. El acordeón de Córdoba es naciona­lis­ta, contrahegemó­nico, provocador de rupturas musicales que son el reflejo de las transformaciones de la estructura social azuereña. Lo que ha pasado después con su acordeón -vale decir su comercialización-, es producto de la dinámica social y en modo alguno imputable a su santeñismo musical.

Al iniciar el Siglo XXI, ¡qué sola se ha quedado la música y el acordeón de Rogelio "Gelo" Córdoba!. Imperdonable error de un país que olvida sus legados culturales mientras se ilusiona con el neoliberalismo y la globalización. Tendencia económica que nunca sabrá ni le interesa dónde queda el recóndito paraje del Mogollón.


1 comentario:

  1. Lo de que Celia Cedeño fue cantante de Gelo es cierto. Yo, que soy oriundo de Los Asientos,siendo un niño que rondaba los 8 a 10 años, tuve la dicha de conocerla por la década de los 60, cuando ella andaba casi todo el distrito de Pedasí con su libreta de chances; pero no dejaba de cantar y de echar los cuentos de sus andanzas en los bailes acompañando a Gelo. No se iba de los Asientos si antes no pasaba por la casa de mi madre. Eran muy amigas. Su voz era muy brillante hasta para saludar. Y, sí. Era una señora de tez negra.
    Eráclides Amaya Sáenz

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