jueves, 1 de agosto de 2013

GUARARÉ, LA PARROQUIA Y EL CAMINO DE LAS LAGUNITAS


La capillita de Las Lagunitas

Romería desde Las Lagunitas al templo guarareño
El vocablo Guararé tiene un acento indígena y evoca la del cacique que dio origen al nombre del poblado, Guararí. Mucho ha acontecido desde que en el Siglo XVI Don Diego de Hurtado diera cuenta de que por estas tierras habían hermosas maderas para construir embarcaciones. Porque, en efecto, aquí se construyeron las primeras barcazas con los que se conquistó la zona que queda al oeste de la Península de Azuero. 
Desde entonces habrían de transcurrir más de una centuria para que se produjera un lento pero persistente poblamiento que daría sus frutos a finales del Siglo XVII y, en especial, a principios del Siglo XVIII.
Se dice -aunque no se ha podido comprobar de manera certera-, que en el sitio de Las Lagunitas se asentaron algunas familias españolas que a la postre, por lo insalubre del lugar, se trasladaron al lugar que ocupa en estos momentos el actual pueblo de Guararé. Lo cierto es que el nombre del primer asiento poblacional así parece corroborarlo, porque Las Lagunitas hace alusión a un sitio de cenagales, de la misma manera que el topónimo Ciénagalarga, confirma la existencia de pantanos en el sitio próximo al actual puente sobre el Río Guararé.
Por las anteriores razones no hay lugar más a propósito para divulgar un relevante documento histórico sobre la tierra de Benita Pérez, que este sitio en que nos encontramos, más todavía si tomamos en consideración la fecha que nos congrega, el 144 aniversario de la creación de la Parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes.
Hago alusión al Padrón de 1774, una especie de censo que se realizaó sobre las gentes que habitaban la zona durante el Siglo XVIII. Allí queda claro, que existían desperdigados por Guararé y lugares aledaños, un total de 100 almas que residían en 24 casas. Según el documento los apellidos más comunes eran los Araba, González y Espino; aunque encontramos otros como Solís, Domínguez, Ramírez, Tello, Martínez, Pérez, Ortega, García y Galarte. Si hemos de creer al padrón, Guararé contaba con 25 cabezas de familias, de los cuales 23 tenían esposas. Las dos restantes eran viudas que contaban con 2 hijos. En cambio, ya para el año 1774 se registra el sitio de “Chumajal y Lomas” en donde encontramos apellidos como Barrios, Osorio, Ovalle, De León, Batista y Díaz.
Para aquellas calendas únicamente existían tres personas que poseían esclavos: Doña María Concepción Enriques (sic) y Pablo y Francisco Espino. Quedan registrados en Guararé 7 esclavos, lo que parece sugerir que la presencia del negro colonial no logró ser significativa en el sitio, porque apenas representaba el 7% del total poblacional.
Debo indicar que gracias a la gentiliza del historiador Don Alberto Arjona Osorio, ahora contamos con otro documento del acontecer guarareño. Me refiero al testamento de Don Antonio Pío de Espino. Ese manuscrito está “fechado en el Citio (sic) de Guararé, jurisdicción de Las Tablas Cantón de Los Santos, a los nueve días del mes de setiembre de mi ochocientos cuarenta y cuatro”. Allí queda claro que el apellido Espino que lucen algunos tableños, procede realmente de Guararé, ya que Don Antonio Pío de Espino así lo confirma en el aludido testamento.
¿Y qué tiene que ver lo que acabo de plantear con el aniversario de la creación de la Parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes?. Pues mucho, porque viene a confirmar que la erección de la parroquia no fue un acto aislado, ni un capricho del Ilustrísimo Sr. Obispo Dr. Fray Eduardo Vásquez. Al contrario, el 31 de julio de 1869 es producto de un largo caminar de los guarareños. De esos paisanos que se asentaron en la sabana que irriga el Río Guararé y que el 21 de enero de 1880 vieron surgir un nuevo distrito. De los mismos que en Las Lagunitas, además de empotrar en  sus potreros sus casas de quincha, sembraron la fe cristiana por estos contornos. Las evidencias históricas sugieren que antes de la construcción del actual templo, que algunos ubican en la década del ochenta del Siglo XIX, debió existir alguna edificación, seguramente pequeña y rústica, pero que sirvió de cobijo para la reflexión y el encuentro con el Altísimo.
Al meditar sobre esto tópico y mirar hacia el pasado, hay que justipreciar a esos guarareños que hicieron maravillas con su fe, a aquellos que asumieron las difíciles labores con las bestias en los corrales, a las amas de casa sin instrucción pero que educaban a sus hijos en valores, a los curas que se atrevían a avecinarse por estos lares, a aquellos otros que residiendo en lugares próximos al Cerro Canajagua, bajaban a la sabana, a su parroquia, para transmitir mediante el bautismo el legado del catolicismo que implantaron los hispánicos desde el Siglo XVI.
Hay muchas cosas de las cuales derivar un sano orgullo de labriego, de hombres de campo que hicieron viable que existiera una mujer como Bibiana Pérez (creadora del distrito), de un cerebro tan luminoso como el del Padre del Folclor Nacional y primer docente de química de la Universidad de Panamá, Dr. Manuel Fernando de Las Mercedes Zárate. Hay que conservar y difundir ese legado ancestral, no para quedarse anclado en el ayer, sino para propagarlo a las nuevas generaciones que necesitan tener un proyecto de vida que les permita emular aquellos logros y proyectarse en los siglos venideros.
Debemos admitir  que un rol trascendental en ese empeño lo ha cumplido la Iglesia Católica, no sólo desde la estructura arquitectónica que se erige como ícono del poblado, sino como consejera espiritual y terrenal. Esa faena callada de preservar los archivos parroquiales es extraordinaria, porque gracias a ese empeño podemos presumir de los troncos familiares de donde procedemos. Ahora sumemos a ello los cien años que celebramos de estar cantando a la Patrona Guarareña  los Versos a La Virgen, creación que debemos a la inspiración del eneense Remigio Córdoba López y podremos valorar la trascendencia del 31 de julio de 1869, fecha de la Creación de la Parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes.
Por eso la caminata o romería desde Las Lagunitas al centro del poblado, conjuntamente con la eucaristía que celebraremos, no ha de tomarse como un acto religioso rutinario. Todo ello es un canto a lo que hemos sido, una mirada hacia el ayer con la vista proyectada hacia el futuro.
En efecto, tiene que haber sentido cristiano en todo ello, pero además, y guardadas las proporciones, una especie de Camino de Santiago de la identidad comarcal. Por eso hago votos para que esta iniciativa no muera, porque en la romería cada paso hacia el templo guarareño es, además de un evento sacro, un homenaje a nuestros antepasados y un compromiso con el porvenir.
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+ Palabras en Las Lagunitas el día 31 de julio de 2013 al cumplirse el 144 aniversario de la fundación de la Parroquia de Guararé

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